Reunión del Papa PREVOST con los obispos españoles para alertarles de la amenaza de la ultraderecha. ¿Causa del retraso en confirmar la anunciada vista papal a España, o síntoma o augurio que esa visita no tendrá lugar? Como ocurrió con el papa anterior, pro-catalanista, anti-europeo y anti-español
El mayor problema y el mayor peligro para España lo es el auge de la extrema derecha. No lo digo yo, sino el papa PREVOST. Con lo que el actual pontífice viene a franquear una línea roja, que la Santa Sede (vaticana) habría evitado (cuidadosamente) de cruzar, en España al menos, en su trayectoria de ruptura tras el concilio Vaticano II pasando por sus tiras y aflojas con el régimen anterior que tutelaba uno de los raros estados confesionales que quedaban en suelo europeo y en el mundo entero. Y es la utilización de un lenguaje político partidista prestado de los medios de la prensa mainstream. Con el consiguiente riesgo de dejarse contaminar de la polarización (española) ambiente en lugar de evitarla y de mantenerse estrictamente al margen de ella, en aras todo ello -como fue la regla hasta ahora- de una pastoral (pontificia) buscando a todo precio -como siempre así lo pregonó- el consenso en la política nacional y la solución de problemas del orden temporal en clave espiritual -sub specie aeternitatis-, y basándose en la caridad y el amor de todos los hombres (de buena voluntad)
Juez y parte pues, a partir de ahora, la Roma pontificia y a sus ancas, la Iglesia española en el debate que viene polarizando irreductible e irreconciliablemente la política nacional y la convivencia de los españoles, desde la llegada al gobierno de la Nación del actual inquilino de la Moncloa. Lo que hace saltar a la luz un fenómeno que marcará un antes y un después en la historia de las visitas papales a nuestro país, o al menos un estridente y cantoso contraste con las visitas clamorosas en olor de multitudes del anterior pontífice Juan Pablo II. Y lo es la ruptura de la unanimidad y la aparición en cambio de fuertes corrientes de disenso -en la ultraderecha principalmente, pero no sólo en ella- en torno a la visita, y mas allá de eso, a la figura papal. Del (demagógico) Juan Pablo Segundo te quiere todo el mundo -verdad? sí y no, todo el mundo menos yo-, a las dudas y vacilaciones a la hora de confirmar su visita a España del papa actual, y el zafarse tan clamoroso -ante los planes de su visita-, del papa anterior, las cosas, los tiempos y los vientos están cambiando (en España) que es una barbaridad. Con la Iglesia de Dios. Una (extraña) unanimidad en torno a la figura papal -mezcla de respeto, de circunspección prudente, y de devota veneración- que habrá sido uno de los signos mayores misterioso, desconcertante, en extremo lúgubre y tenebroso, de una época marcada por una honda desacralización. Y de un nuevo orden mundial, surgido de las conferencias internacionales de paz, en la que los (raros) estados católicos no tuvieron ni arte ni parte, ni voto ni voz (*). Tras el desenlace de un conflicto -la II Guerra Mundial- en el que el catolicismo como tal figuraría del lado del bando de los vencidos, del perdedor (tal y como ya lo habré mostrado en este blog) Como si estuviésemos delante de una jugarreta o de una broma pesada de los amos del mundo -de Yalta quiero decir, y de la prensa mainstream que ellos controlan- sin otro designio que el de reírse (globalmente y a mandíbula batiente) de nuestras devociones y creencias, de nuestra cultura y de nuestra Tradición. Y es con todos esos montajes a cuento de la figura del papa a escala planetaria, global. Y como si el hombre contemporáneo ante el dilema irreductible -qué difícil cuando se ha perdido la fe, es creer de nuevo en Dios, había declarado esa figura poco clerical que fue José Antonio PRIMO DE RIVERA (2)-, como si ese hombre de nuestro tiempo se hubiese resignado a adoptar ante la religión -y ante el fenómeno de desacralización y secularización en curso, una actitud de circunstancia y de conveniencia cercana a la del Tartufo de Molière.
Y eso explicaría en parte ese fenómeno de masas que rodearía las visitas y los viajes de los recientes papas, en particular el papa Francisco y sobre todo Juan Pablo (Dos), y también ese clima de expectativa y esperanza innegablemente mesiánicas, careado, jaleado y alimentado en los medios, como un anuncio de un nuevo mundo a punto de nacer o la segunda venida de Cristo en la tierra -en gloria y majestad- (y no exagero), hasta que el papa se acababa yendo como vino, la fiebre remitía y las aguas volvían a su cauce, y cada uno a sus tareas, en medio del desorden mundial -el de la época (secularizada) que nos tocó vivir-, que continuaba igual como si nada hubiera ocurrido. Pese a la bendición papal.
Y un ejemplo o botón de muestra cegador de lo que aquí decir estoy queriendo, nos lo ofrece la visita del papa WOJTYLA a Chile con el general PINOCHET aún en el poder, y con el recuerdo aún vivo del movimiento huelguista -insurreccional- de protesta de unos meses antes, jaleado urbi et orbe en los medios, que supuso un jaque muy serio para el régimen militar chileno aún entonces en vigor, al borde entonces del derrumbe. En una expectación tensa y latente y ante expectativas opuestas o de sentido contrario, por un lado, de las izquierdas implicadas en el reciente movimiento huelguista, que el papa polaco acabaría con su visita dando la puntilla tan anhelada al régimen/opresor en Chile, y en el polo opuesto, en cambio, los sectores -integrados por católicos fieles y practicantes en su abrumadora mayoría- partidarios incondicionales del régimen en vigor, que deseaban ardientemente que la visita papal trajera consigo la bendición urbi et orbe del régimen y de su supremo mandatario, que aquellos sectores echaban tanto en falta.
Y la (honda) frustración de unos y otros, la simboliza -además de los discursos y alocuciones ambiguos y calculados a la sazón del romano/pontífice (como por propia definición)- el documento grafico que aquí ofrezco a mis lectores. Para los unos, el documento (fotográfico) en sí, para los otros, el modo y manera de como se produjo. Léase en una especie de emboscada de alta diplomacia que el general chileno le tendió al papa/polaco, y fue que a la llegada del sumo pontífice a Santiago, en el palacete donde el mandatario chileno le recibió, con la clara voluntad del papa WOJTYLA -como una consigna mayor de toda la visita aquella-, que aquel encuentro de alto nivel transcurriera de absoluto incógnito sin documentos gráficos -siguiendo la tónica de ambigüedad, en sus actos torticeros, en sus palabras sibilinas y en sus gestos más que ambiguos-, en el plano político que sería la regla de ese pontificado, como aquí ya lo tengo explicado-, Pinochet como digo, ante las reticencias de su/santidad a pasar por un pasillo que daba a un balcón cerrado y tapado con un visillo negro, que daba a su vez hacia la multitud expectante, apostada en las inmediaciones del edificio, consiguió que enfilasen aquel pasillo los dos y al pasar los dos delante del balcón, Pinochet acertó a correr el visillo, y obtener la foto de sensación, que era lo que andaba buscando.
Lo que contribuiría después, fuertemente sin duda, a reforzar la imagen de leyenda dorada, de un papa polaco liquidador (a toro pasado) del comunismo y causante o responsable, sólo él, de la caída del Muro. Pero eso es otra historia, otro culebrón (que aquí ya conocen todos o casi todos)
La foto más vergonzante del pontificado del Papa WOJTYLA. Que a su gran pesar, consiguió astutamente el mandatario chileno -el General PINOCHET (que no cabe en la foto de contento)- durante la visita papal a Chile. Ejemplo cegador de las expectativas mesiánicas que despertaba el papa polaco con su ambigüedad (sic) proverbial tan manifiesta, entre unos y otros, entre izquierdas y derechas, para honda frustración tanto de las unas como de las otras
(*): Polonia, la excepción que confirma la regla. ¿Nos aclara el enigma y nos da su solución? De un estado católico europeo (junto con España) que estuvo presente en Yalta, no con voz y voto de los participantes, pero sí -mayormente en su calidad de casus belli número uno del conflicto-, en el centro de todos o casi todos los debates. Ad majorem gloriam y en homenaje del catolicismo polaco (democrático) y en detrimento del catolicismo como tal, religión universal. Del catolicismo y del Papa polaco (s) Como una nueva religión
( 2): en su Discurso del Cine Madrid (1935)














