martes, agosto 18, 2015

SIRIA Y FALANGES LIBANESAS

General Chamel Roukoz, jefe de la unidad de comandos del ejército libanés y yerno del General Aoun, que se destacó en operaciones militares contra grupos islamistas (suníes) del Líbano. Exponentes emblemáticos, tanto el suegro como el yerno dentro de la comunidad cristiano maronita libanesa –profundamente dividida por la guerra en Sira- de la corriente que defiende al régimen de Bachar-el-Assad a pesar de que lo combatieron –codo a codo con las Fuerzas Libanesas (falangistas)- durante la guerra del Líbano (1974-1990) Y por más que pueda sonar a ironía sangrienta en la situación actual, el general Roukoz se encuentra en posesion de la Encomienda (de número) de Carlos III de la que le hizo entrega el anterior monarca Juan Carlos I
La radio estatal belga francófona nos sorprendía ayer noche con la noticia presentada con el mayor realce que el consejo de seguridad de la ONU había votado por vez primera una resolución por unanimidad –sin el veto pues o la abstención de Rusia o de China- a favor de una transición pacifica (sic) en Siria. Un paso adelante por la vía diplomática pues por más que al diario le Monde en su edición de hoy trate de relativizar la importancia y el alcance de la noticia. El verano es tiempo de agudización de conflictos y también de maduración de soluciones que solo la exacerbación de los enfrentamientos armados hacen por veces posible, y es lo que se diría que está sucediendo en la guerra civil siria.

La prensa global llevaba varios días atronándonos con noticias alarmantes de los bombardeos del régimen de Bachar-el-Assad sobre poblaciones civiles en los alrededores de Damasco. Como una pelea de negros en un túnel, que decía Monseñor Lefebvre (sin complejos), el pretender distinguir la verdad nuda de la propaganda de guerra en esas informaciones que provienen siempre o casi siempre de conductos bien informados y aún mejor manipulados –como ese Observatorio sirio de Derechos del Hombre basado en Inglaterra que se habrá apresurado a publicar fotos en extremo sensacionalistas de los bombardeos- al servicio de uno de los bandos en conflicto.

Y la intensificación de los combates se habrá sumado a la agudización de la crisis humanitaria que en el caso sirio arrastra un corolario o secuela preñada de augurios catastróficos a saber la agravación del éxodo en dirección de los países de Europa occidental que empieza a cobrar todos los visos de una bola de nieve –o de fuego- imparable ante la impotencia manifiesta de los gobiernos que se ven más directamente confrontados al aflujo migratorio en curso como es el caso de Grecia que enfrenta situaciones propiamente apocalípticas las horas que corren en algunas de sus islas, y también de algunos países balcánicos y de la vecina Hungría que habrá decidido erigir una barrera de separación con sus fronteras más permeables, léase más expuestas a esa nueva presión migratoria.

Otro país que se encuentra en primera línea de esta acometida estival sin precedentes lo es Inglaterra que afronta autenticas oleadas de emigrantes que tratan en número de varios miles y a un ritmo de varias andanadas masiva por día de alcanzar su objetivo soñado de pisar suelo inglés a través del túnel del canal de la Mancha. Y una medida del desbordamiento a la que estamos asistiendo lo da la situación en Bélgica donde el nuevo gobierno de centro derecha –una alianza de liberales francófonos y de nacionalistas (moderas) flamencos- que había hecho precisamente del control del aflujo migratorio el buque insignia de programa de gobierno se ve en el brete de tener que reabrir a toda prisa centros y locales de acogida que había hecho cerrar los meses precedentes ante el aluvión en curso del que ni siquiera se nos da cifras concretas mínimamente creíbles (por miles) al que se ve obligado a hacer frente.

Y lo que provoca –sólo hasta ahora- una cascada de medidas improvisadas en ciertos países de la UE, en otros en cambio esta cristalizando una situación de malestar creciente en la opinión pública de la que dan muestras las reacciones violentas incontroladas in crescendo –manifestaciones de protesta delante de los centro de acogida, y destrucción por el fuego de algunos de ellos- en países como Italia y Alemania. Y es un secreto a voces que la componente principal de esa corriente migratoria es originaria de la Siria en guerra y también (e menor medida) de Libia igualmente en guerra los tiempos que corren, un país en situación de conflicto armado de antes y después de la caída del régimen del coronel Gadafi. “La guerra en Siria o en Libia no somos nosotros”, declaraba sarcástico a los medios un responsable local de la localidad belga francófona de Tournay ante el reto magno que se le habrá planteado de tener que dar acogida y alojamiento (digno) –un espacio de tiempo récord- al aflujo de refugiados que le habrá tocado en suerte.

Más claro el agua. En un país como Bélgica además que como la mayor parte de los países de la UE adoptó desde el principio un actitud beligerante contra el régimen sirio que le llevó a la ruptura (en la práctica) de relaciones diplomáticas Y en ese contexto es donde hay que situar la resolución de la ONU de las últimas horas, que se explica en parte tal vez también por el enconamiento creciente de la campaña electoral en curso en los Estados Unidos, y es por las acusaciones cruzadas entre dos de los principales candidatos, de un lado Hillary Clinton y del otro Jef Bush antiguo gobernador de Florida y hermano e hijo respectivamente de los anteriores presidente USA del mismo apellido, por cuenta de la situación en el Oriente próximo, y de la escalada bélica que lleva adelante desde hace ya más de un año del llamado Estado Islámico del que la presidencia Obama se ve acusada por sus adversarios republicanos de haber sido mentor e instigador principal y causante incluso de su nacimiento, a la que la anterior secretaria de estado habrá replicado acusando a la anterior presidencia republicana de Georges W. Bush de haber desencadenado la guerra del Irak, en la que el bando demócrata ve a todas luces la madre de todas las batallas en aquella zona.

¿Nos dirigimos pues hacia una nueva transición en Siria distinta radicalmente de las propuestas anteriormente puestas sobre la mesa en la medida que esta vez el actual jefe de estado sirio salvaría a todas luces su puesto (y también la piel) como le ocurrió a Franco al final de la Segunda Guerra Mundial en el 45? Por más que en el caso del régimen español de entonces no quepa hablar de transición –me curo en salud de inmediato- pero sí de puesta en marcha de un proceso de evolución y de transformación radical del régimen por dentro, que tomaría las formas de una desfalangistización por etapas acompañada de una desmilitarización creciente de aquel en función de los vaivenes y de los cambios de coyuntura en al panorama internacional que afrontaría sucesivamente el régimen de Franco en la posguerra.

Y un botón de muestra de lo reforzado que se encuentra Bachar-el-Assad –en comparación con lo que era su situación hace ahora dos años en vísperas del desenlace de la crisis de las armas químicas- lo es el apoyo que le brindaron conjuntamente Rusia y el ran horas antes de producirse la votación en la ONU. Hacia un partición (de hecho) del país conforme a las especulaciones aparecidas en la prensa francesa que se hace eco de un plan iraní de congelación (sic) del conflicto, que dejarían el país “viable” al régimen, y el resto (desértico) al Estado Islámico que vendría así a mantener sus posiciones actuales?

No queremos dárnoslas de adivino, pero no es menos cierto que hasta ahora no nos equivocamos en nuestros análisis y previsiones a cuenta de la crisis desatada por la guerra en Siria como lo pueden fácilmente atestiguar los lectores de estas entradas. Apostamos desde el principio -solo contra todos y emplazo aquí a quien sea a deszemntirme- por el mantenimiento del régimen de Bachar-el-Assad en el que veíamos y seguimos viendo un dique de contención de la crecida islámica (fundamentalista) que amenaza cada vez de más cerca de las costas españolas y el suelo de la Península. Y lo seguimos haciendo por supuesto. ¿Un mal menor el régimen baasista sirio, como así lo juzgaron y sin duda lo siguen juzgando algunos? Tal vez.

No estando como sea en medida de juzgar de la situación sobre el terreno, preferimos desde un principio hacer oídos sordos a la guerra de propaganda tan devorante y estragadora que se abatió sobre el régimen sirio al día siguiente del estallido de las primaveras árabes, y que no haría más que arreciar tras la caída del régimen libio del coronel Gadafi.

¿Convidados de piedra las falanges libanesas de estos análisis míos sobre la guerra en Siria? Aquí ya me expliqué y me explayé en entradas antiguas sobre el tema, y me reafirmo e mis posturas por cierto. Los cristianos libaneses perdieron la guerra –además de por sus propios errores- por culpa en gran parte de su alianza israelí, que a contrario de lo que fue la regla (sacrosanta) en el imperio romano les acabaría dejando en la estacada tras el estallido de la primera guerra del Golfo.

Una lección que nos vemos obligados a aprendernos por fuerza, y que es mayormente lo que decidió nuestra posición en la crisis siria. Aunque tampoco me siento obligado (que conste) a explicarme en lo que sea. Me explico porque quiero y en lo que quiero, aquí todos ya lo han adivinado

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