miércoles, octubre 16, 2019

MANCHA REAL, MARZO 1939

Iglesia catedral de Mancha Real (Jaén) que ardió -la cúpula, por la parte de detrás- el 18 de julio de 1936 como única respuesta al Alzamiento militar. La dominación roja fue allí particularmente dura, más si cabe que lo fue en el resto de Andalucía. Como lo ilustran las sacas –y asesinatos (sin más trámite) que allí tuvieron lugar, en las tapias del cementerio, (3 de abril de 1937) en una espiral de violencia que dio inicio con los bombardeos repetidos de Córdoba (Capital) –sobre todo el 1 de abril 1937- que precedieron –en el mismo día- al de la capital, Jaén, y antes precedidos de los de los trenes de la muerte -en Madrid, provenientes de Jaén (11 y 12 agosto 1936) y seguidos de los bombardeos de Cabra (7 de noviembre de 1938, y después) que ignoran olímpicamente la historiografía, y la memoria/histórica)
Mancha Real, provincia de Jaén, "la Mancha" para sus habitantes y forasteros más o menos vecinos también y que la conocen de cerca. La Andalucía profunda –olivarera, de cortijos, de paro rural (calamitas calamitatis!) donde se coció más que en ninguna otra region española el odio de la guerra civil y de la lucha de lalses (…) o más bien la excepción que confirma la regla (entonce como ahora) de aquel pueblo tan atípico y emblemático al mismo tiempo (…). A saber la que conforma el autor de estas líneas, proveniente -por la vía paterna- de allí, de "la Mancha" –aunque nací en Madrid- el `pueblo mas rojo (o casi) de España cuando la guerra civil, del que habré salido yo, andaluz y castellano a la vez, y que me reivindico a mí mismo sin miedo ni reproche –al cabo de mi larga expatriación belga- de una Andalucía, la “otra”, la de la paz social de la España del Sur, que yo palpé y sentí palpitar –años cincuenta, sesenta y setenta- en aquellos veraneos inolvidables de mi infancia y mi adolescencia (…) El 18 de Julio el Alzamiento tuvo allí unas formas un tanto inéditas, comparadas a las de muchos otros pueblos y ciudades de España. Y es que la iglesia –barroco/hererriana del hispano/flamenco Vandelbira- ardió sin mas en respuesta a la sublevación militar. Y en la Casa del Pueblo, se empezaron a dar nombres –y apellidos- de las familias aún por definir (políticamente hablando), lo que equivalía a un serio aviso o amenaza. O a una declaración de guerra. Pero por aquello de que no hay mal que por bien no venga, eso obligo a los míos a definirse (como se lo oí una vez a mi progenitor) lo que les valio efectivamente un registro demiliciario en el que fueron confiscados –conforme al acta del registro que acabo pasando por mis manos- un boletín de información y propaganda anticomunista, un manifiesto de los Legionarios de Albiñana, y la encíclica Rerum Novarum. Lo que a su vez valió persecución y encarcelamiento. Tales aguas tales lodos. “Tu padre fue un perseguido”, me comentó una vez un familiar lejano –ya en democracia- como queriendo glosar su trayectoria, la de mi difunto padre, y dar cuenta a la vez de la mía o propia (…) o explicarla (sin justificarla (…)Y efectivamente, fue (preso) a la cárcel –a la cárcel provincial que no a la Catedral (lo que tal vez le salvó la vidas, porque en esta última las sacas fueron mas frecuentes conforme se acababa la guerra- de donde no saldría ya hasta el final de la guerra en aquella zona geográfica de la provincia de Jaén, ultimo bastión de la zona roja, donde los nacionales no entraron más que a finales de marzo del 39, cuando se desmoronó lo que aún quedaba de líneas de frente, justo antes del último parte de guerra. Y entraron sin violencias, como lo conté en la conferencia que di hace ya ocho años –octubre del 2011- en la conferencia que di en la Casa de la Cultura de la localidad –con alcaldesa PSOE entonces como ahora- sobre Memoria histórica (…) Donde conté con pelos y señales lo que le había oído a menudo a mi difunto padre. Y era que inmediatamente liberado de la cárcel, se incorporó a una expedición –todos forasteros menos él y el médico del pueblo, padre de un amigo suyo- de una bandera de Falange -franco falangistas (de camisa azul), que me diga, lo que había allí y entonces) (…) en una camioneta que entró por la parte de arriba del pueblo, calle Maestra abajo –la que cruza por la mitad el pueblo de Norte a Sur- por la noche, sin luces y con el motor apagado. Y cuando llegaron a la plaza del pueblo –en medio de la localidad-, donde se encontraba el ayuntamiento se hicieron entregar las llaves del consistorio por las autoridades republicanas presentes en su puerta, voluntariamente y con unas palabras que dan idea del clima y ambiente en que discurrió todo aquello. “Don Francisco” –dijo el que entregaba las llaves- dirigiéndose al médico del pueblo que mandaba la expedición, en señal de adhesión –auténtica o fingida-, “les estábamos esperando” lo que mi difunto padre le oí contar repetidas veces, del tono socarrón invariable –y sin acrimonia- que acertaba a imprimir a sus palabras (…) Y así fue, así fueron las detenciones y ejecuciones en el pueblo aquel –todo por la vía legal- como discurrirían más tarde pero sin la presencia de mi padre soy formal y categórico en lo que afirmo- al que mi abuelo paterno ordenó que se viniese a Madrid –donde había estado, de estudiante, antes de la guerra- para alejarlo del pueblo: así me lo dijo y así me creo su testimonio verídico de memoria, tan verídico como lo puedan ser (pongamos por ejemplo) lo de quienes defienden la memoria de las trece rosas. Y sin embargo la vindicta –sin nombres y sin rostro- le acompaño siempre después, algo de lo que me di cabal cuneta solo después de su muerte. Y era lo que no le perdonaban, muchos, no su actuación –decisiva- en la entrada en el pueblo del bando nacional- sino su comportamiento a seguir, y fue que justo después de aquello mi padre recorrió –él sólo- ,de arriba a bajo la calle de su domicilio familiar a los gritos de “¡Arriba España!”, ante un silencio (sepulcral) de muerte y a la que sólo salió –en señal de adhesión y bienvenida- un vecino bárbaramente perseguido (él y los suyos) durante la dominación roja. “A la buena nueva –la de Jesús- sucedió la peor de todas, la de San Pablo” dice Nietzsche en el Anticristo. Y así se puede glosar –con frío realismo y memoria fiel- cómo recibieron en el pueblo andaluz aquél, ganado de cuerpo y alma (su mayoría me refiero), al lado de una minoría heroica y sacrificada- al bando de los vencidos, el anuncio de mi padre –que era a su vez la muerte de sus sueños y esperanzas en resumidas cuentas- -, lo que venia a ilustrar las puertas cerradas a cal y canto y las ventanas echadas. Eso peso quintales –de forma subliminal- en los míos, más si cabe que el episodio que “señaló” –hasta hoy- a mi difunto padre como al resto de la familia. Y fue la detención –a pecho descubierto- en Madrid, de un jefe de las juventudes comunistas de la Mancha (que lo había tenido a él preso durante la guerra) - en los primeros años de la posguerra, justo a seguir al final de la Segunda Guerra Mundial cundo los vencido –como a una sola señal- empezaron a levantar cabeza y a mostrarse a la luz del día –con la amenaza de invasión que se daba ya por descontada y la Sexta Flota americana desplegada en orden de combate en aguas del puerto de Valencia (…), quien se hizo varias veces el encontradizo, encima de un andamio donde hacía que trabajaba, por el mismo trayecto que recorría vestido de uniforme a diario mi difunto padre. Quien vestido así se acercó a un policía urbano y le conmino a que procediera a la detención de aquel individuo, a lo que el otro solo accedió ante las palabras –de advertencia- de mi difunto padre: “si Ud no lo hace, lo hago yo, pero aténgase a las consecuencias”. Y así fue la detención, perfectamente legal, sin violencias, de igual modo –¿comparaciones odiosas?- a como Ramón Ruiz Alonso (horresco referens) procedió a la luz del día y a la vista de todos, a la detención de García Lorca (….) “Ponerle el cascabel al gato”, lo que mi padre hizo, que mereció la glosa de otro de mis familiares, de una generación más joven, cuando en la Transición se empezaron a desatar las lenguas y pude oír en un relato tan verídico como completo lo que hasta entonces había llegado hasta mis oídos solo en forma de rumores mas o menos dispares e inconexos. Y lo que vino después, a él ya no le incumbía, justicia militar de tiempos de guerra. Y si me he decidido a poner este testimonio de terceros por escrito, lo es sin duda por la reacción -operando en mí a modo de revulsivo- de un belga con un pasado a cuestas el también a todas luces (de cuando la Segunda Guerra Mundial en Bélgica)- al que se lo conté (ingenuo de mí) y que reaccionó escandalizado a todas luces, tratando de disculpar como un pecadillo de juventud o una tontería irresponsable lo que me pareció a mí y me sigue pareciendo una conducta heroica. Que memoria tenemos todos y no sólo el inquilino de la Moncloa. O como dice el refrán, donde las dan las toman. Y solo habiendo vertido ese testimonio –la mente bien resuelta y el alma en paz-, dejo de darle a la tecla

lunes, octubre 14, 2019

ANSALDO, ¿SICARIO O HÉROE DE GUERRA?

Juan Antonio Ansaldo. Un rara avis, mezcla de vasco e italiano y de monárquico –y aristócrata- alfonsino (juanista),  (notorio) discípulo o admirador de Maurras y de la Acción Francesa. Y piloto aviador –y pionero de la Aviación- y héroe de la guerra del Rif. Figura crucial en la historia –y la prehistoria- de la guerra civil: aunque sólo fuera por su papel crucial en la eclosión y desarrollo de la violencia falangista y en particular por su protagonismo (por pasiva) en la muerte de Juan Cuéllar (falangista) y de Juanita Rico, en la raíz de lo cual estuvo la operación “de represalia generalizada” mandada y planeada por él –frente al desafío (grave) y la (seria) amenaza que representaban los chíbiris socialistas (del PSOE)- en la Casa de Campo. Que salió mal por culpa de delaciones o chivatazos de última hora del círculo más próximo a los falangistas. Y que trajo lo que trajo, el arranque en la espiral de la violencia –y de guerra civil- y un cambio radical de estrategia de la Falange: el convertirla en una fuerza paramilitar al servicio del Ejército, y no (como hasta entonces) de los monárquicos. Mas que ideólogo, hombre (brillante y valiente) de acción, Juan Antonio Ansaldo. Y su apartamiento de la Falange –pese a la explotación que de ella hizo Ramiro Ledesma- tuvo mucho -o todo o casi todo- de estratégico, en el terreno de la acción -y también de personal- y no de ideológico. Eugenio Vegas Latapié, en las tertulias de su domicilio (en el barrio de Salamanca) a donde me hizo el honor de invitarme –no sin ciertas reticencias (al principio)-, tras apartarme del FES, y justo antes de irme a Ecône -principios de los setenta-, lo evocaba a menudo –siempre por su nombre de pila (Juan Antonio)- en un tono alegre y divertido invariable y con gran carga de simpatía. Eugenio era del núcleo irreductible de rivales -más en el plano personal que ideológico- de la Falange y de su líder, pero no hablo nunca mal de José Antonio. Por lo menos en mi presencia (…)
Juan Antonio de Ansaldo. Un espeso tabú como el que rodeaba a figuras de la derecha –como la que rodea a Ramón Ruiz Alonso, por cuenta de la muerte de García Lorca– próximos del movimiento falangista, en el tiempo que milité en el FES (Falange rebelde o disidente, de puros/joseantonianos), el que sigue rodeando a este valeroso hombre de acción. ¿Sicario (sic) –con medalla de la virgen o sin ella- conforme a la imagen o el patrón o el tópico (de irrisión) que tanto vendieron (con éxito) en el campo literario las izquierdas (de la América ex hispana) ? Hombre de acción más que ideólogo, y celador de la violencia política (e idealista), Juan Antonio Ansaldo. Esa fue toda su culpa Y al que llega la hora de recuperar (urgentemente) en la memoria antes de que sea demasiado tarde, antes que la Memoria (la nuestra) se hunda, con tantos otros nombres y tantas otras cosas. Un mini/frente que hay que abrir por su cuenta en la guerra de propaganda –y de la memoria-. Que venimos riñendo hace años, y que se ha puesto ahora de pronto a todo arder, por culpa del inquilino de la Moncloa (…) Un mediocre estratega y al contrario, un brillante condotiero (o comandante u hombre de guerra), Juan Antonio Ansaldo, conforme a la antinomia que trazaron mercenarios belgas (de África) de los que aquí ya hablé (…) Y un nombre de mención imprescindible en la historia y en la prehistoria de nuestra guerra civil, que se va revistiendo paulatinamente de perfiles mágicos o sagrados y es en la misma medida que hace estragos la guerra de memorias (…) Lugar (sagrado) de la Memoria -en lenguaje de los teólogos-, la guerra civil del 36. Héroe del 10 de Agosto –leal de los leales del general Sanjurjo- , y de la guerra de África –con las mas preciadas condecoraciones y medallas- y al tanto de todos los golpes de mano, en los años de violencia callejera durante la Segunda República, de los consumados y de los de en grado de simple tentativa como el atentado contra Azaña del que nos habló con gran jolgorio y divertimiento Eugenio Vegas. Protagonista por activa y por pasiva del cambio de estrategia que se operó en la génesis del movimiento falangista – a creer a la historiografía anglosajona- a raíz del choque en la Casa de Campo que se saldó con la muerte –y profanación- de Juan Cuéllar y la de Juanita Rico. En la obra biográfica “Las gafas de José Antonio” de Adriano Gómez Molina donde se trazan los hitos fundamentales de la génesis e hioria del movimiento falangista en los años de la República, el que fue intelectual y colaborador del Instituto de Estudios Políticos y político del mayor relieve (y en la sombra a la vez) en la España de la transición, pasa –en tono vergonzante- como de puntillas por ese episodio trágico que preanunció nuestra guerra civil, y de la operación que le sirvió de preludio, que califica de “mal preparada”. Que según él se saldaría por el rotundo fracaso, un balance con el que no estoy enteramente de acuerdo, y es a partir del momento que lo enfocamos con perspectiva histórica suficiente y no a corto plazo como hace el autor citado Tuvo aquello un gran eco (desfavorable) en los medios, es cierto, y en la opinión publica, léase en los medios o sectores de clase obrera ganados ojos cerrados a la izquierda. Y su entierro dio lugar a una manifestación de masas casi sin precedentes en el Madrid y en la España de entonces. No dice sin embargo que eso galvanizó los anónimo -de los falangistas- frenó la dinámica guerrera de la izquierda guerra civilista (léase del PSOE) y recogió el guante –en el único terreno posible entonces- del magno desafío y amenaza que planteaba la izquierda marxista en España como en toda Europa en el marco o contexto de la confrontación marxismo nazi fascismo y en el preludio de la Segunda Guerra Mundial, que es lo que fue la guerra civil española (digan lo que digan Stanley Payne y Pío Moa) Y levantó la moral –de combate, de los falangistas y del bando anti-marxista- en resumidas cuentas: porque esa primera represalia de la Falange “dejó abierta la puerta a la esperanza” (como declararon los propios protagonistas, tras recibir luz verde para la operación de represalias de parte de sus mandos y en concreto del propio José Antonio Primo de Rivera) e hizo “que el miedo cambiara de bando” por vez primera en las calles madrileñas (…) (continúa)

Mujer Alegre

Así me vi ayer deambulando
Solo en el fondo del bosque
En lo alto de una cuesta
Ni un alma (o “buenas noches”)

Explorando la ciudad desierta
-en redor duendes, fantoches-,
En la tarde de domingo
Y en todos sus alrededores

Toda una ciudad inédita
Cementerio de burgueses
Chalets, “villas” reposando
en un silencio de Muerte

Que me decían “Ven, Ven”
Llamándome por mi nombre
Y sin decidirme del todo
En aquel cruce (y sin norte)

Si debía irme de allí
O entrar a saco, de golpe,
Y llamé así al timbre (oculto)
pagando así mi billete

Sin retorno ¡ay dolor!
Mientras oía una voz: “¡sé fuerte!”
Y lo fui (se es lo que se fue)
¡Oh la magia de los bosques!

De abedules misteriosos
De voz de la Sangre (y los héroes),
De "tribunales de honor"
¡Manes de Europa y de Occidente!

¡Almas de los muertos
Y de las bellas durmientes
Que fieles me acompañaron
En mi viaje hacia el Norte!

Y de todas ellas, Tú,
Blancanieves, voz silente,
Que te aparecerás tal vez
Cuando no pensaba verte

Cuando arrostre el destino
Y le mire al fin de frente
Su rostro incrédulo y divertido
Que me dirá Sí (para siempre)

Cuando dé el paso
de “remplazarte” (¡sé valiente!)
rompiendo el nudo gordiano
¡Y le rasgue, mujer alegre!

viernes, octubre 11, 2019

¿BOXEADOR MATÍAS MONTERO?

Matías Montero. Su asesinato por la espalda marcó uno de los inicios de la espiral de la violencia (callejera) que desembocó en la guerra civil. Una violencia (de los rojos) que como explica Ramiro en “¿Fascismo en España?" venía de antes de su asesinato. Víctima inocente –e iconográfica- Matías Montero, o victima del culto a la violencia que él profesaba lo mismo que sus camaradas. ¿Boxeador Matías Montero? Una hipótesis que no nos mueve a entonar “mea culpa” ninguno, sino a bucear (o a hurgar) en la memoria, y a que nos sirva de lección para no repetir errores ni exponernos a dilemas imposibles y a riesgos –inéditos e imprevistos e imprevisibles entonces- como los de la violencia callejera, tal y como lo advertía en “¿Fascismo en España?” Ramiro Ledesma Ramos (fuera de toda sospecha)
Buceando (peligrosamente) en la memoria. Como lo vengo haciendo en mis últimos artículos. Y en casos emblemáticos (como lo fueron) del nacimiento de mitos de piel dura y longeva –como el de las Siete Rosas-, o del arranque de la espiral de la violencia –y de la guerra civil- como lo fue el de Juanita Rico, y como lo fue –sólo caigo en la cuenta ahora- el asesinato por la espalda de Matías Montero, el estudiante caído. “Matías Montero y Rodríguez de Trujillo, que Dios te dé tu eterno descanso y a nosotros nos lo niegue hasta que sepamos ganar para España la cosecha que siembra su muerte”. Era el estribillo, de un aliento patriótico y una cargazón poética innegables -de la pluma de José Antonio en persona- que recitábamos de corrido y fervorosos y pletóricos de (puro) idealismo –de joseantonianos/auténticos (...)- a cada aniversario –el 6 de febrero- en aquellos años ya tan lejanos –de mitad de los sesenta a mitad de los setenta- de mi juventud universitaria. Matías Montero fue el primer caído victima de represalias de la izquierda, y en eso contradigo ex profeso a Ramiro que viene a sostener lo contrario (a saber, la tesis de la violencia indiscriminada y gratuita) en su obra –un tanto inédita- de “¿Fascismo en España?”, de un ejemplar que sobrevivió como de milagro  en mi estantería, –¿por qué? ¡misterio!-, tras tantas mudanzas y al contrario de tantos otros de mis libros que por culpa de la revolución informática fueron desapareciendo en las librerías de viejo uno detrás de otro, o en el fondo del armario (…) Y es en donde

jueves, octubre 10, 2019

JUANITA RICO Y LAS TRECE ROSAS (A los "Patriotas")

Noticia del entierro de Juanita Rico -verdulera madrileña del barrio de Chamberí, y socialista, del PSOE-, “la meona que encendió la guerra civil”. La memoria es el campo de batalla ineludible en la hora actual para los auténticos patriotas, digan lo que digan los profesionales del patriotismo y de su propaganda en los medios y en la red. Y en la medida que la despertamos y la recordamos, desactivamos la carga mortífera, letal, de la ley funesta de la Memoria. Y no a la inversa (algo en lo que caemos en la cuenta sólo ahora) A cada batalla pues de guerra de propaganda –de Juanita Rico a las Trece Rosas- oponerles como un solo hombre el mentís rotundo que les lanza nuestra memoria (la nuestra, la de los “nuestros”, una memoria de guerra y de victoria): esa es la consigna urgente de la hora. Los inmigrantes, la amenaza del Gran Remplazo (Remplacement), esa es otra historia, francesa y europea más que española (…)
Obras son amores –reza el refrán- y no buenas razones. O puesto igualmente en román paladino, por sus obras les conoceréis. Y es ocioso e inútil y contraproducente el disertar a toro pasado –"epilogar" lo llaman en Francia (los eruditos) –, sin tasa y sin fin sobre análisis y estrategias. Y más en terreno electoral, de la actualidad (¡ay dolor!) electoral española. Porque la estrategia es necesaria, pero no suficiente si no están presentes otras cosas. “Hábil estratega, pero pobre y triste condotiero” (léase comandante o jefe de guerra) Es lo que le oí un vez a un antiguo mercenario en África aquí en Bruselas, participante en la operación aerotransportada –con lanzamiento de paracaidistas, de liberación de rehenes a manos de rebeldes (simbas)- de la toma de Kisangani (24 de noviembre 1964) en el Congo belga, (algo inolvidable para mi interlocutor en donde él también tomó parte), y era evocando las palabras que le dijo a él, el antiguo jefe de mercenarios belgas, Jan Schramme (de Brujas), por cuenta de otro mercenario también presente y operacionalmente activo en aquella guerra, Bob Denard, francés, que dio mucho que hablar hace años con ocasión de sus ultimas andanzas justo en vísperas de su muerte, en la prensa aquí que saludaba y veía en él el último de los mercenarios y el fin de toda una época. Y viene a cuento de la polémica áspera y cruda y desagradable desatada en los medios patriotas –quién lo diría- por cuenta de las palabras de Ortega Smith

martes, octubre 08, 2019

PSOE "PARTIDO CRIMINAL"

Testigo (“witness”) en primera fila de muy joven –y no es culpa mía, así soy, así fue - de hechos o instantáneas todo menos anecdóticas y de cuyo profundo significado sólo caería mucho después en la cuenta. Como el “escrache” aquel –entonces no lo llamábamos así (huelga/activa o algo así- del que fui (yo sólo) testigo presencial en el vestíbulo o hall de la antigua Facultad de Políticas y Económicas, galerías Castañeda, tardo Franquismo tardío, principios de los setenta, de la que fue victima alguien que yo conocía y que me marcó por el temple y entereza con lo que llevó todo aquello, él sólo, tranquilo, de paso firme, lento y seguro –y con la mano en el bolsillo (…)- marchando hacia la salida y seguido a una distancia de algunos metros, cual plataforma de separación (y protección), por una turba enfervorizada y enfurecida al grito de “¡Fuera fascistas de la Universidad!” La guerra civil larvada –como así la definí en más de una ocasión- que resurgía allí con más fuerza que nunca. Como lo ilustra la personalidad de aquel desconocido de la que sólo vine a saber después. Y es que se trataba nada menos que de Eugenio Lostau, que dio su nombre (de pila) –y modelo del protagonista- a la célebre obra (1938) de Rafael García Serrano, que cuando la escribió (abril 36, noviembre 37) le daba por muerto en la guerra civil. ¿Poeta en la vida aquel hombre/mito, Eugenio, del que algunos no recordarían después –y a todas luces aún sólo recuerdan- más que una trayectoria gris –de político y hombre de aparato del Régimen (léase de la situación) y funcionario del Movimiento- cargada de tanta prosa? Poesía de la eternidad del instante aquel –como diría Heidegger- en la que aquel héroe de epopeya (la de nuestra guerra civil) –genio y figura (que se es lo que se fue)- dejó su huella. En mi retina hasta hoy. Y al que recuerdo en estos momentos tan necesitados de héroes –como el comer- ante la nueva guerra civil (…), mejor dicho la nueva fase –en cruento- de la guerra de memorias a todo arder. ¿Por fin?

lunes, octubre 07, 2019

Conjuro A La Intemperie

Como el cruce del Mar Rojo
estos domingos desiertos
De la guerra que no acaba
Entre el hastío y el desconcierto

Jalonando, mi existencia
¡Domingos de guerra (y viento)
Vacíos e interminables
Y umbríos (hasta darte miedo)!

Adiós las ganas de vivir,
De luchar y de amar, cierto
Hasta que se me hizo la luz
Y casi al final comprendí

Lo del vivir peligrosamente
Cual antídoto (del sufrir)
De ese morir lentamente
Que es para mi el vivir sin ti

Ganarte la vida, dicen,
Acertar, triunfar (o “reussir”)
¡Patrañas solo señuelos!
¡Importa más saber morir!

Imaginar mi muerte (feliz)
(Romanticismo de acero)
a su escenario final -¡Heil!-
anticipándome (alto riesgo)

Es lo que de veras cuesta
El prepararnos a ese fin
Lo que me evite sorpresas
De la Muerte traidora y vil

La muerte que escoja yo
¿Ponerme ella en mi sitio a mi?
Como el héroe a la intemperie
Que vive aun cerca de mí

Que no esperó de la Muerte, ¡Nada!
Y salio a su encuentro (fue así)
Y no a esperarla en un rincón
¡El arte de “verlas venir”!

Arte de acertar a ver, amor
Que todo gira en torno a mí,
Que cuando todos me miren
¡Te fijarás tu (amor) en mí!

(sin saber si llorar o reír) (…)