lunes, octubre 03, 2016

BOFETADA AL PAPA EN COLOMBIA

Camilo Torres (Restrepo) ¡Aparte de mí ese cáliz! El recuerdo del célebre cura guerrillero -de una ilustre raigambre familiar colombiana-, icono (anticipadamente, de unos años) de la Teología de la Liberación habrá gravitado de cerca sobre el plebiscito en Colombia de ayer domingo, si se piensa que uno de los puntos principales de los acuerdos de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC lo era la búsqueda y exhumación de los restos del infortunado eclesiástico muerto (febrero de 1966) en un enfrentamiento armado con tropas del ejército colombiano, tras haberse sumado a uno de los grupos armados de la guerrilla (marxista) Por culpa de él -de su memoria me refiero que sigue dividiendo a los colombianos (como a los católicos del mundo entero)- me expulsaron a mi de Colombia (enero de 1980) tras una conferencia que pronuncié -en mi calidad entonces de sacerdote/tradicionalista de la FSSPX (de Monseñor Lefebvre), de sotana y fajín negros y alzacuellos blanco (grosso modo igiiual a lo que se ve en la foto)- en un club de intelectuales de Bogotá, con notable repercusión en los medios. Por donde se puso de manifiesto una vez más -a mis expensas- el malentendido fatal del que se siguen viéndose victima España y los españoles del otro lado del Atlántico. Me echaron de Colombia -por orden del DAS (servicios del Ministerio del Interior)- más que por anticomunista o por cura/integrista, por español. Sigo plenamente convencido de ello a pesar de que nunca evoqué directamente este episodio de mi vida, por un exceso de rubor sin duda, de lo ingenuo e idealista como me recuerdo a mí mismo de aquel entonces. A san/camilo/torres, como sea, el “no” del referéndum de ayer domingo le cierra el camino a los altares. O por lo menos la vía de la canonización "exprés", a punto ya sin duda en los despachos del Vaticano (y en la mente del papa neo-peronista argentino)
Bofetada al papa montonero argentino por tierras de la América ex-hispana. El “no” del plebiscito de ayer domingo en Colombia le deja en cueros vivos (un decir) a la faz del mundo y en particular de cara a los colombianos y a las poblaciones de los países de aquella región que no son tontos y comprendieron sus mensajes (en español) días antes del referéndum, de un singo equivoco en favor del "sí", y no sólo eso, sino de una gran beligerancia también en contra de los partidarios del "no", a los que el santo/padre calificaba sin el menor rubor de máquinas de guerra. Lo que se habrá visto obligado a rectificar a toda prisa a la vista de los resultados en el más puro estilo eclesiástico/vaticano diciendo a toda prisa digo donde dijo Diego, no sea que el Bréxit colombiano le vaya a aguar la fiesta de su proyectado viaje dentro de poco a aquellas tierras.

Con lo que se viene una vez a demostrar que el pacifismo también tiene sus coste políticos en el mundo que vivimos por más que lo predique ese tribuno de la plebe a las ordenes de la gran potencias -in casu de la Casa Blanca y de la diplomacia (latino) americana de Barak Obama- que es lo que fueron tal vez de antiguo los papas (de Roma) pero que fue lo que pasaron a ser ya sin careta tras la celebración del concilio vaticano segundo. Quería viajar a Colombia en olor de santidad y de multitudes el papa ítalo/argentino en un viaje propagandístico (y pastoral) comparable mutatis mutandis al proyecto de viaje pontificio a Moscu (en tiempo aún nota bene de Michail Gorbachev) que le frustró la caída del Muro en los últimos tiempos de su pontificado- al papa Wojtyla (San Karol de Polonia)- y el resultado del referéndum colombiano pone en cambio al papa Francisco en una postura en extremo incomoda.

Y ello de cara a los colombianos partidarios del "no" que habrán resultado mayoría (aunque fuera por ínfima diferencia) como también de cara sus rivales mas directos -en un plano pastoral me refiero- que vienen a serlo en aquel gran país ex-hispano las sectas o confesiones evangélicas protestantes que habrán sido los grande impulsores -a nivel popular- del “no”, con lo que viene a cobrar actualidad ese fenómeno que nos mereció las mas profundas reflexiones de antiguo del auge por debajo del río Grande de un tipo de protestantismo fundamentalista -partidarios sin complejos de la Ley y del Orden- a costa de una iglesia católica -tanto seglares y eclesiásticos- en aquellos países ex hispanos que prestó oídos en demasía a los cantos de sirena de la subversión marxista durante décadas y al mensaje insurreccional diluido más o menos solapadamente en las corrientes teológicas de signo progre que triunfaron en el concilio y sobre todo en la teología de la Liberación que fue la variante mas emblemática de aquellas en el subcontinente (latino) americano. Con lo que el "no" del referéndum colombiano puede ser visto e interpretado también como un “no” a la teología de la liberación en su forma o variante mas reciente que es la que viene pregonando desde los inicios de su pontificado el papa Francisco. No hablo del todo de odias, que conste, tratándose de Colombia.

Lo he contado ya alguna vez en este blog y en otros sitios, pero estuve en aquel país ex-hispano hace ya friolera de treinta y seis años, no tantos -corría el mes de enero de 1980- no obstante para que se me haya olvidado las lecciones que saqué de aquella visita (de varias semanas) Yo era entonces (joven) sacerdote/tradicionalista de la Fraternidad San Pío X de Monseñor Lefebvre y gocé el tiempo de mi estancia allí -de vuelta ya hacia Europa- del alojamiento que me brindaron generosos a mi y al compañero francés que me acompañaba -hoy obispo tradicionalista en ruptura con el vaticano- amigos colombanos y mi viaje se saldó con mi expulsión (administrativa) del país, de resultas del impacto en los medios que tuvo nuestra visita.

Hoy bien pesado y sopesado mi actuación y mis palabras entonces-de las que no me retracto ni me arrepiento- pienso que mi visita allí no podía tener otro desenlace. Si aquellas declaraciones -en la que viene arremeter contra uno de los iconos (anticipadamente) de la teología de la Liberación, a saber el cura Camilo Torres que acabó abrazando la guerrilla y echándose al monte arma en mano lo que pagaría con la vida- hubieran sido hechas por alguien tan anti-comunista como yo lo soy y tan integrista/católico como yo entonces lo era, pero de otra nacionalidad, estoy seguro que no se lo hubieran hecho pagar como hicieron conmigo pero estaba claro que lecciones de moral en Colombia como la que yo me permití por cuenta del anticomunismo -y del catolicismo (tradicional y pre conciliar-- no se les permitía a los españoles. De ninguna forma.

Así fue como yo interpreté mi expulsión fulminante del país tras mi convocatoria en el departamento del DAS, siglas de los servicios de inteligencia del Ministerio del Interior entonces -un edificio de gran altura en Bogotá que años más tarde voló por los aires en un atentado a base de explosivos, obra de las FARC,. Y de una breve conversación con la (joven) funcionaria -de clara ascendencia europea- responsable de mi dossier que se mostró de lo mas arrogante y expeditiva hasta el punto que me hizo llamar cuando yo ya salia del edificio por agentes a su servicio corriendo por la calle tras mía -y de las personas que me acompañaban- como un vulgar delincuente con el pretexto que se les había olvidado de tomarme algunos datos. Guardo vagos recuerdos de las circunstancias (un tanto vertiginosas) en las que transcurrió todo aquello, pero me quedó claro que el gobierno colombiano de entonces -con el partido Liberal en el poder- era de un signo claramente contrario a la guerrilla, y que no obstante, mis declaraciones -repercutidas con gran realce en ciertos medios de Bogotá- fueron a todas luces vistos como una provocación.

Así como suena. Por mi condición de eclesiástico (tradicionalista) en parte tal vez, pero sobre todo por mi condición de español donante de lecciones de moral (política) en suelo americano, lo que a todas luces despertaba en Colombia entonces fantasmas de un pasado en la mente de todos, ayer como hoy de este como del otro lado del charco. Me congratulo como sea con la victoria del "no" en Colombia, sean quienes sean sus propulsores y propagandistas directos -que me resultan perfectamente descoocidos (más allá de su imagen en los medios)-, por lo que supone de desafío a los planes de la administración Obama y e su correas de trasmisión -como lo son hoy por hoy el Vaticano y el papa Francisco- y también porque como tantos otros estoy convencido que el triunfo definitivo de la paz en aquel país ex -hispano al cabo de cincuenta años de guerra (cincuenta, que se dice pronto) no dependía del triunfo del si o del no en la reciente consulta.

Un signo de los tiempos, el declive de esta guerrilla marxista, y un anacronismo irritante a la vez, desde hace ya mucho, a imagen de lo anacrónico del nombre (Timochenko) del principal interlocutor visible en las negociaciones de paz por parte de la guerrilla, en recuerdo (a todas luces) de un militar de la era soviética (bajo Stalin) Entre Colón, español honoris causa"  y Simón Bolívar, el renegado anti-español-, la Colombia ex-hispana. Hoy como ayer. Como cuando yo la visité entonces

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