miércoles, junio 29, 2016

HOGAR SOCIAL MADRID ¿HÉROES O VILLANOS?

La Torre de Belém en el estuario del Tajo a las afueras de Lisboa. Símbolo emblemático de patriotismo portugués, y del elemento diferencial -el culto al Fatum (Fado en portugués)- que les distingue del patriotismo de los españoles. En sus inmediaciones se inmolaría un estoico el 25 de abril del 74 (cuando la revolución de los claveles) Un patriota portugués que se prendió fuego envuelto en una bandera portuguesa en el preciso momento que el imperio transatlántico portugués se venía abajo, al que sin duda había jurado defender hasta la muerte. Muestra insólita en el siglo XX de lo que la moderna sociología del comportamiento llamó suicidio fatalista (Durkheim) La ley de la Memoria Histórica es una de esas fatalidades que habrán surcado nuestra historia desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial en el 45 -como la transición y la constitución del 78, y la ETA y los atentados del 11 de marzo, o el 15-M- tras la rendición entonces del régimen de Franco a los aliados (por mediación vaticana) El PP no estaba en medida de abrogarla, no más desde luego de lo que lo estaba la Iglesia española a la hora de levantar la voz en contra de aquella (lo que no hizo) Bastante hicieron aquellos con negarse aplicarla hasta ahora. No se les puede tirar la piedra como hacen ahora los del Hogar Social Madrid (la piedra, o los botes de humo que me diga)
El comisionado de memoria histórica (sic) del consistorio madrileño ha cumplido su amenaza y ha conseguido aprobar -con el concurso nota bene de Ciuadadanos- la retirada de una colección de títulos y honores a toda una serie de figuras y entidades ligadas a nuestro pasado reciente, conforme a la ley de la Memoria histórica. El PP votó en contra, el debate que precedió dio cuenta de nuevo no obstante de lo ingrato (y penoso y laborioso ) -y sin gloria- de la batalla de retaguardia que riñen los populares en ese tema. Contra una ley votada, aprobada y promulgada en toda regla. ¿Por qué no la derogan?

Esa es la pregunta en el aire, el mudo reproche que vienen haciendo algunos -¿muchos pocos?- al partido hasta hace poco en el poder, y que se viene a esgrimir de nuevo ahora tratando de justificar lo injustificable, a saber el comportamiento violento e inadmisible el pasado domingo, traducido en algarada callejera -a base de lanzamiento de botes de humo- de un grupo de integrantes del Hogar Social Madrid -antes Ramiro Ledesma (por qué le cambiaron el nombre?)- que pudo degenerar fácilmente en un escenario trágico, una estampida por ejemplo de consecuencias imprevisibles, con ocasión de la aparición en publico de Mariano Rajoy tras conocerse los resultados electorales ya de noche, en la calle Génova.


Si hay que creer a los comentarios de los que les defienden en las discusiones que el incidente habrá provocado en la red, el ataque contra la concentración de partidarios del partido popular ante su propia sede se justificaba plenamente por la ley de la memoria, la del aborto, la de la violencia del genero (y no sé si me dejo alguna) que el partido aun hoy en el poder no habrá querido (sic) derogar en cuatro años de legislatura. El PP entre dos fuegos, en materia de memoria histórica -como en el resto-, es lo que cabe glosar por cuenta de este incidente más que otra cosa. Acusados de negarse a abrogarla por los unos, y de negarse a aplicarla por los otros, como lo hizo la representante del PSOE en el consistorio con ocasión de la votación de la propuesta que se acaba de aprobar ahora (con el apoyo nota bene del partido Ciudadanos)

Una fatalidad, la aprobación de esa ley funesta, como lo fue el panorama invariable que ofrecería la política española durante años a seguir a los atentados del 11 de marzo, de los que la ley funesta vino a ser una de las principales secuelas. Fatalidad inexorable como lo fue la Constitución del 78, como lo fue la Transición, como lo fue la evolución del régimen de Franco a partir del 45 y con arreglo a la rendición a loa aliados -y por mediación vaticana- que se produjo entonces. Y a fe mía que el asumir esas fatalidades sea una muestra suprema de patriotismo, lo que no quiere decir en modo alguno que haya que resignarse a aceptar todo lo que ellas arrastran de injusto, de deshonroso o de atentatorio del honor de y buen nombre de toda una nación, de su integridad y de la dignidad (individual y colectiva) de sus integrantes.

Amor Fati, escribió Nietzsche en una de sus máximas más crípticas e indescifrables, con lo que se venía a exhumar esa vieja noción de Fatum cara a las antiguos y que en la historia de la civilización europea tan preterida se vería. Algo de ello no obstante arrastraba el patriotismo portugués de antiguo, que vendría a rezumar en la obra de uno de sus cantores en la era contemporánea y en prticular en uno de sus textos tardíos ("Mensagem", 1934) el poeta Fernando Pessoa. Se ganó la guerra el primero de Abril pero se vino perder en gran parte en el 45, y esa es la clave de explicación de toda la serie de fatalidades enumeradas mas arriba que surcarían la historia (trágica y gloriosa a la vez) de España en el siglo XX.

Los grupos llamados patriotas, todos sin excepción -salvo prueba en contrario que aceptaría con sumo gusto- se encuentran (plenamente) en la órbita de la influencia del poder eclesiástico -de la Iglesia, de sus máximos representantes en Roma y en la propia España- y por eso sin duda se encuentra en la imposibilidad moral de reconocer -y de denunciar- la grave responsabilidad histórica de la iglesia española en materia de memoria histórica (de la guerra civil) De la que los príncipes eclesiásticos parecen renegar -con el silencio atronador que habrán observado hasta la fecha en la materia- por cuenta de la pretendida reconciliación entre españoles que es palabra vana y mera hipocresía mientras la guerra civil interminable se prosiga, imperturbable como así habrá sido el caso hasta la fecha -desde su terminación oficial el Primero de Abril del 39- en sucesivas formas de guerra asimétrica (de violencia declarada o apenas larvada e insidiosa)

¿Por qué no levantó si no la iglesia española la voz durante todo el largo proceso -desde la el anuncio de la propuesta de ley hasta la aprobación y promulgación de la misma en la primera legislatura Zapatero, como si no fuera con ellos la cosa? Mi respuesta aquí todos sin duda la conocen o se la imaginan y es que no podían obrar de otra forma, porque la iglesia en el Concilio renegó formalmente -ex cathedra o no ex cathedra (lo mismo me da que me da lo mismo)- de la memoria histórica del estado español, el único estado oficialmente católico todavía entonces a escala del planeta, heredero de la Victoria en la guerra civil del primero de Abril del 39 y ese mismo ataque de amnesia colectiva del que la iglesia católica se vería objeto entonces afectaba igualmente a la memoria histórica del Imperio español (del Siglo de Oro), que fue oficialmente un estado católico sometido (espiritualmente) a la iglesia de Roma, el más poderoso y más extenso de toda la historia de la Iglesia.

Y por eso lo mas a lo que algunos prelados -y los últimos papas- llegarían en las últimas décadas fue a honrar las victimas de la persecución religiosa en zona roja, separando cuidadosamente (como la buena semilla de la cizaña) su causa de la memoria de los vencedores de entonces. Mártires de la fe y punto. Que en su conducta y en su martirio la fe religiosa y patriótica -y política a la vez-  se vieran (en una abrumadora mayoría de casos) íntimamente fundida (o confundida) era algo que se vería cubierto del mas riguroso de los tabúes, conforme al espíritu del concilio que todos los católicos españoles se veían conminados a aceptar -so pena de la condena eterna- como hijos obedientes de la santa madre iglesia en el nombre del padre, del hijo, y del espíritu santo.

Por todo eso no me convencen ahora en absoluto los argumentos del Hogar Social Madrid y de sus defensores tratando de justificar su vandálica conducta en la velada electoral del pasado domingo, que suenan a cortada más que a otra cosa. Si quieren impartir justicia que empiecen con bandidos y delincuentes -de los que las calles de ciertos barrios están llenas, como los que ellos frecuentan- y no la tomen con gentes que se manifestaban pacíficamente arbolando en definitiva las propias banderas que ellos dicen defender, sin duda con el mismo derecho que ellos ¿y por qué no? ¿O no era aquello más que una muchedumbre de falsos/patriotas? Razón guardar, pelo amor de deus! (como dirían los portugueses)

La cárcel es muy mala, me decía mi difunto padre, que había estado preso -léase prisionero- durante la guerra civil (en zona roja) La calle también lo es, peor incluso se me antoja. Y hablo por propia experiencia (del tiempo que me vi a la intemperie en Bélgica) ¿Robines del bosque esforzados y desinteresados en favor de los indigentes/españoles, los integrantes de ese hogar social, o contaminados de una forma u otra de la epidemia okupa que no habrá dejado de hace estragos en ciertas capas de la población española, especialmente entre un sector (minoritario pero no menos representativo) de la juventud en las ultimas décadas, y en particular en los últimos años dese la eclosión del 15-M?

¿Héroes o villanos? La duda se admite, hasta que se nos pruebe lo contrario

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