No estuve yo hasta hoy de acuerdo -vaya dicho de entrada- con el modelo que se tenía propuesto Juanma MORENO, en su campaña electoral como en la línea seguida a la cabeza de la Junta de Andalucía, pero me caía bien, no lo puedo remediar. Desde los últimos debates sobre todo para las elecciones andaluzas, que seguí fielmente por la pequeña pantalla televisa, donde acertó en lo que mas estaba para él en juego, y era de guardar el tipo (sic), y eso a fe mía que lo consiguió con creces, a base de temple (sic) ante los ataques y embestidas en plan de cuatro contra uno, con la sonrisa permanentemente en el semblante a prueba de los mayores desplantes y provocaciones de sus contrincantes incluso, y sin que consiguieran intimidarle ni cerrarle la boca a base de voces y malos modos, que aguantó impertérrito y altivo. Como un señorito: Señoritismo andaluz sí el mayor reproche que le hacen sus detractores dentro y fuera de Anda0lucía, que en lo que la expresión pueda tener -y tiene- de positivo (para mí) creo que se le puede endosar -en su favor- sin escrúpulo ninguno. Un señorito andaluz, pues, Juanma MORENO BONILLA? Si así fuera, tan grande no sería su culpa.
No es ese pues su flanco mas desguarnecido. Sino su postura -de dontancredismo de puesta de perfil- en el debate que habrá gravitado de cerca y por encima a lo largo y a lo ancho, y por detrás de la campaña electoral andaluza, s saber el reto andalucista, léase andalusí, o sea, el peligro o la amenaza del islamismo y de los islamo/andalucistas. Ante lo que algunos que aquí me leen se tendrán que dar forzosamente por aludidos. A saber, los candidatos y partidarios del partido explícitamente andalucista, a saber Adelante Andalucía, el autentico triunfador moral de estas elecciones andaluzas, por el tirón electoral sobre todo que habrá registrado su candidatura en las urnas: Blas INFANTE, padre (putativo) -como así se le puede en justicia motejar- de la Patria andaluza, habrá sido el espectro soliviantador presente -a modo de convidado de piedra- en los recientes comicios andaluces.
¿Tendrá Blas INFANTE razön que los andaluces (según él) no serían más -a los jornaleros me refiero, a los sin/tierra- que los descendientes por la vía biológico-genética de los moriscos expulsados al finalizar la Reconquista? Que el atavismo flamenco (sic) de los andaluces, y más aún el pueblo de los flamencos -que es como definía a "los suyos", los quinquis mercheros, alguien tan fuera de sospecha como el tocaor Paco de LUCÍA-, no sería más que un poso heredado por los andaluces de la presencia y huella de los moriscos, que serían en la óptica de Blas INFANTE los auténticos flamencos, a tenor de la etimología que registraba -del término- en uno de sus escritos, el padre y fundador de la corriente andalucista, a saber fel-lah men-chú, campesinos desposeídos (de sus tierras) a saber -en román paladino- los moriscos que quedaron en suelo andaluz al final de la Reconquista.
Un reto, que me diga un guante sucio y maloliente el que el andalucismo lanza al rostro de los andaluces, la coartada interpuesta de la autonomía andaluza. A saber, el de mirarse al fondo y a lo mas hondo del espejo para saber donde venimos, para redescubrir nuestra verdadera identidad, o sea, individual y colectiva. Lo que yo mismo zanjé, de padre andaluz, por cuenta y riesgo ante el espejo para saber de donde vengo. Y que ratifiqué después por cuenta de mi ingrata experiencia de cohabitación forzosa con musulmanes -marroquíes- durante mi estancia en Bélgica.
Y eso es lo que ofrezco -de motivo de reflexión y circunspección a mis compatriotas (y medio/paisano) andaluces. Antes de que se les lleve la ola. La ola, me explico de la invasión silenciosa. La prioridad nacional (sic) de rompeolas pues. Que venimos predicando aquí -contra el Gran Reemplazo- mucho antes de que VOX -el otro vencedor de las elecciones andaluzas- hiciese oír su voz sobre el tema