jueves, julio 09, 2015

GRECIA ENTRE ALEMANES...Y JUDÍOS

Orden Nuevo en Grecia. Portada de la revista Signal del 11 de junio del 41. Soldados alemanes se pasean por las ruinas de la Acrópolis tras la conquista relámpago del país heleno (abril del 41) La Nueva Europa que propiciaba el III Reich se inspiraba en la memoria de la Hélade, la Grecia antigua en la que veían a un mismo tiempo un modelo de pureza racial y la cuna de la civilización europea. Y en ella, los griegos fieles a aquella memoria antigua se veían reservado un puesto de honor. Ese fue el ideal que inspiró la Colaboración en Grecia bajo la ocupación alemana. Y entre los militares griegos patriotas que dieron su adhesión sincera al Nuevo Orden figuraba el coronel Papadopoulos, futuro jefe de estado bajo el régimen de los coroneles (1967-1973), y padrino político en su tiempo del líder de Amanecer Dorado. Y es bueno y justo el recordarlo ahora cuando en Grecia tras el triunfo del NO en el referéndum parece triunfar pari passu una memoria de la resistencia anti-alemana y anti-fascista a la que los nacionalistas de Amanecer Dorado parecen rendir en lo sucesivo homenaje de pleitesía, de compañeros de viaje así de la izquierda radical de Syriza (anti-sistema) Un NO a Europa –en el fondo pese a las apariencias- en el nombre de un nacionalismo de raigambre liberal y decimonónica, entonces como ahora
El NO del referéndum griego del pasado domingo me lanza un reto en pleno rostro, aquí todos o casi todos ya lo han adivinado. Digamos que es el reto que plantea fatalmente a un español al que no le falla la memoria, el país más antiguo de Europa, cuna de nuestra civilización y a la vez ilustre desconocido, a la Grecia de hoy me estoy refiriendo por supuesto. Desconocida en los pliegues y repliegues y recovecos de su presente y de su actualidad tumultuosa, y también en los surcos y meandros de su pasado que no pasa más reciente, como nos ocurre a los españoles.

El pasado griego en el siglo XX, de los episodios del mismo que más directamente les atañen de la segunda guerra mundial sigue ahí más estancado que nunca en la memoria de los griegos, de sus líderes ya sean de izquierda (radical) o de derechas (o extrema-derecha) e igualmente en las declaraciones de aquellos, que llenan los titulares de los medios en la red o en la prensa escrita en las horas que corren. En las palabras de Tsipras, jefe del actual gobierno y líder de Syriza como en las del fundador y dirigente recientemente excarcelado- del partido Amanecer Dorado. En un texto de la pluma de un ardiente partidario del NO en el referéndum griego se evocaban incluso los doscientos años (sic) de ocupación occidental (sic) de Grecia.

Curioso y enigmático a fe mía que en todos estos días y semanas que Grecia lleva polarizando la atención mundial no nos haya sido dado el leer la menor referencia o evocación por inocua que sea a los siglos de dominación turca que padecieron los griegos. Cuando al decir de Chateaubriand que visitó el país justo antes de la independencia, el Eunuco del Misdar (sic) –léase el serrallo otomano- era el que mandaba en Atenas. Un pasado enterrado en el olvido, o al revés demasiado presente y omnipresente hasta el punto que no se osa ni mencionar siquiera de miedo que se despierten o solivianten la legión de fantasmas que lo arropan y lo rodean.

Y curioso para españoles lo es el contraste el silencio u olvido de la ocupación otomana de la actual Grecia y la memoria fresca y viva como si en vez de ocho siglos no hubieran transcurrido más que ocho minutos (o segundos) tan siquiera de las andanzas de los catalanes en Grecia, al final de la época de las Cruzadas. Como me fue dado el comprobar y oír –y soportar- al autor de estas líneas de labios de un joven griego estudiante en Bélgica (de derechas) en mis primeros años de estancia aquí, que me recordaba a cada minuto como quien dice aquel episodio de su historia.
Una gran tragedia el Dos de Mayo y sus secuelas, la guerra de la Independencia y el siglo de liberalismo decimonónico que se seguiría. Dilema no menos trágico el de los afrancesados españoles. De Goya, autor del célebre lienzo (en la foto) escribió con tino y aliento profético el escritor fascista francés Drieu la Rochelle lo que sigue: esculpió de los sufrimientos que infligió a su pueblo la invasión napoleónica (y cito de memoria) un bajorrelieve sólo comparable a los panfletos del inglés Burke o al Discurso de Fichte a la Nación Alemana, pero era cómplice intelectual (sic) de los invasores y aunque su propio rey le perdonó, prefirió acabar su vida con ellos. Al Dos de Mayo la prensa francesa le reserva hoy día el calificativo de “efemérides anti-europea” (…) Como tal vez acabará reservándoselo también a la jornada del referéndum griego del pasado domingo. Una historia de los dos últimos siglos la nuestra que hay que revisar urgente. Y con ella, ciertos episodios como el de los Cien Mil Hijos de San Luis, que se pasearon aclamados en triunfo por la Península (digan ahora algunos joseantonianos lo que quieran)
Unos hitos dolorosos –signos de división- que me tenía jurado hace tiempo callar o cubrir de un tupido velo pero que ahora tras las lecciones sucesivas de historia –mordaces en extremo- que vienen infligiendo a la opinión pública de los países occidentales los más emblemáticos partidarios del NO en el referéndum griego, me siento en la tesitura de tener que rebatir de una manera u otra por un imperativo de memoria y si se me apura por una cuestión (mayor) de supervivencia psicológica y de integridad física incluso. Y me refiero a esos capítulos ya antiguos como también otros muchos recientes. Como el de la Segunda Guerra Mundial en lo que atañe a Grecia y a los griegos (y países circundantes)

No soy –me curo en salud de inmediato- un especialista en historia de la segunda guerra mundial por más que me conozca mis clásicos en la materia (como todo quisque) pero la memoria que arrastro de aquel acontecimiento decisivo de la historia universal y no sólo europea le reserva un hueco también a Grecia y los griegos por escaso o somero que sea. Los Balcanes, bajo vientre (en francés, ventre mou) de los alemanes y de las potencias del Eje por donde les vinieron todas las desdichas. Esa es la impresión que llevo anclada bien dentro de antiguo en lo más hondo, y en un eco sin duda de la memoria colectiva.

Mussolini se arriesgó –al NO de los griegos- sin duda cargado de razones y no menos imprudentemente incursionando en la península helénica, y enemistando ftalmente así con la causa del Eje a un régimen aliado de la España de Franco durante la guerra civil española, y los alemanes tuvieron que acudir prontos al rescate, en Grecia y en el conjunto de los Balcanes –abril del 41-, lo que retrasaría fatalmente el desencadenamiento de la Operación Barbarroja -que el Fuhrer contaba ver terminada (con éxito) antes de la llegada del general Invierno- con todo lo que se seguiría.

Y desde ese punto de vista se puede decir que Grecia fue el carro de las desgracias de la Alemania nazi, víctima de un complejo e amor y de oído que le ligaba a Grecia y a los griegos y que oscilaba entre las realidades insoslayables de la Grecia contemporánea –y de la dominación británica que padecían- y los mitos y los fastos de la Grecia antigua que el nacional socialismo veneraba a título de mito fundador y de paradigma insuperable a la vez, de pureza racial y de belleza arquitectónica, amén de cuna de la civilización europea. Y desde ese punto de vista, el ondear de la esvástica sobre la Acrópolis se revestiría de un simbolismo mayor que aún pervive en las memorias, sin duda por lo que tiene de imperecedero.

Esa veneración de la Grecia antigua de la Antigüedad clásica y helénica ¿tenía acaso algo de ultrajante, para los griegos contemporáneos? Un desafío espiritual más bien –no poco halagador en el plano de a memoria- del que los verdaderos patriotas griegos resolvieron sin duda el recoger el guante de forma constructiva –optando por el sí entonces, léase por la Colaboración en aras del Orden Nuevo en el que sin duda se veían reservado –ellos y sus compatriotas- una puesto de excepción y de privilegio, digan los corifeos de lo históricamente correcto lo que quieran. El triunfo del NO en el referéndum griego se ve traducido las horas que corren por un desbordamiento de histeria anti-alemana en los medios de la prensa global y en sectores de la opinión publica de los países occidentales, España incluida. No es justo, ni históricamente se justifica tampoco.

El arremeter contra los usureros alemanes (sic) como lo está haciendo la propaganda de Syriza –y de sus compañeros de viaje (en particular Amanecer Dorado)- además de bailarle el agua a la verdadera troika –la que preside la Reserva Federal Americana del otro lado del Atlántico –que habrá contado sucesivamente con dos directores de notoria ascendencia judía- y del que la otra, la de este lado del charco, no es más que una simple marioneta- nos retrotrae a la vieja polémica de la licitud moral del préstamo de interés que defendieron los arbitristas españoles fieles servidores de la monarquía católica del Siglo de Oro, como nos lo recordaban obsesivamente –desde la tarima del profesor (adjunto)- indignados (neo marxistas) españoles, antecesores de los de ahora, en la facultad de Económicas de la Complutense –de la cátedra Historia de las doctrinas, quinto de Económicas- de mi tiempo (principios de los setenta)

¿También aquellos, viles usureros como se ven estigmatizados ante la opinión pública banqueros y economistas alemanes en provecho y en descargo  –que todo hay que decir- de los sucesivos presidentes (judíos) de la Reserva Federal Americana? Grecia, hoy como ayer, entre alemanes y judíos

2 comentarios:

Anónimo dijo...

también www.elmanifiesto.com comenta los antecedentes históticos del OXI


...tambien es interesante leer lo último en

www.fuegofrio.wordpress.com

www.klypeus.blogspot,com

www.europa89.wordpress.com

Juan Fernandez Krohn dijo...

El artículo del Manifiesto que me hace llegar un abogado del diablo siempre avizor –viejo conocido ¿o no?- sobre el NO de los griegos de la firma de alguien –Toño Fraguas- que lleva un nombre y sin duda una herencia también de lo mas emblemáticos, de una familia viejos conocidos -estos sí (¡ay dolor!)- del que esto escribe, viene a decir y a defender grosso modo lo contrario de lo que yo postulo el autor de este blog en sus últimas entradas de este blog sobre tema griego.

No estoy seguro no obstante que sea completamente representativo de la postura de la corriente ideológica a la derecha de la derecha con lo que asocio de antiguo al Manifiesto y como lo vino a querer probar la presencia entre los oradores –a título de único interviniente español- en la ceremonia (pagana) de funerales de Dominique Venner el escritor nacionalista francés que se disparó un tiro –en señal de protesta y de denuncia contra la invasión inmigrante- delante del altar mayor de la iglesia de Notre Dame en Paris hace ahora dos años.

El autor (muy joven) del artículo del Manifiesto al que aquí se alude parece hacerse eco más bien –en perfecta sintonía además la indignación ambiente marca Podemos en las redes sociales (particularmente entre españoles)- de las posturas oficiales del Frente Nacional de Marine Le Pen en el tema griego, que no me consta que sean compartidas por Jean Marie Le Pen o no completamente. Hay inexactitudes y falsedades flagrantes además propias de una guerra de propaganda en el artículo de Toño Fraguas, en particular en el tema de las represalias alemanas durante la ocupación de Grecia uno de los temas mayores del arsenal histórico propagandístico del partido de izquierda radical, Syriza actualmente en el gobierno.

Toño Fraguas, descendiente de falangista, de Antonio Fraguas Saavedra, alguien que fue (me consta) germanófilo durante la Segunda Guerra Mundial como la inmensa mayoría de los falangistas españoles, está en el deber (más que muchos otros) de indagar en la veracidad de lo que afirma y de profundizar en la verdadera historia de la ocupación alemana en Grecia y no en contentarse con os clisés en cuso de lo histórica e ideológica y políticamente correcto.

Debería informarse por ejemplo un poco de los métodos de la resistencia y de los partisanos (comunistas) armados, sin duda comparables a loa de otros movimientos de partisanos en países bajo ocupación alemana entonces pero exacerbados en extremo por las particularidades orográficas de la península helénica, y me refiero la práctica habitual –contra todas las convenciones internacionales y todas las leyes de la guerra- del despeñamiento sistemático de sus víctimas, soldados alemanes hechos prisioneros vistiendo de uniforme.

¿Hasta cuándo tendremos que soportar este cuento de buenos y malos sobre la Segunda Guerra Mundial- léase sobre la guerra civil española también- trasmitidos de padres a hijos, en menoscabo y desprecio craso de su propia memoria familiar y colectiva, como es en el caso (flagrante) que nos ocupa?