ARRIBA ESPAÑA Y QUE SE J...PUIGDEMONT!!!

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SEMPER IDEM

miércoles, julio 29, 2015

ESCÁNDALO EN EL REAL JAÉN

El nuevo fichaje (portugués) del Real Jaén, Nuno Silva, en el acto de su presentación bajo la mirada atenta de un directivo del club -de expresión benévola en el semblante- luciendo una camiseta con la efigie de Franco. ¿Trivial, anodino como se quiera presentar ahora a toro pasado? Un resurgir más que evidente de la memoria de los vencedores de la guerra civil y de la de sus amigos (y aliados) portugueses del Estado Nuovo
Revuelo en el estadio del Real Jaén, ya antañísimo estadio de la Victoria cuando yo era un niño, la época de oro del club cuando llegó a estar, por tres temporadas, -la única vez en su historia- en Primera División. Cuando yo lo vi, de mis propios ojos siendo un niño en el Bernabéu en un encuentro con el Real Madrid circulando yo con familiares míos, por el pasillo al pie de las gradas que daba la vuelta al campo junto al césped. Y en mi mente todavía Bermúdez, una de las viejas glorias del club y sobre todo el capitán del equipo, Arregui de cabezazos proverbiales y su no menos proverbial atuendo, una cinta blanca atada a la cabeza, jugador legendario de aquel Real Jaén de la leyenda.

Y el Real Jaén vuelve ahora al primer plano de la actualidad –como algunas otras veces también (me figuro) desde entonces- por su última adquisición, un jugador portugués que se habrá presentado en sociedad –ate su nuevo club me refiero- luciendo una camiseta con una efigie de Franco en el pecho curiosamente la misma que figura en la portada de mi último libro “Guerra del 36 e Indignación Callejera” Una de esas noticias como la de aquel jugador griego que salto a los titulares de los medios no hace mucho saludando brazo en alto desde el centro del campo de juego que impactan y a la vez nos invitan a reflexión. ¿Descuido, gesto inocente, que me diga inadvertido, o provocación (un decir) calculado a espaldas del joven interesado? Yo me inclinaría por esto último.

Doblemente revelador si bien se mira. De la evolución de las mentalidades en Jaén y en Andalucía como ya lo dejé registrado en mi entrada de hace dos días. ¿De la provincia más roja–con los pueblos más rojos también - de toda España antes y después de la guerra civil a verse convertida en la más facha o más franquista? El futbol opio de las masas, en el caso de la España de la posguerra fue más bien factor poderoso de reconciliación con sus doses inevitables de amnesia inevitable. Y de recordación según los casos.

Como ocurrió en Mancha Real donde el equipo local llevó desde el final de la guerra hasta la transición el nombre de “Imperio Azul” algo que todos los habitantes de la localidad aceptaron siempre como la cosa más natural del mundo, como si muchos de ellos, vencidos o descendientes de los vencidos de la guerra civil –numerosos en un pueblo como Mancha Real que permaneció los tres años de guerra en zona roja- fingiesen no dar importancia o prestar atención a la significación indudablemente ideológica –falangista- del nombre que llevaba “su” equipo de futbol. ¿Una época de amnesia –“sin memoria”- los años de la segunda posguerra desde el final del maquis (finales de los cuarenta) hasta la transición? Digamos que aquellos fueron sobre todo los años de una gran tregua en la guerra civil interminable, donde se olvidaron tantos rencores que volverían fatalmente a resurgir en la segunda generación de descendientes de los vencidos.

El franquismo, léase el régimen anterior, dejó su impronta indeleble en la provincia de Jaén, en la tierra como en sus habitantes. Fue uno de los retos que el régimen anterior supo asumir sin poder impedir que esfuerzos tan loables como los que se derrocharon a favor de la provincia más roja de España acabasen redundando a favor de ese sector social que integraban las clases vencidas en el 36 y herederos de una memoria de la guerra civil, a costa del descenso de los vencedores y de sus descendientes. Un ejemplo elocuente en extremo nos lo ofrece de nuevo el pueblo de Mancha Real que conozco bien como aquí ya saben.

Mancha Real, un pueblo esencialmente agrícola, de gran riqueza olivarera –hasta el punto que el olivo configura allí uno de los paisajes más emblemáticos de toda Andalucía y de España entera de hileras de olivares sin fin hasta perderse en el horizonte- se industrializó a pasos agigantados en los años del tardo/franquismo ya en la segunda mitad de los sesenta, a base de una (pequeña) industria de manufactura y de maquinaria agrícola de la que se aprovecharon una gran mayoría de su habitantes. Todo ello bajo el régimen anterior, que fue el que les saco del subdesarrollo y del atraso que arrastraban de tiempo inmemorial, como tantas otras localidades de Andalucía y de la provincia.

Tras la transición se dieron allí episodios de guerra asimétrica –de la guerra civil interminable- que llevaron a una depuración sobre todo simbólica de la clase política anterior en la localidad, a base de escraches –que todavía no se llamaban así- que consiguieron echar del pueblo allí como en muchos otros puntos de Andalucía a cargos políticos del régimen anterior –antiguos alcaldes y también consejeros locales del Movimiento (como fue el caso del que supe de primera mano en Mancha Real) de cerca en - en la localidad a los que no se les perdonaba su protagonismo político anterior por más que se tratase en algunos casos de grandes bienhechores de sus localidades respectivas. Como fue el caso de Mancha Real y de otros pueblo de sus alrededores, el caso por ejemplo de Torres, pueblo natal del juez Garzón.

En ese contexto, qué significa el gesto por el que viene ahora el escándalo y la polémica del nuevo fichaje portugués del Real Jaén. Todo menos trivial, ya digo. Porque no nos van a hacer creer que los directivos del club presentes en el momento de la presentación del nuevo jugador del club estaban ciego y no se daban cuenta de lo que iba luciendo su nuevo fichaje en la camiseta. Sin duda alguna un despertar de la memoria de los vencedores del 36 y e los beneficios y ventajas que el régimen rento a toda la región, a sus pueblos y ciudades y al conjunto de sus habitantes.

¿Solo eso, del lado portugués? Sinceramente creo que se trate de algo más y no de un gesto absolutamente trivial e inocente (si se le puede hablar así) por más que el interesado se apresurase a deshacerse en excusas con la afición (y con los medios) Portugal fue un fiel aliado de la España nacional y lo siguió siendo –sin duda en el marco de un matrimonio (político) de intereses- a partir de un cierto momento de la Segunda Guerra Mundial –primeros meses del 42- cuando el régimen de Franco empezó a desengancharse de sus compromisos (de lealtad) con los países del Eje.

En ese sentido se puede ver en la revolución del 14 de Abril de 1974 el re encenderse de un nuevo capítulo de la guerra civil interminable, en la misma medida que algunos observadores (cargados de razones) vieron en la revolución marxista de los claveles un tiro por elevación contra el régimen de Franco, que estuvo a punto de alcanzar sus objetivos, si la muerte de Franco se hubiera dado solo un poco antes y no hubiera dado tiempo al régimen anterior a abortar la versión española del MFA que era lo que en e fondo representaban los oficiales de la UMD, una intentona que gozaba del alto patrocinio y protección del entonces jefe de Alto Estado Mayor, General Díez Alegría, destituido pasados dos meses a penas del 25 de Abril tras su encuentro con Carrillo en Bucarest (junio del 74)- y en el que los medios de la prensa global –dentro y fuera de España entonces pretendían ver un alter ego del portugés Spinola.

E ilustra ese guerra civilismo congénito de la revolución de los claveles un grave incidente a los pocos días del 14 de Abril y fue el del asalto por una multitud enfurecida –instigada y dirigida por formaciones de extrema izquierda (con el visto bueno del partido comunista)- del edificio de la Embajada española en Lisboa al que prendieron fuego entre escenas inauditas de pillaje y de violencia en un desbordamiento de odio anti-español elocuente en extremo, y que fue rigurosamente silenciada por los medios en España.

Han pasado cuarenta años de la revolución de los claveles, el jugador por el que viene ahora el escándalo nació solo una década más tarde, pero cabe ver en su gesto todo menos anodino o inadvertido una rehabilitación por lo menos implícita de la memoria del Estado Nuovo, gran aliado de la España nacional durante la guerra civil y de su líder indiscutible Oliveira Salazar, el amigo de Franco, en un signo infalible -en un país como Portugal que se debate actualmente entre grandes dificultades y sometido a grandes restricciones (u recortes) que la población viene soportando mal que bien- que le tienen dada la espalda al 14 de abril y a lo que aquella efemérides representaba hace ya mucho.

Como lo ilustra el resurgir entre los emigrantes portugués por cima de los Pirineos, del Dia de Portugal, que conoce un auge paralelo al declive de la que sigue siendo fiesta oficial desde la revolución, también conocido como la fiesta de los Luisiadas, o el día de Camoens, principal solemnidad de los tiempos del Estado Nuovo

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