Alteza
Me permito, sin la menor intención de menoscabo a la dignidad de vuestra persona y de vuestro título de princesa y a la altura y el nivel de vuestras funciones de carácter político y en interés del Estado en del Trono de España,, en vuestra condición de heredera
Y es de dirigirme a Vuestra Alteza para permitirme el ponerle en guardia, a su Alteza, a su Majestad el rey Felipe VI, su progenitor, y por vía de consecuencia a todos sus súbditos, ante el (alarmante) ingreso de Vuecencia -tras su paso tan logrado, y coronado de éxito por las filas del Ejercito en sus armas de Marina y de Aviación-, en la Universidad publica, in casu, la Carlos III.
Ante la noticia de lo cual, todos los duendes se ponen en danza, como dicen los belgas flamencos. Todos vemos, es cierto, aunque tal vez por las circunstancias que concurren en Vuecencia, vuestro caso haga figura de excepción, todos como digo, somos testigos (absortos) de la situación catastrófica -rayana a la de siniestro total- por la que atraviesa la Universidad pública. Peor aún, se me antoja, que la del resto de la Educación pública, tal y como lo ilustra -entre otros sucesos-, el movimiento huelguístico -de carácter puramente político- en curso, surcado de incidentes y de disturbios (y escraches) callejeros de los últimos días.
Como en un eco más o menos sincronizado de lo que viene sucediendo los días y las horas que corren en los centros docentes y en universidades del otro lado de los Pirineos, de lo que nos da puntualmente cuenta la crónica de actualidad francesa más candente y rabiosa.
Una experiencia, pues la que os aguarda ahora, Vuecencia, cargada de incógnitas e interrogantes, y surcada de innegables amenazas, de riesgos y peligros. A vuestra persona, y a vuestra (inviolable) integridad física y mental, para comenzar, pero sobre todo -y creo hablar con conocimiento de causa y por razón de experiencia- en razón de la amenaza latente, que pesa sobre Vuecencia y sobre vuestros colegas y compañeros de estudio en vuestra frecuentación de las aulas y en vuestra asistencia a clase.
Y es la del adoctrinamiento (sic) forzoso o semi forzoso -de un inequívoco sesgo o signo de izquierda (extrema)-, a lo que Vuestra Alteza se verá fatalmente expuesta desde su entrada en las aulas, lo que se verá -en un contexto de guerra hibrida tan innegable e indiscutible como omnipresente- acompañado o reforzado de las (sucias) armas del boicot solapado, hipócrita, cobarde y silencioso, y del mobbing en el plano académico y docente, fatalmente conducente al acoso descarado (extra-laboral), sin parar en mientes de vuestra realeza ni de vuestra dignidad personal, ni de vuestra integridad física como mental.
Eso es lo que debía decir o hacer saber a Vuecencia, y haciendo así, creo descargarme de un peso pesado de conciencia. A la vez que creo tener bien presente el estar desempeñando con ello un ineludible cometido patriótico, y un servicio imprescindible a vuestra persona y a la dinastía borbónica que entendéis representar.
Cumpliendo así un sagrado deber de memoria histórica, española por razón de mis orígenes y de mi ascendencia familiar, y francesa por razón de vuestros lazos dinásticos con la rama francesa plasmados en los pactos de familia renovados estos por el Pacto de Aranjuez -en 1779, diez años antes del estallido de la Revolución francesa-, a lo que pondría fin -con la decapitación de Luis XVI- el estallido de la Revolución francesa, que en la misma medida que pondría (ilegítimamente) en entredicho la legitimidad de la dinastía borbónica, reforzaba ésta -en la persecución y en la inmolación y el sacrificio, y el empeño contra-revolucionario- por el hecho mismo, y en prenda peremne de continuidad y de futuro. En Francia como en España, y del lado de aquí como el de allá de los montes Pirineos.
Consciente en fin del empeño que anima a Vuecencia como a todos los miembros de la Casa Real, y preside todos vuestros actos, que es de acercar al pueblo de la realeza
Os ruego pues, que si encontráis procedentes, oportunas y acertadas estas líneas, las tengáis en cuenta en vuestra conducta, y si no, que las deis por no escritas
Dios guarde a vuestra Alteza
Redactado y hecho público en España, a 22 de octubre del año en curso (del 2026)











