Una noción -la de canon literario- que nunca entendí y que nunca -¿por culpa de UMBRAL?- me entró. Y que repunta ahora de plena actualidad por cuenta de Don Benito Pérez Galdós en el que se piensa de inmediato, y es en un autor canónico si los haya, como lo es él. Y pienso fatalmente en el titulo -el mas brillante tal vez en el genero ensayo de todos los suyos- que me leí en Bélgica de un tirón a cuenta de Valle INCLAN, el autor anti-canon -y Anti-GALDOS por excelencia que así se me antoja que haya que glosar el brillante estudio que Paco UMBRAL dedica a la obra y a a la trayectoria de Don RAMON. Y de todo lo que precede habría que deducir que voy a tratar en esta entrada de aquel autor sin siquiera (o casi) haberle leído. Uno sólo de sus títulos, de sus Episodios nacionales, sobre Martín Diaz el EMPECINADO, una figura que me atraía en extremo y de un titulo en cambio del que no recuerda nada o casi nada no obstante, ¿algo dirá? (me pregunto yo) Y es que en la prensa de ayer se preguntaban por qué no se le concedió el Premio Nobel Como sí se le concedieron a Jacinto BENAVENTE o a José ECHEGARAY de recuerdo eco mediocre para la posterioridad lo que mínimamente cabe decir de ellos. Cosas de los premios Nobel -muchos dirán que no comprendieron nunca ni ellos ni yo junto con todos ellos. Una novela Fortunata y Jacinta, de las más celebres de las suyas, novela de tesis -inmoral ex professo y anticatólica-, de la que se puede decir -como de todos ese tipo de novelas zanjaba Francisco UMBRAL-, que lo daba todo por resuelto, lo que (fatalmente) le robaba toda la cargazón literaria de misterio, de intriga y de sinrazón. Y de otra de sus novelas más celebres Maríanela -de la que ya me ocupé en este blog- llevada a la pantalla y que a los alemanes no les gustó. Un film deprimente (sic) De un hombre tan joven -dijeron-, pero triste y de una mujer tan catastróficamente fea (sic) Y tenían razón. Que fue exactamente la misma impresión que de aquel film reestrenado o retransmitido en televisión (cuando yo lo vi), hasta hoy me quedó. ¿Nada que ver -me preguntaba yo, concluyendo por la (doble) negativa- con el realismo (sic) de Don Benito el garbancero? Que como si de judías o de garbanzos se tratase escribía, a tanto la línea -el mismo reproche umbraliano que se merecería Pío Baroja. En vez de a tanto por libro -en su gran mayoría recopilaciones de sus artículos, varios cada año (*), como quien hace o fabrica churros- tal y como se le podría (fácilmente) redargüir a UMBRAL Aunque tal vez en todo eso (como yo sigo pensando) estribe la literatura también (me pregunto yo)
Pero la razones o motivos últimos del rechazo de las más altas instancias literarias universales -como las del Premio Nobel- y del rechazo o desafecto de un sector (¿mayoritario?) del publico español a la obra y a la figura galdosianas -las mismas tal vez por paradójico que parecer pueda, que imponen tajantemente y exigen su presencia en el canon literario- se me ocurre como digo que tengan tal vez que ver con la imagen ideológica -sectaria y polarizante-, de librepensador en ideas (anticlerical) y de liberal en política (anti-carlista o sea)- arrastró GALDOS (por méritos propios en vida y nos lego para la posteridad. Lo que hizo que le reivindicase la izquierda española hasta hoy, y como así fue caso en la guerra civil. Y no me resisto aquí a evocar algo en relación con la semblanza y la imagen galdosianas que aquí acabo de plasmar. Y es que vivió -tal como lo puedo constatar- del sin fin de veces cuando vivía en España que pasé por allí, y como lo dejaba registrado la la lapida rememorativa al lado de la puerta del inmueble aquél (que no sé si existe aún) no lejos de mi domicilio familiar- en la calle GAZTAMBIDE, casi esquina a PRINCESA, precisamente en uno de los (antiguos) límites del barrio de ARGUELLES (doy fe) de antes de que se cambiase la demarcación de aquel barrio, de un plumazo -léase sin consultar a sus habitantes-, de cuando el paso de Juan BARRANCO (PSOE) por la Alcaldía de Madrid. Tras lo cual a algunos inquilinos y vecinos les dio por llamar a aquel sector Barrio GAZTAMBIDE, lo que nunca fue (doy fe) Ni un barrio (sic) ni que el nombre aquel fuese algo más que el nombre de una calle. Como siempre lo fue ¿En (obligado) homenaje tal vez a GALDOS que vivió en la homónima calle, manera sutil e insidiosa a la vez de darle un toque galdosiano -y polarizante pues- a todo aquel barrio de Madrid? Me pregunto yo, sin acertar a responder
Un titulo de GALDOS con el que él parece salir al paso de los rumores -bulos se llamarían hoy- que hacían de él (horresco referens!) -por su proclamado anti-clericalismo aunque sólo fuera- un masón. Tomando distancias y rompiendo a la vez la ley del silencio y a la vez el tabú espeso que rodea a esa sociedad/institución. De lo que se es obligado tomar nota. Como aquí hago yo
(*): Y ese es el trasfondo del celebre incidente al final de sus días, de "Yo he venido a hablar de mi libro", ante Mercedes MILA directora del programa aquél en la pantalla televisiva, que dejó estupefacta sin habla al conjunto de la opinión publica. y es que el reto era de talla para Umbral, de vender o no vender su libro (si no se hablaba de él) en definitiva. Y no una salida improcedente y excéntrica (de las suyas) To be or not to be. Y fue donde UMBRAL se reveló un escritor profesional (sic) (de lo que se jactaba él mismo) Que vivió y ascendió social y profesionalmente de su pluma. Lo que (en parte) él le reprochaba a GALDOS en definitiva. Es no obstante otro el reproche que al autor de Episodios Nacionales le hacemos nosotros. Su imagen -creada por él mismo o no- sectario, polarizante y en suma guerra civilista Por adelantado (en francés, avant-la-lettre)








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