"España Vaticano. Encuentros con el Capuchino. Política religiosa" En la foto, el libro de Rafael SANCHEZ -MAZAS (bajo el seudónimo de PERSILES), de 1932, un año antes de la fundación de Falange Española, que la Santa Sede mandó quemar (sic) a su autor, lo que éste, obediente, cumplió a rajatabla. Sirvió a todas luces de motivo de inspiración del Punto Veinticinco de la Norma Programática de Falange. Y se le puede considerar un eco cercano del anti-clericalismo que destiló -en respuesta- el nacional catolicismo un tanto esperpéntico -grotesco y escandaloso- de la Corte de los Milagros
Isabel II, la de los Tristes Destinos, de la Corte de los Milagros, de nuestras culpas y pecados. Y sin embargo, hay que rendirse a la evidencia que ese periodo tan largo llena toda una época de la España contemporánea (1833-1868), que sin él no se explica la España de hoy, y que hay que asumir cueste o no cueste, para poder contemplar serenamente el futuro y para que no se vuelva a repetir. Y símbolo de la época aquella lo viene a ser la figura insólita, rayana en el surrealismo -o en el esperpento-, de Sor PATROCINIO, la monja de las Llagas, versión decimonónica de la Madre Maravillas, de la que da buena/cuenta en su critica acida, irónica y corrosiva, Valle Inclán, en su obra tardía "La Corte de los Milagros"
Y la monja tan emblemática del reinado de Isabel II, y su tan atípico como excepcional protagonismo , al mas alto nivel, en la política española vienen a poner de relieve un fenómeno rodeado de mil espesos tabúes, en la política nacional e internacional como en la crónica de actualidad más reciente y rabiosa, y lo es lo que en diversas entradas de este blog habremos denominado la política religiosa. Algo omnipresente en los países occidentales, pero dotado de una visibilidad propiamente excepcional desde los tiempos de Isabel la Católica, en la política española, y con una intensidad fuera de lo común, en el reinado de Isabel II que aquí nos ocupa.
Como si la monarquía isabelina quisiera en nombre de la Religión y por cuenta del apoyo que obtuvo de la Santa Sede vaticana -y de sucesivos pontífices, a partir del pontificado del "papa demócrata" León XIII (*)-, en su pugna secular con un carlismo que pudo por su parte contar con los sectores más tradicionales o tradicionalistas del catolicismo urbi et orbe-, quisiera como digo, contrarrestar ese carlismo tradicionalista o integrista, anti-liberal, combativo, beligerante y guerrero, y al mismo tiempo apostólico y misionero, y lo era con el apoyo de una corriente perfectamente integrada dentro del régimen -constitucional-, de la Monarquía isabelina, en nombre de la doctrina católica, como la que encarnó -rodeada o escudada en todos los nihil obstat y todos los plácemes y parabienes posibles e imaginables, eclesiásticos y pontificios-, la Unión Católica, y su líder Alejandro PIDAL y MON, y figuras tan carismáticas como el escritor, orador y diplomático Donoso CORTÉS, o el presbítero catalán, Jaime BALMES.
Un catolicismo pues liberal y posibilista, con un siglo de avance al que resultaría -de signo progre- triunfante en el Concilio Vaticano II, y al que (anteriormente) cristalizaría durante la II Republica española en el plano político a través de la CEDA -Confederación Española de Derechas Autónomas- que contó con el DEBATE como portavoz, y estuvo bajo el patrocinio de la Santa Sede -en el pontificado de Pío XI- y de la Nunciatura en la persona del Nuncio, Federico TEDESCHINI, enemigo jurado del Cardenal primado, Pedro SEGURA, quien por fidelidad a la Monarquía (alfonsina), y agradecimiento a los servicios prestados a la Iglesia (por aquella), rechazó en conciencia la República. Y a quien el Nuncio -según Francisco UMBRAL- hizo expulsar de España, en prenda de adhesión de la Santa Sede a la II República española.
Y ante aquella situación de fraccionamiento y de polarización político/religiosa, la Corte de los Milagros, hizo de la religiosidad -piadosa y sin duda sincera- de Isabel II, su buque insignia, con ayuda de su (no poco esperpéntica) Camarilla, con la Patrocinio (de pasado carlista, nota bene, a sus espaldas), el (obsoleto ya entonces) padre CLARET, el que llegaría a ser alcalde de Madrid, y amigo de la reina, Carlos MARFORI, y el futuro Cardinal primado, Cirilo DE LA ALAMEDA, figurantes todos ellos en los dibujos de la sátira anti-clerical -y pornográfica- atribuida a los Hermanos BECQUER, que se convirtió en un panfleto incendiario del régimen isabelino.
Sor PATROCINIO, la Monja de las Llagas. Intima amiga de Isabel II. Era, según todos los testimonios concordantes, mujer de gran belleza y seducción. Valle Inclán la hizo blanco de sus sátiras anti-isabelinas en "La Corte de los milagros". Arrastraba un pasado de exilio y persecución marcado de un signo carlista -en ella y en los suyos. Porque lo mismo que algunos isabelinos -liberales moderados, como NARVAEZ o GONZALEZ BRAVO- propiciaban un carlismo sin sotanas (léase secularizado ), antiguos carlistas -como la madre PATROCINIO- encontraron su sitio en el régimen confesional y constitucional de la Reina Madre











