viernes, diciembre 05, 2014

PEREZ REVERTE EN MÉJICO ¿CONTRA ESPAÑA Y CONTRA EUROPA?

La soga en casa del ahorcado. En un momento de las declaraciones de Arturo Pérez Reverte que comento en esta entrada se puede leer: ”mientras en Europa, y en España se está perdiendo casi, digo casi, la capacidad de pelear …/…en Méjico se pelea todos los días, y ojo, lo que se va a pelear” ¿Provocación o exabrupto calculado? Cabría afirmarlo a tenor de su respuesta tan ambigua a la pregunta que fatalmente le hace a continuación el periodista, evitando la menor condena de la matanza de Iguala que ha puesto en estado de levitación al país entero. ¿Por qué no se va a vivir allí entonces? Y americaniza de una vez por todas su español hablado y escrito...y también su acento (...)
No sabía bien a qué dedicar mi entrada de hoy hasta que la lectura, de la intervención de Arturo Pérez Reverte en la ciudad mejicana de Guadalajara, que el futuro del Español está allí, del otro lado del Atlantico, me ha hecho dar botes en el asiento y dedicarle esta entrada. “La mayor feria del libro en lengua española” según la presenta el diario de Prysa es una fórmula que tiene a no dudar gato encerrado. Una fórmula de guerra de propaganda a no dudar –contra España y la lengua madre- o de guerra del lenguaje mejor, que es una de las formas en la que se traducen los choques y conflicto de culturas en el mundo de hoy como lo denuncia Dominique Venner en uno de sus textos –muy bellos- que comenté en mi última entrada.

¿Embajador (cultural) de España, defensor máximo de la lengua madre o lo que es lo mismo de la cuna del idioma? (…) Me permito el dudarlo. Reverte puede ser el autor español que más libros vende hoy día, al menos esa es la imagen que arrastra, pero su mensaje por lo contradictorio y superficial a veces –como la intervención y a entrevista en la feria de Libro de Guadalajara (Méjico) que aquí comento-, no está la altura de su fama (editorial) Reverte propone ahora que la Real Academia elimine la etiqueta de americanismo, lo que no dice mucho de su celo por la pureza del idioma a pesar de ser académico (de numero) de la academia que fija y da esplendor. Y su pro/americanismo lo justifica y lo defiende en nombre del Quijote, la obra tal vez más difundida en el español en el mundo enero, pero que no resume en ella todo entera la totalidad el idioma español ni mucho menos ni da cuenta o idea tampoco del estado de la lengua, del español escrito y hablado en España los tiempos que corren.

Mestizaje (lingüístico) del castellano es la receta (mágica)que Reverte propone. Y sin duda que la propuesta tiene algo de seductor, y de irresistible incluso si no fuera por el tufo a complejo de culpa histórico que despide, como el que provocó el mestizaje de sangre (masivo) de los españoles de América que acabo dando lo que dio, una rebelión mestiza y un idioma degradado en un sinfín de variantes de acentos irredentos que perdieron el vigor y la fuerza original de la lengua que les transmitimos los españoles. Y que se enredarían en un diálogo de sordos con los acentos de este lado del Atlántico que hasta hoy dura: lo que a ellos les parece (insoportablemente) duro, por lo que a nosotros nos parece de ellos (insoportablemente) blandengue y adulterado. Al pan y a al vino, vino. Como llamaba a las cosas Don Miguel de Cervantes.
Medalla de los juegos olímpicos de Méjico del 68. Obsérvese la tipografía del letrero superior. Si Arturo Pérez Reverte se permitiera en sus obras esa forma tipográfica que continua siendo clasificada de correcta (sic) por la RAE en sus diccionarios, no hubiera podido ir perorar y a vender sus libros a la FIL de Guadalajara. ¿Qué digo? hubiera corrido riesgos (serios) de ser quemado vivo, acusado de colonialista ¿París bien vale una misa? Es posible. Si no se tratara de todo un síntoma –uno de los más gráficos a fe mía y más visibles y elocuentes- de ese complejo de culpa histórico –de colonialismo- que arrastramos los españoles en relación con la América hispana, análogo mutatis mutatis al de esclavismo de los anglosajones o de holocausto de los alemanes. ¿Méjico el país hispanohablante mas poblado del mundo al que lo españoles tendríamos pues que rendir tributo y pleitesía como lo acaba de hacer Pérez Reverte en Guadalajara (de Méjico)? Un estado fa-lli-do sobre todo –como se pone clamorosamente de manifiesto los días que corren. El que impuso e impone todas esas exigencia gramaticales: a su propia población de nautral tolerante, y a la que ellos llaman con sorna la madre patria, que fue y es la cuna del idioma. Y el cual acaba de ser admitido en la organizacion internacional de la francofonía (...) ¿Los mejicanos –y chicanos- futuro de nuestro idioma, como lo pretende Reverte? ¡Qué le salven ellos!
Reverte con su presencia y sus declaraciones en el certamen internacional de la ciudad mejicana habrá sentado la excepción que confirma la regla, dando así la nota peninsular –o la nota a secas- en una feria del libro internacional (como así se denomina este certamen) en lengua española donde los autores españoles habrán brilladlo por su ausencia salvedad hecha de él mismo y de los cargos directivos de la institución que representa. Me he estado releyendo las declaraciones de Reverte al periodista mejicano que le entrevista publicada en la edición más reciente del país y de verdad que se me caían de las manos. El futuro (según) él lo es América, Europa en cambio es un continente que envejece mal (dic)

¿Por qué no se va a vivir allí entonces, definitivamente y no poner el pie allí solamente de paso –de reportero como hizo en el pasado- o de visita como ahora? En América tienen respeto por la cultura y la educación, en Europa, no (dice) Asi de sumario y de tajante, y lo dice con un tono tal de convencimiento y en unos términos tan encomiásticos para los unos y tan críticos y peyorativos para los otros, que me diga para nosotros, que no puede sacarse menos la conclusión que para él los españoles somos un pueblo de ineducados analfabetos en comparación con los hispanos (latino/chés) del otro lado del charco. Y parece que les estoy viendo, como niños con zapatos nuevos con las declaraciones o las salidas del gachupín de marras.

Y la entrevista se pierde a continuación - a modo de disculpa  o de bíblica “justificatio”- en una serie de lugares comunes y en extremo manidos sobre el idioma que Reverte define como la patria común –una idea que tal vez tenga algo de suya propia pero que la esgrimió mucho antes que él alguien como Unamuno-, y tal vez no le falte razón, pero con eso la verdad es que lo dice todo y a la vez no dice nada en absoluto, porque si ahondamos un poco nos vemos fatalmente inmersos y enredados en una cuestión semántica de la mayor gravedad y trascendencia por no decir en un sinfín de ellas, o si se prefiere en un debate del que no se ve el fondo, como atrapados en arenas movedizas.

¿Es acaso la misma lengua el español de España (de la Península) que el de la academia mejicana (con perdón) o el de la argentina, el mismo idioma el que se habla en Valladolid o en Madrid, o en Sevilla o en Bilbao o incluso en Barcelona que el que se habla en Buenos Aires -y no digamos en algunos de sus barrios- o en Distrito Federal de Méjico. El mismo, si, y justo todo lo contrario al mismo tiempo.

El espíritu está en la lengua, sentenció Don Miguel de Unamuno, a lo que ya repliqué en alguna ocasión que lo está solo en la forma concreta con que se habla, en otro términos, que el espíritu (colectivo)-de un país, de una patria de una nación- no está propiamente en la lengua sino en el acento. Y eso ocurre con la lengua española como con las demás grandes lenguas occidentales –y me imagino que en las demás también que me escapan en mayor o en menor medida. El francés de un francés de Paris, o de cualquier otra región del Hexágono no es el que se habla en el Quebec pongamos por caso.
Sarah Williams antigua profesora de español en la Universidad de Pittsburg (Pensilvania) En noviembre del 2011 fue despedida de su cargo por una jefe de departamento de apellido Monasterio y de ascendencia boliviana, por su acento español, de “una tierra de opresores” (sic) ¿Que se hizo? La historia no reza al respecto pero es de suponer que el recurso de la profesora despedida no prosperaría. Un caso entre mil, sin duda alguna, de discriminación flagrante del español de España en provecho del español de América. Por eso, ese alegato encendido en favor del español de América –en desdoro de la imagen de España, cuna del idioma- de un académico de la legua -¡un respeto!- en la FIL de Guadalajara, suena a exabrupto improcedente o a provocación mas que otra cosa
Y esa barrera del acento –y no solo- es tan infranqueable entre francófonos como entre hispanófonos del uno y del otro lado del Atlántico. ¿Por qué? Muy sencillo porque no se trata solamente de una barrera o de una brecha (o diferencia) lingüística sino que tras ella se esconde un ruptura mucho más imponderable, primordial e irreversible. En el caso del Quebec esa ruptura histórica con la madre patria y la lengua madre al mismo tiempo se vería sellada por la guerra de Siete Años a mediados del siglo XVIII que en su escenario americano vendría a anunciar el ocaso y derrumbe del imperio francés de América del Norte –del Canadá y de la Arcadia y de la Luisiana-, y en lo que a la América (ex) hispana se refiere esa ruptura se veri consumada por la Emancipación Americana, que se vería acompañada o traducida –como aquí ya lo dejé a menudo sentado- en una rebelión mestiza anti-española.

Reverte podrá contar la película como a él le plazca –o como le plazca a sus auditorios del otro lado del charco- pero esa es una realidad histórica difícilmente insoslayable para españoles y menos aún para alguien como él, académico de la lengua y llamado a defender (de oficio) la pureza y la integridad del idioma. Francisco Umbral –la soga en casa del ahorcado- ya denunció en su tiempo la situación de escandalosa inferioridad en la que se encontraba el español de la Península, léase obras y autores española en el mercado mundial de la edición en relación con literaturas de la América latina lo que según él no se justificaba en modo alguno, por lo flagrante y desproporcionado.

Al suyo yo añadiría otro tipo de agravio, a riesgo de seguir predicando en el desierto como lo vengo haciendo dese hace ya muchos. Y es de la situación de discriminación flagrante en que se haya la lengua madre en los ámbitos académicos y universitarios por cima de los Pirineos por ejemplo en Bélgica –y de sé de lo que hablo- en relación con el español de América. Y a no dudar también del otro lado del Atlántico, en los Estados Unidos.

Y me estoy refiriendo no solamente al español escrito sin o también al hablado, y así sin duda pongo el dedo en la llaga, de los casos flagrantes de discriminación –de los que algunos habrán acabado trascendiendo en la prensa española en un pasado reciente (de página de sucesos incluso alguno de ellos)- de docentes españoles en los Estados Unidos o simplemente de docentes nativos de allí que impartían docencia del castellano con acento español aprendido durante su estancia en la Península como el caso (sonado) de una que se vio expulsa de la Universidad de Pensilvania donde enseñaba, víctima de la vindicta de los demás colegas enseñantes de español, latinos todos ellos.De todo eso nuestro embajador extraordinario en la feria internacional del libro de Guadalajara no dijo ni mu, tal vez porque no fui allí a transmitir un mensaje el que fuera sino a difundir –o a vender- sus propias obras.

Y menos aún  (faltaría), de la escandalosa hegemonía de las academias del otro lado del charco en todos los terrenos -ortográfico, sintáxico, tipográfico (...)- en relacion con la institucion que Reverte representa, cediendo ésta sistemática y vergonzosamente  desde el final de la segunda guerra mundial en el 45 a todas las imposiciones "panhispánicas" -a cual más abusiva por no decir grotescas y estrafalarias- de las academias americanas. El que no se pueda, por ejemplo -uno entre miles-, escribir la palabra Méjico (y derivadas) como se pronuncia, y como la pronunciaron los conquistadores españoles que extendieron nuestro idioma hace quinientos años por aquellas tierras. En la práctica me refiero, con sus "recomendaciones " (y supresiones) abusivas e insidiosas
Miguel de Unamuno tras su incidente con Millán Astray en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca. El espíritu está en la lengua, escribió el célebre filósofo y escritor, profesor de griego clásico (nota bene) en la Universidad de Salamanca. Todo un síntoma. Unamuno –que estuvo exilado en Francia y había viajado por Europa y hablaba o leía varias lenguas europeas (el danés entre ellas)- a todas luces apostó por Europa. Y para él –sobreentendido- la lengua incluía o englobaba los acentos…peninsulares (…) Porque el espíritu está en la lengua como él decía, sí...entendiendo como tal la manera como se practica y en particular como se habla. En otros términos, el espíritu colectivo está en el acento. En una familia unida de los mismos, me refiero, y no en cambio cuando se ven separados por una barrera histórica infranqueable -a saber la Emancipación americana- como la que se erige fatalmente entre el español de este lado y el del otro lado del Atlántico ¿Reverte apuesta por América? Es su derecho, pero que apueste al cien por cien y americanice pues –en una variante cualquiera latino/ché- también su acento. ¿La patria es la lengua como dice Reverte? Y también lo es una memoria común que en nuestro caso hunde sus raíces en el continente europeo
Reverte puede apostar por América todo lo que quiera, por el español de allí, por el espanglish incuso (o así se desprende de sus palabras), es su derecho –y su problema-, tal vez porque no se sienta lo suficientemente impuesto en el problema por razon de su trayectoria (periodísticos) anterior, aunque solo sea. Pero no tiene derecho ninguno como español y como académico mucho menos a desahuciar fuera de España a su propia patria ni tampoco al resto de Europa. Y a ningunearlas y hacerlas objeto de agravio comparativo como así se permite en las declaraciones que aquí estoy comentando. Ni tampoco en nombre del Quijote de Cervantes, que es sin duda la obra más universalmente difundida en lengua castellano pero que no condensa ni recapitula ni resume a ella sola todo la riqueza y universalidad de nuestro idioma.

En sus declaraciones se pronuncia en contra del americanismo como categoría. En nombre de la lengua común. En el nombre de la memoria común en cambio –a la que él alude al final de la entrevista cuando reconoce que a los latinoamericanos todo le viene de aquí, de España y de Europa- se le podría replicar que por esa lógica el mismo derecho lo tienen los galicismos, germanismos, lusismos, anglicismos e italianismos y demás extranjerismos procedentes de otras lenguas occidentales. Y por supuesto el mismo derecho que él tiene a sentirse en/casa en una lengua indígena mesoamericana (o precolombina) como las que tanto admira, otros lo tenemos en sentirnos igualmente en casa en una práctica bilingüe –e incluso trilingüe- desde hace décadas que no habrá ido en modo alguno en detrimento o en menoscabo alguno-y a las pruebas me remito, amigos lectores- de la pureza e integridad de la lengua que me precio de manejar, de palabra y por escrito (…)

Europa cuna de nuestra memoria oral y escrita. Y válganle estas líneas de homenaje de desagravio por unas declaraciones demagógicas e irresponsables que rinden poco servicio a la causa del idioma que su autor supuestamente está llamado a defender. Por razón de oficio (y beneficio)
Tirano Banderas, la novela célebre de Valle Inclán es exponente típico del complejo de inferioridad con el que muchos españoles ponen el pie del otro lado del charco. Que les lleva a un análisis de las situaciones con las que allí se ve confrontados, haciendo sistemáticamente abstracción de una memoria histórica de España en América arrumbada en el olvido para una mayoría de españoles desde hace casi dos siglos. Y desde el punto de vista histórico, la novela de Valle Inclán no deja de reflejar una visión (extremista y demagógica) de un periodo histórico de Méjico y de su personaje central –Porfirio Díaz y el porfiriato (en su fase de derrumbe), una época de larga duración y tranquilidad y prosperidad de los mejicanos- que no dejaba ser la de la Revolución mejicana (anti-española) de 1909, hacía ya tiempo triunfante cuando Valle Inclán publicó (en 1926) su novela

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo... Hay un proceso de odio antiespañol.... sin que sea detectado por los Medios de incomunicacion...Un ejemplo, el premio dado aun escritor radicalmente apologista de la Traicion, como pone de relieve en www.elmanifiesto.com Javier Esparza...Otro aspecto de odio a España es el incipiente separatismo fomentado en nombre de Blas Infante...He visto pancartas y banderas verde blanco verde con la estrella roja de 5 puntas y una leyenda insultante contra España. ...y ademas esta el tema Gibraltar, en e que ciertos rogelios descerebrados apoyan la soberania britanica en el Peñón...

Juan Fernandez Krohn dijo...

Goytisolo escribió un panfleto incendiario –en su época de estancia en Marruecos (no sé si allí sigue)- de apología del conde Don Julián –reo de alta traición- que cayó en mis manos y ante mis ojos estupefactos ojalando título en las estanterías de una librería aquí en Bélgica, es cierto. Y cabe apostar que sin ese pasado y esa imagen –de renegado (verdadera o falsa)- que arrastra no se hubiera llevado el premio, eso está claro. El contencioso histórico con el mundo musulmán es no obstante de otro orden que el que nos opone a los pueblo de la América (ex) hispana, a causa de la lengua común y de su pretensión de adueñársela. El integrismo islámico nos discute nuestro propio suelo patrio, el populismo latino/ché en cambio nos quiere robar nuestra lengua madre, tras habérsela propiedad y adulterado, y esto creo que nadie lo ha denunciado hasta ahora. Y la lengua es la correa de trasmisión de la memoria. Por eso escribió con razón Dominique Venner que el choque de culturas que se agazapa tras la invasión silenciosa y que amenaza nuestra identidad colectiva acarrea fatalmente una lucha por el idioma (o el lenguaje) En defensa de su integridad y de su pureza. Saludos