viernes, junio 19, 2015

NUEVA ENCÍCLICA ¡DESOBEDIENCIA YA!

Al Gore –candidato perdedor en el 2001 a las elecciones norteamericanas- caricaturizado por la cruzada anti-calentamiento global que emprendió (frenéticamente) justo a seguir a su derrota electoral. El papa argentino acaba de tomar partido en su nueva encíclica en materia climática, viniendo así al rescate (urgente) de las teorías de recalentamiento global difundidas –como verdad de evangelio- por los medios de la presa global desde principios del milenio y puestas progresivamente entredicho por numerosos científicos y por la evolución climática –y de la temperaturas- de los últimos años. Religión de la Tierra -maltratada por la civilización (de los hombres)- y de los pobres (y parias de la tierra) Una nueva versión (marca argentina) de la religión de lucha y de odio de clases que triunfó en el concilio vaticano segundo
Lo que faltaba a la indignación callejera. Una teología de padre y muy señor mío como la que viene a promulgar ahora –a tirarnos a la cabeza más bien-, en su primera encíclica el papa Francisco (Primero) No tengo nada de personal, vaya dicho de entrada, curándome de inmediato también, contra este papa argentino.

Tampoco lo tenía yo contra el papa polaco Karol Wojtyla –Juan Pablo II de su nombre pontificio- o digamos que solo lo empecé a tener (personal quiero decir) tras mi gesto de Fátima cuando empezó a pesarme por demás no mi gesto aquél (que no fue en el fondo más que eso) sino el propio papa polaco con su poder mediático –en los medios- tentacular, y orbi et orbe, sin límites, opresivo (psicológicamente) y abrumador, como tal vez no lo tuvo nadie antes ni después que él hasta la fecha.

Un sol negro el que vino proyectar (urbi et orbe) su larguísimo pontificado, como lo canté en el primero de mis poemas cuando me descubrí poeta tras largos años (solamente) de persecución (solapada) de expatriación y de autoexilio. Y es cierto que solo cuando ese sol negro se puso –el dos de abril del 2005- empezó a sonreírme (un poco) la vida como lo anunciaba (o pronosticaba) también en los últimos versos mi poema.

Y un dato significativo asaz de lo que digo lo es que la última vez que pisé una cárcel (hasta tres) de resultas de mi pasado, léase de mi gesto de Fátima (de más de veinte años antes) -fue –ya aquí en Bélgica- en marzo del 2004 (justo a seguir a los atentados de Atocha), a un año apenas de la muerte de aquel pontífice. El papa Francisco me plantea ahora un problema distinto. Menos personal si se quiere y más impreciso y más difuso y más imperioso de revolver a la vez pos su actualidad aunque solo sea.
Se acabaron los complejos. Análisis en este blog en lo sucesivo –en el plano de la política religiosa (Maurras dixit)- de los actos y de las palabras del pontífice argentino primordialmente en función de la política exterior e interior norteamericana, de la administración Obama, principal comanditario de la política y diplomacia vaticana y de los actos y palabras del pontífice. Y está claro que la encíclica incendiaria que viene de publicar Francisco Primero en materia climática (y en otros temas) es un torpedo en la línea de flotación –por orden o instigación del actual inquilino de la Casa Blanca, el afro americano Obama- contra el candidato presidencial republicano Jeb Bush, hermano e hijo de dos presidentes USA anteriores, que profesa la religión católica (de su esposa, de origen hispano) y que se habrá distanciado del mensaje pontificio y de sus implicaciones políticas, tras la pubicación de esta encíclica. Jeb Bush se ha manifestado ahora partidario de a extirpar de raíz el Estado islámico. Esperemos que eso no le haga –como el que vendría (el año que viene) a ser su predecesor- equivocarse de blanco en Irak y en Siria sobre todo. De entrada no obstante, mil veces preferible él a la Clinton (y sus risas sádicas, horresco referens!)
La encíclica del papa que nos acaban de anunciar los medios en sus ediciones de hoy viene a ser (no hay más que echarle un vistazo encima) un compendio o breviario de teología de la liberación –un subproducto teológico a su vez del concilio vaticano segundo, de denominación o marca de origen jesuita- en una versión actualizada y adaptada a la realidad actual, marcada (aún) por las secuelas de la crisis financiera mundial que estalló en el 2007, entre las que cabe contar –además del estallido de las primaveras árabes- la erupción principalmente en España de la indignación callejera. Una teología de la indignación la que el papa viene ahora servir en bandeja a los medios y a la opinión pública del planeta.

Por encargo a no dudar de su principal comanditario, a saber la Casa Blanca (léase la administración Obama) a la que sirve obsecuente como lo hicieron sus predecesores y en general todos los pontífices desde la terminación de la segunda guerra mundial en el 45. En una subordinación y servilismo crecientes como lo puso de manifiesto el pontificado de Juan Pablo II en una segunda fase del mismo, durante la presidencia Clinton que presidio las giras pontificias más apoteósicas de aquel papa globetrotter (mimado y adulado por los medios)

El actual mandatario norteamericano de raza negra no es ajeno a todas luces a la encíclica tan ruidosa y sin duda tan explosiva que acaba de publicar el papa argentino. La preferencia por la teología de la liberación de aquél fue puesta de manifiesto –como aquí tuve ya ocasión de señalarlo- en la primavera del 2011 –un año antes de la erupción del 15-M- cuando el mandatario español de entonces José Luis Zapatero (horresco referens) se vio invitado al desayuno –en familia- de la Jornada Nacional de Oración (anual), en la Casa Blanca, una tradición fuertemente arraigada en Norteamérica, u cuando escucho complacido las citas bíblicas -como andanadas o venablos incendiarios- que le brindo el mandatario español ateo por confesión propia y ligado por proa confesión también al bando de los come curas (e incendiarios) de cuando la guerra civil española.

El mandatario norteamericano vendría así a encarnar esa raigambre bíblica (judeo cristina) omnipresente y operante en la historia de los Estados Unidos y en particular en la trayectoria del partido demócrata, de humanismo y de pacifismo y de sueños de democracia universal, signo de contradicción hecha carne en verdad –por aquel axioma marxista que la contradicción se encuentra en la esencia misma de las cosas-, viniendo de una administración y de una política exterior norteamericana que se habrá visto caracterizada por una fuerte expansión militar –heredada es cierto de sus antecesores- como lo ilustró la intervención de la OTAN en Libia.

Uno de los presidentes más religiosos de la historia de los Estados Unidos sin duda alguna, Barak Obama. Aunque la duda planee sobre muchos –sobre todo entre sus propios súbditos y compatriotas- de cual sea la naturaleza o fondo ultimo de su postura religiosa, si cristiana o si musulmana, y si no venga a tratarse de un cripto musulmán –léase converso del Islam en secreto- como le vienen acusando desde los inicios de sus mandatos el Tea Party y otros sectores de la derecha política (o religiosa)

El papa argentino por su parte arrastra un pasado político que los medios se apresuran –tras un breve periodo de cacofonía y de indecisión tras su nombramiento- a enterrar y a echar encima tierra y más tierra, y que por una curiosa coincidencia el autor de estas línea cree honestamente conocer un poco. Me explico.

A finales de los setenta cuando yo residí en la Argentina -en el seminario que fundó Monseñor Lefebvre en el centro de Buenos Aires, durante el gobierno de las juntas militares, aún bajo la presidencia del general Videla, el futuro papa era ya provincial de los jesuitas, si era ya en secreto teólogo de la liberación o partidario o correligionario de aquellos –entre los cuales, algunos de los más conspicuos y destacados (Sobrino, Ellacuría) eran compañeros suyos, jesuitas- es algo que no nos consta.

Tras su nombramiento pontificio nada se le pudo probar de aquel periodo de su trayectoria y de su carrera eclesiástica, y si dudas cabían vino a disiparlas todas el testimonio en favor –y en descargo- del nuevo papa, del nobel de la paz argentino, Esquivel (fuera de toda sospecha) El papa no entrego a nadie –como de ello se vería acusado-, a ningún compañero suyo en el sacerdocio  a los militares (represores, envueltos en una lucha sin cuartel contra la guerrilla marxista) Punto.

No es óbice que toda la polémica y estruendo mediático en torno a ese (turbio) asunto venía a correr un tupido velo sobre la pura evidencia, a saber que el nuevo pontífice sobrevivió –léase colaboró, pasivamente aunque fuera- con el nuevo régimen instaurado en Argentina tras la experiencia (no poco desastrosa) de las últimas presidencias peronistas, en las antípodas de una actitud insurreccional cualquiera, de indignación callejera aunque fuera como la que viene ahora (en el fondo) a pregonar –o al menos a defender y a justificar- en su encíclica, por la que viene el escandalo ahora y la controversia.

El papa que ahora habla y denuncia, calló y consintió entonces con “el poder” y “el sistema” que ahora denuncia erigiéndose en mentor ideológico –y en padrino espiritual- de indignados, radicales y anti-sistema de toda laya, en España y fuera de ella.

Y para eso se sirve del tema fetiche del (re) calentamiento global con el que nos vienen dando la lata –o la vara- los medios desde los inicios de la era Bush cuando el candidato derrotado en las elecciones americanas Al Gore se convirtió en heraldo y mensajero de un mundo global, especie de nueva religión de la humanidad doliente, o digamos una variante (más) del ideal de la democracia planetaria que los Estados Unidos –la mayor potencia democrática de la tierra- se veía en la investido –como una misión emanante de lo alto- en la obligación de instaurar, al conjunto del planeta.

Lo que se prestaba como es lógico no poco a la irrisión y a la caricatura como la que representaba –en la prensa norteamericana al (fracasado) político norteamericano echando llamaradas de fuego sobre una bola del mundo delante suyo. ¿Calientan los gases y sus emanaciones (aún) más que la histeria anti-calentamiento –y anti-sistema y capitalista- de la prensa global a escala del planeta? That’s the question.

Pero la guinda del pastel o la novedad del enfoque anti-calentamiento global en esta encíclica pontificia lo es su puesta en relación (linkage, en lenguaje de politólogos USA) con el fenómeno de la pobreza en el mundo. Leitmotiv obsesionante de la iglesia del concilio y de los sucesivos pontífices que la encarnaron –desde Juan XXIII- al que consagraron las más difundidas e sus encíclicas.

Con lo que venía a destaparse –de forma flagrante y no menos escandalosos- el fondo judeo cristiano que toda una tradición de pensamiento incorrecto contra-revolucionario o de revolución/nacional -o conservadora- viene a denuncie –léase a descubrir en el fondo o en el poso último del mensaje evangélico- tras la revolución francesa. Una iglesia de los pobres, contra los ricos.

Un evangelio de lucha de clases que se había visto ya anunciado en el Sermón de la Montaña y en Magníficat, de los más emblemáticos entre los textos (evangélicos) fundadores del (judeo) cristianismo, y que vino a destapar consigo a la faz del mundo –y ante la sorpresa y el escándalo y la consternación de muchos cristianos y católicos fieles a escala del planeta- el concilio vaticano segundo.

Mensaje culpabilizante –hoy como ayer- el de los papas del concilio, el que viene a revalidar ahora la primera encíclica del papa argentino. Todos somos culpables, de la pobreza del mundo (e infantil), del holocausto/judío, y ahora también del calentamiento global del planeta, y por supuesto de los sufrimientos infligidos a los pobres y desheredados, léase a los parias e intocables de la tierra.

Una novedad del magisterio pontificio –como viene ahora a celebrarla los medios de la prensa global-, ese pecado (contra el espíritu, que me diga, contra la Madre Tierra (con mayúsculas) que no es tal si no que viene a ofrecer analogías o a despertar viejos fantasmas más bien de la vieja ideología ácrata –de Land and Freedom- tal y como se vio puesta en práctica (ay dolor!) durante la guerra civil española. Hay que reaccionar. Como sea. Antes que sea demasiado tarde.

Antes que la indignación callejera alentada por este papa pos marxista le meta fuego a la paz social y a la convivencia ciudadana dignas de preservación y de salvaguarda (por imperfectas que sean) y antes que la invasión silenciosa alentada y reforzada por los llamamientos demagógicos y falaces y demagógicos contra la pobreza en el mundo (y en particular contra la pobreza infantil) de la iglesia y del papa actual acabe anegándonos y acabe haciendo desaparecer los viejos pueblos y naciones de Europa.

Reaccionar a tiempo, sí, lo que no supieron los españoles hace cincuenta años con ese nuevo tipo de mensaje pontificio que trajo consigo toda una mutación cultural en la España de entonces, y todos los cambios (no poco funestos y catastróficos) que aquel gran desbarajuste mental (o doctrinal) fatalmente acarrearía.

El papa argentino habrá llegado hace poco como a la chita callando a justificar –y en el fondo pues a preconizar o a propugnar- la desobediencia civil a las autoridades (legítimamente) constituidas, y fue canonizando a la figura controvertida del arzobispo Romero (San Romero de los indios y de los pobres) que justo antes de su muerte se había puesto a predicar desde el pulpito la desobediencia a las autoridades de su país envuelto en una guerra civil, blancos de una ofensiva militar –en su punto álgido en aquellos momentos- de la guerrilla marxista.

El momento venido tal vez en cambio ahora de empezar a predicar la desobediencia canónica entre los católicos españoles, la gran mayoría de nuestros compatriotas. De empezar a desobedecer -y a disentir en público como interiormente en teoría como en la práctica- el mensaje y las directivas e instrucciones y los sermones y monsergas pontificios y los preceptos más que obsoletos de un derecho canónico milenario puesto hoy al servicio -en menoscabo del menor atisbo de Orden institucional- de una globalización subversiva y enemiga (mortal) de la civilización verdadera, léase de nuestra civilización occidental y europea que no merece morir.

Y vivirá. Piense lo que piense, diga lo que diga el nuevo papa argentino en sus encíclicas (y sus monsergas)

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