domingo, julio 05, 2015

GRECIA Y PÍO MOA ¡LAGARTO, LAGARTO!

En su último libro –best-seller como tantos de los suyos- Pio Moa consagra todo un capítulo al papel (político) de la Iglesia en el tardo franquismo. A buenas horas mangas verdes. Porque viene a decir ahora –sin duda con acierto historiográfico y genio literario- lo que algunos llevábamos predicando en el desierto durante década, y lo que el autor de estas líneas sin ir más lejos le gritó a la cara (en otros términos) al papa Juan Pablo II en Fátima. ¿Algo ya enterrado en un pasado irreversible ese protagonismo de la iglesia en la política española como parece darlo a entender el libro de Pio Moa, que parece presentarlo como una particularidad exclusiva del franquismo? El caso de Podemos, el respaldo notorio del que goza de parte de instancias religiosas y del lobby mediático de la derecha religiosa española -La Gaceta y otros- prueba e ilustra lo contrario. Lo que explica con creces la ambigüedad de Pio Moa en relación con el 15-M y con Podemos, y en el tema de Grecia también ahora (en vísperas del referéndum) Ilustración suprema de lo que aquí decir pretendo: en la foto, instantánea de la coronación de Juan Carlos I en presencia del cardenal Tarancón que le leyó bien la cartilla durante la ceremonia
Pio Moa pone al destape ahora otra vez el ramalazo indignado (del 68) que ya denunciamos en alguna de las últimas entradas de este blog. En el último mensaje de su blog en la Gaceta se recogen cinco puntos sobre Grecia a título sin duda aclaratorio pero que dejan más confuso y dubitativo si cabe tras su lectura. Sobre todo su alusión a la Argentina –horresco referens!- y al crecimiento sostenido (sic) del aquel país (ex) hispano durante años.

A costa –entre paréntesis- de robarnos a los españoles y de utilizarnos de chivo expiatorio de sus desgracias y calamidades. Moraleja: si Grecia sale del Euro no se hunde el mundo. Eso es lo que viene a decir (sibilinamente) Pio Moa. Veremos a ver –cuestión de horas ya solamente- lo que piensan los griegos.

El reto es mayúsculo no obstante del punto de vista ideológico, como lo ilustra la polarización en las calles griegas y de los medios griegos y extranjeros, y también la indignación “en llamas” por las redes sociales. Por cierto que uno de los ídolos de la indignación anti-PP de los años de Aznar, el cantautor francés oriundo –de padre gallego exiliado- Manu Chao se deshace en militantismo ardiente pro Syriza en las últimas horas.

¿UE “sin problema” o “como problema” rememorando a la célebre polémica en torno al concepto de España entre integristas católicos marca Opus –de antes del concilio- y los nuevos liberales como denomino Fraga al grupo de Burgos de la guerra, los amigos de Ridruejo, la minoría del 36 o los laínes como Umbral les llamaría? Pio Moa trata ahora de anti-cristiana a la UE lo que así a primera vista parece una salida de tono.

¿Por qué? Por algunas de las votaciones del Parlamento Europeo en materia de aborto, o de homosexualidad? Llama la atención como sea, que la denuncia –de anti-cristianismo- la haga un ateo notorio como Pio Moa, como lo son también algunos anti-abortistas del mayor relace y protagonismo, Gustavo Bueno por ejemplo, antiguos marxistas uno y otro.

¿Estoy obsesionándome con Pio Moa? Aquí se le antojará tal vez a alguno. No lo pienso, pero no es menos cierto que no me siento ajeno o indiferente en absoluto a sus tomas de posición o a sus escritos, y en particular al último de sus libros en el que recoge un análisis –en el plano de la política religiosa como diría Maurras- de la actuación de la iglesia y del Vaticano en el tardo franquismo (o franquismo tardío)

Con el concilio, viene a decir en “Los mitos del franquismo” Pío Moa, el franquismo que hasta entonces, y tras la derrota de los nazi fascismos en el 45 había podido definirse (al menos) como un régimen católico, se quedó (sic) ideológicamente al aire. A buenas horas mangas verdes, cabría apostillar, sin animo (excesivo) de polémica y sin acrimonia.

Algunos lo gritábamos ya en el desierto hace la friolera de cuarenta años, y en el caso del que esto escribe, se lo solté a la cara –en otros términos- al papa Juan Pablo II como aquí todos ya saben. Qué valor político tiene esa denuncia tardía de Pio Moa –aparte de su valor historiográfico indudable-, cabe preguntarse, habida cuenta de la tribuna –un órgano emblemático de la derecha religiosa (La Gaceta)- desde la que viene a difundir las denuncias contenidas en su libro.

¿No será el contribuir así consciente o inconscientemente a seguir silenciándonos a algunos por el pecado imperdonable a todas luces de habernos adelantado –décadas- a una inmensa mayoría de católicos españoles, en un país nota bene donde no hubo prácticamente reacción contra el concilio vaticano segundo como sí la hubo en Francia y en otros países occidentales en Alemania, en Inglaterra, en Suiza, en Austria y en algunos países hispanoamericanos, amén del Canadá -tanto en el Quebec como en su parte anglófona- y los Estados Unidos?

Aquí en este blog se me ha preguntado recientemente por las causas de esa particularidad española. Y sin duda que el tema se merece toda una entrada y muchas más sin duda alguna, pero quepa decir ya aquí que ese fenómeno del entusiasmo conciliar (y posconciliar) tan unánime de los españoles –en su momento- arrastraba raíces de tipo histórico e ideológico más que nada.

Y en particular, desde la rendición pactada del régimen de Franco a los aliados ene l 45 algo que Pio Moa niega pertinaz sin duda alguna y que nos explica en cambio a otros el cambio de actitud de la iglesia en relación con la España surgida de la guerra civil, que venía de mucho antes del concilio.

Digamos que el concilio vaticano segundo fue la gran coartada para poder destapar o sacar a la luz aquella rendicón -de godo un régimen, de todo undpueblo- a la luz del día, y de esa forma pder asumirrla de una manera u otra. Y es que el verdadero jefe de estado del régimen español a partir del 45 –y de la derrota de las potencias del Eje en la II Guerra Mundial- lo fue el papa de Roma, las cosas claras y el chocolate espeso.

Y por eso, Franco, en los momentos más críticos de su enfrentamiento con la iglesia posconciliar acabaría siempre achantándose y envainándosela y metiéndosela (con perdón) en un bolsillo, como le ocurrió con el cardenal Tarancón o con el Obispo (separatista) Añoveros. El papa era el Jefe de Estado (español) y el Nuncio, su Administrador Apostólico -una especie de pro cónsul político/religioso- en la Península. Y Franco, una especie de jefe de estado o presidente honorario (como Jean Marie Le Pen en el Frente Nacional las horas que corren)

¿En qué país del mundo –y desde luego no en Polonia bajo régimen comunista- se vería revestido el nuncio de su santidad de los poderes discrecionales de los que gozó el nuncio Dadaglio en los años del tardo franquismo? Y por eso Franco no reacción como debía haberlo hecho –en el plano ideológico- a la cabeza de su régimen del que teóricamente al menos seguía ostentando la jefatura, limitándose a rezongar y reaccionar tímidamente cuando las cosas se salían de madre por demás –por culpa de la agitación religiosa de signo progre- en el plano del orden público.

Un católico silencioso (sic) Así llamó a Franco tras su fallecimiento una publicación integrista francesa –que llegó a mis manos en el seminario de Ecône donde me pilló la muerte del caudillo-, en alusión al movimiento francés “Silencieux de l’Église”, en auge por aquellos años, que pregonaban un integrismo dentro del orden, léase de la obediencia canónica, y reprobaban a la vez disidencia de Monseñor Lefebvre. Y Franco calló, guardó silencio porque no podía hacer otra cosa, porque sabía demasiado, demasiado sobre todo de los secretos que el papa y el vaticano guardaban por cuenta suya y de su régimen. ¿Me explico?

En otros términos, Franco, al final de la Segunda Guerra mundial –con los rumores de invasión aliada dando la vuelta a la esquina como quien dice-,  acabó confesándose a "monsignore" Montini, sustituto de la secretaria de estado y verdadero pontífice en la sombra en aquellos momentos inciertos, tan decisivos.Por sus credenciales anti-fascistas sobre todo, de hermano de un voluntario italiano caído en la guerra civil española, tras haberse alistado en las filas de las Brigadas Internacionales.

Franco se confesó y se vio absuelto, y obligado (por cierto) a cumplir la pertinencia que le fue impuesta- que traería consigo una rendición pactada (por medición vaticana) a loa aliadosy  que le salvaba la vida a él y garantizaba la continuidad o la supervivencia de su régimen condenado a una muerte lenta no obstante (Kissinger dixit) a partir de entonces. Y a partir de ahí el general invicto y triunfador de la Cruzada se convirtió en un lacayo (con perdón) o un sacristán del Vaticano.

Se me objetarán ciertos argumentos de orden concordatario como el derecho a la presentación de obispos, que tanto denunciarían los progres en el posconcilio inmediato –hasta que acabaron con ello- que era ya algo así como una cascara vacía a seguir al 45. Franco presentaba una terna de entre los nombres que les presentaban unos obispos sometidos a obediencia incondicional a Roma en todos los planos, en el político inclusive. Salvo excepciones. Que no hacen más que confirmar la regla.

Como la del obispo Guerra Campos que llegó a ser llamado el obispo de España por algunos adeptos entusiastas suyos. Guerra Campos acabo echándole un pulso a Tarancón y lo perdió por culpa del papa Pablo VI amigo personal del cardenal progre. Y a partir de ahí, el obispo de España se vi ocondenado a un jubilación forzosa en el palacio episcopal en estado ruinoso –e insalubre- de Cuenca, la diócesis de menor relieve (entonces) de toda España)

Se me dirá que Juan Pablo II le rehabilitó (un poco), pero fue en la nueva singladura del papa polaco ya avanzado su pontificado, que corresponsales religiosos de lengua francesa calificaron (agudamente) de integrismo sin Lefebvre, alguien al que aquel acabó excomulgando (como cabía de prever, y como de hecho algunos lo previmos años antes) ¿Hablo de cosas del pasado? En absoluto porque la pesadilla continúa.

Como lo ilustra el caso de Pio Moa y de su protagonismo tan destacado en el mundo de la edición y del periodismo político (y religioso) desde hace ya un rato y en concreto la ambigüedad que venimos aquí denunciando de su actitud en relación a cuento de Grecia que no viene a ser más que un corolario de la que mantiene de antiguo en relación con el movimiento indignado que aquí ya también denunciamos. Un secreto a voces.

El papa argentino está empeñado a todas luces en meternos a los de Podemos en la Moncloa y con un poco de suerte (para él) también en el Pardo, léase en la Zarzuela. Con ayuda de ese lobby poderosos y omnipresente de la los medios representativos de la derecha religiosa entre los que figura en primera fila la Gaceta, donde colabora habitualmente Pio Moa.

Los pueblos que no aprenden de la historia están condenados repetirla, un aforismo que inspiró siempre no poco (a primera vista al menos) el trabajo historiográfico de Pio Moa. Y a fe mía que algunos nos tenemos bien aprendida la infra historia o historia subterránea –en clave religiosa o político-religiosa- de la España surgida de la guerra civil y de su régimen en la posguerra.

Mucho antes que aquél. Grecia y Pío Moa ¡Lagarto, lagarto!

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