sábado, octubre 03, 2015

¿"PROPIEDAD INTELECTUAL" EL "MEIN KAMPF"? ¡QUÉ RISA!

Le piden dos años de cárcel a Pedro Varela (Geiss) en un tribunal de Barcelona por un delito de atentado a la propiedad intelectual, en clara contravención de toda la legislación española en la materia? ¿Pero en qué mundo vivimos? El pretexto lo es una ley alemana que atribuye al estado de Baviera la propiedad intelectual (sic) del Mein Kampf, y que habrá hasta hoy servido de cortada en Alemania para impedir y prohibir la publicación y difusión de la obra “maldita” Algo (turbio) entretanto se diría que está removiéndose en los medios judiciales y también editoriales de Barcelona en el contexto de la sobrepuja independentista a la que venimos asistiendo. Un librero y editor en lengua castellana con éxito dentro y fuera de nuestras fronteras es a no dudar -en la Meca además del mercado editorial en lengua española como lo es la Ciudad Condal- un contra dios para el separatismo catalán, y para la causa del catalán aún más todavía. Pedro Varela además –lo que a fe mia que ignoraba cuando escribí sobre él en una de mis recientes entradas- ya cumplió pena de cárcel además por negación (sic) del genocidio o del holocausto. Ya está bien de persecución ¿o no? ¿O acaso tendrá él que seguir pagando –de chivo expiatorio de predilección- por llevar (él también) un apellido germano, como el que esto escribe?
Leí el Mein Kampf al poco de llegar a Bélgica en una edición en alemán y en alfabeto gótico (fraktuur) –un respeto (echando mano del diccionario no obstante, casi a cada momento)-, perfectamente accesible como me figuro que lo seguirá estando, a los lectores de la Biblioteca (Royale) de Bruselas, y sin escandalizarme lo más mínimo, lo que estuvo lejos de ocurrirme en cambio con “El Mito de Siglo XX” de Alfred Rosenberg considerada por algunos la biblia (de bolsillo) del movimiento nazi que me chocó no poco (en el momento de su lectura) por algunas de sus afirmaciones, abruptas y tajantes por demás como me lo parecieron entonces, como esa expresión que se repite a menudo a lo largo de las páginas de esa obra refiriéndose al mundo mediterráneo en general -España incluida por supuesto-, de “mestizentum”, un neologismo en lengua alemana, traducible por “gentes mestizas”, aunque referida sobre todo en el contexto de aquella obra al catolicismo romano y su entorno geográfico (a saber la Europa Mediterránea y la América ex hispana), y una acusación sobre todo –dicho sea de pasada- heredada en línea directa del arsenal de guerra de propaganda del bando protestante durante la Guerra de los Treinta Años (…)

Y cabe decir mal que nos pese que exagerase o no, delirase (ideológicamente) o no su autor –uno de los dirigentes más prominentes del régimen nazi-, lo pagó con creces con la pena de horca, en Nuremberg, en un caso tal vez el más emblemático de todos lo scondenados –y ejecutados por el célebre tribunal- de reo de un delito (o crimen) de lesa democracia. El Mein Kampf por el contrario me dejó hasta hoy la impresión de una obra contagiada que me diga empapada del espíritu de una época –el periodo de entreguerras- lo mismo que su autor, Adolfo Hitler, hijo fiel de su tiempo, y en particular de la derrota alemana en la Gran Guerra.

Retuve en particular de toda la obra -y me pregunto en verdad por qué- una reflexión que me sigue resultando a tantos años ya de haberla leído un tanto enigmática sobe las revoluciones de 1848 en diferentes países europeos que se verían llamadas “primavera de los pueblos” en un parábola de lo que serian más de siglo y medio más tarde las primaveras árabes. Tan enigmática que me la aprendí de memoria, por eso, y tal vez por el estilo del autor, que cueste trabajo o no en reconocerlo, lo tenía –Umbral no me hubiera desmentido- y derrochaba a espuertas tanto en sus escritos como en sus discursos.

“La revolución europea del 48 -reza el Mein Kamp (cito de memoria ya digo, y traduciendo a mi gusto)- pudo ser en todos los demás sitios y lugares expresión del odio o de la lucha de clases, en los países de lengua y cultura alemana en cambio fue ya la manifestación de una guerra de razas" ¿Qué quiso decir Hitler con eso? ¿Estaba acaso justificando por cuenta de la causa de la emancipación alemana el caos y la anarquía en casi todos los países occidentales que aquella efemérides mayor del siglo antepasado traería fatalmente consigo?

En otro términos, la revolución berlinesa (de signo anarquista) de 1848 que los medios occidentales y en particular en lengua francesa –en concreto el diario francés Liberation- re exhumarían no hace mucho con ocasión del Maidán del Kiev que presentaban como una re edición a pena de aquella -y de otros acontecimientos coetáneos como la (segunda) revolución francesa, del 48-, ¿fue acaso en la mente del Fuhrer un jalón histórico inamovible en la memoria colectiva, como un hito fundador en el proceso de emancipación de los pueblos de lengua y cultura (y raza) germana, del yugo o la tiranía de unos poderes terrestres –los Imperios centrales en suma, a saber la Prusia imperial, y el imperio austro/húngaro- a los que la propaganda nazi acusaría tras la Primera Guerra Mundial de reos de abominación, de crimen contra la propia sangre (blutschande) y motivo de vergüenza patria, por haber obligado históricamente a los pueblo germanos a una cohabitación forzosa con pueblos –mayormente latinos o eslavos- de otras etnias u otras razas?

La respuesta me quedó siempre en el aire, y a fe mía que lo sigue estando. Otra cita del Mein Kamp se me quedaría no obstante grabada en la memoria, de una claridad diáfana en cambio, y lo fue el homenaje de su autor a los caídos de la Gran Guerra. “Pasarán los años -reza el Mein Kampf (y sigo citando de memoria)- pero ya nunca nadie podrá hablar de heroísmo y no  pensar irrremediablemente en el Gran Ejercito Alemán de la Guerra Mundial”

¿Son motivo no obstante para seguir declarando crimen o delito la difusión de esa obra? O para seguir sometiéndola a censura bajo pretexto de propiedad (sic) intelectual que algunos siguen arrogándose -transcurridos ya mas de setenta años además de la muerte de su autor-, como así parece pensarlo un tribunal de Barcelona?

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