domingo, febrero 02, 2014

Amanece Grecia en mí (poesía en domingo)

¡Grecia espejo de los dioses,
tierra madre de Bizancio
y de la España visigoda
Historia en piedra (y cielo)
y arcano de la Memoria
de nuestra Patria europea!

¿Por qué no te miré hasta hoy
ni me perdí en tus meandros,
en tus grecas, tus enigmas,
entre soles y timbales
y amaneceres dorados?

Misterio de oscuridad
las sombras que te cubrían
¿Las tuyas o eran acaso mías?

Amanece Grecia en mí
en mi alma y en mi mente
¡Enhorabuena esa nueva!
¡Buena, la mejor de todas!
¡Cuando menos me lo creía!

Amanece Grecia en mí
hace ya un rato a fe mía,
al atardecer de mi vida
de amaneceres desiertos
a rebosar llena ¡Mi copa
de vino amargo, vida mía!

Amanece Grecia en mí
a la hora del despertar
de una siesta larga y fría,
de mi fe en la Victoria (¡Heil!)
de mi voluntad de conquista,
del ímpetu que tuve que echar
para arrojarme al vacío
sólo, sin más compañía
que una memoria prestada
que no era del todo mía

De cara a un futuro lejano
que me hizo mirar a un ayer
más puro y frío y lejano
donde le vi reflejado
por fin ¡Luces de profecía!

Amanece Grecia en mí
cuando más falta me hacía,
más me faltaban las fuerzas
y más sólo me sentía
arando las olas del mar
(escrutando sus arrugas)
del futuro y sus enigmas,
de noche como de día
Tarea de Ases (¡de Dioses!)
que al final asumía
Rastreo de la actualidad
¡Mi besana, mi divisa!

¡Amanece Grecia en mí
tras la larga pesadilla!
Cuando llegué a pensar ¡Pardiez!
que una honda noche venía
a cubrir el mundo de nuevo
y a robarle su blancura
Nueva Era de Tinieblas
peor que la que se iba
que duró setenta años
y me amargó bien mis días
Qué fiebres de peste negra
de indignación vil, indigna,
enferma, insidiosa ¡Maldita!
De vientos furiosos -¡Dios!-
y resacas asesinas
"Chandalá" del mundo antiguo,
de toda la hez de la tierra
¡El Veneno de la Biblia!

¡Amanece Grecia en mí!
¡Albricias! (¡Qué tarde que ya se hacía!)


(Te veo venir entre sueños
toda alboroto y sigilo,
toda andares...y rodeos,
tersa, suelta y siempre a tiro)

En lo hondo del invierno
tarde ya, anochecido
sola en la parada del bus
me surgiste de improviso

Esperándome a mí ¿A que sí?
Debía habértelo dicho
apostando así más fuerte
pese al tiempo transcurrido

Te vi tan rendida, tan triste
el ánimo tan abatido
-con mujeres, siempre al revés (...)-
que no vi aquello anodino

Aquel encuentro inesperado
en la tarde de domingo:
sin testigos, en lo oscuro,
tu cita con el destino,

que te ronda ya hace años
desde que nos conocimos,
que te tienta como un fauno,
como un fausto (inofensivo)

Que se alejó de tu vida
-¿qué tengo que ver contigo?
te dijiste estoy seguro-
pero no de tus caminos,

que gravitó bien de cerca
en tu vivir tan sencillo
y se invita en tu futuro
como el Señor de los Anillos

¿Qué deparará la suerte
a ese encuentro fortuito?
No lo sé, lo que si sé
es que me infló de optimismo

Me hizo coger la pluma
el alma toda hecha efluvios
que volaban por mi mente,
tus ojos en mí bien fijos

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