Universidad pública sanidad publica y una tercera campaña contra la privatización de los servicios de extinción de incendios, todo vale, todo se permite aún, y es contra la opción privatizadora de la Presidenta, que es una opción libre por definición en democracia, con la que se puede discrepar y proponer otras alternativas, pero no criminalizar a base del insulto, y de acoso y derribo y del chantaje y de la amenaza, democracia (a la española) obliga. Y a riesgo de incurrir en el mismo reparo (de siempre) y que se me acuse ipso facto que me repito, sacaré a relucir aquí los contraejemplos históricos del desastre de ANNUAL -y del llamado informe PICASSO (tan funesto) sobre responsabilidades políticas- y también, ¿por qué no? el de la DANA de Valencia aunque este con una glosa o moraleja muy distinta de la que se acostumbra. Que este asunto nos ofrece en verdad un ejemplo gritón y flagrante del doble rasero, léase de la ley del embudo, de los dos pesos y dos medidas que rigen como ley de bronce nuestra democracia sui generis, a la española. Y es ante la tremenda escandalera que habrá montado el partido en el gobierno y su delegado en Madrid, por el pedido de declaración de emergencia nacional ante los incendios formulado por la presidenta de la Comunidad de Madrid. Y la pregunta en mis labios y en los de muchos: ¿por qué no fueron tan poco exigentes tan atenuantes en los requisitos y en las condiciones impuestas con Carlos MAZON? (horresco referens!) Para que promulgase ( y no a toda prisa y por las buenas) la declaración de emergencia y de todos los requisitos -protocolos, plazos, e impresos requeridos, y hasta pólizas (me figuro)- como lo habrán sido a la hora de emplazar a la Isabel AYUSO por cuenta de la declaración aquella, emplazándola por lo rápido y expeditivo a ella, y al presidente de la Comunidad valenciana en cambio, justo por lo contrario, hasta acusarle o permitir que se le emplazase como asesino (sic) por su (maldita) demora. España y yo somos así Señora.
Pero en fin, así llegamos a la que me parece cuestión principal subyacente en este debate sobre la política a seguir ante los incendios (sin control) amenazando a la Comunidad de Madrid. Y es lo que se conviene en llamar el cambio climático, postulado científico o creencia pseudo religiosa. La polémica está (de nuevo) servida. Y entro al trapo como un toro bravo -yo que no soy taurino- viendo cubrirse todo de rojo ante mi vista.. Y es ante la expresión o la fórmula de consenso científico. ¡Lagarto, lagarto! que diría GARCIA LORCA. Como los consensos históricos e historiográficos que rigen -de una temible fuerza vinculante (y hablo por experiencia) en el mundo académico de éste y del otro lado de los Pirineos, tratándose de la (interminable) guerra civil española (y derivados). O como el consenso -que se impuso a todas las fuerzas políticas- sobre la Transición española, la única que quisieron posible, lo que vengo manteniendo como quien clama en el desierto. A tiempo y a destiempo. A sol y a sombra.
Que a los que acabamos abrazando el agnosticismo en materia (puramente) religiosa ¿nos van a obligar ahora a creer (sic) a un pseudo dogma, a una saga fantasiosa, a saber que el calentamiento global es culpa (sic) del Hombre y de sus empresas? Sin mas pruebas que las que se pedían a Donald TRUMP para no aceptar el fraude electoral y negar su derrota ? Para un viaje así querido Sancho, no necesitábamos alforjas










