Suecia o el norte que perdimos, y quien dice Suecia dice Noruega como lo escribí yo en en anterior entrada de este blog. En mi entrada de ayer escribí de Suiza y de la impronta que dejó marcada en mí el país alpino. Y hoy me entraron ganas de escribir sobre los países nórdicos -en particular la Suecia- por análogos motivos, derivados de mi visita, de muy joven, a aquel país. Y lo hago en parte para darme mejor a conocer a los lectores asiduos de este blog, y en parte también para explicar aquí y explicarme a mí esa vocación europea (sic) que muchos ya detectaron, en mí, y en mi trayectoria antes incluso de que la reconociese yo mismo, y que naciese em mí el empeño de plenamente asumirla como hago hoy. y así me sorprendió no poco -aunque sin desagradarme no obstante- el verme (o leerme) hace algún tiempo presentado en las redes como un español europeo (sic) con lo que no sabría colegir a ciencia cierta lo que con ello querían decir. Por mi segundo apellido (de Krohn), sin duda, pero a lo que cabría objetar todos los apellidos extranjeros de españoles que surcan la crónica de actualidad más candente y el día a día de muchos -por aquello sin duda también que recuerda y remacha con frecuencia (y con razón) la Isabel AYUSO, de Madrid, de España como lugares de encuentro e intercambio (de nacionales y extranjeros) Y por el interés sin duda del que doy muestras en este blog -y fuera de aquí también, del que di muestras con mi experiencia suiza de la que aquí di cuenta ayer. Y de por mi viaje raudo -de ida y vuelta y precoz de adolescente de dieciséis años- a Suecia del que voy a dar cuenta hoy. No sin permitirme un preámbulo que explique los motivos hondos y reales en mis familiares, concretamente a mi difunto padre que ideó, y organizó aquel viaje mío, en mi lugar.
Y lo hago evocando aquí (como obligado a ello) una especie de best-seller en literatura digamos juvenil y en la España de los sesenta al borde ya de la mutación cultural -como yo la llamé- que se consumaría apenas unos años más tarde. A mi paso ¡ay dolor! por la Universidad, léase (también) por la Universitaria madrileña. Y me estoy refiriendo a un libro que se tradujo en un film de mayor éxito y difusión si cabe que el libro aquel. "Luiso", de José María SANCHEZ SILVA, llevado al cine justo a seguir, en "María, matrícula de Bilbao" -de Ladislao VAJDA-, que ahora leo comparada a "Capitanes" intrépidos". Para "niños ricos", puntualiza (resentida) Wikipedia. De clase media, puntualizo yo en la medida que yo pueda (en esa salida) sentirme aludido, por todo lo que llevo escrito en este blog, y más concretamente, en esta entrada. En el film aquel -que el libro no lo leí- se rastrean las peripecias de un adolescente recién salido de la infancia o ni siquiera -como parece probarlo la ausencia del más mínimo rastro en el personaje de haber abandonado la pubertad. De vida sentimental, erótica o amorosa en él (o como se le quiera llamar) Al que su padre -dueño del "María"- le propone unas vacaciones veraniegas compaginables con la asignatura pendiente -las matemáticas- que le había quedado en la primera convocatoria, embarcándole en el barco mercante -el "María"- del que él -el padre de Luiso- era el capitán.
Con lo que acabo de exponer en sus grandes líneas el enfoque -narrativo como cinematográfico- en el que podía encajar perfectamente el trance por el que atravesaba yo en aquel entonces. Con una diferencia (de talla) no obstante. Y era que yo superé mis exámenes -de Preuniversitario- y que lo que mi difunto padre me propuso -aquel viaje en barco- fue a título de premio o recompensa y no de recurso -inspirado no obstante en la solicitud paterna- a las dificultades en los estudios del personaje, hijo del capitán del barco mercante aquel. Pero la idea de aventura juvenil -común al padre de Luiso como al mío-, que me diga del viaje en barco, fuente previsible -como en mi caso así en realidad fue- de aventuras, de nuevas experiencias y de sorpresas para adolescentes, todo ello estaba en el ambiente que se respiraba en aquel entonces, en mi familia, y en el sistema educacional en la España de aquellos años -principios de los sesenta-, tal y como lo ilustra el pequeño detalle todo menos anecdótico, que aquella novela (corta) infantil de "Luiso", fuera libro de texto aquel año para mí -en el colegio de curas donde cursé el bachillerato- en la asignatura de Formación del Espíritu nacional, una de las "Tres Marías" (como aquí muchos se acordarán)
Fue una travesía (*) -en el segundo viaje, el más largo, que hicimos uno primero a Liverpool y Glasgow, con retorno a San Sebastián-, Cantábrico y Mar del Norte arriba hasta el mar Báltico -canal de Kiel (alemán) a través-, con una primera escala en el puerto sueco de Landskrona en frente de la capital danesa Copenhague, en donde atracamos también. Y a partir de allí, seguimos por el mar Báltico arriba, penetrando en el golfo de Botnia, hasta el extremo norte de aquel golfo, al puerto finlandés de Kemi, en la misma línea fronteriza sueco/finlandesa, no muy lejos ya del círculo polar. Pero anteriormente atracamos unos días -dos,tres-, apartándonos del Báltico, y adentrándonos hasta el pequeño puerto fluvial de Hálgenás -pronunciado Helguenas-, cerca de la localidad de GAMLEBY (municipio de Vastervik, en la costa del mar Báltico)
Fue allí, por los dos (tres) días que atracamos allí donde tuve ocasión de tomarle el pulso en aquel medio rural y en aquel entonces, a la sociedad sueca y a su modo de vida que me deslumbró, por su standing -otra vez, como en Suiza-, pero sobre todo por la imagen, libre y emancipada, que me ofrecieron todos aquellos jóvenes abiertos y cordiales, chicos y chicas que en aquel breve lapso de tiempo tuve ocasión de tratar y de conocer: sin duda por el interés que me mostraron todos ellos, las chicas en particular -como en un signo premonitorio del mito de las suecas que estallaría en las playas españolas justo el año a seguir. Que el éxito -de miradas (...)- que coseché en aquellos breves encuentros -sala de baile en el centro de la localidad aquella incluida-, con las chicas de allí, no me hizo a fe mía perder la cabeza, pero sí que me deslumbró ¡y cómo! El sentirme objeto del interés y de la curiosidad femenina, en lo que mi condición de español, léase de europeo mediterráneo, meridional jugaba en no pequeña medida a decir verdad. La belleza y el encanto físicos de las chicas (suecas) aquellas eran por mucho en aquella fascinación, pero sobre todo lo libre, desenvueltos y emancipados que se mostraron todos y todas conmigo, fue algo nuevo, inédito y cautivador para mí. Y en Finlandia justo después experimenté aunque en menor medida -por la mayor brevedad sin duda de mi estancia allí- una sensación parecida. La atracción de lo nórdico -"dentro de un orden"-, y de lo desconocido en mí, como aquello se podría epilogar.
Y toda esta larga disertación habrá tenido su punto de arranque en una noticia de la prensa de hoy sobre nuevas leyes restrictivas de la inmigración en Suecia, por impulso del partido anti-inmigración allí de Demócratas nacionalistas de Suecia (Sverige Demokraterna SD) En un país "empezado -como en Bélgica- por la invasión musulmana silenciosa. Con un 20 % de la población -dos millones doscientas mil personas- no-nacidos en el país. Mayormente llegados allí entre 2014 y 2018. En proveniencia allí de Siria -sirios (islamistas) anti-ASSAD of course, de la época de la guerra civil en su país- de Irak, y de Afganistán. Y ante esa situación y ese panorama, oigo de nuevo la voz de la sangre que nos liga a los destinos de Europa. La que no oí nunca del lado de los papas y de la Iglesia del Concilio. Algo querrá decir
(*): Aclaraciones. Fue en un barco (mercante) del que mi tío Gonzalo era el capitán. El "Karin", de bandera "pirata" (como le decían), de bandera panameña o sea. Trajimos potasa de Inglaterra -Liverpool y Glasgow-, y luego, madera, de Finlandia y de Suecia