viernes, abril 10, 2015

AUSCHWITZ Y EL GULAG (SHOAH Y GUERRA CIVIL ESPAÑOLA)

No habría habido fascismo sin la provocación del bolchevismo. Auschwitz, una copia del original (el Gulag) a penas. Esas fórmulas de Ernst Nolte (tan percucientes) arrastraron siempre mucha polvareda de escándalo y de polémica, pero su autor nunca se retractó de ellas ni le valieron condena alguna en los tribunales. Jean Marie le Pen –en el estilo provocador que se le conoce- no viene ahora a decir otra cosa. Y mutatis mutandis se puede establecer también un nexo causal (sic) entre la shoah y la guerra civil del 36 interminable –o Guerra de los Ochenta (y Tantos) Años-, a través de algunos de sus episodios más emblemáticos, como lo fueron la División Azul y la actuación de “justos de camisa azul” en favor de los judíos sefardíes en la Europa bajo dominación alemana
Me llega –con cierto retraso- un largo y ameno artículo de mano amiga, publicado a principios de este año en la sección de cartas al director del diario La Nueva España (de Oviedo) –superviviente de la prensa del Movimiento- de la pluma (o de la tecla) de mi amigo Antonio Parra Galindo, periodista veterano, que fue corresponsal a principios de la década de los setenta del diario (“falangista”) SP en Londres y en Washington. La transición le condenaría injustamente –a él como a mucho otros de su generación (con la excepción Umbral que venía a confirmar la regla y a ilustrar de pasada su caso personal tan atípico)- a un ostracismo duro y longevo que fue sin duda la razón por la que si oí hablar de él (que le oí y le lei entonces con toda seguridad) su nombre no me dijese anda cuando entramos en contacto hace cosa de año y medio en vísperas de la publicación de m libro sobre Umbral que me prologó con un texto afectuoso lleno de mordiente, de valentía y sin medos ni complejos)

¿Dejad que los muertos entierren a los muertos? Ese aforismo, como una norma del decálogo o como verdad revelada o dogma de fe se nos inculcó a generaciones de españoles desde niños. ¿La huella del franquismo y del que más y mejor lo encarno? Es posible, no sé dónde leí el testimonio de un vencido del 36, sí ya lo recuerdo, me lo conto un malagueño comunista del que aquí ya hablé que conocí accidentalmente durante los meses –enero, febrero y marzo del 86-que pasé en la ciudad suiza de Lausanne, en el bar o cafetería de un centro cultural de aquella ciudad que frecuenté estando allí y que servía también de lugar y de encuentro de reunión de la emigración española muy numerosa en Suiza (por aquel entonces por lo menos) Y era que él decía –verdad o mentira- que Franco no había pisado en su vida un cementerio.

¿Atavismo galaico supersticioso –de las meigas, la Santa Compaña y demás-, recurrencia o reflejo condicionado que le legó su experiencia legionaria en el norte de África? Como sea, ese fue uno de los dogmas interdictos o principios inamovibles que acabarían cayéndoseme con el paso del tiempo de encima, sin remedio, como lo habré puesto de manifiesto en este blog y en el anterior donde ensayé un género un poco su generis –a mi gusto y medida- de obituarios al agua fuerte, emulando tal vez un poco inconsciente o no la técnica periodística de la que era ducho Umbral y que su biógrafa Ana Caballé calificó de “la rosa y el látigo”, y del que no puedo decir que se haya visto rubricado por el fracaso, bien al contrario, porque de todos los artículos publicados en este blog el que me habrá valido de lejos el mayor número de visitas –que van ya camino de los ocho mil visitantes en el espacio de poco más de un año- hasta ahora, lo fue obituario –al agua fuerte- que titule “¿Gitano, quinqui o payo paco de Lucia?”, y que dediqué a raíz de su fallecimiento –de una ataque cardiaco en la playa de una ciudad balneario mejicana en donde residía en lo sucesivo- al célebre cantaor flamenco, que decía que los flamencos –en el sentido de flamenco/andaluz- eran un pueblo (sic), un pueblo aparte se sobreentiende.

Antonio Parra por su parte dedicaba el texto suyo publicado en la Nueva España al que fue fundador y director del Caso, Eugenio Suarez del que pone al descubierto su trayectoria digámosle tortuosa como la de tantos personajes de la política y del periodismo del anterior régimen (sobre todo cuando cambiaron, las tornas) y revelaba que el entonces secretario general del PCE Jorge Semprún le había negado la entrada en el partido.

No diré nombres pero me recuerda un caso que salió a relucir en una conversación en la Biblioteca Nacional de Madrid hace ya años con el periodista y escritor César Alonso de los Ríos que versó mayormente sobre Francisco Umbral, en el contexto de la gestación por aquel entonces de mi libro a él dedicado y a sus novelas guerracivilistas (sobre la guerra civil el 36), que acabaría viendo a luz años más tarde, y fue el que aquel evocó a título de anécdota delante mía –poniéndole por cierto de vuelta y media, de borrachuzo y de falangista de los de pistola en mano etcétera, etcétera- de un periodista de la prensa del movimiento del que Umbral hablaría mucho en algunas de sus novelas (o más bien memorias noveladas) que en la transición o incluso antes ya, durante el tardo franquismo ya no recuerdo, fue a pedirles a Alonso de los Ríos y a otros que militaban entonces en el Felipe (FLP) como él, el ingreso en aquel partido marxista –cocido a la salsa del mayo español del 68-, y que se rieron en su cara de él, diciéndole que no se preocupara que le perdonarían la vida.

¿El morbo en política y en periodismo es algo malo acaso, funesto, pernicioso? Yo de eso, como diría Umbral –no siendo además periodista profesional en el sentido estrict6 (corporativo) del termino-,no entiendo. Y si es cierto que el periodismo de crónica de sucesos del genero del Caso -que encrnaria de forma tan emblemática la figura de Eugenio Suárez a la que Antonio Parra dedicaba su obituario tan acido- no tuvo nunca muy bien imagen ni periodística ni literaria, no es menos cierto que como todas las profesiones y todos los géneros y subgéneros literarios admite redención, como lo demuestra el género de la novela negra, que se basa en ese tipo de periodismo tan a menudo, o se sirve de él de fuente de inspiración o de documentación primordial como lo ilustra la obra del norteamericano James Ellroy que habré evocado en estas entradas a menudo.

El Caso que creo que nunca leí, forma parte del mobiliario de mi infancia y de mi adolescencia, léase de un panel de memoria personal y familiar y sociológica y colectiva que es sin duda para mi como para muchos otros de generación algo (hasta cierto punto) sacrosanto e intocable. Descanse en paz (su memoria y la del que fue su director) como dice Antonio Parra.

En su artículo Antonio Parra evocaba un libro temprano de Eugenio Suarez, “Corresponsal en Budapest”, sobre la segunda guerra mundial, y sus testimonios personales de su autor, por cuenta de los judíos que escaparon a la persecución en Hungría –donde estaba destinado de corresponsal- por la acción benéfica de los servicios de la embajada española, y de su titular (encargado de negocios) Ángel Sanz Briz. Los judíos que salvo el régimen de Franco ¿decisivos a la hora de inclinar la balanza del lado de la supervivencia del régimen, en la modalidad que revestiría al final, de una rendición pactada bajo supervisión vaticana –a las potencias anglosajonas vencedoras- en el 45, como lo vengo manteniendo y explicando de un tiempo a esta parte en estas entradas?

Es muy posible y el tema cobra actualidad candente con a polémica desatada en Francia por las recientes declaraciones del fundador del Frente Nacional sobre las cámaras de gas a añadir a toras suyas más antiguas –que se sucederían intermitentes a lo largo de los años- sobe la shoah, y otros punto controvertidos (y rodeados de mil tabúes) sobre la historia de la Segunda Guerra Mundial. Y por aquello de que los silencios son a veces más elocuentes que las mismas palabras no habrá dejad de llamar la atención el silencio que viene manteniendo desde que estalló la crisis al interior del Frente Nacional y a su más alto nivel, en la nieta del fundador, que algunos medios francés no habrán dejado de interpretar como un consentimiento tácito en las opiniones de aquel en la materia, si se tiene en n cuenta sobre todo que en la reacción (rápida, en caliente) de Marion Le Pen que siguió a la primeras declaraciones de Jean Marie le Pen -sobre las cámaras de gas, seguidas de su entrevista en Rivarol- se centraba únicamente en la condena de la ocupación alemana en Francia pero no entraba de lleno en el tema de la Shoah.

De un nexo/causal -etrre Auschwitz y el GOulag- habló el historiador alemán Ernst Nolte y aunque su aserto arrastró de antiguo mucha polémica nunca se retractó de ello ni le valió tampoco persecución de los tribunales. Y de un sinfín de nexos/causales se puede hablar también por cuenta de la historia de la guerra civil española, entre Badajoz y Paracuellos, entre el terror en la España del Sur en zona roja las primeras semanas de la guerra y la toma de Badajoz –y las circunstancias que la acompañaron- y Paracuellos, o entre el terrorismo aéreo practicado indiscriminadamente contra la población civil y objetivos civiles- que practicó la aviación republicana las primeras semanas de la guerra -en las que fueron dueños cuasi absolutos del espacio aéreo de la península- y el bombardeo de Guernica, o entre los bombardeos nacionales sobre Alicante y el asesinato de José Antonio o entre el fusilamiento de García Lorca y la situación de violencia y arbitrariedad y anarquía y descontrol creada en Granada y provincia por las izquierdas durante la primavera del 36 tras las elecciones, que me diga en pucherazo (escandaloso) en las elecciones de febrero que allí como en Cuenca ganaron claramente las derechas.

¿Propaganda de guerra todo lo que precede, sobre la guerra civil española como la Segunda Guerra Mundial? Algo inevitable mientras dure la guerra civil interminable. Tan fatal como lo es el nexo causal –por muy remoto o indirecto que se pretenda- que liga a la shoah con la guerra civil española, como lo defiende Antonio Parra en sus libros y artículos


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