viernes, enero 15, 2016

PEMÁN Y LA CONCEJALA FALTONA (Y CALUMNIOSA)

José María Pemán dedicó uno de sus más logrados y sentidos poemas a su amigo Ramiro de Meztu, asesinado (el 29 de octubre de 1936) –y que me perdone la concejala guerracivilista de Jerez- en las tapias del cementerio de Aravaca y en el marco de las sacas de la cárcel Modelo madrileña, junto a su amigo Ramiro Ledesma. ¿Se dejó acaso llevar José María Pemán -siempre de manos limpias-, de un espíritu de (santa) vidicta en memoria de su amigo asesinado? Que el que esté libre de pecado tire la primera piedra
Flores de memoria histórica, que me diga de la ley funesta. Flores envenenadas de difamación y de calumnias (barriobajeras) Las que viene luciendo la concejala de Izquierda Unida del ayuntamiento de Jerez, que lleva mi mismo apellido (para más inri) A la salida del tribunal al que habrá comparecido a declarar por la querella que interpusieron en su contra los hijos de José María Pemán se habrá ratificado en sus acusaciones y en sus palabras (injuriosas y calumniosas)

Flor envenenada de guerra civilismo ella misma, esta joven agraciada que pierde mucho cuando se pone a hacer de pasionaria, que hasta se nota en las fotos que circulan en la red de ella. ¿Pemán « asesino »? ¿Qué habría que decir entonces de Alberti, gaditano como Pemán (del Puerto de Santa María, junto a Jerez)? ¿Participó Pemán en la columna de Yague, como le acusa a toro pasado esta joven sabihonda que tiene a lo que parece bien aprendida la película que los suyos le contaron? Ley de guerra.

¿Y qué decir entonces de la actuación de Alberti en las checas madrileñas en zona roja ? Los tiempos cambiaron es cierto, desde los años noventa –a mediados de la década me refiero-, cuando en un semanario español que se editaba en Bruselas –« El Sol de Bélgica »- el subdirector de la revista, muy joven, gaditano a lo que parece, incensaba a Alberti, un numero sí y otro también, siempre en tonos de desafío y sin que nos pareciese humanamente posible entonces el contradecirle, que se nos oyera –o se nos leyera- que me diga, buscando el poner bemoles a los elogios aquellos. ¡Bendita revolución informática que lo habrá hecho posible !
No conocí a Pemán pero si conocí a Eugenio Vegas Latapié, gran amigo suyo, que nos hablaba mucho de él, casi siempre en tono jocoso y divertido- en sus tertulias caseras de los domingos a donde asistí durante un año, antes de irme al seminario de Ecône. Y Eugenio nos ofrecía una imagen estelar de su amigo poeta, de alguien que como buen andaluz y gaditano llevaba la fiesta y el teatro en el alma y en la sangre, como aquella anécdota que le oí una vez, de Pemán durante el ensayo de una de sus piezas teatrales, repanchingado en una de las butacas del teatro, rodeado de las actrices que la interpretaban y caracterizado en un papel de simple figurante, vistiendo de hábitos cardenalicios.

Y Eugenio Vegas le recordaba exclamando socarrón a la vista de aquellos bellezones « ¡me siento como un cardenal del Renacimiento! (o algo así), entre carcajadas estentóreas. ¿Cínico Pemán, (en el sentido antiguo del termino), vividor, juerguista, mujeriego, « bon vivant »? Con toda seguridad ¿Y qué ?

No desmerece en nada como sea de su gloria literaria y del buen nombre y de la reputación que se merece post mortem. Hay otro testimonio –-y no del menor valor en su favor que cabe invocar aquí y es el de Francisco Umbral, fuera de toda sospecha. Y es el que vierte (repetidamente) en algunas de sus galerías literarias –de las que escribió varias- a modo de semblanzas del escritor jerezano, donde cuenta que Pemán le dedicó una « tercera » de ABC (editorial de la tercera pagina del referido diario) -« Umbral », en 1965-, con ocasion de la publicacion del libro sobre Larra de aquél.

« Lo escribió –glosaba Umbral- con esa generosidad que sólo tienen los hombres con los que nadie ha sido generoso » Generoso (y trágico) Pemán, otra cualidad personal que sale a relucir de él en este abordaje fugaz y superficial de su figura, y muchas más sn duda que irían saliendo si persitiesemos en nuestro empeño.

Libertino anticlerical, irreverente –y genial- el Pemán tardío en lo más granado de su producción teatral y literario. Es lo que viene a decir Umbral también en el articulo rebosante de ingenio, magistral (de los mejores sin duda de todos los suyos) que le dedicó en el Cultural del Mundo –« Pemán sin adjetivos »- y que luego recogerían en su libro « Los Alucinados » que guardaba yo como oro en paño y que me robaron aquí en Bruselas.

Donde Umbral escribe que Pemán era un volteriano de derechas, que sólo se reconocería así mismo cuando se quedó viudo. « No había censura ni leches -glosa aún Umbral en una frase antológica-, la censura de Pemán era su santa esposa »

¿Prosista de la Falange (sic) como así lo titula Umbral repetidamente en su obra, pese a su monarquismo y el anti-franquismo (de disidencia interior) que ostentó con perseverancia hasta su muerte ? No menos de lo que lo pudo ser Foxá o Eugenio Montes, monárquico el uno en sus orígenes y el otro en ciertas etapas de su (oscilante) trayectoria, consciente como lo soy diciendo esto- de la disconformidad radical en este punto de algunos joseantonianos/puros, a los que ya estoy oyendo rasgarse las vestiduras.

Cantó –quién me lo negará- a la idea imperial, fuente primera de inspiración de la Falange, de su fe patriótica y de su ideología. De lo que ofrecen un botón de muestra los versos inmejorable por el contenido y por las circunstancias de tiempo y lugar que les acompañaban recogidos en su poemario « La Bestia y el Ángel » (estrofas finales del Canto Segundo) que dedico a la memoria de su amigo Ramiro de Maeztu, asesinado –con perdón de la concejala de Jerez- en una de las sacas rojas al principio de la guerra, en compañía de Ramiro Ledesma con el que congenió estando los dos presos en la Cárcel Modelo madrileña.

« Ayer, uno de marzo –y recito de memoria- , un mediodía de largo viento frío y nubes altas, hubo otra vez Imperio en la Plaza Mayor de Salamanca…/…Ramiro de Maeztu, Señor y Capitan de la Cruzada ¿dónde estabas ayer mi dulce amigo, que no pude encontrarte, dónde estabas ? para haberte traído de la mano a las doce del día, bajo un cielo de viento y nubes altas, que vieses en reposo de tu eterna inquietud, tu verdad hecha ya vida en la Plaza Mayor de Salamanca »

Y Pemán se refería en esos versos a la ceremonia de presentación de credenciales de embajadores extranjeros presentes en zona nacional-, celebrada (el primero de marzo de 1937) en la plaza mayor salmantina entre un ondear de banderas nacionales, y de países amigos (de la Alemania nazi y de la Italia fascista) Un poeta comprometido (con su tiempo), un gran poeta, Peman. Una gran figura de nuestra letras (sic), como lo reconoce ahora el alcalde indignado de Jerez (fuera de toda sospecha)

Y un triste botón de muestra como sea, el (triste) caso que nos ocupa, de esta ley funesta e imposible, léase imposible de aplicar sin reabrir fatalmente heridas, sin resucitar viejos (viejísimos) rencores, y sin re encender la guerra civil (interminable) en definitiva

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