jueves, diciembre 24, 2015

SÁNCHEZ TAPADO DE OBAMA

Triste imagen -una más- de la sumisión de España en el concierto de las naciones. Obama apostó por Zapatero, por el 15-M después y sigue apostando por el cambio (sic) –léase el caos (más o menos bajo control)- en la política española. Lo que explica con creces la actitud refractaria y provocadora del actual secretario del PSOE, dispuesto a todas luces a arruinar la credibilidad de su partido con tal de salvarse (él solo)
Fuera eufemismos y complejos. El PSOE es un partido atlantista, estrechamente ligado de antiguo a la política exterior norteamericana –tanto como lo puedan ser sus rivales directos , los populares- y a la administración Obama, que apostó como de todos es sabido por un cambio –más o menos (calculadamente) caótico- en España en la línea de esa política de exportación (y gestión) del caos a escala planetaria que habrá venido impulsando desde los inicios de su primer mandato el actual presidente afroamericano USA, como lo ilustrarían las primaveras/árabes y todo lo que se seguiría.

Y el atlantismo les viene a los “psoes“ de los tiempos de la guerra fría y del final de la Segunda Guerra Mundial, de cuando España estuvo a un tris de una invasión de la Sexta Flota USA anclada en aguas del puerto de Valencia, cuando se produjo lo que convine en llamar la rendición pactada de Franco a las potencias aliadas vencedoras en el 45, por mediación vaticana. Y todo eso hay que tenerlo muy en cuenta en la crisis política por la que atravesamos los españoles y en la negativa germinante que acaba de significar el actual secretario general del PSOE de cara a un posible acuerdo de gobierno a Mariano Rajoy.

Barak Obama –siempre con el visto bueno y la mediación vaticana (a través de su brazo secular en la política religiosa a saber lo que convenimos en llamar la derecha/religiosa- apostó a fondo por el 15-M y no le salió la jugada, pero no desisten de acabar saliéndose con la suya, con el tiempo y una caña. Y eso ilustra y explica a la vez el papel y el protagonismo en la palestra de la política internacional que tuvo en el pasado reciente alguien como el político socialista Javier Solana –antiguo secretario de la OTAN- de una familia de vencidos de la guerra civil que encontraron refugio en los Estados Unidos después de la guerra.

Y esas cosas explican los coqueteos del actual secretario general del partido socialista con Podemos y sus diferentes marcas, como sucedió en las elecciones municipales del pasado mes de mayo que acabaron dando la alcaldía madrileña –contra la voluntad mayoritariamente significada de los madrileños- a la alcaldesa tan atípica (un eufemismo apenas) que tenemos ahora. No sabemos lo que irá a suceder, pero está claro que si el actual secretario del partido socialista viese coronada con éxito su actitud de boicot de un futuro gobierno en el que ellos no llevarían la voz cantante –como sí lo sería una alianza anti-PP con Podemos-, el régimen (democrático) actual abocado a unas elecciones anticipadas (al cabo de unos meses tan solo) se vería en la encrucijada de todas las amenazas y peligros.

No concedemos crédito ni en el plano personal ni en el política (tras los ataques innobles que se permitió en la reciente campaña electoral) al actual secretario general del PSOE que encarna dentro de su partido -y lo afirmo por mi cuenta y riesgo- el rostro de la guerra civil interminable. Como lo encarnó su predecesor a la cabeza del partido, José Luis Zapatero. La segunda transición que viene cacareando el líder de Podemos –y de la que parece hacerse eco también el secretario general del PSOE- después de haber defendido durante meses, suena ambigua lo bastante como para prestarse a las sorpresas (desagradables) y a todos los golpes de efecto.

Y mientras –como lo atestiguan despachos de última hora-, la situación sigue empeorando en Cataluña. Como decía Federico Jiménez Losantos –con el que alguna vez nos acontece el asentir- glosando los resultados del 20D, “Podemos habré emergido con fuerza allí donde España es débil”. ¿Quién lo desmentiría? Sanchez tapado de Obama, signo de los tiempos

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