Trío de las Azores (15 marzo 2003), de cuando la guerra del Irak, en una foéde la que la izquierda española se sirve de señal de infamia contra José María AZNAR (en la foto, junto con Georges W. BUSH y Tony BLAIR), y en sus campañas del NO A LA GUERRA. Chivo expiatorio, el ex-primer ministro español, de ese síndrome (español) de autodesprecio -del que ya traté en este blog- y de su infame coartada, la de las responsabilidades políticas, que llevaría a la izquierda española -con la caución papal- y a un sector considerable de la opinión pública (patria, y en otros países de Europa, p. ej. en Bélgica) a tratar de asesino (sic) a aquél y no a los terroristas islámicos, ni a los países árabes, de los atentados del 11 de Marzo (en Atocha, 2004) Como lo hicieron con el Ejercito y la Monarquía, cuando el Desastre de Annual. Y unos atentados, ante lo que AZNAR no se arrepintió, ni pidió perdón. Al contrario que Carlos MAZÓN. ¡NO A LA INTERMINABLE GUERRA CIVIL ESPAÑOLA!
Pero eso ya es historia, y aquí en cambio encaramos un suceso, que me diga un acontecimiento de la crónica de actualidad más candente y estrepitosa que puede decidir el destino de todos nosotros, si no del mundo entero. Y precisamente por eso me parece un trámite barato, para andar por casa (marca España), e indigno de un mandatario serio el servirse de ello de expediente de la política diaria, del día a día de la política española. Un no a la guerra, no para un plan o proyecto de disuasión cualquiera ante un brote de hostilidades tan peligroso e inquietante y amenazante, sino para un salir del paso (apenas), en una huida hacia adelante a la desesperada -y con la necesidad imperiosa, rabiosa de ganar votos. Lo que nos impele a echar la vista atrás, al pasado. Al pasado que no pasa, y al pasado del que nos interpela ahora, con sus gritos y eslóganes y con sus gestos y maneras.
Porque si hay alguien en la política española marcado del signo -de la Bestia, que me diga de la guerra civil - en la frente, lo es él, antes incluso que RODRIGUEZ ZAPATERO, que tenía un abuelo que redimir o revindicar (o eso él decía), y él en cambio ni eso, me refiero al inquilino de la Moncloa. Mera pulsión, mera fiebre, mero pathos guerra civilista, en el responsable y fautor numero uno de la guerra (híbrida) de memorias que si se desmadra, si la sangre (como amenaza) llega -siguiendo su hilo conductor- otra vez al río (como en el 36), es a él al que habrá que echar de ojos cerrados todas las culpas de lo que viniera a suceder- y endosarle todas las responsabilidades políticas.
Y de coartada perfecta como anillo al dedo (él) nos suelta ahora el Islam, de lo que tengo que decir aquí cuatro cosas o repetirlas más bien, que en una de las primeras entradas de este blog -las dejé bien dichas y sentadas (¡hace ya casi veintiún años!) Que de la versión más actual, de la cara más reciente y divulgada del Islam en su versión (neo) matinal no tenemos los españoles nada que esperar. Como me lo habrán mostrado -al precio de crueles desengaños y de mil (ingenuas) ilusiones y espejismos- mis encuentros fugaces, esporádicos y a la vez, en mi larga trayectoria de expatriación, variados y repetidos, con creyentes musulmanes, inmigrantes o misioneros (musulmanes) en tierras de guerra santa (léase de Reconquista) De las dos versiones (enfrentadas) además chiíes o xiíes, y suníes (o sunitas) Ni les debemos nada tampoco.
Al contrario de un célebre converso, el francés Roger GARAUDY -al que conocí como ya lo tengo contado aquí-, que reveló en su último o penúltimo libro a modo de testamento espiritual, un dato autobiográfico todo menos trivial o anecdótico. Y fue su condena a muerte durante la Segunda Guerra Mundial en el cuadro del régimen de Vichy, y a lo que escapó en el desierto norteafricano, en Argelia, gracias a los tiradores musulmanes encargados de ejecutarle a él (junto a otros con él), que recibiendo la orden de disparo, no la obedecieron por el motivo -o eso explicaba él- que era contrario al honor del Islam (sic) el tirar contra hombres desarmados, O así al menos él lo vio y lo vivió.
No les debemos nada pues, ni nos sentimos implicados en una guerra del fin del mundo -léase el conflicto árabe-israelí-, en el que pretendimos siempre mantenernos -como lo intentó España durante la Segunda Guerra Mundial- una posición oscilante a lo sumo entre la neutralidad y la no-beligerancia. Ni nos sentimos ligados tampoco a algunos con los que -casual o accidentalmente- coincidimos en nuestra larga trayectoria de encarcelamiento y de expatriación, comprometidos con una postura anti-semita que -como ya lo dejé claro en este blog-, no comparto ni fue nunca la mía propia
Encuentro -20 abril 1998- de Ali KHAMENEI, con Roger GARAUDY al que yo conocí -en noviembre del 85- y del que he hablado en este blog. Compartí -lo confieso- algunas posturas del ex-marxista francés, recién convertido entonces al Islam, pero nunca me entró ese a priori partidista y partisano suyo del que nunca renegó -en alguien como él, que no era español- del lado de los rojo/republicanos durante la guerra civil española. Botón de muestra que su coartada negacionista anti-israelí y anti-semita no era más que una tapadera -en él y en la izquierda internacional- de lo que el ex-marxista francés Francois FURET ("Le passé d'une illusion") llamó "la passion espagnole". O sea, anti-española (de cuando la guerra civil del 36)


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