domingo, noviembre 24, 2013

Oda a las Almas Tristes (poesía en domingo)

¡Muy buenas noches, Tristeza!
Tristeza, sí, del tiempo que fue.
¡Veintiún años vista atrás
en este noviembre invernal!
De errancia y sin rumbo (y con fé)
Sin razón o motivo aparente,
como una cometa errante,
como estrellas novas muertas
hace ya miles de años,
y luciendo su rastro aún
en un cielo blanco de estrellas
(en la Nada del espacio)
Tristeza de mil tragedias
anónimas y domésticas,
del suspiro de dolor de un niño
del gemido de un perro fiel,
de la lealtad pura y sin precio
(¡más pura que la de un perro!)
del héroe indefenso y en pie
Por eso que me escoció tanto
y me escuece aún y me duele
el insulto aquél (de traidor)
¡Los que no supimos que era eso!
Por eso sabíamos reconocernos
de una misma familia o estirpe
mirándonos sólo a los ojos.
Como aquel mercenario inglés
Hace ya! ¿Cuánto? ¡Veinte años!
De película (y de carne y hueso),
nombre prestado o de ficción.
Qué apretón de manos ¡Dios!
Como el de un hermano (mayor) ,
en el estudio de televisión
(trillados, seleccionados)
después de "confesarlo" todo
los dos (en el "reality show")
Que me viene a la mente ahora
escuchando una vieja canción,
banda instrumental, sonora
de tiempos de navidad (¡Dios!)
recobrada de puro azar
que desesperé de recordar
(diciembre del 92) (...)
Su rostro como su historia
en el fondo aún de sus ojos
de espanto, de horror, de pavor,
del trance aquél de su vida
cuando por un tris se salvó
¿Cómo condenarle? ¿Quién soy yo?
¿O es que sabemos acaso
lo que la vida le deparó?
O aquel otro (ya falleció)
tan joven (¡aún más que yo!)
Que llevaba en su mente escrita
un página de historia
que vio de cerca, que vivió
Que me contaba a mí sólo
¿Y por qué a mí y a los otros no?

¡Benditas las almas tristes
por detrás de sus sonrisas,
de sus muecas circunspectas
y de sus risas irónicas!
Porque es de ellas el futuro
(la poesía y la promesa)
Y porque en ellas se esconde
la valentía y la audacia
(y el arrojo que se ignora)
y el heroísmo callado
y la lealtad más perruna
y la memoria (de viejos)
-Sieg Heil!- de un mundo muerto
(¡Y la Fé ciega en la Victoria!)


Fue así como te vi al pasar
cruzándote (aposta) a mi lado,
como una estrella fugaz,
caediza, huidiza (¡qué extraño!)
Como salida de órbita
(¿tras una explosión nuclear
hoy o hace un millón de años?)
que no buscaba más que caer
ya fuera en sierras o en mares
y así poder descansar
antes de que se hiciera tarde
O que un cazador de estrellas
intrépido y avezado
te cazase con su lazo
descubriendo tu secreto
(¿de un drama antiguo, olvidado?)
¿El que te hizo ponerte a volar
un vuelo tan alto (y tan raro)?
¡Que me diste pena mujer!
¡No osaba confesármelo!
Y así te empecé a querer
sintiendo un dolor escondido,
 tratando de descifrarlo
 ¡Por detrás de tu estampa en flor! 
Antes de que se me haga de noche (y cerrado)

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