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jueves, enero 12, 2017

CARRERO. "MALA FOLLÁ" DE TIEMPOS DE GUERRA

Cuadro pictórico de finales del siglo diecinueve (autor belga flamenco) representando el desfile de una "cámara de retorica" en cortejo por la Grand-Place de Amberes ante las autoridades de la ciudad (1539), expuesto de antiguo en el edificio del consistorio muncipal de Amberes, en el mismo lugar. La impresión de gravedad de la escena desmiente el estereotipo de que con los Españoles -que solo llegarían dos décadas mas tarde- “en Flandes se dejó de reír”. En las cámaras de retórica que dieron nacimiento desde la Baja Edad Media a una forma teatral típica de Flandes (la farsa flamenca) -se incubó un humor corrosivo y subversivo-de “mala follá”- que acabaría degenerando en insurrección generalizada (y guerra de religión, y guerra civil) con lo que se les acabó atragantando la farsa (y aguando la fiesta) Allí se reía sin duda a carcajadas pero siempre a escondidas y de mucho antes de la llegada de los Españoles de los Tercios (1557) El humor, de arma de guerra. Entonces como ahora. En Flandes entonces como la España actual, teatro -desde hace ochenta años- de una guerra civil interminable
El humor, de arma de guerra. Un tema viejo como el sol. Las bromas pesadas, los chistes insidiosos son armas que carga el diablo, que se disparan solas, capaces por supuesto de desencadenar una guerra. Como ocurrió en Flandes con los Españoles. Españoles madre -escribió con garra y sorna Eugenio Montes- ¡que viene el duque de Alba ! (¡Ojala viniese! añadía él) No estoy bromeando, es una rigurosa verdad histórica que la agitación protestante (político/religiosa) en Flandes -léase en los Países Bajos de entonces- que acabaría degenerando en guerra de religión (léase guerra declarada) empezó con chistes, con burlas y paradojas, con representaciones teatrales bufonescas en las llamadas cámaras de retorica -una institución de fuerte arraigo en los países bajos de entonces- donde nació al final de la Edad Media todo un género literario o una variedad propia de arte teatral, a saber la farsa flamenca, que acabaría revistiéndose de un cariz anti-español -y protestante y racista nórdico innegable- y que es como se perpetuaría en al memoria de estas tierras, y particularmente en la memoria oficial del estado holandés y del estado belga independientes.

“En Flandes, con los Españoles se dejó de reír » repetía como una consigna o como un fragmento literario el profesor (belga) de la ULB -Universidad Libre de Bruselas- que nos daba clase precisamente sobre aquel periodo histórico. En realidad, la represión de la propaganda protestante y de la guerra de propaganda que aquella encendía fatalmente, vino (mucho) antes de la llegada de los españoles a menos que se se está viendo ya un español en Carlos V -que no era menos germano y burguiñón (y de otras ascendencias a sus espaldas, nórdicas) o en su sobrina Margarita de Parma con la que se incubaría y acabaría estallando la guerra. (tras la llegada del Duque de Alba) Flamencos -léase los Belgas de entonces- ¿mas chistosos, mas dados a la broma que aquellos serios españoles. La polémica esta servida de antiguo, disfrazada de farsa flamenca.


Definía el profesor Plinio fundador de las TFP a los españoles como un pueblo “totalitario” (en el buen sentido sin duda había que entender) y a modo d e una formula o ecuación que él mismo venía a definir « Piedad total, valentía total, y seriedad total », así es como aquel portugués de América tan católico y tan integrista y tan piadoso (y tan rigorista) -y tan demócrata y tan anti-fascista- veía a los españoles. ¿Serios en las cosas serias y no sólo, los españoles de aquel tiempo ? Desde entonces llovió en Flandes no poco y algunos, parafraseando a Nietzsche, nos hicimos aun mas serios en las cosas serias, y dejamos pari passu de serlo (y de qué manera) en todo el resto, léase, en lo que no lo era (y que entonces aquellos siglos parecía serlo) aprendiéndonos las lecciones del pasado y de sus yerros tanto individuales como colectivos.

Y me refiero al pasado español por estas tierras, y también a otro igualmente nuestro mas reciente.
La guerra civil interminable de los ochenta años, eso es lo único que se merece verse tomado en serio, de todos los desafíos que nos arroja al rostro la actualidad del día más candente y que mas quema. Y viene a cuento de la polémica -precisamente sobre este tema- que ha vuelto ahora a l primer plano de los medios, en forma de actualidad judicial y de otras noticias que podrían acabar siéndolo, acabando en los tribunales me refiero. Y es en materia de burlas a las victimas del terrorismo (léase de la ETA) Aquí ya en este blog y en alguno de mis libros ya dejé sentado que el terrorismo de la ETA no fue mas que un capitulo o episodio -sin duda el mas largo- de todas las formas de guerra asimétrica que se sucedieron en la España de la posguerra tras la terminación oficial de la guerra civil el primero de abril de 1936. Una guerra que como ya tengo aquí harto explicado -entre tormentas y bonanzas- se prosigue todavía, en la medida que puede re-encenderse en cualquier momento, aunque solo sea.

La agresión terrorista de la ETA fue -dicho en otros términos- la continuación de la guerra civil del 36 y su acción de guerra mas sonada lo fue sin duda el asesinato del almirante Carrero banco. Un tema tabú en la izquierda española desde entonces y que les obligaría por vía de consecuencia a un silencio embarazoso -como lo denuncié en un comentario que me merecieron unas declaraciones de Jorge Semprún años antes de su muerte a un semanario de lengua española en Bélgica donde condenaba el terrorismo de la ETA y se veía obligado a fintas dialécticas al mismo tiempo como quien dice para no condenar el atentado de la calle del Correo- o a la huida hacia adelante por el tubo de escape de los chistes y de las bromas insidiosas, tal y como habrá ocurrido ahora.

Un joven transexual -por las trazas- se enfrenta a una inculpación por ese motivo, y se ve de golpe jaleado por Izquierda Unida, el partido que dirige Alberto Garzón, líder o vos cantante -en Málaga- de aquellos indignados del 2011 que tantas muestras dieron de indignación y de frustración y de rabia mal contenida. Y de mala sombra. Mala follá (y con perdón) le dicen los paisanos de aquél (andaluces), ese humor de guerra. Lo dicho, seguimos en guerra (civil) Medio serio y medio en broma

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