Una de las (tres mil) novelas del Oeste (tres mil) que escribió Marcial (su nombre de guerra) LAFUENTE ESTEFANÏA a razón de seis folios por hora, una página cada seis minutos o sea. De las que se editaron cien mil ejemplares en los años sesenta, y que una reciente editorial vuelve a reeditar ahora. Una literatura popular que junto con otras novelas de aventura (y de pelea) y las insoslayables Hazañas Bélicas nos hizo diferentes. A mí y a los de mi generación (finales de los cincuenta, principios de los sesenta) Pasen y lean
Marcial LAFUENTE ESTEFANÍA. Un nombre que a no dudar -inseparablemente junto a la autora de novela rosa, Corín TELLADO-, les debe sonar (y más que eso) a muchos y muchas de mi generación, y a muchos otros y otras también, más jóvenes y mayores sobre todo.. Autor prolífico y el más leido con diferencia en aquellos año, cincuenta y principio de los sesenta. Memorable autor de novelas del Oeste que junto con otras novelas de aventuras -Las aventuras de Roberto Alcázar y Pedrín, del Jabato, y del Capitán Trueno y tantas y tantas otras- y junto a las Hazañas Bélicas (de la II Guerra Mundial), formaron una literatura juvenil e infantil, que nos hizo diferentes. De las novelas del Oeste, del autor que acabamos de mencionar, se llegaron a editar tiradas de cien mil ejemplares en los años sesenta: LAFUENTE ESTEFANIA -leemos ahora- llegó a escribir tres mil novelas (tres mil) a razón de seis folios por hora, o sea, una página cada diez minutos. y un total (según cálculos de algunos) de unos dos mil seiscientos libros -léase "novelitas" en formato de octavillas, de unas cien páginas cada una (...): verosímilmente a tanto la página -como decía que escribía "el garbancero" GALDOS, Francisco UMBRAL Y volcados en su trayectoria por lo que de ella circula en la Red, aprendemos ahora una faceta muy distinta de su currículo. Distinta y en pura lógica, muy cercana o parecida, por paradójico que parezca (...)
Y es la de su actuación en la guerra civil y de las represalias (preso) con las que cargó en consonancia, finalizada la guerra y que -bien que post mortem- acabó por superar, de lo que atestigua la placa a su nombre -por iniciativa del PP- que se puso en la casa donde vivió en Chamartin de la Rosa, aprobada por el voto de todos los municipales en pleno de dicho distrito en febrero 2019. Se premiaba así la leyenda que él arrastraba de Ángel Rojo de Chamartín, y era de todos los que salvó de la muerte en su condición de concejal republicano durante la guerra civil, afiliado a la CNT (anarcosindicalista), nada más empezar la contienda, y alistado en el Ejército de la Republica en donde llegó a ascender a general de Artillería, entrando en combate en el frente de Toledo.
Y su actuación durante la guerra hace pensar -y es de donde le viene lo de Ángel Rojo- en Melchor RODRIGUEZ -igualmente cenetista como los anteriores-, delegado de prisiones en Madrid zona roja, en contraposición con el Delegado de Orden Publico -al que sucedió-, Segundo SERRANO PONCELA, comunista, responsable a las órdenes de Santiago CARRILLO de las matanzas de Paracuellos. Y la filiación cenetista de casi todos los nombrados nos lleva todo derechos a la figura del igualmente cenetista, Cipriano MERA.
Cipriano MERA. Albañil, del barrio (obrero) madrileño -de extrarradio- de Tetuán (de las Victorias) Fue una de las principales figuras del cenetismo anarco-sindicalista de los años de entreguerras y de la guerra civil. Durante la guerra, donde llegó a mandar un Cuerpo de Ejercito, tuvo una actuación destacada en el bando republicano, en batallas de las más cruciales. En el cuartel de la Montaña y en la toma de Alcalá de Henares y de Guadalajara, los primeros días de la contienda y posteriormente, en la batalla de Guadalajara (contra los italianos, la de aquello -a los aires de Faccetta Nera- de "Guadalajara no es Abisinia, porque los rojos tiran con bombas de piña") Y sobre todo, al final de la guerra cuando al mando del IV Cuerpo de Ejército, se puso de lado del Consejo de Defensa del general CASADO y venció a los comunistas en la batalla (callejera) de los Nuevos Ministerios. Se exilió después en la Argelia francesa, de donde lo entregó a España el régimen de Vichy. Fue condenado a muerte, conmutada en 30 años de prisión, y posteriormente indultado (en 1946) Tras lo que se exilió en Francia, volviendo al activismo anarquista, y donde retomó su trabajo de (peón de) albañil. Murió en octubre de 1975, un mes antes de la muerte de FRANCO. A mi difunto padre, militar de Aviación, ex-cautivo de cuando la guerra en zona roja, le oí hablar con respeto de él. Y pienso que MERA, como MELCHOR RODRIGUEZ, como LAFUENTE ESTEFANIA, eran elocuentes exponentes de un cenetismo (anarquista) que no participó (directamente) -al contrario de socialistas y comunistas- en la espiral de violencia callejera madrileña que llevó a la guerra civil, y que tuvo mucha menor participación en la persecución y represión en la retaguardia en zona roja, y que en definitiva se equivocó de guerra en el 36. Y como tales, podrían quizás consentir -dejando momentáneamente de soslayo el enigma siempre irresuelto de la lucha de clases- a ser ministros de reconciliación en la guerra de memorias que -bajo el gobierno socialista actual- desgarra de nuevo la sociedad española tantos años después













