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SEMPER IDEM

domingo, junio 05, 2016

MITO DE LA ATLÁNTIDA Y COMPASIÓN JOSEANTONIANA

El mito de la Atlántida gravitó de cerca sobre el movimiento nazi que se lo llevó con él a la tumba. De una ciudad mimada y protegida de los dioses donde reinaban los fuertes en detrimento de los débiles y malogrados. Y donde reinaban la clemencia y la piedad y magnanimidad, virtudes excelsas propias de espíritus fuertes, de las que la compasión cristiana no vendría a ser más que la (burda) caricatura. Y una variante contemporánea de esa compasión judeo cristiana lo seria la devoción (compasiva) joseantoniana que endiosa al líder -haciendo de él héroe y mártir- y lleva fatalmente a las victimas del síndrome a confraternizar con las posturas ideológicas de los verdugos de aquél. Un malgasto de energías (Nietzsche díxit) que explica el el fracaso polvoriento de la corriente falangista en la posguerra (léase en los ochenta y tantos anos transcurridos de la guerra civil interminable)
En un párrafo extenso -de toda un página- de la obra acabada de publicar de Pío Moa sobre la democracia (y la guerra civil española) que evoqué y cité en mi entrada de ayer, se saca a relucir significativamente la filiación, platónica del pensamiento de Nietzsche y de éste y de aquél con la ideología nacionalsocialista. Significativamente -y al hilo de esa filiación- sale a relucir en esas lineas el diálogo platónico de Gorgias -uno de los suyos más célebres- que establece una oposición radical e irreductible entre la la ley y la natura, entre la ley natural (del mas fuerte) y las leyes escritas (artificiales) -léase democráticas- que protegen a los mas débiles.

Entre la Natura que veta el sufrir la injusticia y la Ley que proscribe y castiga (solamente) el cometerla. Y no menos significativamente sale también a relucir el celebre pasaje del Anti-Cristo sobre la compasión cristiana, que al filosofo germano no le parecía menos una aceptación -y consentimiento- del sufrimiento (injusto) Un malgasto de energías -reza ese célebre pasaje del texto del Anti-Cristo- en proporción (sic) al quántum de la causa, a saber la muerte del nazareno. Pasión de Cristo, pasión de José Antonio Primo de Rivera ¿comparaciones odiosas? No me atrevería a afirmarlo.

El síndrome de la cárcel de Alicante, que llevo denunciando en estas entradas desde hace años, lleva fatalmente a sus victimas a compadecerse (sin límites) de la pasión de José Antonio preso y condenado a muerte y fusilado y torturado (y victima de maltrato) y al mismo tiempo -y en virtud de la lógica de los contrarios-, a entrar fatalmente -y tanto mas trágicamente aún en la medida que no alcanzan a ser conscientes de ello- en sintonía y en dialogo con los verdugos de su líder, héroe (y mártir al mismo tiempo)

Lo que viene a ilustrar a ese malgasto de energías que denuncia Nietzsche en su frase célebre. Y lo que que explica el frasco histórico tan rotundo y polvoriento y estruendoso de la corriente falangista en la posguerra -léase en los ochenta (y tantos) años de guerra civil interminable- a los que se puede aplicar con holgura la celebre imagen que a Ramiro Ledesma le inspiraba la historia de España en la edad contemporánea, de una pirámide (sic) egipcia de fracasos.

Lo que viene a dar cuenta también de ese irresistible querencia republicana -léase una nostalgia del 14 de Abril- de los joseantonianos puros (y de los más puros entre los más puros de todos ellos) La piedad o clemencia o la magnanimidad virtudes capitales de la moral antigua, eran fruto de la fortaleza del alma, propia de espíritus fuertes y fatalmente ausentes en cambio en los débiles o malogrados (en la terminología del filosofo germano)

Y esas lineas sin duda certeras y clarividentes del historiador revisionista nombrado más arriba -por los silencios y omisiones (¿calculadas?) que las surcan- no llegan a conjurar la sombra que gravita sobre ellas, a saber la del mito de la Atlántida, que da el titulo a uno de los diálogos postreros de Platón, también conocido como el diálogo de Critias, del nombre de un tío del filosofo griego, que arrastra a través de los siglos tanto en la historia del pensamiento como en la historia (a secas) de la Grecia antigua la reputación sulfurosa de haber formado parte de los Treinta Tiranos de Atenas, y responsable pues de de dictadura que impusieron a los atenienses.

Para Platón, Critias era oráculo y testigo privilegiado del mito de la Atlántida, la ciudad mítica de los orígenes que serviría de modelo y de fuente de inspiración a la República, una de sus obras mas divulgadas. Ciudad de los Dioses, la Atlántida primordial que Agustín de Hipona cristianizó en su obra la Ciudad de Dios (“que peregrina en la tierra”), en una mera caricatura de la Atlántida triunfante protegida y mimada de los dioses.

Un mito de piel dura y longeva el da la Atlántida, que renace de nuestro días. En la música joven como en la polémica histórica e ideológica. Y no creo que nadie se rasgue la vestiduras por leerme u oírme decir que el nazismo pretendió encarnar ese mito y que se lo llevo con él (de nuevo) a la tumba.

Ni el que nos nos sintamos en modo alguno investidos -por cuenta de la democracia- de la misión de velar sobre su sepulcro (o sobre su tumba) Y a buen entendedor pocas palabras sobran

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