martes, julio 15, 2014

ONÉSIMO REDONDO EL MÀS ACTUAL DE LOS LÍDERES DEL FASCISMO ESPAÑOL

Onésimo Redondo -"caja negra del Alzamiento"- escapa a un patrón, de lideres fracasados, propio al fascismo español (para entendernos) que sí arrastran en cambio en la memoria José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma. En los cuatro días que aun estuvo en libertad hasta su muerte -del 18 al 22 de julio del 36- fue gran artífice de la consolidación del Alzamiento en Valladolid y de su propagación fulgurante por León y Castilla la Vieja dando órdenes e instrucciones -desde la comandancia militar- y levantando la moral por las ondas radiofonicas. Su exaltación heroica -a Caudillo de Castilla- no tuvo el toque supersticioso ni se vio contagiado de un síndrome de fracaso y de derrota como si le ocurrió a la Leyenda del Ausente. Y su denuncia del capital judío (sic) -con todas las letras- es de una actualidad rabiosa los días que corren. Pese a las cortinas de humo del movimiento indignado, y más si cabe, precisamente por ellas
En un comentario en un medio "azul" a un debate suscitado por los rumores que ya comenté en este blog que dan cuenta de que se estaría cocinando un plan de cerco de la Delegación del Gobierno de Barcelona por una plataforma de acción separatista que incluye a la principales fuerzas vivas de signo secesionista en aquella región española, se apunta una objeción de orden histórico e ideológico a la vez y es la de los (presumibles) reparos que a Ramiro Ledesma -según el autor del comentario (del que pienso saber quién es, viejo conocido, pero del que no desvelo aquí la identidad para no seguir liándola todavía más con gente de la que me sentí cercana aún no hace mucho)- le planteó la actitud de la Falange con José Antonio a la cabeza apoyando al gobierno de -centro derecha- en la represión (“dura y silenciosa” según sus propias palabras) de la revolución de octubre de Asturias.

Algo -conforme a esta óptica- que habría pesado decisivamente en la escisión de Ramiro y de algunos de sus allegados que se seguiría apenas unos meses más tarde. Ramiro Ledesma y Goebbels. La comparación se impone en mi espíritu leyendo una biografía de este último del que yo me he hecho eco en alguna de mis últimas entradas. Símbolos uno y otro de ese ala izquierda del fascismo (para entendernos) con la que algunos por lo que se ve siguen soñando.

La historia del nazismo y del fascismo lo es la de sendas y grandiosas derrotas. La de la Falange -o del nacionalsindicalismo para entendernos- en cambio es la de un no menos grandioso fracaso. El fracaso de sus líderes principales como José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma.
Martín Lutero. Una asignatura pendiente de revisión urgente entre españoles (católicos por definición la inmensa mayoría de ellos) En el plano de la Historia de los dogmas, como en de la Historia a secas. Sus posturas explícitamente anti-judías a partir de un momento dado de su trayectoria no fueron sin duda extrañas a su oposición (resuelta y catégorica) a la revuelta anabatista -de claro signo judío- y a su posicionamiento en la guerras campesinas del lado de los Príncipes, en Alemania
Porque si José Antonio como aquí lo dejé sentado -y lo mantengo y lo rubrico- ligó su destino a la izquierda republicana y al partido socialistas (léase su ala moderada) sus últimas semanas preso en la cárcel de Alicante, de Ramiro no cabe menos decir que confió en los anarquistas las primeras semanas tras producirse el Alzamiento como lo prueba o ilustra el que rehusara -sintiéndose seguro en un Madrid en manos de las bandas anarquistas aquellos primeros días de guerra del verano del 36- el buscar refugio en una embajada o el intentar huir a la otra zona donde acabarían venerando su figura. El fracaso de los dos líderes mencionados simboliza a la vez el fracaso histórico e ideológico de la fórmula que gestaron y abanderaron, de nacional-sindicalismo.

Una fórmula (ramirista en su origen) de la que hay más que sobrados motivos para pensar que sufriese del mimetismo ineluctable que ejerció entra falangistas y jonsistas primigenios la experiencia nacional-socialista alemana. Nacional socialismo y nacional-sindicalismo. Una similitud terminológica que no esconde menos una diferencia abismal en el plano semántico, de los significados últimos de las palabras y de los conceptos. Es lo que me venía a la mente leyendo la biografía del ministro de propaganda del III Reich. Como un eco de esa fosa sin fondo o barrera infranqueable entre el mundo latino y ese otro de cultura germánica.

El ministro de Propaganda del III Reich tenía sin parar esa palabra de socialismo en la boca, es cierto. Su socialismo -una traducción literal (y a la vez pasada al latín), de nombre “sozialismus”- de la raíz etimológica común a las lenguas latinas, no tenia en fondo nada que ver con el socialismo, sino que se trataba en suma de una forma de nacionalismo propiamente alemana, o una transposición en el plano ideológico del concepto de comunidad (Gemeinschaft) propiamente germano, como lo explica tan en detalle una obrita que llegó a ser una especia de biblia de bolsillo para mi generación universitaria y me refiero a "Estado de derecho y sociedad democrática " a la pluma de uno de los padres de la actual constitución española.

Y lo mismo mutatis mutandis cabría decir de la expresión nacionalismo, la otra componente de la fórmula que forjaría y difundiría el movimiento nazi. Un nacionalismo propiamente alemán que asumía fatalmente toda una carga de anti-semitismo acorde a toda una antigua tradición intelectual en el mundo de lengua alemana, mucho más antigua –desde los tiempos de Lutero (…)- que lo era el antisemitismo en Francia.

Y por eso la fusión entre un nacionalismo social y un nacionalismo étnico era algo fatal e ineluctable entre alemanes En el caso español, la fusión semántica entre esos dos conceptos no se dio nunca sin duda porque no podía darse. El socialismo en España era en su origen y por definición internacional o internacionalista, como lo era en cierta manera también el sindicalismo (en su variante anarquista)
Este librito en esa misma edición -los de mi generación que aquí me leen darán fe de ello- fue una especia de biblia (democrática) de bolsillo -con nihil obstat por cierto- en mis años universitarios. Y además de eso, un proyectil (o un misil) en tiro por elevacion contra la línea de flotación del régimen de entonces. Explicaba tan claro y tan bién las diferencias entre la ideologia democratica y la filosofía o filosofías subyacentes en los nazi-fascismos que hacía pensar a un converso de los muchos que pulularon por aquel entonces. Y lo que más claro me quedó de su lectura hasta hoy fue que el concepto de comunidad (Gemeinschaft) o de Pueblo (Volk) de la tradicion alemana tenia poco o nada que ver con la nocion de pueblo -o de pueblo español incluso- que tanto esgrimieron el liberalismo español y la izquierda española en general desde las Cortes de Cadiz (y también otros) Mucho más antigua aquella, y mucho más auténtica desde luego
Y el nacionalismo era un concepto con difícil arraigo o asidero en España y en la tradición cultural española -en el sentido de nacionalismo español me refiero- por culpa o a causa de nuestro pasado imperial que históricamente fue algo sustancialmente distinto -por su proyección geográfica mucho mayor, ultramarina incluso- de lo que lo era el pasado imperial alemán (en la edad moderna me refiero) Y “pueblo” –como lo reconocía amargamente José Antonio en su ensayo “Germanos contra bereberes”- no tuvo nunca entre españoles (desde la baja Edad media) el sentido de comunidad (unida y sin fisuras) de la tradición alemana.

Lo que explica que la expresión “nacionalismo” se viera siempre reservada entre españoles en la historia de las ideas en lengua española, a los movimientos periféricos de signo separatista, y que por ese motivo la Falange rechazase explícitamente el hacer suyo el término. No hubo pues en la práctica (y en fondo) nacionalsindicalismo ni revolución nacionalsindicalista porque no podía haberlo, y en cambio si hubo revolución nacionalsocialista en Alemania aunque cualquier parecido -de la fórmula y de los conceptos- con la realidad fuera pura coincidencia.

La Revolución alemana llegó a su apogeo en la fase de estrategia de victoria o derrota total del III Reich y su inspirador y artífice y heraldo máximo lo fue Goebbels, el ultimo Fuhrer del Reich que sobrevivió (unas horas aunque solo fuera) a Adolfo Hitler.

Y el punto de arranque de aquella lo fue el célebre discurso de aquel del Palacio de los Deportes de Berlín (de febrero del 43, justo a seguir a la debacle de Stalingrado), que traducido –convenientemente- al español suena (sorprendentemente) a pura retórica heroica falangista como me sonó a mí cundo se me ocurrió traducirlo. Las cosas claras y el chocolate espeso. Sin trampa ni cartón, sin tapujos y sin complejos.

Hubo una figura no obstante entre los líderes y fundadores de la Falange y del nacionalsindicalismo primitivo que si no escapó a la suerte trágica de los otros, sí escapa en cambio al patrón de fracaso (estruendoso) que les calza aquellos, y me estoy refiriendo a Onésimo Redondo. Murió en los primeros momentos pero tuvo tiempo de consolidar en Valladolid y de extender en León y Castilla la Vieja el Alzamiento del que se le puede considerar “la caja negra” (como lo escribí en un poema que le dediqué ya antiguo) Venció y pagó con su muerte su victoria.
Onésimo Redondo, al mando de los falangistas alzados de Valladolid en la Academia de Caballería de la capital vallisoletana el 20 de Julio del 36. Mientras José Antonio y Ramiro se desentendían o se distanciaban del Alzamiento, Onésimo fue uno de los grandes artifices de su triunfo, ayudando decisivamente a consolidarlo en Valladolid y a extenderlo triunfalmente en todo el resto de la zona norte de los nacionales. Fue en la práctica jefe de la comandancia militar de la ciudad durante los cuatro dias que estuvo aun en vida tras sus liberacion -en estrecho contacto con el General Saliquet- y tuvo una actuacion radiofonica tan brillante y desde luego mucho más decisiva que la de Ridruejo más tarde, en aquellos criticos momentos. Onésimo o "la caja negra del Alzamiento" Amigo intimo de Anselmo de la Iglesia (a su lado en la foto, el brazo en cabestrillo), tuvo de gran rival en cambio a José Antonio Girón, poderosísimo ministro de Franco en la posguerra. Lo que explica en parte la suerte diversa de su figura en la memoria colectiva durante décadas de posguerra, en comparación con la de José Antonio y la de Ramiro Ledesma
Onésimo era además hombre casado –y padre de tres hijos en el momento de su muerte- con una mujer además de gran belleza, y desde ese punto de vista su vida se vio -en el plano personal- más lograda que la de sus otros rivales al liderazgo del fascismo español (una forma de hablar, no más que eso) La exaltación heroica de Onésimo –Caudillo de Castilla- no se vio acompañada tampoco de los toques de superstición que arrastro en cambio el culto al Ausente.

Y de los tres sea tal vez Onésimo el de mensaje más actual, el único de los líderes fascistas españoles que denunció el capitalismo judío (sic) y que hubiera sabido detectarlo hoy tras la crisis financiera que sacude desde hace ya más de seis años al mundo civilizado. Por detrás de las cortinas de humo de los movimientos indignados, criaturas del (gran) capital judío –de Grecia a España pasando por el Magreb y el Oriente Medio- sin excepción todos ellos. La peste indignada es la mayor amenaza que se cierne sobre España y la sociedad española y sus instituciones los días que corren, y esa amenaza corre el riesgo de concretarse en Barcelona las semanas que se aproximan.

Y el invocar ahora las reticencias de Ramiro ("el pobre Ramiro" como dijeron siempre algunos) ad majorem gloriam del partido Podemos -bailándole así el agua desde unos sectores que los mismos interesados seguro que no se esperaban- y del papel que a todas luces les está adjudicado en un escenario (secesionista) de protesta callejera por las calles de Barcelona como el que se prepara; en nombre de la clase obrera (sic) además, es dar muestras de crasa irresponsabilidad, y de miopía. Y de deslealtad a la Memoria heroica y de traición a la Patria en resumidas cuentas
Onésimo Redondo estuvo de lector de español en un colegio católico de Manheim (cerca de Heidelberg) en 1928, en pleno auge del nacionalsocialismo alemán y por propia confesión había quedado impresionado presenciando "los desfiles silenciosos, imperturbables e interminables de camisas pardas desfilando por las calles" Su primer partido, las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica, fundado en agosto del 31 (tres meses transcurridos apenas de la proclamación de la II República), fue conforme al consenso generalizado entre historiadores, el primer partido español de corte fascista (o fascistizado) Un dato insolayable y elocuente al mismo tiempo. De ese lazo (de filiación ideológica) innegable entre el movimiento jonsista/falangista español y los nazi fascismos y en particular el nacionalsocialismo alemán, lo que se vio siempre rodeado de tabúes en España entre devotos (y posesos) de la leyenda del Ausente

2 comentarios:

celtibero bcn dijo...

Siento decirle que su exposixion sobre Onesimo y Jose antonio, es taciturna, absurda y carente de rigor historico. Creo que ud. lo ha escrito sobre lo que ha leido por ahi sin contrastar dicha informacion.
Siento que sea asi

Juan Fernandez Krohn dijo...

Es tu opinion. Lo de taciturno que me arrogas, no obstante me honra. Ese fue el titulo que se llevó para la posteridad uno de los mayores enemigos (Guillermo de Orange) del Imperio español. Del enemigo el consejo (y el ejemplo también a veces) Fue Ramiro el que habló de "la pirámide (enorme) de nuestros fracasos" ¿Y como no va a inspirarle pues un esntimiento de melancolía irrersistible (aunque no invencible) la contemplacion de nuestro pasado -de sus capítulos más trágicos sobre todo- a todo español que se precie?

Un artículo de varias páginas (escritas) lo despachas -descalificándolo- con dos lineas apenas. Me hubier merecido más, pero bueno, supongo que di en la llaga -contigo como con mucho otros- y es en lo referente sobre todo a lo que digo o doy a entender de José Antonio. No soy un biógrafo suyo, doctores tiene la madre iglesia y también la historiografía joseantoniana, arrastro no obstante una memoria viva en el tema como tantos españoles y tal vez más que muchos otros por razones fáciles de adivinar de lo que sin duda ya sabes de mi y de lo mucho que tengo escrito ya al respecto.

Hay un punto no obstante en el que hoy todos concuerdan por la vía de la afirmacion explicita o del silencio púdico y embarazado y es que José Antonio (preso) se desmarcó del Alzamiento en el preciso momento justo que estaban cayendo a miles por toda España sus camaradas, que ellos sí que se alzaron, precisamente en su nombre. Como ocurriría en Paracuellos.

Llevo afirmandolo ya hace años y ninguno de los devotos de su Leyenda se atrevió nunca a rebatirme en ese punto en lo que fuera (Si se exceptuan los ataques arteros del insulto y la calunnia gratis y cobardes que ya ventilé en los tribunales)

Ni siquiera se atrevieron a hacerlo los iconos mayores de esa religión falangista anti-18 de julio y me refiero sobre todo a Ceferino Maestú (ya nonagenario) y a su segundo, hoy como ayer, Sigfredo Hillers. Saludos, camarada