domingo, julio 31, 2016

Rosas Rojo Escarlata

Me esperabas ojo avizor,
bien atenta, bien plantada
fingiéndote indiferente
y cierta de tu jugada

de ese poder, de ese influjo
de los fetiches del alma
que sabes tú animar, mujer,
con tu cuerpo y tu mirada,

mejor tal vez que ninguna
a fuer de seria y de sabia
de virgen bella y prudente
y de seductora nata

en los hombres que te cruzan
que entran en tu galaxia
incautos, desprevenidos,
como yo ¿a qué sí, monada?

Solo sé de veras, amor,
que de ti yo no sé nada
mas de lo que tú me enseñas
cada vez que irrumpes ¡rara!

de esos ojos, de esas uñas
como garfios, como garras
que me enganchan y obsesionan
mientras te observo a distancia

de arriba a abajo (¡hasta abajo!)
despacito, por etapas,
de esos ojos ¡qué cavernas!
hasta esas uñas ¡uñazas!

grandes como tus ojos
cual rosas rojo escarlata
que se encienden, que me encienden
-tú en cambio ¡como si nada!-

que me metiste en los ojos
a traición, como de espaldas
mujer revolver -¡lo que eres!-
que fija, apunta y dispara

con la mano o con los pies
¡qué más da! en la encrucijada,
en esa hora de la verdad
en almas predestinadas

en dos cuerpos tan distintos
que se llaman que se imantan
tan distantes tan lejanos
¿Quasimodo y Esmeralda?

Ni soy yo aquel monstruo y “papa
de los locos” (entre hombre y rana)
...y alma infantil ¿como yo
e igual destino? (el de paria)

ni tú eres tampoco aquella
de la que tiraban cabras
que a ti en cambio te tiro yo
¡aunque te vistas de cíngara!


¡Qué largo me lo fiaste
cuatro años ya! ¡niña odiosa!
desde que tú me emplazaste
en lo alto de la picota

en tu mente y en tus ojos
de escudero de tu honra
de estandarte de tu honor
con tu venia ¡caprichosa!

de profesional eficiente
de fémina emprendedora
de intelectuala brillante
a la que nadie hace sombra

que tiene todo muy claro
de lo que busca y le importa
y a ti te importo yo poco
visto así (así se me antoja)

a tenor de lo que me huyes
y ninguneas e ignoras
y yo no te sigo ¡voto a dios!
bien sentado en mi poltrona

(un decir) bien quieto, inmóvil
siempre en mi sitio ¡señora!
royendo esos huesos duros
de la espera y la congoja

esperando verlas pasar
¡ya cadáver tus quimeras!
tus sueños y tus proyectos,
tus planes de niña tonta

que sabe mucho de latín
y qué poco de otras cosas
¡qué poco de hombres es cierto
qué poco de mí preciosa!

ni de aquello que está en juego
en redor tuyo (entre sombras)
entre los que te aman (¡pobres!)
y las que te envidian y odian

¿Y por qué te odian y envidian?
eso si que los sabes mañosa,
porque bebo el viento por ti
¡te odian porque te quiero, loca!

Y cuanto mas ellas te envidian
más bellas y esplendorosas,
y cuanto más tu me ignoras
¡más te prefiero a las otras!

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