jueves, octubre 23, 2014

"RESPUESTA ESTUDIANTIL" Y LA LÍNEA ROJA

Respuesta Estudiantil es de lo que tengo entendido una corriente o una galaxia de grupos más que un solo grupo diferenciado, que se insurgen contra la situacion de siniestro total -y al margen de la ley- en la que se se ven sumidas las universidades españolas desde hace décadas. Una violencia de legitima defensa al interior de los campus frente a la hegemonía de la izquierda -violenta y sectaria- ininterrumpida desde los tiempos del tardo franquismo en las universidades españolas
¿Hooligans (asociales) los de Respuesta Estudiantil acusados de todos los males en los medios y puestos en la picota a cada acción que realizan por neonazis, por sus agresiones (el estudiantado) etcétera, etcétera? No lo pienso, aunque realmente no les conozco bien, no he tenido contacto directo nunca con ellos sino a través de la pagina de Facebook donde he podido colgar en alguna ocasión artículos de mi blog en el curso anterior, y si en este todavía no lo hice fue en parte por culpa de Facebook (un decir) y en parte también por qué no decirlo, por culpa tal vez de las duda que me asaltan de pronto y de los malos pensamientos.

La agitación callejera comporta sus riesgos. La cárcel es mala decía, mi difunto padre –de su experiencia en la guerra civil-, la calle peor aún, y los claustros y pasillos de la Complutense no sabría bien qué decir, en el estado de siniestro –total –y de guerra civil larvada incluso entonces- en el que se encontraban en mi época hace ya cuarenta años y que es en el que se siguen encontrando hoy a todas luces. Respuesta Estudiantil parecían y me lo siguen pareciendo una reacción sana a ese siniestro total de la Universidad española.

Son la otra Universidad por contraposición a la que dicen representar –y sin duda que la representan- Pablo Iglesia y su adjunto (o ayudante y compañero de partido) Monedero ambos profesores de la Complutense y de una generación posterior a la mía que era (y es) la del también profesor de allí Jorge Verstrynge, con el que coincidí aquellos años (como aquí algunos ya saben) Y el estilo directo ardiente y combativo que todas luces es el de esos grupos –a Repuesta Estudiantil me refiero- también comporta hoy como ayer sus riesgos, en particular el de la deriva violenta que no es a menudo mas que un mal menor frente a situaciones de violencia endémica como las que imperan en las universidades españoles desde hace décadas.
Franco, se diga lo que se diga, respetó (escrupulosamente) el fuero universitario -promulgado por la Concordia de Santa Fe, de Isabel la Católica-, en parte por impisicion de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial a través de la rendicion pactada que impusieron aquellos por mediación vaticana al régimen anterior, y en parte por ese prurito que tenía de rodearse de todos los visos de la legalidad posibles e imaginables, como lo analiza Umbral en su "Leyenda del César Visionario"
Ese fue un gol que le metieron sus enemigos al régimen anterior, por más que se dijera a enfoque retrospectivo lo contrario. Franco respetó más que escrupulosamente el fuero universitario, y doy fe de ello. Las fuerzas del orden (los grises de entonces) estaban presentes en los campus –desde que empezó la agitación (generalizada) en el curso de 1966-1967- pero les estaba rigurosamente prohibido hacer su entrada en las facultades lo que dio pie a la irrupción de una estrategia subversiva sui generis en las fases más calientes de la agitación unviersitaria de entonces –finales de los sesenta y principios de los setenta- consistente en provocar simplemente la entrada en el recinto de las fuerzas del orden –haciendo estallar por ejemplo petardos de cierta onda expansiva en el hall de entrada- con el revuelo y el desasosiego y la crispación y el pánico incluso consiguientes al interior de aquellas.

Pero fueron ocasiones contadas y situaciones límites, ya digo, en conjunto, Franco respetó el fuero universitario, lo que debió ser a no dudar una de las clausulas incuestionables de la rendición del régimen pactadas a través de la iglesia en el 45. Y a añadir, otro factor del orden psicológico en la propia figura del jefe de estado anterior y era esa preocupación rayana en la obsesión –que analiza agudamente (a su manera y en su estilo) Francisco Umbral en “La Leyenda del César Visionario”- de querer rodearse de todos los visos de legalidad posibles e imaginables (…)

Hay que tener en cuenta además que el fuero universitario no era una institución republicana como se habrá dado a entender vagamente de antiguo, desde aquella época del tardo franquismo tardío, sino que remontaba nada menos que a Isabel la Católica firmante de la Concordia de Santa Fe (en las afueras de Granada) el 17 de mayo de 1492 unos meses después de la toma de la ciudad. Nacería allí la universidad de los tiempos modernos en el marco de la Monarquía centralizadora, sin perderse no obstante una serie de características y propiedades indisociables de los orígenes eclesiásticos y medievales de la institución universitaria.

Y en esa perspectiva el fuero de Isabel la Católica pude ser visto como un paso en la emancipación universitaria de la vieja tutela eclesiástica que haría posible el nacimiento de la llamada Escuela de Salamanca –en el zénit del prestigio y de la influencia de la Monarquía española. En tiempos más recientes el fuero universitaria –ya con las nuevas universidades completamente secularizadas a las que dio paso el liberalismo de siglo XIX- se convertiría en ariete subversivo con frecuencia como sucedió en la noche de San Daniel –en la Puerta del Sol (…)- hacia el final el reinado de Isabel II (en 1865) y más tarde durante la Dictadura y el periodo que precedió inmediatamente a la proclamación de la República, la facultad de Medicina de San Carlos –junto a Atocha- y el edificio de San Bernardo serían teatro de protestas y algaradas callejeras –en San Carlos llegaron a derribar un tranvía en la vía pública y convertirlo en barricada (…)- de inequívoco signo republicano. Y de los años de la Republica ya no hablemos, cuando la Universitaria madrileña se conviritió en campo de batalla de una guerra civil larvada que ardía ya allí y en otros sitios -como lo sotiene con toda la razon Pío Moa- mucho antes de que estallase (en julio del 36) de forma declarada
La rebelión estudiantil que protagonizó el SEU (falangista) en la Universitaria madrileña durante los años de la Republica no iba dirigido -o no directamente al menos- contra el orden establecido- sino contra el caos y la anarquía institucionalizados en las facultades, donde imperaba la ley del más fuerte que imponian los grupos de izquierdas (la FUE sobre todo) hegemónicos hasta entonces en la Universitaria y en recintos y locales del resto de las universidades españolas
El franquismo heredó no poco como digo de aquel pasado "de excepción" lo que hizo posible que la Universitaria madrileña y en menor medida la Universidad de Barcelona –aunque en esa la agitación generalizada prendiera uno o dos años antes (po razón de la mayor proximidad geográfica con el resto de Europa)- y a remolque suyo (y con cierto retraso) el resto de las universidades española acabaran convirtiéndose en focos de subversión y en zonas francas sin ley y sin el menor atisbo de funcionamiento de ese ordenamiento interno institucional que había hecho reinar ininterrumpidamente la paz de los claustros al interior de los recintos universitarios durante siglos, como fue el caso aquellos años finales del régimen anterior (cuando yo curse mis estudios universitarios)

Y desde ese punto de vista pues se puede comprender y disculpar y justificar hoy unas actividades o un tipo de conducta digamos más violenta que lo que tolera la temperatura social ordinaria en la vida civil sin llegar a traducirse en algarada callejera. ¿Alegato pro domo? En parte sí. En los años aquellos, llegué a militar activa e intensamente en política en el marco de mis estudios universitarios pero con fines y objetivos y aspiraciones que excedían claramente el ámbito (y el fuero) universitario.

Intervine entonces por ejemplo en enfrentamientos violentos –pero no cruentos (mayormente arrancada o puesta de carteles)-, sin víctimas por cierto y lo más cercano a la algarada callera –sin propiamente serlo- en alguna ocasión el marco de mi militancia con el FES lo fueron los incidentes que protagonizábamos –tres años seguidos- en el Teatro de la Comedia durante el discurso fundacional que en una ocasión –en 1970- recuerdo que nos llevó en manifestación –a gritos de ¡Falange Sí, Movimiento No!- hasta las inmediaciones de la Cortes en la carrera de San Jerónimo desafiando a la autoridad gubernativa e incluso entrando algunos de los nuestros –lo que no fue en modo alguno mi caso- en choque más o menos violento con las fuerzas del orden.
Las universidades fueron campo de batalla intelectual y a veces incluso fisica practicamente desde su nacimiento en la Edad Media, como lo ilustra el fuero universitario, que se veria erigido por un decreto egregio del tipo Real Concordia (de Santa Fe, 17 de mayo de 1492) por Isabel la Católica buscando así poner fin -como su propio título lo indicaba- a una situacion conficitiva y litigiosa que arrastraba de antiguo en las universidades españolas. Con el liberalismo decimononico el fuero se convertiria claramente en ariete suvbersivo, en un permanente desafío del orden establecido. Como lo ilustran, hace siglo y medio, los incidentes de la Puerta del Sol (de abril de 1865) que tendrían bien in mente, si no los fundadores del 15-M -tal vez no tan ilustrados-, si sus mentores y padrinos. Pero les falló el invento porque la sangre al final no llegó al río -como sí lo habia hecho un siglo medio antes- por más que fuera eso lo que en el fondo andaban buscando
Y faltaría incluso a la verdad si me callase aquí que esos conato de algaradas callejeras en la vía publica –concretamente las de aquel año (que acabo de mencionar) del 29 de octubre de 1970- fueron precisamente un poco la gota de agua que desborda el vaso y que me llevaron a apartarme de aquel grupo definitivamente (y progresivamente) de aquella militancia unas semanas más tarde. Las escamaruzas o altercados e incidentes al interior de las facultades –de la que se acusa repetidamente a los de Repuesta Estudiantil- son otra cosa muy distinta, y es en la medida que el fuero universitaria sumado a la hegemonía de la izquierda en el ámbito universitaria desde los tiempos del tardo franquismo impondrían por razón de fuerza mayor a veces el uso de la violencia por razones las más elementales de legítima defensa.

La intimidación –al grito hoy como ayer de ¡fuera fascistas de la Universidad!- acabaría con frecuencia en agresiones individuales o en masa, en un escenario consabido que se repetiría rutinariamente durante décadas. Y en la Complutense y en algunas de sus facultades más politizadas –Políticas, Económicas, Filosofía y Derecho- más sin duda que en otros sitios. ¿La situación está acaso empezando a cambiar (desde hace algún rato)?

El protagonismo de grupos como Repuesta Estudiantil y el que no consigan ser acallados a pesar de la presión en contra (unánime) de los medios, de la clase política y por supuesto de los órganos de gobierno de la propia universidad, a comenzar –me refiero a la Complutense- por el Rectorado, así parecen indicarlo.

Respuesta Estudiantil, o el verse en la disyuntiva -o en la cuerda floja o en el trapecio- entre legítima defensa dentro de los campus y algarada callejera. Y hasta ahora no se puede decir que hayan cruzado la línea roja. Y por lo tanto les sigo brindando mis simpatías (y mi apuesta sin reservas)

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