jueves, septiembre 01, 2016

MOLA, SANJURJO Y LA SOMBRA DEL OPUS

Si algo o alguien no lo impide in extremis, los restos de Mola y de Sanjurjo se verán exhumados -léase profanados- el 16 de noviembre próximo, por orden del actual alcalde (Asirón, separatista, miembro de Bildu) de la capital navarra. Con la connivencia o complicidad nota bene del arzobispado de Pamplona, que alegan el tener (sic) las manos atadas en este asunto. La exhumación de cadáveres, enterrados conforme a la normativa eclesiástica en vigor en su momento, -por más que el lugar donde se encuentran los restos enterrados llamados a exhumarse ahora escape actualmente a la jurisdicción eclesiástica- no deja de revestirse de un carácter innegablemente religioso y sacralizado (y como tal sometido a un ritual bien preciso) ¿Qué cabe esperar no obstante de una diócesis erigida de antiguo en bastión emblemático inexpugnable del Opus Dei, principal brazo ejecutor del desmantelamiento ideológico del régimen surgido de la Victoria en el 36, que impusieron a Franco los aliados, tras su rendición (por mediación vaticana) en el 45?
En una de las obras principales de Dominique Venner, “El siglo de 1914” que vengo citando repetidamente en este blog, se denunciaba lo que no puede verse traducido al español más que como una traición (sic) -en francés “retournement”- de la Iglesia católica en España a raíz de la terminación del concilio vaticano segundo. Durante años, incluso decenios algunos arrastramos el sentimiento de predicar en el desierto en el tema denunciando -como en el cuento del rey desnudo (del conde Lucanor)- lo que nos parecía claro como la luz y que no oíamos en cambio denunciar a nadie por ningún lado ni dentro ni fuera del estamento eclesiástico.

Salvo a una ínfima minoría por cierto, que se veían pueston en cuarentena (como apestados) desde antes ya de la Transición y de la muerte de Franco. Los análisis que vengo vertiendo en estas entradas a la luz de loque convengo den llamar la guerra de los Ochenta Años -léase la guerra civil del 36 interminable que dura todavía- nos habrá entretanto hecho profundizar no poco en nuestro análisis, matizar nuestras conclusiones y afinar no menos nuestra puntería.

Y si es cierto que Dominique Venner acertaba en la intuición histórica del problema que planteaba el cambio de actitud de la iglesia tras el concilio, cabe no obstante replantear algunos sino todos los postulados en los que se fundaba su diagnóstico, tan acertado (y digo) Y es que en realidad no hubo desmarque propiamente hablando, de la Iglesia española en relación con el régimen de Franco tras el concilio y fue simplemente porque ese desmarque se había producido ya mucho antes, en el 45, tras la victoria aliada y la derrota de los nazi fascismos. Si acaso lo que si vendría a haber después -algo no obstante difícil de probar- fueron muestras de deslealtad a la hora de seguir jugando la iglesia -léase el Vaticano y el papa de Roma- un papel de mediación que en su momento Franco acepto y que impusieron las potencias aliadas al Vaticano en el 45, pasando así de mediadores a curadores y ejecutores -apremiantes, por la vía rápida, sin mas prorrogas ni moratorias, ni contemplaciones- de las condiciones de sobrevivencia del régimen, léase de la puesta en práctica hasta sus últimas consecuencias del proceso de desnazificación que las potencias aliadas impusieron  a Franco y a su régimen, viéndonos tratados asi como un país vencido en la Segunda Guerra Mundial.

Y así desde esa óptica cabe ver en el concilio vaticano segundo tanto en los textos del mismo como en la reformas que de aquellos resultarían y como también en lo que se daría en llamar -en lenguaje de los medios- el espíritu conciliar, la cortada imprescindible que le permitiría a la iglesia española y al Vaticano y a sus tentáculos tanto en la Curia como en la Nunciatura tamaño cambio de papeles, mas o mneos discretamente y sin que se notase de demasiado, léase sin provocar el rechazo de una mayoría de españoles. Dominique Venner dejo escrito en el ensayo mencionado que el régimen de Franco carecía de una ideología definida – si se exceptúa el programa (vago e impreciso en extremo) del partido unico (FET y de las JONS)- y que en consecuencia, tras el desenlace de la segunda guerra mundial se vieron reducidos a limitarse a invocar el catolicismo a modo de ideología o de fundamento ideológico del propio régimen.

Ocurre que la ideología subyacente al catolicismo sociológico español y a la doctrina católica tradicional -de la Iglesia- dejó paso tras el concilio a la ideología (sic) de las Luces, de la democracia y de los derechos del hombre (en su versión yanki, “wilsoniana”), de todo lo cal el régimen de Franco había abjurado solemnemente en su nacimiento al producirse el Alzamiento del 18 de julio. Y ahí es donde sin duda cabe ver el vuelco o el cambio de ciento ochenta grados, y la traición (sic) a sus propio pasado -y no propiamente al régimen de Franco- que operó la iglesia católica en el concilio vaticano segundo. Y lo que vino después, a saber lo que se convino en llamarse el desenganche de la Iglesia respecto del régimen no sería pues más que pura consecuencia o simples secuelas del vuelco ideológico y doctrinal que operó la iglesia institucional con ocasión del concilio, que sus propios responsables y representantes más autorizados no podían menos de negar pertinazmente “urbi et orbe” porque el reconocerlo hubiera sido negarse ellos mismos y renegar explícitamente de la legitimidad histórica de la institución a la que representaban

Y ese el fondo perenne e irreductible del contencioso que sigue oponiendo -pese a las tentativas no plenamente logradas hasta ahora de acercamiento- el Vaticano y al papa actual a los herederos de Monseñor Lefebvre. “Los integristas llevan razón en el terreno de la historia aunque no en el plano de los derechos del hombre” Repetía un profesor laico (laicista, librepensador, de izquierdas) de la Universidad Libre de Bruselas, en una frase enigmática que me dio siempre desde que se la oí (repetidas veces en sus clases) no poco hueso duro de roer, y es que no venia menos a decir que la historia y la democracia son compartimentos estancos, o en otros términos que la ideología democrática -y la ideología de la Luces que la fundamentaba- lleva implícita una negación radical -ahistórica o anti-histórica- de la Historia misma, léase de toda la historia de la Humanidad anterior a la Revolución Francesa. Una aporía irreductible -entre Historia y democracia-, comparable a las que dejaron sentado los padres de la filosofía occidental en la Grecia antigua.

Y viene a cuento de la noticia propagada en la red las ultimas horas de la decisión del ayuntamiento de Pamplona por boca de su alcalde (separatista), de exhumar -léase desenterrarlos y sacarlos de allí- los restos de Mola y Sanjurjo del mausoleo que encierra -en su cripta- el monumento a la Cruzada y al 18 de julio de la capital navarra, un edificio de carácter religioso y que como tal se haya bajo jurisdicción -por muy indirectamente que sea- del arzobispado de Pamplona, sin cuyo visto bueno la operación (propiamente religiosa, sometida nota bene a un ritual bien preciso) de exhumación de los restos de los ilustres militares mencionados no seria pensable, ni hubiera podido verse anunciada como así lo ha sido. Un botón de muestra más de la actitud ambigua y cobarde de la iglesia y del vaticano -y del propio pontífice- en el tema de la ley funesta de la memoria, que tanto viene desgarrando a la sociedad española. En Infovaticana se curan en salud de inmediato -¿qué otra cosa cabía esperar?- alegando que el arzobispo de Pamplona tiene en este asunto (sic) las manos atadas.

¿La boca también para dar su opinión, y para elevar una voz de protesta ante lo que no deja de ser un grave atropello y un agravio y una tropelía de la mayor magnitud como las exhumaciones que amenazan ahora con ser perpetradas? Sin el acuerdo nota bene de los familiares. Mejor que cierren el pico, es verdad, por la cuenta que le trae. Para no seguir perdiendo, aunque solo sea, la poca credibilidad que aún les queda entre sus feligreses y en el conjunto de la sociedad y de la opinión pública española. Peras al olmo no obstante. ¿Qué otra cosa cabe esperar, es cierto, de un diócesis erigida de antiguo desde los inicios de la posguerra en bastión inexpugnable del Opus Dei, principal brazo ejecutor del desmantelamiento ideológico del régimen surgido de la victoria del primero de abril que impusieron a Franco los aliados en el 45? ¡Si Don Eugenio D'Ors levantase la cabeza!

1 comentario:

Anónimo dijo...

http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=5417

https://hirania.wordpress.com/2016/09/02/pio-moa-expulsado-de-facebook/

https://hirania.wordpress.com/2016/08/28/quieren-hacer-creer-que-no-existio-la-reconquista/

... tres ejemplos de la tirania del systema global que padecemos...