jueves, febrero 25, 2016

RITA PONE EN SU SITIO AL POSTURAS

¿Un tufo “indignado” inconfundible? Alberto Rivera en los carteles de propaganda de presentación de su partido en Barcelona. Hace pensar en las acciones de protesta rayanas en el exhibicionismo o propiamente exhibicionistas que se prodigaron desde la eclosión del movimiento de protesta de los indignados. Y esa marca que algunos reconocemos al primer golpe de vista en él se ve ilustrada por el acuerdo en el ayuntamiento madrileño -con el apoyo decisivo de Ciudadanos- de erigir una placa conmemorativa al 15-M en la Puerta del Sol, lugar donde instalaron su campamento hasta que les echaron. Y eso explica con creces a la vez el espectáculo de postureo y de apaño ideológico y de contubernio al que en las últimas horas venimos asistiendo
Rita Barberá es de mi generación, de esa que algunos dan ya por sacrificada en provecho de la generación de los indignados que hoy andan -la mayor parte de ellos- entre los treinta y los cuarenta. Tenemos además amistades comunes, como lo supe no hace mucho de alguien del círculo de personas que me son allegadas que la conoció y la trató en su juventud cuando actuaba de reina de las Fallas de su tierra. Políticamente nunca despertó mi interés en demasía, ni ella ni su partido, lo confieso, pero el verla a los pies de los caballos junto con Mariano Rajoy en esa operación de acoso y derribo a la que absortos venimos asistiendo, me habrá llevado, desde el primer momento -in dubio pro reo-, a otorgarle el beneficio de la duda, estaría bueno.

Y la respuesta contundente que habrá sido la suya -tras un prolongado silencio- en la rueda de prensa de hoy a la serie de ataques y acusaciones de los que se habrá visto objeto, me confirma en mi postura. La mejor defensa es un buen ataque y en su defensa, la político valenciana no se habrá privado de atacar frontalmente al partido del Posturas (o posturero) -en la mente de todos- erigidos en fiscales anti-corrupción por libre, y prácticamente sólo contra el PP (al que sin duda tanto deben) y de los que aquella viene a cuestionar ahora las cifras elevadísimas de ingresos, de las que, a todas luces para su financiación disfrutan, y ello a tenor del nivel elevadísimo de gastos que se permitieron en las últimas elecciones generales, hasta prueba de lo contrario superiores -de con mucho- a los de los demás partidos (incluidos el PP y el PSOE-)

Sin contar prácticamente -alega ella- con una estructura visible partidaria y sin organizar colectas o recaudaciones publicas entre sus miembros. Por su cara bonita, por la cara bonita de su principal dirigente sobre todo, me refiero, que tanto gusta de posar en jarras, y en pelotas (con perdón de mis lectores) Ciudadanos e Indignación Callejera una relación que se ve recubierta de espesos tabúes, y que no dejé de señalar (y de denunciar) en estas páginas. El 15-M contaminó -como una epidemia espiritual y no solo ideológica a un sector importante aunque estrictamente minoritario de la juventud española y está claro que el joven líder de Ciudadanos lleva esa marca en la frente indeleble desde que posó (semi desnudo) en primera pagina de los medios, en una forma de protesta -rayana en el exhibicionismo en algunos casos y en otros claramente exhibicionista que tanto se prodigó en las protestas de la indignación callejera, desde sus inicios.

Y si dudas cabían, nos lo confirma el apoyo (decisivo) del grupo Ciudadanos del ayuntamiento madrileño a la propuesta -aprobada gracias a sus votos (...)- de erigir un placa conmemorativa en la Puerta del Sol de homenaje al 15-M -en la fecha de su fundación-, que plantó allí durante varias semanas su campamento (hasta que los echaron). Y ese sello (indeleble) indignado nos sirve a no dudar de hilo conductor en el seguimiento de la actuación y trayectoria de este partido -que se hacía pasar por ser de centro/derecha-, de sus pactos y alianzas en ciertas regiones españolas -como en Andalucía-, y de su comportamiento en los diferentes consistorios en los que juega un papel de árbitro, -en materia por ejemplo de memoria histórica- y en ese destaparse ahora de comodín (providencial) de Sánchez Castejón, el candidato socialista.

Un pacto de gobierno que no es ni de gobierno ni de investidura, ni de nada que se le parezca. Pero que les sirve ahora a las mil maravillas de arranque de la campaña electoral en previsión de la más que probable repetición -salvo sorpresa mayúscula- de las elecciones generales. Baste sólo un ejemplo y es la propuesta de la despolitización de la justicia, entre las medidas objeto del pacto (de mínimos) ahora concluido entre Sánchez y Rivera, por el que pasan como de puntillas, sin mayores abundamientos en de asunto -de politización y sectarismo flagrante en algunos jueces y en miembros (y altos mandos) de las fuerzas de orden público de una gravedad tan flagrante y manifiesta, como se habrá puesto de manifiesto en el transcurso de la crisis a la que asistimos.

Hay además otro tema que nadie o casi nadie saca a relucir y que viene a poner fatalmente un tanto en entredicho esa imagen que arrastra Ciudadanos -decisiva sin duda en su despegue en la política española- de un partido de catalanes (en sus inicios) y a la vez "españolista" (o anti-separatista) En el tema en verdad, en siempre en ascuas, de la inmersión lingüística -léase del reto (mortal) que le tiene lanzado a la lengua de todos los españoles el habla catalana le política lingüística de la Generalitat, los de Ciudadanos nadan y guardan la ropa.

No se definieron, me explico, en el tema nunca hasta ahora. Lo que tal vez sea mucho pedir -lo admito- en medios o ambientes de ocho/apellidos catalanes como el que me acogió -corteses y amables y a la vez un tanto en guardia y un tanto escépticos- en la conferencia que di días pasados en la librería Europa de Barcelona (...) No creo en cambio que lo sea para un partido de oriundos -léase de españoles catalanes de nacimiento (y de crianza) y de apellidos no catalanes, originarios de otras regiones españolas- que es la imagen que no dejó nunca de dar desde su fundación ese partido de Ciudadanos, y en particular su líder (por más que catalanice obstinadamente su nombre de pila)

Como quiera que sea, cartas sobre la mesa, las que habrán destapado ahora Ciudadanos y su líder, sin posibilidad de marcha atrás alguna. De frenar la marcha un poco en cambio, ya se encarga el presidente del Senado -por obra y gracia de Ciudadanos el socialista vasco Pachi López, que se ha sacado ahora de la manga unos precedentes -¡del felipismo!- de hace ya más de treinta años (sic) para regalarle a su correligionario Sánchez Castejón una intervención sin detractores -el primer día de debates- y sobre todo un tiempo precioso del que éste precisa como el comer, que podría llevar a que la votación de investidura sólo se celebre el sábado día 5 en clara infracción del reglamento que prescribe cuarenta y ocho horas de plazo (máximo) entre las dos votaciones.

Democracia indignada -de marrullerías y trampas y triquiñuelas- como la que vio practicar el autor de estas líneas en sus años de la Universitaria madrileña. ¿Se podía esperar otra cosa de un compañero de partido del candidato en liza? A apretarnos los machos tocan pues, en la guerra de nervios que se anuncia la semana que ahora comienza. El ganador será sin duda aquel que de más sangre fría y serenidad sepa dar muestras.

Tiene a quien salir por cierto el gallego Rajoy, que sale ahora en “pole position” -desde esos puntos de vista- en la carrera. ¿Sabrá asumir esa herencia (temperamental), del pazo de Meirás por llamarla así Es es sin duda lo que de él muchos se esperan

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