Dionisio RIDRUEJO. Figura emblemática de los que ganaron la guerra en el 39 y la perdieron a su vez, en el 45. Como fue -mutatis mutandis-, el caso de Jose María AZNAR. Y como no lo fue -en mi opinión- el caso del hijo del general -que entró en Madrid, en marzo del 39- ESPINOSA DE LOS MONTEROS. en cabeza de la facción anti-nazi del Régimen durante la II Guerra Mundial. Todo ello pues es debatible en las jornadas ahora canceladas. Debate por partida doble pues: debate sobre la guerra civil, y sobre quienes la ganaron y quienes (realmente) la perdieron. NO A LA CENSURA PUES, ALTO A LA CANCELACIÓN !!!
"José Mari, ¡Arriba España!", tras el saludo brazo en alto y el taconazo (y tente tieso) de rigor, así recuerdo a José María AZNAR, que me diga así me recuerdo yo, ante José Mari AZNAR, de nuestro paso por la Universidad, Facultad de Políticas y Económicas ¿por qué lo debería ocultar? Y más ahora puesto él en la picota por culpa de la guerra civil, que me diga de las Jornadas (finalmente canceladas) sobre la guerra civil, declarado persona non grata por sectores de la izquierda buscando la batalla campal. Fuimos -ya lo dije en publico mas de una vez- militantes los dos en el FES -él más joven que yo- de simple militante él y yo de jefe de escuadra en la Facultad, por razón de edad, y de antigüedad en el grupo también. Junto a él, recuerdo otro joven que entró a la vez con él en el FES, grupo falangista joseantoniano que sea auto disolvió en la Transición años después. Un pariente cercano de Manuel MARÍN, de su mismo apellido, que llegó a ser presidente del Congreso de Diputados, además de seguir una brillante carrera en las instituciones europeas. El otro -lo recuerdo ahora- que entró en el FES en simultáneo con José María AZNAR, fue Gonzalo LÓPEZ ARANGUREN, hijo del filósofo y catedrático, de pasado igualmente falangista éste -de la generación del 36- en sus años jóvenes
AZNAR era un hombre brillante -como bien lo demostró después- y era además vástago de una sobresaliente estirpe familiar, hijo, como todos saben, de Manuel AZNAR, embajador de FRANCO en la ONU (en tiempos difíciles) y vecino -en su domicilio familiar, lo que casi todos ignoran, aunque lo leí una vez en la prensa o en la red-, de Dionisio RIDRUEJO, lo que concuerda bien con la imagen que me quedó de éste y de aquél, y con el que acabó entablando sin duda por razón de vecindad lazos de amistad en los que lo político e ideológico no seria ajeno a no dudar. RIDRUEJO, tras su primera fase falangista, pro/nazi después, hasta acabar abanderando la causa de la democracia que es lo que tenemos hoy, y AZNAR a su vez, un falangista sui generis -de una Falange rara como lo oí una vez hablando del FES- en el que se hacía tabla rasa de todo un pasado español que no fuera posterior a la guerra civil -o como gustaba decir Sigfredo - la guerra incivil. Con lo que yo disentí y que fue tal vez el detonante de salirme del grupo aquel, mucho antes de su auto disolución (en los años de la Transición)
Y lo saco no obstante a colación aquí, bien/sabe/dios, sin ánimo de comprometerle o de emplazarle -a AZNAR quiero decir- ante un tribunal cualquiera de opinión, sino al desquite o al rescate de su imagen que algunos a lo que se ve no se resignan a no ver ennegrecida y condenada -a la damnatio memoriae- para siempre jamás. Éramos falangistas puro/joseantonianos -como le llamo yo-, o falange/auténticos como los llamaban otros- de los de ¡Falange SÍ, Movimiento NO!, antifranquistas, valedores de una especie de revisionismo histórico que en base a algunos textos tardíos del fundador de la Falange (*), desligaban a la Falange del estallido de la guerra civil, del 18 de julio de 1936, y por vía de consecuencia, de la espiral de violencia callejera, primavera, verano del 36, que nos llevó a la contienda fratricida: lo que hoy no se sostiene (sin ánimo de entrar de nuevo en la interminable polémica)
Como no se sostiene -algo aún más completamente zanjado-, el bulo que -por instigación de Sigfredo-, nos tragábamos en el FES a pie juntillas, léase, que FRANCO jugó un papel relevante -o por nimio o mínimo que fuera- en el cautiverio y en la condena a muerte y en la muerte (ignominiosa, atroz) de José Antonio PRIMO DE RIVERA Ganadores o perdedores pues de la guerra del 36, Dionisio RIDRUEJO, José María AZNAR, y tras ellos, toda la legión de descendientes de vencedores que no vivieron la guerra y que enarbolan hoy unas banderas arriadas o derribadas mayormente en la posguerra como ya me expliqué aquí, tras el desenlace de la II Guerra Mundial, en el 45.
Amen de eso, me parece que el ex-presidente de gobierno está en su pleno derecho -como lo hace en recientes declaraciones- de reivindicar el legado de leyes y de medidas bajo su gobierno en aras de la reconciliación nacional. Y con ello, la pertinencia de la evocación sincrónica de la guerra del Irak con la guerra civil del 36. ¿Pacifistas de geografía variable, los fanáticos sectarios de las leyes de memoria histórica, democrática que caucionaron los atentados de Atocha de una manera u otra, y los que siguen enarbolando bien en alto "las últimas banderas"?: Como dice José Mari AZNAR, y dice bien ¡NO A LA GUERRA !!!
¿Ultimas banderas? Hoy como cuando ese libro se publicó -hace más de cincuenta años. Que algunos se obstinan en no querer arriar. Y a las pruebas me remito












