lunes, marzo 16, 2015

BRASIL REBELIÓN DE LAS CLASES MEDIAS (LA SOMBRA DE LA TFP)

Una escena de la Edad de Oro de la TFP brasileña –hace unos veinte o treinta años- desfilando por el Viaducto de Chá en el centro de Sao Paulo, una de las arterias más concurridas en una de las urbes más populosas del hemisferio occidental, y escenario sin duda el domingo pasado de multitudinarias manifestaciones callejeras contra Dilma Roussef, la presidenta reelegida hace unos meses por un estrechísimo margen. La sombra de la TFP tras su clamorosa implosión a la muerte (en 1995) de su fundador, el profesor Plinio –rodeado de un círculo al fondo de la foto- viene gravitando sobre el Brasil, y su actualidad más candente dese entonces, y más si cabe ahora, en la medida que no dejaban de encarnar –peses a los perfiles anacrónicos de su estilo y de su mensaje- un Brasil europeo –y de raza blanca- que habrá acabado sintiéndose amenazado tras más de veinte años de hegemonía del Partido de los Trabajadores (fundado por Lula da Silva), y por su política de confrontación y enfrentamiento social y de reivindicaciones clasistas (y a la vez étnico/raciales) De un racismo anti-blanco para dejarnos de eufemismos
Una multitud calculada según datos de la prensa española -y de la policia local- en más de un millón de personas recorrió el pasado domingo las principales arterias del centro de Sao Paulo la gran urbe brasileña en protesta contra la presidenta recientemente reelecta Dilma Roussef y en el marco de grandes escándalos de corrupción que habrán saltado últimamente a la luz entre ellos el que envuelve a los cuadros directivos de Petrobas, la gran empresa estatal de petróleo del Brasil, todos ellos estrechamente ligados a la actual presidente y al partido en el poder, el PT de su predecesor, amigo y correligionario Lula Da Silva.

Aquí dediqué ya algunas entradas a las marchas indignadas que invadieron las principales urbes brasileñas en el 2003 con motivo del torneo futbolístico internacional –en reparación del Mundial del año siguiente- conocido como la Copa de las Federaciones. Me permití incluso criticar las declaraciones indignadas que se permitió entonces el actual seleccionador nacional de España echando –al contrario que el gran Pelé- leña al fuego más que otra cosa. Las manifestaciones de ahora se ven ahora implícitamente homologadas en la prensa española con aquellas, cualquier parecido con la realidad no obstante es pura coincidencia. Además de aquellas, también habré dedicado en este blog otras entradas al Brasil país al que me precio un poco de conocer, por haber estado allí en otra época de mi vida como dio cuenta el corresponsal en Bélica del diario Clarín de Buenos Aires cuando me detuvieron el 2000 delante del Palacio Real de Bruselas.

Y en ellas venía a relatar la idiosincrasia particularísima del Brasil y de sus habitantes y lo singular y atípico de su historia comparada al resto de los países de la América luso/hispana; en ellas vine a dejar sentado el dato irrefragable que en Brasil al contrario que los países de la América española no hubo guerras de emancipación (léase rebelión mestiza) y que por vía de consecuencia las elites y clases dirigentes del Brasil contemporáneo –hasta nuestros días- fueron grosso modo los descendentes y herederos de la casta –de ascendencia portuguesa en substancia, y de raza blanca- que dirigía ya el país en tiempos de la colonia herederos en línea directa a su vez de los capitanes generales, herramientas y “bandeirantes” que llevaron adelante por cuenta de los monarcas portugueses la conquista del territorio brasileño.
Cuando me detuvieron en Bruselas el 16 de mayo del 2000 delante del Palacio Real, el suceso mereció especial atención en los medios, y en particular en la prensa portuguesa, donde el semanario “O Expresso” de Lisboa –de la familia del semanario francés l’Express- dedicó todo un artículo a mi detención y a mi trayectoria. Y el corresponsal del diario Clarín de Buenos Aires dio cuenta en reportaje (bastante hostil) sobre mi detención, de mi estancia americana –en Brasil y en la Argentina- a finales de la década de los setenta. Y no oculto que aquella experiencia me dio una óptica personal e intransferible de aquellos países, y más si cabe del Brasil, tan desconocido y tan lejano (comparativamente) para españoles
No hubo pues guerra de emancipación en el Brasil y tampoco se dio allí pues ese fenómeno concomitante y resultante a la vez de aquellas que fue la ascensión imparable de la casta de los criollos –mestizos de indios y españoles- que sí que fue en cambio la regla en todos los países de la América española. Y desde esa perspectiva historia y a la vez étnico/etnológica cabe decir que Lula Da Silva vendría a encarar un fenómeno de lucha de clases en el Brasil contemporáneo que cobraba no pocos visos de verse doblado a un tiempo –como ocurrió con la “primavera de los pueblos” (1848) en el continente europeo- de un fenómeno concomitante de lucha de razas. Como viene a ponerlo ahora clamorosamente de manifiesto la rebelión de las clases medias contra la sucesora de Lula, Dilma Roussef, que vienen a encarnar grosso modo el Brasil europeo o de ascendencia europea, frente al sueño o el mito del Brasil multirracial que domino la vida política de aquella gran nación hispana –léase luso/hispana- grossso modo desde el final de la Segunda Guerra Mundial en el 45, y la que el auge del Partido de los Trabajadores de Lula da Silva –amigo personal nota bene del papa Wojtyla- vendría a infundir nuevos alientos.

El reportaje del diario El País informa a su lectores de la composición social de la manifestaciones multitudinarias del pasado domingo, médicos abogados, profesores, comerciantes, hombres de negocios, informáticos estudiantes, el otro Brasil que los manifestantes del domingo acusan a la presidenta de ignorar (y ningunear y despreciar olímpicamente) o de seguir haciéndolo como en su anterior mandato, siempre a las ancas y tras las huellas de Lula el sindi alisa que inauguro en el Brasil contemporáneo esa política de confrontación social y de reivindicaciones clasistas que no dejaba de tener no poco de étnicas (o raciales) a la vez como lo señalé más arriba. Y en ese despertar de las somnolientas clases medias brasileñas al que ahora (atónitos) asistimos se me antoja distinguir la sombra –o el fantasma o el espectro- de la TTP, y du fundador y líder vitalicio Plinio Correa de Oliveira.

La TFP hizo clamorosamente implosión a la muerte de su fundador el Profesor Plinio (octubre del 1995) y si no puedo decir que me alegré aunque solo fuera porque me pilló aquello a años luz -geográficamente y en todos los sentidos- si se me antoja con la visión retrospectiva que da el tiempo transcurrido que nos legaría (a modo de epitafio) una sabrosa moraleja.
Don Bertrand de Orleans y Braganza (y Wittelsbach) de la familia real (imperial) brasileña al que conocí y traté brevemente en las sedes de la TFP en Sao Paulo (década de los setenta) Una personalidad brillante y cordial y exquisitamente cortés y simpático y educado. Conmigo desde luego lo fue. Actualmente formaría parte de la facción minoritaria –la vieja guardia representante de las clases altas brasileñas en el seno de la TFP- de en las que se desgajaría el movimiento fundado por el profesor Plinio tras hacer implosión a su muerte. Ellos se quedaron con el nombre pero el gato al agua –léase, la mayor parte de las propiedades e instalaciones y el grueso de los militantes- se lo llevaría el antiguo secretario del profesor Plinio, una personalidad apagada pero de la que se sirvió el Vaticano como anillo al dedo en una de esas venganzas “romanas” (marca Wojtyla) que dejan temblando para la posteridad como quien dice. Murió así la TFP y nacieron “los heraldos del evangelio” Cualquier parecido con la realidad pura coincidencia
Y era que aquella tentativa contrarrevolucionaria tan insólita y tan anacrónica (a los ojos de una mayoría) del movimiento del profesor Plinio, anti-liberal y más si cabe anti-igualitaria que les llevaba a llevar chaqueta y corbata –hasta en el verano tropical- y a tratar a todo el mundo de usted –tanto en portugués como en lengua castellana- de forma a sentar o restablecer las viejas distancias- haría explosión, o implosión que me diga cuando a la muerte del fundador, del grueso de la organización y de sus (cuantiosas) propiedades e instalaciones, el gato al auga se lo llevaría el secretario del profesor Plinio, una personalidad de lo más opaca, de extracción social modesta que se vengaba así de la vieja guardia del movimiento todos o casi todos de extracción social mucho más elevada –entre los que se contaban los príncipes herederos de la casa real brasileña de Orléans (y Braganza) entre ellos el príncipe Don Bertrand al que alcancé a conocer en Sao Paulo en una sede de la TFP- y no fue menos con el apoyo y la ayuda preciosa de la jerarquía eclesiástica y del vaticano y el pontificado del papa Juan Pablo II que venía de un mundo la Polonia bajo régimen comunista –y con concordato (…)- a años luz del Brasil del régimen militar donde nació y floreció la TFP y al que el profesor Plinio venciendo mil reticencias e impedimentos de tipo ideológico y doctrinal acabaría rindiendo pleitesía (obediencia ignaciana y jesuita obliga)

El profesor Plinio con su postura –la que proclamaba entonces- me puso a mí en el disparadero de mi gesto de Fátima. Lo digo sin resentimiento, pero en tributo a la verdad rigurosa porque así fue. Y en ese resurgir del Brasil que él de una cierta manera quiso encarnar, al que parece que asistimos, viene a ser ahora el gran olvidado, y mejor sin duda que sea así. Para todos, para los brasileños y para los que sin serlo no nos sentimos menos hermanados con ellos en la misma civilización occidental (de cuna a la vez luso/hispana y europea)

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