Y esos ¿no odian (y discriminan)(*)? ¿O acaso no es odiar -y discriminar- levantar muros entre españoles o resucitar las Dos Españas (tantos años después)? ¿Y no lo es el hacer de la provocación (sic) con atención mediática un medio de vida (que lo que ella hace ¿Qué es? Y en la guerra pues como en la guerra. Con tal que la sangre no llegue (otra vez) al río. Como en el 36
España esta polarizada............ quien la despolarizará, el despolarizador que la despolarizare buen despolarizador será, eso hubiéramos cantado, de niños, con el ambiente -polarizante-reinante hoy en un tiempo -de hace muchos años- que ya se fue. Polarizador u odiador, que mas me da, que ¿acaso no es odiar o llevar a odiar el levantar muros -que crean (fatalmente) división y polos (sic) de división- entre súbditos o ciudadanos, léase entre compatriotas, tal y como estamos cansados de verlo (desde hace años) hacer y no digo nombres (pelo amor de Deus!)? Y viene a cuento de la herramienta HODIO que el jefe de gobierno, a bombo y platillo nos acaba de anunciar. Para vigilar dice: o sea para reprimir y censurar. Que sepan ya pues que algunos -echando raudo el freno de mano- nos hemos dado por aludidos.
Y voy ya harto -años y años- de rumiar el tema, léase, directamente al fondo del asunto esta problemática tan odiosa. Lo que nos polariza nos separa y lo que fatalmente conscientemente o inconscientemente nos lleva a odiar o a odiarnos (me es igual) no lo son los aciertos o desaciertos de la política y de la gobernanza en vigor hoy por hoy, ni siquiera algunos de los avatares mas señalados en la crónica (política) de actualidad en la España de hoy día, ya sea la guerra de los sexos (sic), o la lucha de clases (sic) en las diferentes versiones o variantes que esa Esfinge tan cambiante presenta, de un tiempo a esta parte, o de un lugar a otro, y siempre la misma. Ni siquiera el problema (sic) de la inmigración o de la propuesta -de re-migración- que ensayan algunos a modo de respuesta. Ni tampoco siquiera el estruendo montado en torno al extremismo, que me diga a un extremismo, el de derechas. Ni a un desborde o desmadre de la escisión -congénita al régimen democrático- entre izquierdas y derechas. Ni tampoco a una pretendida cualidad -como una señal (bíblica) de maldición- de lo español, lo que convienen en llamar cainismo (nacional), los que no saben lo que dicen (ni de lo que hablan). No.
El manantial del odio, la fuente o raíz primera y primigenia de la polarización se encuentra de ahí fuera. Y me dio hace ya mucho la clave de encontrarla el filosofo y escritor Fernando SAVATER, en una conferencia que dio en Bruselas -donde entonces yo residía- a euro/funcionarios españoles -y de otras nacionalidades- de la UE, cuando utilizó la expresión -que nunca leí ni oí a nadie mas que a él-, de memoria procellosa (Y de lo que preguntándole por la autoría o el origen años después, no me supo el qué responder) (...) Procelosa, léase, en castellano -según la RAE- agitada, borrascosa. Y se entiende aún mejor, si nos atenemos a la génesis o genealogía del uso reactualizado del término el pasado siglo, íntimamente asociado a una de las tragedias de la II Guerra Mundial, a saber la memoria del pueblo judío. Y memoria, o lo que viene a ser lo mismo -dentro de la misma acepción- memoria histórica, se traduce fatalmente en castellano por memoria de la guerra civil. Causa primera y ultima de la (odiosa) polarización española. De lo que todo el debate y especulación -y su cargazón guerra civilista y polémica por propia definición-, no viene a ser más que una espesa y gigantesca cortina de humo.
Y así -convenirán sin pena los que aquí me leen- se entiende todo en esta vaina, y sin ello no se entiende nada de nada. Y en esa estamos, en una guerra civil interminable en su (en apariencia) última fase de guerra híbrida o asimétrica. Y en la guerra como en la guerra. Esperando (como en Ucrania) la paz que nunca llega, léase la firma de un acuerdo de paz que en los (casI) noventa años transcurridos nunca se firmó, ni siquiera un cese de hostilidades, ni un acta de capitulación tan siquiera. Con el estricto respeto a la Verdad histórica. De la guerra y de la posguerra.
Y a partir de ahí se vaciará toda la cargazón de odio de guerra civil que polariza el día a día y amarga y envenena nuestra existencia (colectiva) Y se dará cabida al humor (sic) -por negro que sea- que nos permita leer y releer e interpretar y reinterpretar de una óptica renovada y de una mirada clara y una mente tranquila el día a día en la crónica de actualidad, de la Política (con mayúsculas) Y así, se puedan releer ciertos oráculos de la Antigüedad, sin anteojeras. Como ese de Odio perfecto oderam illos- Los odiaré de un odio perfecto (sic) -(Salmo 138)-, reza la Biblia (canónica)
Fernando SAVATER. filósofo y escritor insigne. Que -en prenda de credibilidad-, escribió peligrosamente. Como había vivido (en el Pais Vasco, donde la banda terrorista le tuvo amenazado de muerte) Fue a él a quien le oí la expresión memoria procelosa. Memoria procelosa (borrascosa) (y añado yo) de la guerra civil (de la guerra y de la posguerra) Un acuerdo de paz (sic) lo que proponemos pues. En la guerra de memorias que genera odio y polarización en la sociedad española. Y en el estricto respeto de la Verdad histórica. De la guerra y de la posguerra


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