La Cultura, noción y preocupación central enel pensamiento de NIETZSCHE. Fruto libre, espontaneo, de la actividad humana por intermedio del Dinero, o gracias a él, y no un producto o subproducto de la cadena o del engranaje del consumo y de la producción. Bien supremo -espiritual-al contrario, la Cultura y su fuente legítima y primigenia, el Dinero. Corruptio optima pessima. La del dinero ¿la peor forma de corrupción? No la mas culpable -aunque nos atronen con ella los medios-, pero sí las más grave e irreparable, la de mayor efecto destructor
¿La Cultura, fruto directo primordial del Dinero (con mayúsculas)? Una cuestión central en el pensamiento de Federico NIETZSCHE que le darían hueso duro de roer, a él como a sus más enconados (izquierdistas) detractores y hasta a sus mas encendidos partidarios (como al autor de estas líneas) O sea que reflexionando sobre la Cultura acabamos reflexionando sobre el Dinero, como le ocurrió a Ramiro MAEZTU, con su obra -un conjunto de artículos en la prensa britanica en realidad- "El sentido reverencial del dinero", tan mal entendido incluso por los mas devotos admirad ores de su obra y de su figura. Y el sentido reverencial era para aquel una noble y elevada concepción del Dinero como fuente legitima y primigenia de bienes superiores -espirituales, por definición- entre los que cabia incluir en primer lujar, la Libertad y la Cultura.
En contraposición a la actitud opuesta -cínica como así algunos la llaman- de algunos, entre los que incluía a Adam SMITH ("Riqueza de las naciones") que veía en el Dinero como el común denominador de un engranaje de perdidas y ganancias, de costes (de inversión) y de beneficios, o como un bien de uso y consumo o (simple) medio de (inter) cambio, con un desprecio absoluto de la Obra bien hecha. Como los relojes suizos, los mejores relojes del mundo, obra -¿como por casualidad?- de relojeros (piadosamente) calvinistas. Dinero y Predestinación (protestante) un binomio inseparable en ese sentido reverencial aunque MAEZTU no reconociese o le costase reconocer la paternidad de esos corolarios ineluctables de su teoría.
¿Falta de ese sentido reverencial, en mi desinterés por el dinero, rayano en el miedo hasta extremos de pavor, ante la expectativa de grandes ganancias futuras, fuente (ello) de problemas y complicaciones sin cuento, como así yo lo veía, o en el miedo o aversión simplemente de algo con lo que, de buenas a primeras, no sabia que hacer -para qué me iba a servir en resumidas cuentas? Y sin duda también, en el igual desinterés que me ofrecieron mis estudios de Economía -de licenciado (¿de secano?) en Ciencias Económicas, y en la opción que fue la mía por la rama de Economía general, más conocida como Economía Política. Como una rama o un instrumento apenas de esta última, de preferencia a las otras, de Economía de la Empresa, o Economía de Seguros, más en contacto estas últimas, más familiarizadas con loas aspectos financieros y bursátiles -terra abscondita para mi- inseparables de la realidad económica.
O al contrario, en mi interés y en mi gusto y preferencia -en mis estudios de entonces- por el economista, John Maynard KEYNES, que menos importancia daba al dinero en la actividad económica, frente a los economistas clásicos, de Adam SMITH, y David RICARDO, hasta Karl MARX Lo que yo asocio -todo lo anterior-, con mi desinterés y despreocupación, e indiferencia y escepticismo ante los casos de corrupción (financiera) y "pari passu" mi alergia (sic) y malestar -e indiferencia- ante la explotación escandalosa en los medios de los mismos. Como la enfermiza obsesión (sic) de la que el gobierno -un día sí y otro también- da muestras con Isabel AYUSO. con el escándalo del ático de Chamberí que no es tal. Ni en substancia, per se, ni mucho menos comparado con el despilfarro, el amiguismo y el clientelismo de los miembros y agentes del gobierno y de sus amigos.
Corrupción por lo alto, de áticos, de compraventas, del dinero, modo de coartada o tapadera de la corrupción por lo bajo, de saunas de prostíbulos, y de cloacas, o sea
Ramiro de MAEZTU defendía el sentido reverencial del dinero, como fuente de bienes superiores, espirituales por definición, frente al sentido utilitarista -de índice de perdidas y ganancias, de costes y beneficios, de bien de uso y consumo- del mismo. A distancia no obstante -así al menos lo pretendía él- de la doctrina proteste, calvinista que veía en aquél -y en la Obra bien hecha, gracias a él-, un signo de Predestinación














