miércoles, agosto 12, 2015

INCIDENTE EN BARCELONA DESDICHAS DE UN ARGENTINO PIOLA

Mafalda y sus amigos. Un éxito del cómic a escala del planeta y botón de muestra y quintaesencia inmarcesible a la vez de racismo anti-español marca latino ché (y de un inconfundible toque argentino) Vean y comparen. Felipe el rubito -rubio platino-, sonriente y optimista es de ascendencia italiana, su alter ego, el otro amigo de Mafalda –siempre a su izquierda- el "gallego” Manolito es moreno, peludo, y tosco y áspero y huraño (con frecuencia) en sus maneras y sus aspecto físico. Y por supuesto de pelo (ralo) negro o castaño oscuro y cejijunto. Un juego de espejos no poco hiriente de cómo los argentinos –incluso los de origen emigrante/español relativamente reciente como el caso del humorista que nos ocupa- se ven a si mismos y de cómo nos ven también a nosotros los españoles. Comparaciones odiosas, es cierto y el primero que compara es el humorista (oriundo) que nos ocupa con su personaje insidioso. Se ven o prefieren verse como europeos, descendientes de una Europa en la que España y los españoles brillan por su ausencia. Unos clisés (racistas) fruto de una Leyenda negra en su versión americana que trajo consigo la rebelión mestiza anti-española, y de un toque guerracivilista a la vez fácilmente perceptible. Se ven en casa en Europa, y de preferencia fuera de España como le ocurre al argentino independentista catalán tan piola. Que les compre quien les entienda
Mi origen es España pero también es Italia, y un grupo de indios que nunca conoceré, una mezcla típica argentina en todos los sentidos. Mi sangre es la sangre mestiza, la que más me gusta. Así comenzaba la entrevista que publicaba el diario el País en su suplemento Babelia del fin de semana del pasado sábado a un escritor novel argentino afincado en España (y contertulio asiduo del café Gijón).

Y le cito aquí por extenso, porque la cita no tiene desperdicio, y es del problema de memoria que arrastran con la madre patria –siempre o casi siempre dicho en tono de irrisión- muchos argentinos o los argentinos en general (para dejarnos de eufemismos)

Una memoria de España que tienen perdida casi por completo por culpa de la rebelión mestiza que desencadenó la emancipación americana por tierras del rio de la Plata, lo que se dio en llamar la revolución de Mayo. Ya me tengo pronunciado no poco en detalle y por extenso sobre el tema en estas entradas. Pero ahora todos los tics históricos se desatan otra vez de pronto leyendo una noticia reciente, también con protagonista argentino, y fue el incidente que provocó un joven de aquella nacionalidad crecido –y adoctrinado- en Cataluña cuando pretendió dirigirse exclusivamente en catalán a los agentes de una comisaria de la Ciudad Condal a efectos de renovar su DNI español caducado, justo antes de emprender el vuelo de nuevo, dirección la República Checa.

Vivir en (permanente) vuelo de avion sin controles ni barreras de un continente a otro y vuelta- un sueño el de este argentino catalanista que se le habrá hecho añicos de golpe por culpa de la (llamada) lengua catalana. Venia del otro lado del charco (a comerse el mundo) camino de la República Checa y de paso –como quien mata dos o tres pájaros de un tiro- se paró en la madre/patria (dicho sin la irrisión a la que muchos de ellos acostumbran) unas horas apenas camino de esa Europa que tanto les fascina, una Europa sin España (se da por hecho)

Y me recuerda a otros jóvenes argentinos con los que me vi obligado a tratar asiduamente (¡ay dolor!) en mis tiempos de pertenencia a la fraternidad de Monseñor Lefebvre que cuando pasaban por España su puerta de acceso obligada entonces como ahora en dirección del otro lado de ls Pirineos de Francia o de Suiza –normalmente camino de Ecône-, no hacían más que reivindicar sus lazos de sangre con España y con los españoles pero luego en cuanto que daban el salto del otro lado de los Pirineos, España ya quedaba fatalmente relegada a un segundo plano.

Ellos eran argentinos y punto. Y hablaban el francés mejor que nadie y sin ese acento tan fuerte –y tan primitivo- de los españoles, y caricaturizo un poco sin duda expresándome así, pero era ese más menos su estado de espíritu, que yo les perdonaba y les sigo perdonando porque en el fondo eran buenos chicos. Buenos chicos, y argentinos. “Un boludo importante como por allí dicen –leo ahora en un comentario en la red sobre el joven del incidente de Barcelona-, fue de listo y ahora va de víctima” Un vivo, que se j… (no lo digo yo, lo sigue diciendo el autor del comentario, pero suscribo, por eso no lo pongo entre comillas)

El incidente tiene no obstante el mérito de poner al destape los lazos históricos innegables entre la emancipación americana y las tentativas de secesión catalana. Los criollos independizados (y anti-españoles) fueron los niños mimados de la Europa del siglo XIX –de sus cenáculos y sus salones literarios- y también del primer tercio de pasado siglo XX (por cima de los Pirineos) de una Europa heredera del nuevo orden europeo que instauró la paz de Westfalia al final de la guerra de los Treinta Años y de las guerra de Flandes y de los otros conflictos que la precedieron –y la acompañaron- entre católicos y protestantes.

Criollos y también mulatos del Caribe, como ese José María de Heredia (Girard) –cubanito soy señores- que lanzaba en su poema (en francés) “Los conquistadores" (Les Conquerants) puyas y venablos envenenados a la conquista de América y a sus protagonistas principales a los que comparaba –en el primer verso de su poema mas divulgado (libro de texto de generaciones y generaciones de escolares franceses, no se olvide)- con halcones jerifaltes (sic), esas aves de rapiña que crecen en los países escandinavos, las de mayor volumen de todas las especies de halcones, casi de tamaño humano.

El papa argentino debe haberle leído con gran fruición, y si no (un decir) se lo recomiendo. Heredia, con su esquizofrenia emacipadora y su complejo de amor y de odio hacia la lengua española y hacia el pasado español de Ámérica llegó a ser un astro en el firmamento poético literario del Paris de la belle époque –un poco a costa de España y de su pasado (tan mitificado y tan calumniado)- hasta que le pusieron en su sitio, como han puesto ahora en Barcelona a ese joven argentino piola. “C’est un nègre, monsieur”, leí ya no recuerdo dónde, en un libro en francés sobre la época aquella, que había dicho de él –en alusión a su sangre mulata- Leon Daudet, el número dos de la Acción francesa cofundador con Maurras de aquel movimiento monárquico y nacionalista.

Otro astro –éste en cambio contemporáneo- de las letras francesas que arrastra un problema serio con su herencia (y su onomástica) española lo es Dominique Fernández que leí y cité no poco hace algunos años. Dominique Fernández –de la Real Academia francesa- es hijo de Ramón Fernández, un crítico literario y cinematográfico de renombre del Paris del periodo de entreguerras, situado más bien a la izquierda en los inicios de su trayectoria y que acabo adhiriéndose al partido fascista de Doriot y abrazando la causa de la Colaboración y que se refugió en España al final de la Segunda Guerra Mundial, hijo a su vez de un mejicano del sequito de Porfirio Díaz –y anteriormente a no dudar figura de relieve del porfiriato-, de los que le acompañaron en su exilio francés tras el triunfo (en 1910) de la revolución mejicana.

En algunas de sus novela mas divulgadas (aunque no en lengua española) –“Porfirio y Constanza” por ejemplo-, el personaje autobiográfico de su progenitor Ramón Fernández lo encarna un francés de ascendencia siciliana, y el pasado español de imposible recuperación por culpa de la leyenda negra y de la circunstancia personal y familiar del autor se ve así diluido en el término genérico del Sur, léase de la Europa del Sur, en donde Sicilia pasar a interpretar el papel de España, una forma para el autor de evacuar elegantemente o saltarse a la torera todo un problema de memoria que no se lo salta cualquiera, librándose así de tener que conjurar o exorcizar todos los demonios del pasado español (en España como en América, léase en la Nueva España)

Pero el argentino es un caso un tanto aparte, o digamos que yo me encuentro en condiciones de singularizarlo mejor comparado con los demás países de la América ex española porque me lo conozco un poco mejor que los otros por mi estancia allí durante año y medio (hace ya mil diluvios) ¿Un caso aparte pues, atípico, el de este argentino independentista catalán como un yankee en la corte del rey Arturo o como un marciano mas que otra cosa? Quiero creerlo, aunque me viene de pronto a la mente el caso de la sor Lucia Caram, la monja cojonera argentino/libanesa -la novia (platónica) de Arturo Mas- , y si se le junta el caso del juez Garzón que está de asesor de la Viuda Negra y que se habrá explayado recientemente en declaraciones a favor del proceso independentista catalana, cabe apostar que la Argentina de la Kirchner gravita ahora sobre el movimiento separatista en Cataluña como el Méjico de Lázaro Cárdenas lo hizo sobre los rojos republicanos españoles y la España en zona republicana durante la guerra civil (y después de ella)

Algunos argentinos arrastran un problema de antiguo con España que tiene algo de irreductible y de existencial y de doloroso y desgarrador pero no lo van a resolver tirando por la calle de en medio como lo ha pretendido este joven tan piola (listillo en un argot porteño de no pocas raíces italianas) “Los españoles nos llaman sudacas”, le oí yo en un tono quejumbroso y dolorido a un joven argentino con el que coincidí en una ocasión hace ya unos veinticinco años en Bélgica, por donde sacaba a relucir una herida en carne viva en relación con España y los españoles.

No es lo único, tienen otros agravios recientes, el principal sin duda que era donde le dolía sin duda el zapato al joven argentino independentista lo sea tal vez que España sigue siendo para ellos la puerta (forzosa) de entrada a esa Europa que tanto les fascina, y por eso él pasaba por España –a toda prisa- para recuperar su DNI caducado, un salvoconducto tan precioso e indispensable a la hora de corretear por todo el espacio Schengen, como así ya lo hacen también –colmo de la humillación para un país que se tuvo durante casi un siglo por el país puntero de la América ex-española-, y gracias a España, países (ex) hispanos como el Perú y Colombia dos países indios (o negros) en la mentalidad de muchos argentinos que tal vez lo sean (un poco) pero donde tal vez esa herencia india (o mulata) esté mucho mejor asumida que entre los criollos argentinos, que se jactan de ella cuando la ocasión se presenta como acaba de hacerlo el escritor (en ciernes) que mencioné mas arriba, pero que ay del que se atreva a recordárselo a ellos, sobre todo si se trata de españoles, porque entonces se nos viene encima toda esa sarta de clisés racistas (sic) en contra nuestra.

Como me ocurrió hace poco con un miembro (uruguayo) de la TFP –en misión de este lado del charco- con el que me topé accidentalmente y que se curó en salud conmigo de no querer ser racista (sic) mientras la emprendía contra los españoles sin distinción so pretexto de catolicismo tradicionalista, lo que me dolió más si cabe todavía como aquí lo entenderán fácilmente algunos.

Una buena cura de humildad, por ahí tendrían que empezar algunos latino chés, si de verdad buscan la reconciliación sincera con su pasado hispano, en vez de seguir quejándose de lo poco que les queremos y de lo mal que les tratamos, o de lo torpes que somos o de lo mal -y de lo lento- que comprendemos las cosas como ese personaje de Manolito tan hiriente –el amigo español (y rústico y pardillo) de Mafalda, que el “otro” amigo, el italiano brilla y da esplendor al lado del “gallego” tan zoquete- que esos lacayos de la prensa global de Prysa tanto alaban.

¡Basta de complejos y de auto flagelación y de leyenda negra y de hegemonía cultural injusta y discriminatoria en favor de lo latino/ché en los medios de la prensa global y en los ámbitos académicos en lengua española de este y del otro lado del charco, por debajo o por cima de los Pirineos!

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