En la lista o cuadernos de agravio -como los de la Revolución francesa- o en el balance (en contra) del presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, figura -de lado, no del DEBE, sino del HABER- la expulsión -fulminante, sin violencias- de los Ultra Sur del Bernabéu. Y junto con su denuncia del caso Negreira, esos dos asuntos descalifican -por desproporcionada e injustificada e incomprensible- la operación de acoso y derribo y el linchamiento orquestados por los medios de la Prensa mainstream en contra del presidente del Madrid. Que presencio ahora de ojos absortos, que no comprendo y no comprenderé, y que fue lo que -sin a penas conocerle ni saber nada o casi nada de él- más de su persona me acercó, y me decidió a darle a la tecla en su defensa como lo estoy haciendo aquí (y en otra entrada anterior) El fenómeno ultra -de hooliganismo (español) en los campos de futbol-, asociado por lo común a la extrema derecha -y a veces como la excepción que confirma la regla, a la extrema izquierda (*) también es ajeno en principio al deporte del balompié, y la prueba por el nueve nos la ofrecen precisamente Florentino y su brillante gestión del club blanco que dirige, como un coto o feudo cuidadosamente guardado, en donde sus acosadores y acusadores no habrán querido entrar por principio, so pretexto de ceñirse a lo deportivo, al palmarés de victorias y derrotas, a lo referente al entrenador, a las riñas de vestuario y demás, que es donde le habrán disparado de lo lindo, tirando a matar of course.
Los ultras futbolísticos, mayormente (confiteor) los ultras de derechas, me interesaron y despertaron mi curiosidad, mayormente por su radicalismo, por su aspecto incorrecto, inconformista o anticonvencional. Sin más. Y la prueba que no me convencieron nunca (del todo), y no llegaron nunca a ganar mi adhesión ni a dejar de verlos como algo extraño fundamentalmente desconocido para mí, fue el que acabé denunciándoles, precisamente en este blog. Una denuncia todo menos anodina como podrán rápidamente darse cuenta los que aquí me leen. Y fue por su importancia y trascendencia en la política internacional, qué digo, en el destino del mundo y de la humanidad, como uno de los detonantes (principales) del mayor conflicto al que asistimos en la era actual, a saber la guerra en Ucrania (como fácilmente se habrá podido adivinar) Y me estoy refiriendo a los PRAVY SEKTOR -"Sector Derecha"- , léase los ultras de derechas del Dínamo de Kiev, protagonistas mayores de los incidentes y tumultos del llamado Euromaidán, un golpe de Estado en toda regla -con marca de la CIA- que así es como muchos lo vimos, y así es como Vladimir PUTIN lo vio. Y pasó justo después lo que pasó (...)
Y de los ultras futbolísticos, a los ultras a secas. Un término -y el concepto que se le asocia- que empezó a oírse y a leerse (que yo sepa) en los despachos periodísticos sobre la guerra de Argelia (1954-1962), y era para designar a los europeos (sic) de Argelia, -como se llamaba en España a los pied noirs-, partidarios de l'Algérie francaise . Y se continuó empleando en España desde los inicios de la Transición en lenguaje periodístico y en reemplazo (sólo en parte) de ese otro de facha, del lenguaje familiar -si no claramente peyorativo-, en el castellano hablado, y en proveniencia (en línea recta) -y en contraposición a ese otro (en zona nacional) de rojo- de la zona roja durante la guerra civil. Y de esa querencia ultra me curaría -si se puede decir así- el ostracismo (y el oprobio) y ninguneo (tenaz) en esos sectores -más que en ningún otro- del que fui sistemáticamente objeto durante cuarenta años (sic) En claro desprecio de mi persona, de mi gesto de Fátima quiero decir. Y ese algo, de radical, del uno contra todos, de Don Florentino, a mil leguas de toda clase de ultras, y de ponderado y moderado, es lo que me habrá movido a partir aquí una lanza por el presidente del Madrid
(*): como lo ilustra el caso de Jimmy membro de los ultras Riazor Blues -hinchas del Deportivo de la Coruña-, un grupo de extrema izquierda, que en un enfrentamiento con los ultras del Frente Atlético -hinchas del Atlético de Madrid, fue arrojado (y muerto) al río Manzanares (30 noviembre 2014)