Denuncia ante el Buzón Ciudadano de la Comunidad de Madrid, del padre de un alumno de la Facultad de Bellas Artes de la Complutense, contra uno de sus profesores (de Dibujo), por adoctrinamiento. Quien habría pedido a sus alumnos un trabajo (de examen) -obligatorio, so pena de un suspenso en el examen- con motivo de HALLOWEEN, representando a AYUSO, MARTINEZ ALMEIDA y ABASCAL en "vampiros sanguinarios. Y poniendo como ejemplo un trabajo del año anterior en el que -habría dicho aquel- aparecía Isabel AYUSO, "devorando a un pato por el cuello" ODIO ¿quién habló de eso?
Hay algo en la propaganda fide o en las campañas de adoctrinamiento del poder socialista y de su jefe, el inquilino de la Moncloa, que no nos acaba de entrar a muchos españoles (bien) en la cabeza. Y lo son las operaciones mediáticas de acoso y derribo a cuenta o en nombre de la lucha contra el odio (sic) o contra los odiadores -léase contra una simple emoción o pasión humana (y contra los que la albergan), como la definió y catalogó el filósofo ARISTÓTELES (fuera de toda sospecha)- que las referidas campañas criminalizan, cubriéndoles sistemáticamente de odio (sic), de vergüenza y de oprobio, hasta obligarles a tirar la toalla, a dimitir de sus puestos o a una dejación de funciones o responsabilidades por altas que ellas sean (...), que es en definitiva de lo que se trata. En la guerra como en la guerra (...) Híbridas, de fuego real o como ellas se presentan.
Y lo ilustra en primer lugar el acoso -rayano en la locura obsesiva- a la presidenta de la Comunidad madrileña, Isabel AYUSO -tal como lo vengo repetidamente explicando y denunciando en las últimas semanas. Por cualquier motivo, que importan poco, por nimios o triviales que ellos sean. O de cualquier forma o manera. Que todo vale, todos los golpes -a cual más bajo- se permiten contra la Presidenta madrileña. Y entre aquellos, el cierre -por razones de mugre e e insalubridad (como ayer aquí ya lo expliqué) - de la salida de la Puerta del Sol contigua al reducto que ocupan los acampados. O encargando (y comercializándolo entre los estudiantes) a un profesor universitario de dibujo, diseños de vampiros sanguinarios (sic) en los que se ve caracterizada la AYUSO (sin broma).
Aquí ya abordé -en mi penúltima entrada- la cuestión tan delicada y melindrosa (y engorrosa) de lo que yo llamo -por mi cuenta y riesgo- pathos anti-español de los belgas flamencos, que se podría hacer extensivo a todos los belgas. Y es que al hilo de lo que acabé de escribir sobre el tema, me vino de improviso a la mente una antigua lectura durante mi estancia en Bélgica, Y es que a mi gran sorpresa, no habrá cosechado -por su pertinencia y su temática resueltamente moderna, y su cargazón memorística tan certera- el eco y el impacto que se hubiera merecido en el publico belga, esta obra de entreguerras. Y lo es sin duda por el innegable trasfondo histórico de la obra remontando en la historia de los Países Bajos (lato sensu), a la presencia española.
Y es una historia de venganza y maleficio -le maugré-, y de una ley (mafiosa) del silencio -de omertá- en medio rural- de campesinos valones (francófonos) desposeídos contra su voluntad de las tierras que de padres a hijos habían venido labrando, por nuevos ocupantes, flamencos, imbuidos (ëstos últimos) de la mejor buena fe, de lo legítimo de sus títulos de propiedad e ignorantes del maelström en el que se andaban metiendo Y todo por culpa de una (trágica) laguna -en materia de arrendamientos rústicos (fermages, pachtovereenkomst) - en el derecho belga, que sólo se vería subsanada en la posguerra Y en la que llama la atención, uno de los personajes -central a mi juicio entre todos ellos- y lo es el que los campesinos francófonos llamaban Cura de los Puercos (Curé des Pourceaux), un cura arrepentido, medio loco, medio visionario que debía el apodo a su (extraña) costumbre de recitar un Oremus antes de sacrificar a los puercos. Y es sobre todo, cuando evoca (sentencioso) la época (denostada) de la presencia española, o sea de los Archiduques (*), que no tenían el sentido de esta tierra. Con lo que se destaca de nuevo esa vieja acusación contra la presencia española, tan hondamente anclada entre muchos belgas.
Y lo curioso como digo es que la vieja vindicta se oiga esta vez en la boca de un valón, con lo que se viene a ilustrar lo que vine observando y confirmando en mis largos años de estancia allí, y fue lo que yo llamo compromiso histórico a la belga -entre valones y flamencos o sea-, en aras de la unidad(belga) y por encima de la división lingüística -por la mitad- de Bélgica y a costa o a expensas de la presencia española (en la memoria de los belgas) Y ante eso, ¿acabará la izquierda (apátrida) española reconociendo ese dato o constante fundamental de nuestra política internacional y de la geopolítica en curso, esa manifestación de odio (sic) (anti-español) tan operante en nuestra historia reciente -y en el plano internacional-, como lo pueda ser el odio de clase (sic), léase el resultante (y no menos envuelto en un espeso enigma como el anterior) de la lucha de clases? Ante lo cual, ante esa guerra (sin cuartel) de memorias, de nada sirve una puesta de perfil como lo habrá hecho por sistema hasta hoy la izquierda española
Le Maugré (el Maleficio) Una (importante) novela belga de entreguerras, de venganza en medio rural, y de una ley (mafiosa) del silencio (omertá), de campesinos francófonos desposeídos contra su voluntad y de nuevos ocupantes -flamencos- de las tierras en disputa, con el telón de fondo de una (trágica) laguna -en materia de arrendamientos rústicos- (subsanada ya hoy) en el Derecho belga. En donde sale de nuevo a relucir la vieja acusación contra la presencia española, centrada en los Archiduques -Alberto y Clara Eugenia de Austria-, soberanos y gobernadores de los Países Bajos, en nombre de Felipe II, soberano legítimo de estas tierras, en la fase final de las guerras de Flandes. Los cuales, al decir de uno de los protagonistas, francófono, valón, no tenían el sentido de esta tierra. Lo que viene a ilustrar (como yo lo llamo) el compromiso histórico a la belga, en aras de la unidad y de la superación de la barrera lingüística -Norte/Sur- entre belgas. Y a costa o a expensas de la memoria de la presencia española en los Países Bajos católicos, les Pays-Bas espagnols
(*) Archiduques Alberto (de Austria) e Isabel Clara Eugenia, hija mayor de Felipe II, de su tercer matrimonio con Isabel de Valois. Soberanos y gobernadores de los Países Bajos (1621-1633) (bajo la soberanía del Imperio español) En la última fase de la guerra de Flandes (o de los Ochenta Años)












