La llegada del papa a España se acerca y la propaganda fide en los medios se amplifica, tanto tanto que nos abruma y nos asfixia. Hasta el punto que nos sentimos impelidos, convocados -llamados, sí, por qué no llamarlo así?- a salir al quite de los despachos en repetición, a cuenta del Papa o de lo que a diario se cuenta o lo que se piensa, que me diga, lo que se debe pensar del Papa, en función de la organización y organizadores de la visita, y siguiendo el ritmo que desde fuera se nos impone, a toda prisa. Tiempo papal o pontificio, lo que no nos parece exageración ninguna, tratándose de una institución "sobrenatural" que siempre se jactó -oficial u oficiosamente pontificando- "del tener todo el tiempo por delante" "El papa no viene ni a hacer política ni a quitarle votos a nadie". Eso es lo que declaraba ayer el cardenal de Madrid, José COBO, sin el menor sonrojo. Y luego se queja de las acusaciones que vienen lloviendo sobre él y de los que le acusan. Ante lo que se defendía torpemente en apariencia, pero que a fuer de sincero y razonable acabó convenciéndome (a medias) y ganándose mi empatía.
Y era en torno al debatido y enrarecido debate sobre la resignificacion del Valle de los Caidos, donde el cardenal madrileño -que no lo es, sino de Jaén (...)-, venía a declarase, a destaparse, como un simple mandado. ¿De quién, de la Conferencia Episcopal, si no de la mismísima Santa Sede? Que a fe mía entre una y otra en el referido tema, no vemos ninguna diferencia. Y en lo de la visita del Papa a España tres cuartas de lo mismo. El sufrido cardenal como sea, no dice más que lo que le hacen decir, ni más ni menos tampoco que lo que su audiencia -santa/obediencia obliga- quiere o necesita oír,
¿No viene (el papa) a quitarle votos a nadie? A Pedro SANCHEZ no, desde luego. Porque hasta los niños ven lo que en la visita papal está en juego. O sea, una simple foto. En vísperas electorales, para mayor inri o abundamiento. ¿No hace política el Papa? Y mientras leo esas delicias propagandísticas, me llegan otras fotos y otras manifestaciones papales. A cuenta todo ello -como podría faltar?- del bombardeo de Guernica. Una foto en la que el lehendakari -de nombre no euskera- hace entrega al papa PREVOST de una reproducción del cuadro de Picasso, a la vez que leemos que la primera y reciente encíclica papal presta un valor casi profético (sic) al celebre cuadro picassiano. De lo que estamos tentados (confiteor) de acabar dándole la razón, y es en la medida que en ese prisma o en esa óptica acabamos viendo en el pintor malagueño un profeta, léase un profeta de calamidades, como el buen papa Juan (XXIII) llamaba a las voces agoreras que se hacían oír -con razón-, en contra de su utopía pontificia. La que le llevó a convocar el Concilio de la discordia, contra viento y marea.
¿"Denuncia de la deshumanización", el célebre cuadro (iconográfico)? Si y no. No en la medida que son igualmente deshumanizantes otros hitos mayores de aquel conflicto -nuestra guerra civil- pero designo (ideológico) radicalmente opuesto. Como lo fueron las matanzas de Paracuellos y la persecución religiosa en zona roja. Y sí en cambio, nos parece pertinente el juicio papal sobr el testimonio artístico de aquel bombardeo, por su valor testimonial en suma, que no se merecieron los otros hitos aquí referidos -del otro bando-, por lo que fuera. Pero lo que más me habrá espoleado a entrar al trapo de lo que el Papa PREVOST viene declarando o escenificando lo habrá sido el despacho -documento grafico acompañando- del Papa arrodillándose en una ceremonia penitencial (litúrgica) pidiendo perdón ante la comunidad indígena del Peru. Lo que nos muestra o destapa la utopía (rayana en la locura) del papa peruano e indigenista.
Perdón ¿por qué?, lo que no dice la noticia, tal vez -dicho sea en su descargo- porque no sea tan fácil de explicar, pero que al gato escaldado que esto escribe, lo ve un poco menos inexplicable por verlo más de cerca en suma, o en otros términos, por saber mejor que otros y en razón de mis antiguas militancias, de qué va esa guerra.
Una guerra, que me diga un conflicto étnico-racial -de indígenas y no indígenas- doblado de un episodio rural, tropical, de una versión reciente, global, de la lucha de clases. Léase, con un telón de fondo de expropiaciones y confiscaciones, léase de okupaciones (violentas) -no de apartamentos urbanos sino de tierras o terrenos agrícolas, a manos de indígenas. Todo ello en el contexto de una guerra sorda oculta -e "híbrida"- e interminable, esa guerra de los Sesenta Años entre progres y tradicionales o tradicionalistas al interior de la Iglesia.Todo lo que aquí precede, de cortina de humo -como lo explico con más detalle en mi cuenta FB-, de lo que el Papa esconde y de o que él mismo es en resumidas cuentas.
Y es que en esa luz o bajo ese prisma se ve claro (como la luz) el verdadero papel -de propagandista, de agitador- del papa indigenista y encubridor. De un papa encubridor de abusos contra la infancia desvalida, amenazada e indefensa. Globos de colores los que inflan en torno a él y frente a eso, los organizadores de su visita. De tapadera de un crimen (sic) inconfesable. El de una Iglesia que se jactaba de ser Guardiana de la Infancia. Sic transit gloria Ecclesiae. Como escribía Louis Rougier, referente (teológico y filosófico) de la Nouvelle Droite