viernes, marzo 06, 2015

¿JOSÉ ANTONIO MARXISTA?

En esta obra provista de todas las credenciales académicas españolas y extranjeras (políticamente correctas), publicada en España hace ya más de diez años, se deja traslucir la tensión latente) al interior de la Falange primera entre el esteticismo aristocrático o aristocratizante de sus poetas y escritores y el obrerismo (azul mahón) de algunos de sus militantes, del lado del cual acabaría inclinándose fatalmente el último José Antonio, antes y después de su llegada a la cárcel de Alicante. Una pesada hipoteca –aunque no la única- que compromete gravemente hoy el futuro de la inteligencia en el área cultural de lengua española
¿Acabó José Antonio asimilando (sic) el marxismo, y en particular el dogma de la lucha de clases? Según alguno, así fue. Y otra vez vuelta y dale sobre estos temas (“joseantonianos”) que dirá alguno, a riesgo de parecer obseso porque de verdad que marcaron no poco mi destino como aquí todos ya saben o se lo imaginan. Recuerdo un encuentro hace años con un joseantoniano de relieve, que lo era de un sinceridad absoluta sin duda alguna como lo demostraba o lo destapaba en la conversación rezumando conocimientos y modos y maneras inconfundibles pese a haber servido al régimen anterior, y sin duda precisamente por eso, y recuerdo que hablamos por los codos tanto él como yo sin duda porque eran temas que nos fueron  –pese a todo- tanto a él como a mi (muy) queridos.

Y una de las cosas que hablamos, que yo saqué allí al retortero fue esa deriva como un sino fatal o una segunda natura de muchos falangistas en la posguerra –un a mayoría de ellos sin la menor duda- que acabaron operando y consumando en tantísimos casos un trasbordo ideológico en dirección de la izquierda y su respuesta me me dejó un poco de piedra por lo espontánea y a la vez por lo cruda y un tanto abrupta. “Era algo –me dijo- que estaba ya en las obras completas” Punto. ¿Lo del “socialismo fue justo en su nacimiento”? ¿La frases más emblemáticas entonces –y también hoy mas obsoletas - del discurso del Cine Madrid?

Le dejo la tarea de exploración a especialistas y eruditos de la obra y de la doctrina joseantoniana aunque para mí es evidente que le negación (sic) –o superación (sic)- de la lucha de clases que postularon la Falange y demás movimientos con lo que se la comparó y asocio entonces –léase los movimientos fascistas y fascistizados- les llevase a un callejón sin salida (“impasse” le dicen los franceses) La clase (social) es una realidad insoslayable como lo es –que nadie se escandalice- la del sexo. ¿Quiere esto decir que haya que cargar con un dogma –de principio rector del pensamiento- y a la vez principio de acción, el de la lucha de clases? Obvio es que no. Pero en la España de hoy, en la sociedad española actual esa realidad de clase insoslayable la encarnan sobre todo las clases medias fruto de décadas de régimen anterior –y en parte también del que le sucedería-, que serían en gran parte nuevas clases emergentes como ya lo tengo aquí harto analizado.
Las corrientes nacionalistas y anti-democráticas que conocieron su auge en las primeras décadas del siglo XX no dieron en Francia un movimiento compacto y unido como en otros países europeos, pero sí dieron en cambio un gran intelectual, Charles Maurras, y no es de extrañar pues que sea el autor de un ensayo –del que siempre oí hablar pero que nunca me interesó particularmente y nunca leí- que cae ahora en mis manos como lluvia (adelantada) de abril o agua de mayo terminando esta entrada sobre el futuro y el horizonte –tan negro- de la inteligencia en nuestra lengua y en el ámbito de las Universidades españolas que ofrecen un paisaje tan desolador las horas que corren, en, particular –corruptio optimii pessima- la Complutense madrileña. Maurras denunciaba en su análisis que la inteligencia en los tiempos modernos –como una secuela de su revuelta contra el orden tradicional (“el sucesor de los Borbones, escribía Maurras, es el hombre de letras”) y por una curiosa paradoja- vería alienada in crescendo su libertad por parte de los grandes poderes financieros – extranjeros de preferencias -, de la gran industria y del sistema democrático que acababan reduciéndola a esclavitud y servidumbre, que venian a sustituir al soberano mecenas -y no patrones- del Antiguo Régimen mucho mas generoso y liberal con los intelectuales que eran artistas antes que nada, y garantes supremos de su libertad credora, y así Maurras preconizaba un compromiso histórico intelectual (sic) en aras de un renacimiento espiritual (fundamentalmente intelectual) en nombre de la razón del orden natural -conforme a las antiguas leyes del universo" y de la salvaguarda del Orden y del progreso y sobrevivencia de nuestra Civilización amenazada
En algunos análisis de la crisis financiera, de sus manifestaciones más visibles y emblemáticas en la actualidad económica española los días que corren se viene postulando un nuevo concepto, el de salario/social de cara al fantasma del paro. Un fantasma –no poco amedrentador aunque tampoco irresistible- que persigue hoy a todas las clases sin distinción, aunque yo diría que (mucho) más aun a las clases medias que a la clase obrera propiamente dicha o que a las nuevas clases con las que a esta última–en parte por lo menos- le sigue ligando  un auténtico cordón umbilical, y que siguen teniendo hoy –bajo el paraguas de los subsidios y de las ayudas sociales- una economía más saneada (sic) y social y económicamente puestas a resguardo (sic)y a prueba de azares e incertidumbres mucho más y mejor que las clases medias propiamente dicha.

Y a esa altura del partido me han venido a la mente unas citas y un autor que ya mencioné en estas entradas, no directamente sino a través de una obra de investigación universitaria políticamente correcta que más no cabe, y me refiero a “Vanguardistas de camisa azul”, de la que extraje alguna cita que ya vertí aquí de Antonio de Obregón (lo del “de”, entre paréntesis, se lo pone la propia autora, alemana, de la obra, a mi que me registren) Antonio de Obregón fue una intelectual falangista de lo que algunos llamarían sin duda “de aluvión” de los meses y semanas que precedieron inmediatamente al estallido de la guerra civil, el detalle no obstante le inmortalizaría en la memoria de muchos que fuera él, junto con oros falangistas “de aluvión” como él, como Miguel Fleta y Victor de la Serna los que llevaron a hombros el féretro de Unamuno, exponentes de lo que la autora de la obra referida más arriba llamaba intelectuales esteticistas a los que una inseguridad sociológica –de clase- predisponía a adherirse “al fascismo” (léase a la Falange), como así fue efectivamente en tantos casos en esos meses abrasadores de la primavera e inicios del verano del 36 que fueron a la vez de cosecha abundante –“en aluvión”, sí- para el movimiento falangista, y que conscientemente o no se movilizaron en gran parte por una pulsión irreprimible, de verse o sentirse bajo amenaza, a saber una amenaza de clase, de los pobres y desheredados (sic) que eran el blanco favorito de la propaganda prosélito de la izquierda (marxista o anarquista)

Y no me resisto –a riesgo de parecer cínico por demás o de que se me trate de provocador a recoger aquí una de las citas que se recogen en esa obra del esteta falangista nombrado mas arriba. “Lucha de clases. La barbarie contra las inteligencias cultivadas, el descamisado contra el cuello duro del que era señor porque sí, la suciedad contra la limpieza, el que se afeita los sábados contra el que lo hace a diario, el cerebro estúpido y tarado, lleno de bazofia socialista y de partidas de tresillo contra el noble talento del estudioso y del lector”

La de lo del trigo y de la paja juntos, separar lo anecdótico de lo esencial, ese es el reto que plantean esas líneas tan desconcertantes y, escandalosas e irritantes sin duda para algunos y de una actualidad sorprendente al mismo tiempo en nuestros días. ¿Socialismo o barbarie, o la inteligencia contra la barbarie “socialista”? La alternativa emerge hoy irresistible a la vista del espectáculo de politización y de sectarismo –y de corrupción y de atraso (y de ruina)- que ofrece la Complutense madrileña, dirigida –todo un símbolo- por el hijo dde Santiago Carillo, que a la sobra del auge de Podemos (un poco criatura suya) aspira ahora a perpetuarse en su puesto. Una corrupción y una decadencia de la auténtica inteligencia a la que asistimos en la universidad española actual en la mayor parte de sus estamentos y de los sectores que la conforman, que es sin ninguna duda un signo mayor de nuestra época.

La inteligencia es aristocrática por propia definición, lo dijo Ortega y otros muchos antes de él como el inglés (o anglo irlandés) Oscar Wilde que en eso llevaba razón por más que se equivocase en sus postulados (y sin duda también en sus pautas de conducta más ruidosas) Civilización o barbarie, decía el poeta anglo irlandés que había pasado por una cárcel de comunes (lo que inmortalizó en su célebre “Balada de Reading gaol (jail)”)

Y otro botón de muestra de esa decadencia de la inteligencia rayana en la agonía nos la ofrece el caso que ayer abordé en estas entradas de la biógrafa de Francisco Umbral, Ana Caballé, una intelectual de gran valía –y doy fe de ello por conocerla personalmente- brillante escritorio y dotada algo que se echa mucho en falta entre escritores a saber el estilo (sin duda que devoción umbraliana obliga por muy crítica que en su caso se diera) y un dominio del castellano escrito y hablado que para si quieran muchos no catalanes, y como destinada fatalmente a la vez –de por su condición de profesora universitaria (del mayor relieve en la universidad española)- a ir por el mundo de telonera de esa casta cutral y académica y universitaria –y yo diría también poética y literaria- que hace estragos desde hace décadas ente españoles –y también de puertas afuera- como aquí y a lo tengo denunciado.

Y si no, no se explica que una mujer de tanta clase intelectualmente tan brillante pudo ofrecernos ayer el triste espectáculo de su sumisión casi abyecta a esa casta imperante quemando en público como quien dice la que sea tal vez su obra más excelsa por más que como ella mismo confesaba le haya dado (sic) pocas satisfacciones. “Llegó el comandante y mando parar” cantaba una canción –a ritmo tropical- de la revolución cubana.

Y a la biógrafa umbraliana se diría que alguien le dio ahora un toque o un golpe de silbato, advirtiéndola de dejarse de veleidades de independencia de juicio y volver calladita y sumisa al redil de lo político, de lo histórico y yo diría también que de lo biográficamente correcto, que a todas luces había traspasado con su apasionante biografía sobre el escritor más desconcertante del universo de las letras españolas en el siglo XX.

Civilización o barbarie, ya digo, el reto supremo –donde está en juego el futuro de la inteligencia (como hubiera dicho Maurras)- que se riñe hoy en la universidad española que no habría reconocido en modo alguno el “marxista” José Antonio Primo de Rivera en su época


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