Retrato del Marqués de SADE, con el telón de fondo de la Revolución francesa y de la toma de la Bastilla, de la que fue testigo presencial y a la que -embastillado él también-, participó por razón de fuerza mayor. Autor de obras libertinas de gran difusión, como "Julieta o las prosperidades del vicio", "Justina o los infortunios de la virtud", y "Los Ciento Veinte días de Sodoma" que inspiró el film (tardío) de PASSOLINI, casi homónimo -"Saló y los Ciento Veinte días de Sodoma", con el telón de fondo, a finales de la II Guerra Mundial, de la República Social (de Saló), de MUSSOLINI en el Norte de Italia. Figura emblemática el marqués de SADE, de la Contra-Revolución
La Revolución francesa fue un escandalo magno, como ya lo tengo afirmado en este blog, lo dije y lo mantengo. No fue no obstante menos, un insondable enigma como lo habrán sido las grandes revoluciones y los grandes acontecimientos que habrán marcado al rojo los últimos siglos, predecesores de la llegada del Milenio. Y ese carácter enigmático de la Revolución francesa se habrá visto reforzado y acentuado por lo enigmático de sus más grandes protagonistas. Entre ellos, uno que habrá brillado de luz propia, del fuego aunque sólo sea del escandalo que desató en vida antes de la Revolución y del que persigue post mortem a sol y a sombra, su nombre y su figura en la memoria.
Y me refiero al marqués de SADE, libertino ilustre, y exponente como tal de una de las corrientes -libertina- filosófica e ideológica que registraría en su seno la Ilustración, en lo que se convino en llamar la Europa de las Luces. En el centro como estuvo del episodio central en la eclosión y el estallido de la Revolución francesa, a saber el asalto y toma de la Bastilla. ¡Entrad, entrad, entrad pronto que están empezando a degollar a los prisioneros! gritó o cuentan que gritó -desde un altavoz- el divino marqués, preso en la Bastilla por atentado a las buenas costumbres. Un cargo que tratando de contextualizarlo -en el tiempo y en el ambiente sociocultural que se respiraba en la Francia de entonces- nos sume en la más absoluta de la incertidumbres, entre interrogantes pesados e indescifrables.
Como lo ilustra lo que leímos en fuentes francesas fidedignas sobre las circunstancias que acompañaron su encarcelamiento y su régimen de detención. "Jugó y perdió ¡no nos venga ahora con lamentos!" le habría gritado en respuesta a sus gestos y palabras de protesta, uno de sus carceleros, con lo que éste venía a denotar lo rebelde e inconformista de la actitud y de la conducta del marqués de SADE, sin nota alguna en su conducta de transgresión de cualesquiera principios morales, ni de las buenas costumbres. Lo que nos deja a nosotros la puerta abierta de par en par a la hora de abordar y de enjuiciar el perfil (innegablemente) político -e histórico- del personaje. Y es que pese a sus protestas de adhesión al nuevo régimen republicano, de cara a las nuevas autoridades, tras la confiscación de su palacete (chateau) de Lacoste -Ardèche-, se vio reprochar por aquellas, la casta aristocrática a la que pertenecía.
Soldado como fuera -bajo el Antiguo Régimen-, de brillante hoja de servicios por su participación en la guerra de los Siete Años -a la toma de Menorca en manos de los ingleses-, perseguido y encarcelado por la Asamblea Nacional -tras la Revolución-, como lo había sido en el Antiguo Régimen y como lo sería en el Consulado y en el Primer Imperio -bajo Napoleón, que lo haría internar en un manicomio hasta su muerte-, Sade buscó siempre a salvar y a rescatar las víctimas de la arbitrariedad y de los abusos y las atrocidades de los revolucionarios. Y desde ese punto de vista se le puede fácilmente catalogar como una figura arquetípica de la Contra-Revolución, tal y como lo confirma y corrobora el que sus dos hijos acabaran engrosando en el exilio las filas de los monárquicos recalcitrantes (émigrés) Una figura trágica, por encima de otras consideraciones-, el marqués de SADE, entre la Revolución Francesa y el enigma de la Prostitución
Grabado callejero sobre el escándalo de Arcueil que resonó en toda Francia. De un lance a solas del marqués de Sade con una prostituta (*), que le valió su primer encarcelamiento, de los veintisiete años que estuvo preso en fortalezas -incluida la Bastilla- y en manicomios y asilos para locos (en donde murió) Sólo por haberse frotado demasiado, o demasiado cerca, con el enigma (sic) -mitológico- de la Prostitución
(*): que llevaba curiosamente el nombre de De LAUNAY, del intendente de París y último gobernador de la Bastilla. Decapitado, la cabeza del cual llevaban en una pica los amotinados en el asalto a aquella fortaleza, que dio la señal de arranque a la Revolución ¡Enigmas, sólo enigmas, en la Revolución francesa!











