martes, diciembre 01, 2015

¿NIETO DE UN EMIGRANTE ANDALUZ PSOE, RIVERA?

Cuando nos “puede” de verdad el líder de Ciudadanos es cuando se nos pone en jarras –una pose bastante habitual en él- a darnos lecciones de democracia. ¿Nieto de un emigrante andaluz, guerra civilista y recalcitrante, Alberto Rivera (que me diga Albert, terminado en t)? Eso explicaría muchas cosas. Entre otras la provocación de de la que se acaban de hacer reos él y su partido votando a favor de una placa recordatorio del 15-M en la Puerta del Sol, provocación a todos los comerciantes y habitantes del barrio que tuvieron que soportar durante meses la inmundicia y los malos modos -y olores (a orines, a porros)- que hicieron reinar allí los perro flautas aquellos, y una discriminación flagrante además -en eso lleva razón la oposición del PP- hacia otras muchas efemérides y acontecimiento que tuvieron de teatro a través del tiempo la emblemática plaza madrileña. Como la entrada apoteósica de los nacionales al final (oficial) de la guerra civil española
A taparnos la nariz y los ojos y los oídos (el día de las elecciones) tocan –los que voten- que aquí todos o casi todos ya se figuran a lo que me estoy refiriendo. Y es que esa corte de los milagros que lleva por nombre ayuntamiento de Madrid bajo la vara de mando de la actual alcaldesa (rojelia) acaba de decidir erigir una placa en honor del 15-M con el apoyo de Ahora Madrid (podemistas), el PSOE y adivina quién lector, naturalmente los de Ciudadanos, habiendo declarado su representante en el consistorio  incluso que todos (sic) somos hijos del movimiento (ése)

A mí que me registren. A mí y a muchos otros, una inmensa mayoría de la ciudadanía que no se dejaron arrastrar por los cantos de sirena aquellos que sonaban de todas partes, de España y del extranjero, a una inmensa mayoría de gente honrada y sensata me refiero que acabó haciendo abortar la movida indignada aquella venciendo al final –por su actitud de cordura, de firmeza y de rechazo inquebrantables- la epidemia de fiebres (de locura) aquellas. Fui profeta en el desierto al principio en el tema, pero el tiempo -los cuatro años y medio ya transcurridos- me dieron la razón de todas, todas.

No creo en las meigas pero hay las, y con Ciudadanos tenemos la mosca detrás de la oreja algunos desde hace un buen rato. La memoria histórica, los gestos y ademanes de su icono mayor -cuando se pone sobre todo (en jarras ¡ay por dios!) a predicarnos la democracia-, su catalano parlancia (eso sí dentro de un orden) –de su parlancia y de su onomástica la suya (con una t al final) y la de no pocos de los suyos- y ahora para acabar de arreglarlo, su tributo de pleitesía al 15-M de indignados y perro flautas, un epíteto que no les puse yo (que me registren otra vez) sino que surgió espontaneo de esa misma calle que dicen representar ellos mismos más que nadie.
“Dormíamos y despertamos”. Si ¿pero cómo despertaron? Como se despierta de un subidón, con la resaca, la crisis del enfermo de dependencia (física) Despertaron dicen. Lo que hicieron fue caerse del burro y caer de golpe en la cuenta que el sueño de la subvención y del subsidio y del vivir del cuento –de la globalización y de la anti-corrupción, y de la economía en negro (sindicalizada)- se les acababa, ese sueño de nuevas clases de la transición, a costa de otras clases de vencedores (sólo) aparentes de lal guerra civil -de unas clases vencidas en realidad, perdedoras y derrotadas- que todo eso se le se les hacía de pronto añicos como en el cuento de la lechera.

En mi libro Guerra del 36 e Indignación Callejera –que me ha sido elogiado por terceros fuera de toda sospecha- saqué a relucir ese fondo de lucha social intestina, de odio de clase –de unos barrios contra otros- que impulsó el fenómeno de la indignación y del 15-M coincidente con una erupción de los bajos fondos mdrileños, que aventó la indignación callejera y que a su vez se verían removidos (a tope) por aquella, como los bajos fondos del Madrid de la II República que retrato (genial) Agustín de Foxá en su novela “Madrid de Corte a Checa” se veían removidos (sic) por todas aquellas banderas siniestras –la tricolor entre ellas-, que acabarían llevando al enfrenamiento fratricida a la sociedad española.

Los hijos de los vencidos del 36 en su mayoría procedentes de clases socialmente inferiores, aprovecharon toda la sucesión de guerras asimétricas que se sucedieron en España y entre españoles (e hispanos) desde el final (oficial) de la guerra civil del 36 y de la Segunda Guerra Mundial en el 45 para ir medrando y trepando a costa de las clases históricamente vencidas y perdedoras. Y así, los que habían vivido –ellos o sus padres o sus abuelos- en chabolas hasta no hacia tanto, de la noche a la mañana se pensaron que todo el monte era orégano, y se pusieron a comprar inmuebles y a firmar hipotecas desatados, hasta que llegó, como cabía de esperar, Paco con la rebaja.

Fueron ellos y no el grueso de la sociedad español (que no nos cuenten milongas) los directamente damnificados de la crisis inmobiliaria y de los desahucios, esas nuevas clases –guerra civilistas y revanchistas y rabiosamente insolidarias (en el fondo)- de la transición y de la democracia y de esas guerras asimétricas –ochenta y tantos años durante- por cuenta del anti franquismo y del pasado execrado de la dictadura (sic) y del fascismo y qué sé yo, los verdaderos protagonistas del 15-M. Los protagonistas e instigadores principales, me refiero, a los que se sumarian no pocos comparsas, mirones o bobalicones –más o menos ingenuos o inocentes- e ilusos de toda laya.

En mi nuevo libro a punto de aparición “Cataluña en guerra” denuncio el papel y el protagonismo (exorbitante) de los que convengo en llamar oriundos a saber los descendientes de los emigrantes (andaluces en su inmensa mayoría) que afluyeron (en masa) a Cataluña –¿por qué allí, por qué andaluces casi todos ellos?- en las décadas de los cincuenta y de los sesenta, y que nunca más volvieron definitivamente –¿y por qué?- a sus tierras de origen, y que protagonizan hoy con el mayor descaro y destaque el movimiento secesionista en aquella región española.

¿Oriundo Albert Rivera (con erre y te), hijo o nieto de emigrantes andaluces, y como tal (presumiblemente) legatario de una memoria de vencidos de la guerra civil? ¡Vivir para ver fantasmas míos! Eso explicaría desde luego no pocos enigmas que plantean el personaje y el movimiento que viene capitaneando. El que se lleve también con los del PSOE en Andalucía por ejemplo, que hasta los niños se dan cuenta de la buena química y del buen rollo que reina entre el líder de “citadáns” (o algo así) y la presidenta (socialista) de la Junta andaluza.

O sus ambigüedades (calculadas) en el tema de la memoria y lo hueco de sus eslóganes en el tema, eso de mirar al futuro como dicen los del PP también, pero el futuro para ellos se ve que pasa por una alianza con los guerra civilistas más recalcitrantes –del PSOE y de Podemos (e Izquierda Unida)- como lo vienen demostrando en votaciones (una tras otra) sobre el tema (en ascuas) en distintas capitales de provincia.

¿Nieto de socialista –que eran minoritarios en Andalucía en la república, entre las izquierdas obreras me refiero- y anduvieron después en gran medida a remolque de los comunistas durante la contienda-, el icono/nudista, y que por eso se le abren las puertas? ¡Vivir para ver fantasmas míos!

En el club Bilderberg, por ejemplo. Donde uno de los porteros o conserjes nota bene lo es el (PSOE) español Solana que no hace mucho declaró de forma terminante que en España no puede permitirse (sic) un partido populista anti-globalización (léase todo lo que huela de cerca o de lejos a facha, léase a los vencedores/vencidos de la guerra civil española)

A taparse tocan, ya digo, la nariz y los ojos y los oídos. De perdidos al río. O como hubiera dicho Umbral, primos, pero no tanto

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