miércoles, abril 15, 2015

¡IFUERA DE LA LEY YA LA BANDERA REPUBLICANA!

Prvocación calculada del mesias de Vallecas? Vuestras acciones os siguen, reza un proverbio francés, y los gestos en público más todavía (y sé lo que me digo) Y ese encuentro del monarca con el líder indignado hoy en Bruselas –aunque no llegasen al apretón de manos- liga a este último (mucho más que al monarca)- si no en/conciencia, sí de cara a la opinión pública y a la sociedad española. ¿Acatar la autoridad de Felipe VI y seguir al mismo tiempo propiciando el proceso constituyente y el cambio de régimen en un acompañamiento ornamental permanente de banderas tricolores y de gritos y eslóganes republicanos? Acatamiento –sin reservas ni tapujos- de la enseña nacional, la bandera roja y gualda, lo menos que se puede pedir a nuestros representantes electos. Pero para ello se tal vez un requisito previo imprescindible e ineludible, a saber la declaración (legal) de inconstitucionalidad y la prohibición (por ley) de la enseña de la II República
"Una anomalía histórica" así califica a la II República en su edición (digital) de hoy un articulo del diario Público fuera de toda sospecha. Es cierto que la formula se ve puesta entre paréntesis o sujeta a caución, y es en un artículo dedicado a exponer (en forma sucinta y resumida) los diez puntos del revisionismo histórico (sic) sobre aquel periodo de nuestra historia. Pero su autor lo exponen tan bien, de forma tan clara y tan elocuente y convincente y con tanta fuerza de agarre incluso, que la duda viene de inmediato al espíritu, si no sobre las intenciones reales del augurio, sí en cambio que pueda haberle traicionado el subconsciente de historiador o el subconsciente apenas sin adjetivos.

Es lo que parecen sostener –denunciando a la vez- algunos de los comentarios al artículo. Pero lo revelador del artículo lo es sobre todo que en él su autor toma nota de un cambio de tendencia en la historiografía actual –en el estado de la cuestión, por expresarlo en lenguaje erudito (y pedange) universitario- que parece restringir al ámbito nacional con exclusión de la historiografía extranjera en las que esas nuevas tendencias (revisionistas) no habrían visto la luz hasta ahora. Una nueva corriente o corrientes historiográficas que e caracterizarían sobre todo por su pretensión primordial de neutralidad científica en menos cab de una memoria histórica puesta en entredicho o bajo sospecha, sea del signo que sea, lo que parece efectivamente verse justificación a la vista de los debates creados por la Ley de la Memoria Histórica y la crispación consiguiente y el agravamiento la división entre españoles que trajo consiguió en el seno de la sociedad española.

Y en menosprecio también de una visión estructural o de clase –que viene a ser lo mismo- con lo que el autor del artículo viene a corroborar el carácter marginal al que se habrá visto reducida toda una historiografía de signo marxista o neo marxista o posmarxista sobre nuestra guerra civil y periodos adyacentes como el franquismo o la II República, que es la que parece que sigue imperando en ese reducto o reliquia de marxismo académico o universitario –herederos del mayo del 68- en el que se ve convertida, vista desde fuera, la facultad de Políticas de la Complutense (de Somosaguas) y su mesías (honorifico) Pablo Iglesias.

Y no es menos cierto que ese revisionismo emergente con pretensiones de verdad histórica (absoluta) o sin ellas que puede venir a hacer progresar el debate histórico e ideológico sobre ese mar de cuestiones sin repuesta que sigue levantado o suscitando la guerra civil española. El debate por ejemplo –tan fundamental- de la relación entre Historia y Memoria que desde un plan puramente filosófico –como el del filósofo francés Paul Ricoeur (hombre de izquierdas) en una de sus obras tardía- se extiende fatalmente hasta los aspectos de metodología histórica más minuciosos, y hasta la narrativa puramente literaria sobre la guerra civil, algo que creo haber tratado con abundancia y en detalle en mi libro sobre Francisco Umbral y sus novelas guerra civilistas.

El reconocer la existencia de una tensión u oposición dialéctica entre dos memorias antagonistas sobre la guerra civil española me pareció y m sigue pareciendo desde luego preámbulo o paso indispensable a la hora de abordar –reconociendo preliminarmente su existencia- la guerra civil interminable o como convine en llamarla en mi último libro, la Guerra de los Ochenta Años.

Y si dudas había de ese estado de guerra civil –interminable aunque solo sea en el campo de la mentalidades y en el plano de la guerra de propaganda- no hay más que leer algunos de los artículos conmemorativos de la efemérides del catorce de abril aparecidos en la prensa española y en plumas por lo general –y por todas las t razas- de los que no conocieron de primera mano ni vivieron aquello y que viven hoy la guerra civil no obstante como si no hubiera pasado el tiempo, en el plano de la memoria y en espera tal vez de llevarla hasta el terreno del enfrentamiento físico, que me diga armado (porque de enfrentamiento físico no hemos estados escasos estos últimos años de política española)

El rey Felipe VI recibió hoy en Bruselas un regalo un tanto envenenado de manos del dirigente de Podemos Pablo Iglesias, y fue la caja del Juego de Tronos, que ya descubre el reto en el mismo título. Un trono en juego, léase en la cuerda floja, o camino de verse en la picota, ese es el mensaje (capcioso) que el Mesías indignado quería sin duda difundir con su gesto tan ambiguo en la opinión pública, al día siguiente del aniversario –que habrá pasado sin pena ni gloria en las calles y entre una inmensa mayoría de españoles- del 14 de Abril efemérides (funesta) de proclamación de la II Republica.

El líder indignado se habrá jactado de haber hecho entrega al monarca del obsequio “saltándose el protocolo”, lo que se nos antoja a algunos de mal augurio. ¿Otro mensaje subliminal el que quería hacerle “tragar” el líder indignado a la opinión publica? De hacerles ver por un gesto, mas elocuentes a veces que las palabras, que nada habrá cambiado en ciertos aspectos entre el reinado del monarca anterior y el de sus sucesor (y heredero), léase que en materia de protocolo los únicos que seguirían teniendo derecho a la saltárselo a la torera lo son hoy como ayer los voceros y exponentes de la izquierda/legitimante?

Preferimos no arriesgarnos a una apuesta en la materia y suspender (prudentemente) nuestro juicio, y nos habrá invitado sin duda a prudencia la reacción del monarca haciendo saber claramente delante líder de Podemos que no tiene previsto recibir a nadie antes de las elecciones generales del próximo mes de noviembre y que esa era la respuesta –y lo dijo mirando fijamente a Pablo Iglesias- que tenía que dar al pedido de audiencia que le había formulado el líder indignado. Una forma (egregia) de decir que no iba a hacer excepciones y una forma de dejar entender a los medios que no habrá tratamiento de excepción (favorable quiero decir) con los de Pdemos, pese al tratamiento de favor de que viene gozando (tan flagrantemente) entre aquellos. Así lo entendimos nosotros por lo menos.

Tus acciones te siguen, reza un proverbio francés, y si se trata de gestos en público más si cabe (y lo digo por propia experiencia) Y el ademan –sin duda sincero- del monarca aceptando el obsequio que le habrá ofrecido al líder indignado hoy en la visita al parlamento europeo en Bruselas liga a este –mucho más que al monarca- no sé decir si en conciencia, pero sí de cara al conjunto de la opinión pública y de la sociedad española. Nadie entenderá muy bien a partir de ahora, que los de Podemos y sus acólitos y comparsas sigan dando la vara con un tipo de discurso como el que habrán acostumbrado tener hasta ahora de proceso constituyente (sic) y de cambio de régimen con el acompañamiento coreográfico permanente de bandeas republicanas y de gritos y eslóganes en consonancia.

Con lo que contradicen esa imagen novedad que vednrían a aportar a la política española. Vino nuevo en odres viejos, esa es la impresión que nos habrán dado siempre algunos, algo de lo que doy testimonio fehaciente en mi nuevo libro que acaba de ver la luz hace tres días. Una nueva república que no vendría a ser –según todos los pronósticos y previsiones- más que una reedición de la anterior, una segunda bis en resumidas cuentas. Son republicanos y se arrogan el derecho de serlo en el terreno de las ideas e incluso en el de las posiciones programáticas? ¿Y por qué no? Pero que no pretendan reescribir la historia ni tocárnoslos (con perdón) –como lo vienen haciendo ya desde hace un rato- en el plano de la memoria reivindicando a ultranza de esa forma tan fanática, tan radical y maximalista un periodo funesto de nuestra historia en el siglo XX que desembocó en la guerra civil y en os horrores que la acompañarían.

Y la historia de Francia que habrá salido a relucir –un poco mas de la cuenta al gusto de algunos tal vez- en mis últimas entradas por cuenta de la crisis del Frente Nacional- nos ofrece una lección elocuente a modo de moraleja, y fue del periodo que siguió a la guerra franco prusiana cuando una mayoría monárquica en la Asamblea Nacional francesa hizo pensar en la posibilidad de una restauración monárquica en la persona del pretendiente Enrique V (por la rama legitimista) lo que se vio frustrado al final por la negativa tajante del pretendiente a aceptar la bandera tricolor republicana, en lugar de la blanca legitimista. Hasta hoy. Lo que prueba que no se trataba de una simple cuestión de coreografía.

Mutatis mutandis el dilema que se presenta hoy a os neo republicanos españoles es análogo o muy parecido. Lo que viene a traducirse -en la modesta opinión del autor de este articulo- por un imperativo de asumir enteramente nuestra historia. La Gloriosa del siglo pasado, como también la Restauración que se siguió, en el siglo XIX y ya en el siglo siguiente el fracaso de la II República –y su derrota- y la legitimidad histórica del régimen que la sucedió se siguió. Republicanos si quieren pero de bandera roja y gualda como los de la I República, esa es la alternativa que el horizonte de futuro les ofrece, no tienen otra. Vuestras acciones os siguen, reza un proverbio francés, y los gestos en público más todavía (y sé lo que me digo)

Y ese encuentro del monarca con el líder indignado hoy en Bruselas –aunque no llegasen al apretón de manos- ligan a este último (mucho más que al monarca)- si no en/conciencia, sí de cara a la opinión pública y a la sociedad española. Acatar la autoridad de Felipe VI y seguir propiciando el proceso constituyente y el cambio de régimen en un acompañamiento ornamental permanente de banderas tricolores y de gritos y eslóganes republicanos? Acatamiento –sin reservas ni tapujos- de la enseña nacional, la bandera roja y gualda, lo menos que se puede pedir a nuestros representantes electos. Pero para ello se tal vez un requisito previo imprescindible e ineludible, a saber la declaración (legal) de inconstitucionalidad y la prohibición (por ley) de la enseña de la II República

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