Las provocaciones -bien o mal intencionadas- tienen la ventaja de eliminar vacilaciones, dudas e inhibiciones. Y pienso en la presidenta mexicana -Claudia SHEINBAUM- de nuestras culpas y pecados y la agarrada -bien previsible- que acaba de ser la suya con Isabel AYUSO, la lengua en forma (cabía esperar) la una como la otra. Y habrá sido sobre todo la palabra como un talismán que habrá dejado soltar en la gresca la mexicana. "Su idea -refiriéndose a la presidenta de la Comunidad de Madrid- es de Imperio (no de iguales)" Y en vez de quedarnos a la defensiva, sin saber qué hacer ni qué responder, raudo nos prestamos a echarnos armas y bagajes en la melé, dispuestos -un decir- a agarrar por lo cuernos al toro de la polémica. Por el Imperio hacia Dios, sí. Una frase con mucha más raigambre histórica y teológica de lo que parece a primera vista, al menos a tenor de algunos que no ven o parecen ver mejor expediente que el tratarla o leerla anacrónicamente, en clave de ironía, como la obra a la que aludo (en la foto) más arriba. Como un producto o subproducto de franquismo sociológico para tapar u ocultar a sus contemporáneos como a los descendientes de aquellos, la prosa (ramplona) de unos años, de una etapa de nuestra historia.
Que nos viene por el contrario a recordar una fractura o brecha mayor -Iglesia e Imperio- que habrá dominado en mayor o menor medida hasta hoy la historia de la civilización europea. El Imperio, el empuje imperial -en su zénit- nos llevó hasta allí, sí, del otro lado del charco. Y hubiéramos continuado allí si la Iglesia no se hubiera encargado de culpabilizarnos y desmoralizarnos, echándonos un lastre encima -con "sus" Leyes de Indias-, que habrá dominado allí todo el proceso histórico, hasta desembocar en la Emancipación (americana) que yo por mi cuenta (y riesgo) llamé rebelión mestiza. Que es lo que aquello fue, la Bien Pensancia diga lo que diga. ¿Querían arroz? ¿Norteamericanos, ingleses y franceses, antes que españoles? ¡Tres tazas llenas!, como se las sirvieron (con creces) los últimos siglos de historia. España llevó allí la civilización -Isabel AYUSO tiene razón-, y acabó con el canibalismo, la industria (sic) de los sacrificios humanos y demás lacras de aquel imperio -que lo fue, a costa de otros muchos pueblos- de los mexicas (o aztecas) ¿Idea de Imperio en nuestro rechazo al pedido de perdón, a la cultura del arrepentimiento -en francés, repentance? Sesgo descaradamente partidista en los reproches de la SHEINBAUM, acusándonos de ir del brazo de la derecha mexicana. Lo que no hace más que subrayar el corte o el lado sectario, guerra civilista sí (e izquierdista)- del régimen político allí en vigor desde los tiempos de la Revolución mexicana (1910-1917)
El Porfiriato -en la foto Porfirio Díaz- fue una era de paz y prosperidad, de reconstrucción y de obras publicas y grandes trabajos de estructuras, que denigró VALLE INCLAN -quien no obstante allí lo debió pasar mal (...)- en su novela "Santos Bandera", ad majorem gloriam de la Revolución mexicana (anarquista y comunista) Con Porfirio además hubiera sido impensable el espectáculo -en extremo desgarrador- del narcotráfico que desfigura la imagen de México hoy día. Y en lo que los españoles no somos ni arte ni parte. Sin culpa ninguna. Que parece que la Sheinbaum, desbordada e impotente ante esa lacra no tenía otra vía que el recurrir a la damnatio memoriae (anti-española)
Que tuvo (injustificadamente) buena prensa en demasía -no nos duelan prendas- entre españoles. Sobre todo en la literatura (...) En un VALLE INCLAN por ejemplo, que en su celebre obra de ambientación mexicana, trazó un cuadro en negro o al agua fuerte de México bajo la batuta de Porfirio DIAZ, ad majorem gloriam por supuesto de la Revolución mexicana (anarquista y comunista) Cuando el Porfiriato no fue o no fue sólo -¡ni muchísimo menos!- un régimen surrealista de dictadores o de un dictador -a lo GARCIA MARQUEZ-, donde los cerdos se comían vivos a los niños en una bacanal de miseria, de atraso y de ignorancia. Sino que brindó a los mexicanos una larga era de paz y de prosperidad, y donde gran parte de la sociedad accedió a ciertos grados de bien estar impensables desde hacía siglos por vez primera, marcada además por las obras públicas y extensos trabajos de infraestructura. A Porfirio DIAZ, los mexicanos no obstante le dejaron morir en el exilio, en Francia. A él y a todo su séquito camino del exilio, de donde destaca una singular figura que se habrá encargado de rehabilitar y de darnos a conocer -en parte por el discurso que le dedicó con ocasión de la entrada en la Academia francesa su propio hijo.
No otro que Ramón FERNANDEZ, que se dio a conocer como periodista brillante y critico literario en el París de entreguerras, que murió en España poco después de terminada la II Guerra Mundial, perseguido y condenado en Francia por delito de colaboración, a seguir a su militancia en las filas del PPF Partido Popular Francés, de Jacques DORIOT, la formación mas a la izquierda -de por su extracción obrera- dentro del fascismo francés. Singular e interesante figura la de este mexicano en París. Como la historia de su (volcánico) país.
ADDENDA En homenaje de recuerdo y desagravio a todos los misioneros españoles en aquellas tierras de los que bien se supo servir el Estado mexicano -bajo el longevo régimen del PRI, oficiosamente anti-español y oficialmente anti-clerical- en funciones de educación y asistencia social en las que aquél era claramente deficitario. Y especialmente en memoria de Miguel, mi hermano mayor (q.e.p.d) que sacrificó largos años de su vida misionando en el departamento de Chihuahua (y en Sierra Tarahumara)
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