martes, julio 19, 2016

¿GERMANOS CONTRA BEREBERES EL 36?

Una de las pocas fotos -¿la única?- en la que se ve sonriente al fundador de la Falange. La sombra de José Antonio y de uno de sus texto tardíos del verano del 36 -recogido en sus “Papeles Póstumos”- no deja de gravitar sobre las mentes cada vez que se evoca la guerra civil española. ¿Guerra étnica (como las de los Balcanes, años noventa) -"de Germanos contra Bereberes"- nuestra guerra civil del 36? No más tal vez y no menos que expresión de la lucha de clases, que eso fue sin duda nuestra guerra civil pero no eso sólo, como lo acaba de reconocer en un articulo en el marco de las rememoraciones de la efemérides del 18 de julio el diario el País fuera de toda sospecha. "La revolución europea de 1848 -reza el Mein Kampf- pudo ser tal vez en la mayor parte de los países europeos expresión de la lucha de clases, en los paises de lengua alemana en cambio fue ya pre anuncio de una guerra de razas" ¿Algo similar nuestra guerra civil tal y como se vivió -y se sufrió- en determinadas regiones españolas como Andalucía y Cataluña? ¿Oriundos (de otras regiones espanolas) desclasados de un lado, contra el ejercito y contra españoles catalanes de pura cepa del otro en un sitio, y en el otro, un sacudirse esa simbiosis cultural -única en Europa junto con la de Rumanía- que una presencia gitana de siglos acabó produciendo (a modo de erupción cutánea) en la región andaluza? La pregunta ahí queda, a modo de testimonio -y de homenaje- en estas fechas de aniversario
Odio químicamente puro, de guerra civil lo que destila el ayuntamiento de Barcelona con su nueva alcaldesa en estos días de aniversario del inicio de la guerra civil. Y como si fuera una broma pesada -¿de humor catalán? no lo quiero creer- la alcaldesa pasionaria se erige ahora en procuradora y fiscal implacable de la doctrina del odio (sic) personándose -uno de sus concejales interpuestos- en la causa, acompañada de un manojo de medidas represivas a cual más terminante y expeditiva, en contra de la librería Europa de Barcelona y su director Pedro Varela.

Y a fe mía que visto desde fuera, desde fuera de Cataluña me refiero -y no digamos desde fuera de España como le ocurre al autor de estas líneas- sorprende y no poco ese rigor y esa furor propiamente inquisitorial del que vienen dando muestras las autoridades municipales de la Ciudad Condal en este asunto, perfectamente en diapasón por lo demás con la beligerancia histórica e ideológica de las que acaban de dar muestra en las últimas horas empapelando la ciudad con carteles de propaganda rememorativos de la batalla campal de Barcelona -el 19 y no el 18) de julio del 36- por las calles de Barcelona y de las semanas de Terror -el de la Revolución Francesa a su lado un puro juego de niños- que se le seguirían.

Un complejo de amor y de odio se me antoja de pronto al hilo de la redacción de esta entrada- el que arrastran algunos catalanes con el nazismo alemán, que explica que en la región catalana se concentren la quintaesencia del antifascismo y al mismo tiempo reductos irreductibles de reivindicación de los vencidos de la Segunda Guerra Mundial. Hacen pensar al fenómeno de atracción repulsión del que alemanes y griegos se verían objeto durante la ocupación de Grecia por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, si bien se mira, de cerca

Los alemanes veían en la Grecia antigua, el paradigma supremo -racial artístico y cultural a la vez- de su modelo de civilización, y sufrirían una profunda decepción al contacto directo con el pueblo griego en su aspecto y fisonomía contemporánea que les parecían una burda caricatura o degeneración (mestiza) del viejo ideal de la Hélade clásica. Y sin duda los griegos sintieron y se resintieron en los mas vivo y en lo mas hondo de esa decepción, sin duda palpable y visible por demás en los representantes de la potencia ocupante.

¿Algo similar en Cataluña? La llamada Renacença catalana se produjo en el marco del auge del germanismo cultural en toda Europa en el último tercio del siglo XIX -tras la guerra franco-prusiana y su desenlace- como lo ilustra la germanofilia declarada -en sus fuentes de inspiración y en sus autores favoritos- de una de las principales figuras de aquella, referente insoslayable del catalanismo lingüístico y cultural, y me refiero a Joan Maragall. y no es sin duda anodino tampoco que el circulo español de amigos de Europa -que pretendía recoger la herencia cultural y no solo ideológica de la Alemania nazi naciera precisamente en Barcelona, y que encarnase siempre prácticamente desde su nacimiento hasta su extinción un fenómeno propiamente catalana.

¿Donde estaban los antepasados (inmediatos) de Ada Colau, el 18 de julio del 36 (el 19 que le diga)? ¿Del lado de los buenos, a saber, del de la legalidad/republicana (si en Barcelona a “eso” se le pudo llamar así)? Pase. Pero ¿donde estarían apenas unos años -o incluso meses apenas - más tarde desde el final de la guerra y en los primeros años de la posguerra? Cabe preguntárselo desde luego. Tal vez perdidos entre aquellas muchedumbres en delirio que dieron la bienvenida a Heinrich Himmler por una Diagonal a abarrotar en la fecha temprana de junio del 39 a dos meses apenas de haberse terminado la guerra civil española, y a dos meses del estallido de la Segunda Guerra Mundial?

Himmler rindió visita a Montserrat en busca del Santo Graal, y tal vez -pura hipótesis a faltas de pruebas tangibles y concretas- atribuía a los catalanes unas dosis de pureza racial aria -blanca, rubio/azul-superiores a la del resto de los españoles. Pura suposición ya digo, no es óbice que la dialéctica Norte-Sur presente en la ideología nazi, encontraba en España caldo cultivo de predilección, un país situado geográficamente a modo de eslabón de enlace (europeo) entre Europa y África y que acababa de salir de una guerra civil que tuvo no poco de lucha de clases y también de guerra del Norte contra el Sur -y no hay más que echar un vistazo a los mapas militares de la Península de los primeros momentos tras producirse el Alzamiento para darse cabal cuenta.

Más crudo aun ¿una guerra racial la del 36 entre Germanos y Bereberes, como así la vio pocas semanas antes de su muerte José Antonio Primo de Rivera? La hipótesis es tan admisible en el plano intelectual como la que que ve en nuestra guerra civil expresión de una lucha de clases o el Ejército contra “el pueblo”? ¿Especulaciones racistas (por lo raciales)? por mucho que lo sean no dejan de ser eso puras especulaciones perfectamente legítimas en el plano intelectual, y como tal a prueba de interdictos como los que ahora habrán dictado las autoridades municipales de la capital catalana.

En los países por cima de los Pirineos se entiende -se esté de acuerdo o no- la intolerancia en materia de revisionismo histórico y de toda exteriorización de nostalgia o de reivindicación cualquieras hacia la Alemania nazi y el III Reich. En España -que no se sentó en el banquillo en Nüremberg- resulta en cambio escandalosa una intolerancia asimétrica -hacia la extrema/derecha y no hacia la extrema/izquierda- como la que esta destapando las horas que corren la alcaldía de Barcelona

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