lunes, abril 06, 2015

GUERRA CIVIL ESPAÑOLA EN BÉLGICA (ÚLTIMO EPISODIO)

Una figura de la historia belga contemporánea rodeada de espesos tabúes. Rodolfo (conde) d’Hemricourt de Grunne. De una vieja familia de la nobleza belga. Alistado voluntario en España del lado de los nacionales en 1936 combatió primero en infantería –en una bandera de Falange- y tras caer herido en el frente de Santander, gracias a su diploma belga de piloto civil y tras pasar por un curso de formación de oficial de vuelo en el aeródromo de Tablada pasó a la aviación nacional, en donde combatió durante toda la guerra civil y hacia al final de la misma pasó a integrar la Escuadrilla Azul de García Morato. En el desfile de la Victoria escribió con toda su escuadrilla el nombre de Franco sobre el cielo de Madrid. Vuelto a Bélgica tuvo que vencer resistencias para ser admitido en la aviación belga. Decantado del lado de los aliados –como la casi totalidad de los miembros de la nobleza belga- al estallar la Segunda Guerra Mundial, acabó alistado en la RAF británica y despareció en acto de servicio en vuelo sobre el Canal de la Mancha, el 21 de mayo de 1941. Su nombre y su trayectoria se ven ampliamente evocados en un libro sobre la actuación y protagonismo de la nobleza belga en la II Guerra Mundial y justo antes, durante la guerra civil española del lado de los nacionales, de la pluma de Marie-Pierre d’Udekem d’Acoz, prima hermana de la reina Matilde de Bélgica
La muerte (trágica) de dos espeleólogos españoles atrapados en lo hondo de una sima en el Atlas marroquí, en una zona montañosa desértica y apartada de Marruecos, habrá desatado otra vez la controversia entre voces de recriminación y de denuncia, y despertado y soliviantado de nuevo los fantasmas de la discordia, léase del guerracivilismo latente que vengo denunciando en estas entradas.

Y precisamente por ello, porque tanto en este episodio tan triste como en otros que les habrán precedido –con sus culebrones periodísticos correspondientes- en los últimos tiempos (como el caso de la enfermera contagiada de Ébola, o el de la oficial del ejército pretendidamente víctima de acoso de uno de sus superiores) –en la órbita todos ellos de la onda de choque emocional que produjeron los atentados del 11 de marzo-, se siente a la legua gravitar el fantasma guerracivilista aquel, me abstengo ex professo de entrar al trapo del debate apasionado (y enrarecido) que viene originando en las redes sociales y en los medios, buscando –una vez más- un culpable a toda costa.

¿Culpable Rajoy o el gobierno de Marruecos? ¿O los dos juntos y bien revueltos? Que lo digan y diriman los que entienden de esas cosas. En lo que me concierne, no me parece nada trivial en cambio la coincidencia de este suceso luctuoso con un descubrimiento (mayúsculo) que acabo de hacer en las últimas horas, y fue que ayer pasando de largo a la entrada de la Universidad Libre de Bruselas (ULB) –de su campus principal me refiero- por delante de los escapares de su librería universitaria me quedé una vez más sorprendido y un poco en estado de choque –ingenuo de mi de no aprender a pesar de llevar ya tantos años aquí- a la vista de uno de los títulos que figuraban bien visible en una de sus vitrinas, tan gráfico y expresivo y tanta fuerza de impacto que por un momento llegué pensé que se tratase de una broma “La guerra de España –traducido del francés- no hace (sic) más que comenzar” (“La guerre d’Espagne ne fait que commencer”)- acompañado, en la portada de una escena de la guerra civil, de un grupo con aspecto de obreros o aldeanos ataviados todos con boina, y con todos los visos a la vez de combatientes (o milicianos) de zona roja.

Me lo debía haber esperado ya digo, el mes de abril en Bélgica –como ya lo tengo fehacientemente et “in situ” comprobado- en punto a conmemoraciones y festejos es el de las recordaciones de la guerra civil española (exclusivamente del lado de los vencidos) que no vienen a ser –¡la cantidad de años que me habrán hecho falta para a acabar dándome cuenta!- más que meros indicios de periódicas resurgencias, que me diga del reencenderse intermitente –a través de décadas de posguerra- de aquella, que vengo llamando de un tiempo a esta parte, la Guerra de los Ochenta (y Tantos) Años.
Una pasión senil a todas luces, esa pasión española (François Furet dixit) de la izquierda internacional en relación con nuestra guerra civil. El personaje de la foto –tan cansado, tan cardado él (como una vieja coqueta)- es nada menos que el editor del célebre manifiesto “¡Indignaos! (Indignez-vous!”) cuatro años después viene a confesarnos que había gato encerrado en la movida aquella. La “indignación” al final -a tenor del libro guerra civilista que acaba de publicar ahora por su cuenta- no lo era por los sin papeles franceses, ni por los desahuciados o sin empleo españoles, sino por la guerra civil española. El escándalo más inmundo (sic) de la historia de la Humanidad. Como oyen. Sobrentendido, tan inmundos (sic) como los que lo protagonizaron y sus descendientes. Y algunos pensarían que hablando de la guerra de los Ochenta Años, yo exageraba (…)
Había no obstante algo más en el detalle anecdótico aquel de la obra en el escaparate de la Libreria Universitaria, y solo vine a caer en la cuenta tras buscar y encontrar en internet el nombre de su autor, no un don nadie por cierto de la izquierda francesa. Fundador o cofundador –a seguir a mayo del 68- del diario (de izquierda (pos marxista o pos comunista) “Libération” y editor nota bene a partir del 2010 –en todas las lenguas de España (sic)- como él mismo se encarga de publicitarlo ahora, con ocasión de la publicación de su libro sobre la guerra civil española- del libro que fue nota bene editor del manifiesto original (en francés) de “¡Indignaos!” (“Indignez-vous!”) ¿Nada que ver lo uno con u otro, la erupcion del movimiento de los indignados y la memoria o el recuerdo de la guerra civil española del 36 conforme me encargo de probarlo e ilustrarlo en mi próximo libro a punto de publicación (dentro de unos días)? A otro perro con ese hueso.

Y si dudas cupieran el propio autor  se encarga de disiparlas con declaraciones suyas con ocasión de la salida del libro hace dos meses. Y a fe mía que oyéndole en video no podía yo menos de dar botes en mi asiento. A confesión de parte eximición de prueba. Negro sobre blanco, lo que vengo predicando en el desierto desde hace ya casi cuatro años. Según él, en el llamamiento que difundía aquel manifiesto, especie de librito rojo del movimiento indignado- a una insurrección pacifica (sic), los españoles (sic) vieron una resurgencia de la guerra civil y él también a toddas luces- que es así como él interpretaba las palabras de un periodista de Madrid (del que no daba el nombre) de respuesta al autor del manifiesto Stéphane Hessel asombrado del éxito –de audiencia y de ventas- de su librito entre españoles.

“Hace cuarenta años–le habría respondido el periodista madrileño- que los españoles esperábamos un mensaje así del lado de Francia” “Cuarenta años –glosaba el editor de este reciente libro guerra civilista- nos llevan hacia atrás, a la muerte de Franco, otros cuarenta, a la guerra de España” Sin comentarios. Cuarenta y cuarenta suman ochenta no obstante, y le dejo al lector solo con sus propias indagaciones y con ell cuidado de sacar sus propias moralejas.

Y para rematar su mensaje guerra civilista el editor izquierdista (“gauchiste”) francés concluía con una frase que atribuía al escritor alemán anti-nazi (refugiado en Zúrich durante los años de la guerra civil española), Thomas Mann, que la guerra de España había sido el escandalo (sic) más inmundo (sic) de la historia de la Humanidad. Como lo oyen. Para un viaje así no necesitamos alforjas querido Sancho.

Al final, la indignación no lo era por los sin papeles (franceses) o los jóvenes graduados en paro o los desahuciados (españoles), sino por el escándalo permanente para la conciencia/de/la/humanidad -como si hubiera sido ayer como si en vez de ochenta años no hubieran pasado más que ochenta minutos tan siquiera- de la guerra civil española –léase de su desenlace- siempre viva y fresca en la mente y en la memoria de algunos que a todas luces no la vivieron ni ellos ni los suyos.

Como si les fuera la vida en ello. Una pasión española (sic) –¡colmo del ultraje!- de la izquierda internacional –y particularmente frecuente en paises de francofonía y en los de cultura anglosajona- que nos sigue planteando un reto tan inaudito como inadmisible al conjunto de los españoles, en la medida que lo es en nombre de la conciencia (sic) léase de la conciencia moral -un levantamiento (sic) de las conciencias (soulèvement des consciences)- lo que protagonizo (según él) el bando de los vencidos del 36, lo que –dicho sea entre paréntesis- nos habrá llevado a algunos hasta el límite, a buscar y a acabar por encontrar sintiéndonos acorralados una respuesta a ese desafío (in) moral tan impúdico, tan indecente, en la doctrina tan divulgada de Federico Nietzsche de la doble moral –de esclavos y de señores- que encontraba ya su procedente por paradójico que parezca en aquel postulado tan emblemático de la Contrarreforma española de “las Dos Banderas” (Libro de los Ejercicios de Ignacio de Loyola) Otro episodio.

Nuevo episodio de la guerra civil española –de los Ochenta Años- en curso pues en las aulas y librerías de Bruselas. ¿A dónde llevará, a donde le llevará al autor de estas líneas? Se admiten apuestas. Como sea, está claro que esas resurgencias (sic) guerracivilistas periódicas de nuestra guerra civil que tanto me sorprendieron –y desazonaron, que tanto me amargaron la existencia durante años, no me pillan ya en lo sucesivo por sorpresa. Ni a merced de vientos contrarios. Los tiempos y lo vientos además cambiaron, desde que llegó a Bélgica el autor de estas líneas. Cuando los españoles del otro lado de las trincheras de la guerra civil interminable teníamos que andarnos con tiento en Bélgica, calladitos o al menos sin levantar la voz más de la cuenta.

Por eso sin duda que me encontré aquí tan pocos de aquellos, y tantos –¡ay dolor!- de los otros que lo tenían todo de su parte, las universidades, los estantes de las librerías, los medios –y los premios cinematográficos-, la clase política a ambos lados de la frontera lingüística- ante el mutismo (obligado) de una nobleza aristocrática belga y una familia real incluso obligados a guardar riguroso silencio y de someterse a convenientes dosis de amnesia en el tema. Y a buen entendedor pocas palabras sobran

1 comentario:

Anónimo dijo...

El nivel de histeria "antifascista" esta en un titular de hoy en El Pais en el sentido de que unos milicianos españoles, del partido Reconstruccion Comunista, afirman que el Estado Islamico es el Fascismo, como en España, en 1936 y el Stalingrado, en 1943.
Ciertamente el autor ese tal Borau es Premio Nobel de la Paz...y con esto ya esta todo dicho.
Curiosamente hoy dice la prensa que Marruecos etraso 48 horas el permiso para que los los espeleologos españoles fueran rescatados...