domingo, enero 18, 2015

Canto a la Primavera (poesía en domingo)

¡Qué frescor y que fragancia,
tus risas, hijo, de entonces!
Cuando eras niño, como aquel
que pasa en bici en el bosque,
mientras paseo ¿En busca de qué?
No lo sé ¿Del aire libre
y de la Vida que se va,
que se escapa y que no vuelve?
Pero el recuerdo no se va,
de aquellas risas felices
tan cargadas de promesas
que se cumplieron ¡Lo visteis
fantasmas míos, amigos!
Que supisteis de mis cuitas
y anhelos, de cuando joven

Salgo a pasear, ya lo sé,
al encuentro del (dios) Tiempo
que pasa, y a abrazarme a él,
que se quede y no se escape,
que se espere ¿Qué espere a qué?
A que tu vuelvas, mi amor,
y me dé tiempo de correr
la carrera contra reloj
de una vida de lucha (y fé)
Del envite, hasta el final,
de vivir, morir o vencer,
cuando se cumplan los tiempos
y Clío nos sonría esta vez,
esa musa de la Historia
caprichosa (y muy mujer)
que recobró la memoria
y se acordó de quien es quien,
de quien se merece el triunfo
y quienes en cambio el perder

¡Nacidos, sí, para ganar
al cabo de las derrotas!
Lo que explica nuestras vidas
¡Que atipicas trayectorias
tan raras e inexplicables
para miradas absortas
que nos acechan y espían,
desafiantes, silenciosa,
o simplemente intrigadas
de ver dejarnos las vidas
en un papel, en un poema
en versos o solo en prosa!
Que así se me pasó el tiempo,
una primavera tras otra,
que nos envejecen de ida
y rejuvenecen de vuelta.

A tí te canto, primavera gentil
de lo hondo de mi invierno,
primavera de luz, de belleza!
¡Estuvimos esperandote años,
Juventud Eterna (Giovinezza)!


Como eres, así te quise,
y así te quiero, mi diosa,
así te veo yo y te miro
toda entera, de una pieza,
que es como tú misma te ves
entre espejos y entre sombras
o quieres que otros te vean:
igual una cosa que otra,
que tu voluntad es reina
y tus caprichos, como ley
¡Siempre a tus pies señora!

Aunque me muerdas y arañes,
aunque me engañes y mientas,
que manos blancas, ya sabes,
ni me ofenden ni me inquietan,
y aunque me humilles y escupas
(de palabra que no de obra)
y aunque en mi descargues, fiera,
toda la furia y la rabia
que arrastras por dentro (folle!)
y que pague así yo el pato
de tus humores (idiote!)

Como si nada, ya digo,
siempre montando la guardia
al pie de tu torre esbelta,
haga frío o caigan chuzos
esperando que aparezcas
que me hagas por fin un guiño
que se acabó mi miseria
y puedo entrar en la gloria
de tu alma y de tu cuerpo
(todo) ¡Cabeza loca!

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