martes, febrero 24, 2015

SANTA RUSIA DE LOS ZARES EXORCISMO ANTI-BOLCHEVIQUE

Vladimir Putin ayer en Moscú (23 de febrero) delante del monumento al soldado desconocido en “el día de los defensores de la patria (rusa)" Un aroma penetrante en la escena, en el ambiente, al Imperio de los Zares, y ni el menor soplo recordatorio de la revolución bolchevique. Y lo siento (un decir) por los cripto comunistas que siguen renqueando nostálgicos de aquello, y hoy ya más nostálgicos (y seniles) que nunca
En unos foros falangistas se reexhuma ahora el rodaje en España en 1965 de la película el doctor Zhivago rodada con decorados de lo mas realista del centro de Moscú, en el poblado madrileño de Canillas, que recogía escenas de la carga de la caballería zarista contra los manifestantes, ocasionando numerosas víctimas. Como una acusación muda de la Rusia de los Zares y un alegato audiovisual a favor de la revolución de octubre, en visión retrospectiva entonces (en 1965) como ahora.

La revolución bolchevique creó mitos de piel dura y longeva que sobreviven todavía. Como lo ilustra la celebración -ayer lunes 23 de febrero- del desfile “de los defensores de la patria rusa” –Stalin en primera línea de ellos- en muchas localidades rusas, en particular en Vladivostock en la otra punta de Siberia, en la costa del Pacifico, último reducto al final de la guerra civil de los blancos zarista, donde desfilaron por última vez delante de uno de sus últimos jefes, el barón general Wrangel, como se ve recogido en un libro/blanco del exilio ruso blanco zarista –profusamente ilustrado y lujosamente presentado- que cayó en mis manos no hace mucho, y que reservaba su último capítulo –como un broche de oro (“España, 1936”) - a la heroica participación rusa (blanca) en la guerra civil española. Vladimir Putin habrá honrado la efemérides en Moscú pero de una forma más discreta delante del monumento al soldado desconocido (…)

Siempre estuve del lado de los blancos, defensores de la Santa Rusia frente a la Revolución, y no se me hubiera podido pasar por la cabeza que falangistas españoles torcieran a favor de los rojos bolcheviques tantos años después. La Revolución bolchevique hija de la guerra como todas, no fue otra cosa que el desenlace de la Gran Guerra que perdieron los rusos en el frente prusiano. El profesor Nolte autor de “La guerra civil europea” echaba encima de los hombros del Zar Nicolás II una gran parte de la responsabilidad del desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial, y la del profesor germano más arriba mencionado era sin duda una visión “alemana” de Europa Central (Mittel Europa) Estando en el seminario de Ecône nos pasaron un una serie de diapositivas -que procedían de los fondos de la TFP- a base de de documentos gráficos de lo más fidedignos de escenas de la vida rusa de justo antes de la Revolución de Octubre. Lo que el viento se llevó.

Toda una sociedad fascinante por lo distinta por su gran policromía y vistosidad–en los rostros, en los atuendos, en el decorado de las estampas al aire libre- que despareció con el viento de la guerra y de la revolución. El zarismo el imperio ruso de los zares esta hoy notablemente rehabilitado en Rusia, hasta que punto exactamente no lo sé. En la prensa francesa en cambio, al socaire de la guerra en el este de Ucrania se habrán vertido acusaciones en ciertos medios de extrema derecha en contra del lobby ruso blanco en Francia acusados de haberse convertido -como el precio de peaje a pagar por su retorno a la madre patria tras la caída del Muro- en dóciles lacayos del Kremlin por un complejo de inferioridad insuperable hacia los vencedores de la guerra civil, un fenómeno -lo mismo solo que al revés- que conoceríamos en España los últimas décadas, de unos comportamientos y una arrogancia en los vencidos del 36 y sus descendientes como si hubieran ganado la guerra en el 39 ¿O será que al final la ganaron…por otros medios?
Rodaje del film “Doctor Zhivago” –con Geraldine Chaplin y Omar Sharif- en Madrid, en el poblado de Canillas (1965) La escena de la carga de la caballería zarista –uno de los grandes tópicos de la propaganda bolchevique- la rodaron quinceañeros de la OJE y de escuelas de magisterio en el papel de manifestantes (…) : la catarsis de la tragedia antigua –en versión moderna cinematográfica-, en el público como en los intérpretes, al servicio de la guerra de propaganda y del reencenderse de la guerra civil interminable (del 36) en la España de los sesenta
Es un hecho histórico innegable no obstante que la revolución de Octubre sembró vientos de guerra, de división y desunión en todo el continente europeo, como se vería ilustrado en España con ocasión del estallido de la guerra civil del 36. De la sociedad rusa pre revolucionaria sabemos poco, y no puede ser vista ni juzgada, por retrospectivamente, que sea a base de prismas o clisés o estereotipos de antes de la revolución. Conozco poco de la historia rusa, me confieso neófito en literatura rusa y confieso también mi desinterés de antiguo por su lengua, aunque no por la historia de aquel (gran) país, lo que (con el tiempo y un caña) acabo legándome una visión panorámica por somera y superficial e imprecisa que fuera de la misma, a grandes rasgos hitos históricos prinicpales 

La fundación de la Rusia de Kiev y de Nóvgorod por los Vikingos Varegos –procedentes de la actual Suecia, mientras que los que protagonizaron las incursiones en el Sur de Europa procedían de las actuales Noruega y Dinamarca-, los grandes duques Olga y Vladimir, el príncipe Alexander Nevsky, que selló un pacto con los mongoles y  –como aquel Quinto Fabio Maximo, que los romanos apodaron el Cunctator (conciliador)- salvó la res publica, léase los intereses supremos de la nación. Siglos después cambiaron las tornas e Iván el Terrible embistió contra el kanato tártaro de Crimea –y su capital Bajchi-Sarai que se conserva hoy aun de un nombre oriental evocador, - con la conquista de Riazán, una embestida que se vería proseguida por sus sucesores a la cabeza del imperio ruso.

A la muerte de Iván el Terrible -que descubrí un  poco a través del film de SM Eisentein hace ya años en un cine club de Bruselas (rodeado de rojos que atiborraban la sala)- y en el reino de su sucesor Pedro I se dio el cisma de los Viejos Creyentes, que aún hoy perdura particularmente en ciertas regiones apartadas de Siberia donde sus antespados se vieron progresivamente desterrados. Los Viejos Creyentes fueron a la Ortodoxia mutatis mutandis lo que los integristas serian a la Iglesia Católica y al catolicismo tras la celebración del concilio vaticano segundo. En realidad, "el Cisma" –en ruso Raskol- como los rusos evocan siempre en singular y con mayúsculas, la disidencia de los Viejos Creyentes, fue un último estertor de la vieja Rusia anterior a la modernización pro occidental que trajeron lo soberanos que le sucedieron, o esa es la imagen hondo arraigada entre occidentales por lo menos, y por supuesto entre españoles.

El hundimiento de la vieja civilización rusa del Imperio de los zares fue una de la grandes tragedias de la historia universal, aunque su muerte abrupta asesinada por la revolución bolchevique acabaría permitiendo su resurrección, de lo que somos hoy testigos un tanto atónitos en la Rusia actual liderada por Vladimir Putin. Por todo eso y muchas otras razones no puedo sentir complicidad secreta como algunos con los cineastas extranjeros –anglosajones, norteamericanos de preferencia- que reivindicaban a escondidas de matute, y en la medida que la circunstancias lo permitían en la España de los años sesenta, la revolución de octubre, como parece sentir ahora alguno destapando de nuevo el plumero que se les ve (de nuevo) un poco más de la cuenta.

Cripto comunista era una acusación del arsenal dialectico anti-comunista –de ser un infiltrado o agente secreto del comunismo- que cayó en desuso tras la Segunda Guerra Mundial y en el periodo de la guerra fría, en particular con el desenlacé de la llamada caza de brujas como se llamó a la campaña anti-comunista del senador (demócrata) norteamericano –de confesión católico romana- Joseph McCarthy que se saldaría con su descalificación personal y con un clamoroso fracaso político que deja sentir sus efectos aun hoy día. Cripto comunistas se revelan o se destapan ahora no obstante algunos tantos años después con esos entusiasmos seniles que despierta en ellos la evocación directa o indirecta de la revolución de octubre, como es el caso hora por cuenta del film el doctor Zhivago.
O digamos que lo de cripto, hoy ya se destapa en ellos como lo que en realidad es y siempre fue, una simple tapadera de la querencias profundas que les guiaban, arrastrados por una memoria –en estado de necesidad tantas veces- de los vencidos de la guerra civil del 36, y por una nostalgia incurable de las últimas banderas como las calificó en una novela de los años sesenta escritor Ángel María de Lera, antiguo cenetista durante la guerra.

Y el Frente de Juventudes -refugio de rojos (Umbral dixit)- y una interpretación –en "rojo y negro" (como la bandera de la FAI)- de la Falange y de la figura de Jose Antonio marcada al rojo por el síndrome colectivo de la cárcel de Alicante –del que fue víctima José Antonio sus últimas semanas en la cárcel alicantina (a partir del mes de agosto del 36), cuando de preso se convirtió en rehén de los anarquistas de la FAI que habían ocupado desde el mes de agosto las instalaciones de la prisión en un golpe de mano- les hace como digo, a unos -víctimas (ellos y sus descendientes) de la persecución en zona roja-, el acabar compartiendo las ideas y el sentir de sus verdugos, y a otros en cambio les daba una cortada suficiente y les abría el único camino posible para hijos de vencidos -de represaliados, de fusilados (...)- en la España de la inmediata postguerra

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