jueves, agosto 18, 2016

¿LORCA VIRGEN Y MÁRTIR?

Obra de reciente aparición, de la editorial Circulo Rojo (donde el autor de estas líneas ha publicado recientemente cinco libros), en la que se viene a rubricar lo que muchos en España y fuera de ella piensan hace mucho tiempo sobre la saga de los restos de Lorca que nos vienen vendiendo sin descanso ciertos medios. A saber, que fue desenterrado aún durante la guerra por los buenos oficios de las autoridades militares de Granada entonces y vuelto otra vez a enterrar -en un lugar secreto- a cargo de su propia familia. Diga lo que diga ese iluminado (extranjero) de Ian Gibson, y propagandista de la causa homosexual. Hay otros no obstante con más culpa que él. Porque tras los escritos e indagaciones del escritor irlandés sobre el tema Lorca se percibe claramente la sombra de Ridruejo, léase de una Falange descabezada -ya de antes de la muerte de José Antonio, y del estallido de la guerra civil- sobre la que se izó el ilustre comparsa y tránsfuga (ex) falangista, especialista en fabricación de mitos, él y sus colaboradores más estrechos y descendientes que viene protagonizando la última tentativa hasta la fecha de desenterramiento de los restos del escritor granadino (de patrocinio anarquista conjunto no se olvide) ¡Alto a la danza de los huesos humanos, macabra y guerra civilista! ¡Alto al culto iconográfico de un Lorca virgen y mártir!
En un trabajo que colgué por entregas en un foro de discusión -en el verano del 2006- hace ahora diez años, dos años antes pues de que se me abrieran las puertas de la blogosfera de Periodista Digital -para cerárrseme de nuevo cinco años después (nota bene)-, y que debe andar vagando aún por los espacios digitales de Internet, analicé pormenorizadamente (con intención de denuncia, lo confieso) la religión garcía lorquiana y los elementos centrales de su culto de martirologio. Y esa faceta religiosa (o pseudo religiosa) de la figura del escritor y poeta granadino y de la propaganda de la que se sigue viendo objeto y del homenaje que se le sigue rindiendo entre muchos se pone ahora de nuevo clamorosamente de manifiesto en los actos que se habrán celebrado en su memoria y en escritos publicados con ocasión del ochenta aniversario de su muerte, (entre el 17 y el 19 de agosto aún por aclararse su fecha exacta.

En la galería de fotos,por ejemplo -trece (como un viacrucis a falta de la última estación, la de la muerte en la cruz)- que le dedica en su edición de hoy el diario el País, del grupo Prysa fundado y dirigido y administrado por figuras como Juan Luis Cebrián y los hermanos Fraguas (Antonio Fraguas “Forges”, y Rafael Fraguas) a los que se puede considerar por la via familiar herederos o legatarios de la herencia cultural e ideológica de Dionisio Ridruejo del que los progenitores de los nombrados fueron estrechos colaboradores en la época heroica de los inicios del régimen de Franco en la inmediata posguerra, el padre del primero de los nombrados, Vicente Cebrián en las paginas del diario Arriba -organo oficial del Movimiento- desde 1940 (del que llego a ser director y el de los segundos nombrados, el escritor Antonio Fraguas Saavedra, por su calidad de director general de Cinematografía y Teatro en la posguerra inmediata bajo la égida de la delegación nacional de prensa y propaganda, y de su carismáticos responsable, Dionisio Ridruejo.

Una “pista Ridruejo” que nos aclara no poco la génesis de la religión garcía lorquiana tal y como se vio ya incubada en la fase final del franquismo a partir de la terminación del concilio vaticano segundo -en 1965, curiosamente el año que fue redactado (y no antes) el informe de la jefatura de policía de Granada sobre la muerte de Lorca que tanto les hace rasgarse a algunos ahora la vestidura (en España o en Argentina)

Y es que en ese mea culpa interminable que el antiguo delegando de prensa y propaganda del bando nacional durante la guerra civil no dejaría  de entonar dsde su ruptura definitiva con el réigmen -en 1957, a raiz del desenlace de la crisis de régimen que destaron los sucesos de San Bernardo un año antes- era obvio que el tema García Lorca no podía verse puesto a un lado, y aunque el carismático (ex) falangista no lo hiciera él directamente ya se encargarían de sacarlo a relucir alguno de los miembros mas emblemáticos del grupo de Burgos que se reunía en torno a Ridruejo y Serrano Suñer -los laínes les llama Umbral-, a saber el propio Laín Entralgo, comentando muchos años mas tarde el alejamiento de las instancias de prensa y propaganda del régimen naciente que le mereció a Ridruejo la persona de Ramón Ruiz Alonso por haberse visto implicado en la detención del poeta, lo que vendría a convertirse en contencioso primordial o fundacional que dividiría aguas entre los dos sectores -falangistas y no falangistas- que rivalizaban por el poder al interior del bando nacional y durante la contienda y que se proseguiría en la posguerra reforzado (y agravado) por la evolución liberal de aquel grupo generacional -que se vio llamado también “minoría del 36”- pasando desde la exaltación del Nuevo Orden en las páginas de la revista Escorial hasta “el contubernio de Munich” (junio de 1962) -como así llamó la propaganda del régimen a la reunión de diversos grupos de oposición al régimen en aquella ciudad alemana- en el que se vio reservado un papel estelar Dionisio Ridruejo, lo que les llevaría a sumarse sin escrúpulos ni reservas a la guerra de propaganda por cuenta de Lorca y de su muerte desencadenada años mas tarde en los medios españoles.
Comandante Valdés Guzmán, héroe de la guerra de Marruecos y camisa vieja -digan lo que digan algunos falange/auténticos- responsable de las milicias de la Falange granadina en julio del 36, y principal chivo expiatorio -junto con el capitan Nestares, falangista también- de la guerra de propaganda (de guerra civil) por cuenta de Lorca y de sus restos. Asumió al mando del gobierno civil en Granada -a las ordenes directas del general Queipo del Llano- al producirse el Alzamiento, tras destituir y detener él personalmente al gobernador republicano. Y si fue responsable como tantos lo afirman de la muerte de Lorca, la suya fue una responsabilidad política y no otra cosa, en la circunstancias extremas en las que se produjo la muerte del escritor granadino. Y si erró en algo, le redimió con creces su muerte de resultas de las heridas infligidas en el campo de batalla un año más tarde
José Antonio y Lorca comparaciones odiosas. En sus ultimo libro “Amado Siglo XX”, un garcía lorquiano de excepción como lo fue Umbral -que dedico al escritor granadino un libro biográfico en los inicios de su carrera literaria- venia curiosamente a comparar a los dos nombrados, apresurándose no obstante -dos lineas mas lejos- a marcar diferencias entre lo que parece ver como un crimen político (sic), el de José Antonio y lo que debía parecerle a Umbral un crimen de una especie a parte y de una gravedad sin igual como un pecado contra el espíritu -de esos que no se perdonan ni en esta vida ni en la otra-, a saber la muerte de un poeta por el simple de hecho de serlo, lo que hay que dejar por cuenta de Umbral naturalmente y de sus filias y sus fobias y su rencores y resentimientos inextinguibles (aunque al final de su vida se reconciliara con no pocas cosas, como lo ilustra otro de los capítulos de la obra mencionada “Mi larga marcha a la derecha”)

Umbral, de haber vivido hasta hoy y en el “estado de la cuestión” -en lenguaje académico (y pedante)- por el que atraviesa la figura de García Lorca, le hubiera sido difícil seguir sosteniendo una postura tan somera y tan simplista, porque si hay algo que habrá salido a relucir en los diez años que llevamos de bombardeo propagandístico interminable por cuenta de Lorca y de la operación de búsqueda de sus restos, es el perfil político (guerra civilista) de García Lorca de sus últimos meses de vida y del papel tan determinante que ello jugó en su la suerte (trágica) que se le vería reservada. Lo quie desmiente e invalida de entrada ese culto incongrafico -de virgen y mártir- que le vienen rindiendo muchos, algunos de ellos con grandes compejos de culpa a cuestas.

Hay algo entretanto que salta a la vista o digamos que se impone por la ausencia ruidosa de pruebas a contrario y es que contra lo que sucedió con José Antonio al que según trabajos publicados de un tiempo a esta parte se le infligió un autentica pasión (sic) en el momento de su fusilamiento -y tal vez ya antes en los últimas semanas de su detención en la cárcel de de Alicante a manos de los anarquistas de la FAI dueños y señores de aquel establecimiento carcelario-, de Lorca no se puede decir los mismo, porque todos los indicios llevan a pensar que el escritor granadino fue objeto de una ejecución sumaria y legal a la vez, -previa condena (nota bene), por muy sumaria y expeditiva, y castrense (de consejo de guerra)- que fuera, a cargo de personas con autoridad como fueron los que le detuvieron los que le custodiaron (en la sede del Gobierno Civil), los que le condenaron a muerte y los guardias de asalto que al final le fusilaron. No hubo de toda evidencia ni tiros a la barriga, ni al bajo vientre, ni ensañamiento con el cadáver, y con el cuerpo agonizante aún -como así fue a todas luces en el caso de José Antonio- por más que la vulgata en vigor en los medios siga queriéndo vendernos lo contrario.

Y el general Nestares, hijo de José María Nestares, capitán falangista en 1936 y responsable del frente (movedizo) de Granada y alrededores en los primeros momentos de la guerra civil, haría mejor de combatir la leyenda negra (guerra civilista) que arrastra su difunto padre por su actuación en Granada -in duda heroica y ejemplar- los primeros días del Alzamiento, de una manera franca y leal, asumiendo lo que un deber irrenunciable de memoria (filial) le imponga (como a todo quisque) sin complejos de culpa y sin echarla el muerto encima a otros tampoco, y en vez de prestarse al paripé de la operación de guerra de propaganda (y de guerra civil) de una nueva búsqueda de los restos de Lorca, como parece que se esta prestando ahora.

En la que se ve personada la CNT además -¡vivir para ver fantasmas míos!-, de cuyas filas salieron -debidamente probado y certificado- los asesinos de José Antonio. He dicho, sin rencores, y sin temores ni complejos tampoco

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Te sugiero un comentario sobre el general Don Gonzalo Queipo de Llano

https://www.youtube.com/watch?v=opUicRVQvnA

Juan Fernandez Krohn dijo...

Me he tomado la molestia de oírme por entero el vídeo que me indicas haciendo caso de tu sugerencia y la verdad es que me quedo un poco decepcionado. Esperaba la voz de Queipo al natural y lo que oigo es una voz de adolescente -de uno de esos enchufados presumo (por lo que he ojeado de urgencia en Internet)- de la Universidad Pontificia de Salamanca asesorados por su profesor, mas enchufado todavía. Si eres tú uno -o una- de los que figuran en el reparto al final del vídeo, dalo por no dicho, pero de verdad que ha sido un corte. ¿Qué quieres que te diga? Era el espíritu de la época. Pro judíos y anti judíos. Los que veían en ellos el demonio encarnado contra los que veían en esos mismos la raza victima inocente, como un cristo de las naciones (en versión judía)

No poco de lo que decía Queipo en esa intervención radiofónica está no obstante perfectamente comprobado, sobre el protagonismo judío en la revolución de octubre y en la expansión del comunismo en el periodo de entreguerras que se siguió, por las armas o por la propaganda en los medios y en la calle, a escala del planeta. Por poner un ejemplo, las Brigadas Internacionales contaban una mayoría abrumadora en sus filas de judíos de todos los países occidentales, mayormente ingleses, franceses, belgas y norteamericanos.

No fueron todos, es cierto, y de los pocos judíos que había en España al estallar la guerra civil los hubo en los dos bandos. Entre ellos, Juan March -el banquero de Franco- y Fernando de los Ríos -el padrino y protector de Lorca y culpable en parte de su muerte-, por poner dos ejemplos emblemáticos. ¿Culpable Queipo también de los seis/millones, y un poco más hacia atrás, de la muerte y crucifixión de nuestro/señor/jesucristo? A mí que me registren, podría él haber dicho sin inmutarse en lo más mínimo.

De todas formas, no veo la relación con el tema García Lorca, que se aborda en esta entrada. Si no es por el argumento ad hominem un poco burdo, que un individuo tan malvado como lo fue el general laureado -a fuer de antisemita declarado- no podía menos de ser culpable de la muerte de García Lorca. Como un postulado de Emanuel Kant, de una lógica implacable, pero de histórico, poco.

Así reescriben la historia esos niñatos de la universidad pontificia de Salamanca que harían mejor en escribir la de su propia universidad, de cuál fue su papel y su actitud -como los de la iglesia en su conjunto- durante la guerra civil española.

Saludos (sin acrimonia)