General Gonzalo QUEIPO DEL LLANO, Virrey de Andalucía durante la guerra civil. Por méritos propios (se estará aquí de acuerdo) ¿Responsable (culpable) de la muerte del general CAMPINS? Como dijo Jack, vamos por partes. Legítima defensa, lo primero que sale a relucir. Y es en la medida que el perdón al general (imperdonablemente) vacilante, al otro general (decidido) podía -en la lógica de hierro de una guerra civil- nada menos que costarle la vida. En la situación además de riesgo (grave) de cerco, de aislamiento ante los acontecimientos imprevisible de aquellos inicios de la guerra civil, en Granada, en Sevilla y en el conjunto de Andalucía. No es cinismo, es realismo de la Historia. Que redime al general insurrecto. Por cuenta y en el nombre -inscrito en la Tradición primordial- de un derecho de conquista
Dijo el prusiano CLAUSEWITZ que la Guerra es la continuación de la Política por otros medios. Y mutatis mutandis se podría decir algo así, de la Moral, la continuación -por otros medios- de la Guerra y de la Política (a secas). Entendiendo Guerra por guerra hibrida o asimétrica y Moral por política/religiosa. Entendiendo a su vez por esta ultima lo que ya saben los que aquí me leen, tras haber acabado familiarizándose con mi lenguaje en el tema. Léase política vaticana o pontificia o sea. Con lo que quiero decir que los análisis políticos o los juicios históricos acaban muchas veces traducidos en lecciones de moral (de lo más sabrosas) Y es lo que me inspira casi todo lo que vengo leyendo (o viendo) las últimas horas con ocasión de la muerte -fusilado- del General CAMPINS que por no sumarse al Alzamiento, fue fusilado tras verse condenado a muerte en Consejo de Guerra, y tras desoírse las (insistentes) peticiones de indulto a su favor, de FRANCO que había sido estrecho compañero de armas y fiel amigo suyo.
Fusilado -así reza la glosa en su honor- que circula en la Red y en los medios- por mantenerse fiel al juramento (sic) de obediencia a la Republica. Obediencia debida, objeto de los códigos de justicia militar -como de los códigos (militares) de honor, y también de la moral casuística -es decir, puntillosa -lo de casuística-, quisquillosa, chinchorrera, escrupulosa -RAE dixit- jesuítica o sea (de una Compañía de Jesús, nota bene, en tiempos de decadencia) Y de la que no se sabe o se concluye a ciencia cierta, si el juramento (dichoso) aquel obligaba o si de ello en cambio nos eximía, y si era que si, de qué modo y manera, absolutamente o dependiendo de las circunstancias. La madre del cordero o sea. Y es que el general CAMPINS fue víctima (trágica) de las circunstancias (como tantos otros), en resumidas cuentas. Eso al menos es lo que se desprende de la entrevista que brindó ayer la televisión publica (faltaría), al autor de una reciente biografía (novelada) por cuenta suya, e igualmente, de las escenas de un film ya no tan reciente a él dedicado, que se pasó durante la entrevista.
Juramento de obediencia a la Republica, como en los contratos, las clausulas leoninas o abusivas (comparaciones odiosas) Y así ya vamos entrando en materia. Un juramento de resultas de un cambio de facto (el 14 de abril) -como aquello lo fue (y no entro en polémicas)- que obligaba a todos, como un precio de peaje en los mas variados momentos y circunstancias de la vida de todos los días. Abrumado además aquel -hay que concederle- como todo mando militar que se precie, por la necesidad angustiosa de mantener el control (bajo su mando) y más aún en situaciones de excepción, como en la declaración del estado de guerra. Y mas en aquellas fechas de julio del 36, en Granada inicios de la guerra civil. Atenazado por su (férrea) negativa a los (desesperados) pedidos de entrega de armas a civiles, de los unos, y sus dudas y reticencias ante los no menos imperiosos apremios de sumarse al golpe militar de los otros Esa es al menos una de las impresiones dominantes que se hacían sentir de la entrevista a la que hago referencia.
Y junto a ella otra no menos dominante hasta el punto que ofrecería su subtitulo a la biografía, y es la soledad. De alguien que estuvo y se mantuvo solo, que no pudo contar CON NADIE. De una soledad absoluta -como la califica el autor, sin miedo a exagerar, el precio quizás de dar con la fórmula justa- de soledad cósmica habla (sic) -¡sabrá no obstante de lo que habla o lo que dice! (nota del autor).(...) De una soledad como a menudo ocurre de la que quizás le cabía algún reproche. ¿Soledad, fruto (amargo) de las circunstancias o hija de los propios actos del solitario? Y engranaje fatal -de una sublevación militar- en donde muy probablemente sólo el Tiempo y la Historia alcanzan a emitir su veredicto, desempatando los héroes de los villanos. Los hechos como sea están claros. CAMPINS con sus vacilaciones se ganó la hostilidad del general QUEIPO DEL LLANO, que no vaciló. Creando aquél el vacío en torno suyo.
Y lo demás es historia conocida, pasto de especulaciones sin fin, de cualquier manera. ¿Por qué Don Gonzalo QUEIPO DEL LLANO -hombre de honor- no le perdonó? Que page uno por todos, la sentencia, emanada de la ley (de bronce) de la Historia, y de los oráculos de la antigua Sabiduría, resuena en un caso así, con más fuerza que nunca. Y como no asociar la fatalidad (sic) -léase el designio negro del FATUM- con la otra fatalidad misteriosamente sincrónica. Y hago alusión me explico a la coincidencia de su muerte con la de GARCIA LORCA. Victimas los dos de la fatalidad de la guerra civil, General CAMPINS, y GARCIA LORCA. Esa es mi sentencia. Y es también, mi apuesta


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