sábado, junio 20, 2015

ANDRÉS SERRANO POLICÍA DE PODEMOS

Carteles que han empapelado ciertos barrios de Madrid. Vallecas (faltaría), Moratalaz, Vicálvaro, Canillejas (léase San Blas) y Moncloa, son los barrios que menciona el despacho de Europa Press. No es todo Madrid, ni mucho menos: es el Madrid (Sur) que votó a la Carmena, y añadido a él, la zona de tránsito de universitarios de Moncloa. Como sea, un signo inquietante más de lo que aquí venimos denunciando: la amenaza del reencenderse de un nuevo capítulo de la guerra civil del 36 entre barrios altos y barrios bajos de la capital de España a través de una línea de trincheras (imaginaria) que diseñó el desenlace de las elecciones del pasado 24 de mayo. En ese contexto hay que situar el rumoreado nombramiento del policia de Podemos, de alto cargo en la nueva consejería (concejalía) de Seguridad Ciudadana. ¡Nubarrones negros!
Mal presagio. Otro más. Me refiero a las declaraciones del policía municipal Andrés Serrano al que ya dediqué aquí un artículo –que viene desde hace unas semanas escalando puestos en el contador de visitas de este blog (ya va por el cuarto puesto)- con ocasión del incidente en el que se vio envuelto y que trascendió en los medios durante la manifestación llamada “operación Jaque al Rey” (20 septiembre del 2013) que organizaron el 15-M y grupos afines –en lo que sería el embrión de Podemos fundado apenas unos meses más tarde-, cuando expuso por su actitud vacilante dos de sus subordinados a la ira de ciertos manifestantes, de un hombre ya de edad avanzada en concreto –y de otros manifestantes que le jaleaban- que enarbolaba una bandera republicana y que la emprendió a banderazos con una joven durante la marcha.
No un policía municipal cualquiera ese policía de Podemos como lo tienen etiquetado los medios, por confesión propia, que reconoce pertenecer a ese partido después de haberlo sido (muchos años) de Izquierda Unida.

Andrés Serrano? sin duda envalentonado por el triunfo de suyos que representa el accesión de Manuela Carmena y de su grupo (marca Podemos) a la alcaldía madrileña se destapa hoy con unas declaraciones que van a dar que hablar –dentro y fuera del cuerpo al que pertenece. Hasta el punto que cabe preguntarse si no acabarán acarreándole problemas (en el plano judicial me refiero) Ls antidisturbios en Madrid son ilegales. Eso es lo que acaba de declarar sin pestañear a los medios.
Como una declaración de guerra. Y en cualquier caso, como un anticipo de lo que nos espera, de confirmarse los rumores que hacen de él futuro mediador –con poderes especiales- entre la consejería (o concejalía) de Seguridad (nuevo molde), y la Policía Municipal madrileña.

Y en sus declaraciones esgrime la ley orgánica del 86 –bajo Felipe Gonzales- para atacar las unidades de información (UCS) de la policía municipal que habrán venido cooperando con los anti-disturbios (propiamente dichos) en el mantenimiento y salvaguardia de la seguridad ciudadana –léase el orden público- y a unas Centrales de Seguridad (cave suponer que dispositivos de coordinación entre diferentes unidades de la policía nacional y de la policía municipal en actuaciones conjuntas) que en su acumulación in crescendo de poderes y atribuciones (dice) “no hay quien pare”

Lo que da la clave sin duda del incidente en el que se vio envuelto el policía de Podemos y del que me hice eco en estas entradas, prohibiendo –o disuadiendo (a todas luces)- a sus subordinados el actuar al unísono o en coordinación con las fuerzas antidisturbios, en la operación jaque al rey y sin duda en las diferentes manifestaciones y concentraciones actos de protesta callejera que habrán venido jalonando la crónica de la actualidad madrileña de estos últimos cuatro años yd e la trayectoria del I5-M y del movimiento de los indignados (y grupos o iniciativas afines)

De la ilegalidad (sic) de estas manifestaciones y algaradas callejeras que se habrán venido sucediendo estos últimos años el policía de Podemos no se pronuncia en sus recientes declaraciones pero sería interesante el conocer su opinión, si las considera, o no, menos ilegales de lo que le parece la actuación de la policía municipal interviniendo junto al resto de las fuerzas del orden –y en coordinación y estrecho contacto con ellas- en situaciones de grave perturbación del orden público (y de la seguridad ciudadana)

Como sea, de confirmarse su nombramiento, cabe augurar que se avecinan tiempos revueltos para la paz social y la seguridad ciudadana en la capital de España, y por un efecto inevitable de simpatía ambiental, el resto de España y entre el conjunto de los españoles. Estar cerca de la gente, eso es lo que propugna el policía de Podemos en lo que parece el hilo conductor de sus declaraciones y leitmotiv al mismo tiempo de su tareas policiales.

Y sin obviar en modo alguno las dificultades del ejercicio ordinario y habitual (a diario) de una profesión como la de policía municipal en tiempos de tumulto como los que habremos venido atravesando los españoles estos últimos cuatro años, particularmente los habitantes de las grandes ciudades, agravado además por el fenómeno de la invasión rampante que encarna las corrientes inmigratorias y en particular la procedente del otro lado del Estrecho –con su corolario de formación de guetos en el casco urbano de grandes ciudades como Madrid y Barcelona- cabe decir no obstante que el estar cerca de la gente no es la misión principal ni la finalidad primera (ni mucho menos) de la actuación de los diferentes cuerpos armados, aunque sin duda sea de mayor relevancia o importancia en la policía municipal que entra otras componentes de las fuerzas del orden. España arrastra de antiguo un grave déficit –por expresarlo con eufemismos- en materia de seguridad ciudadana.

Aquí ya me pronuncié en favor de la nueva ley que no amordaza (sic) más de lo que se m ercen ciertos bocazas y provdores y especialista o profesionales de las alteraciones del orden y de la agitación callejera como nos lo habrán venido probando demostrando estos últimos cuatro años desde la creación del 15-M y la irrupción de la movida de los indignados.

Llevo casi treinta años viviendo (ininterrumpidamente) en Bélgica lo que me confiere -dirán aquí algunos- cierto desconocimiento de los problemas y de las situaciones que puedan plantearse y que de hecho se plantean en la vida cotidiana de los españoles (y de los madrileños) Es posible, hasta cierto punto lo admito.

El residir en Bélgica me habrá dado no obstante un punto de observación y elementos de comparación preciosos a la hora de analizar ciertas situaciones y de abordar ciertos problemas. La inseguridad ciudadana el desosiego psicológico (colectivo) que crea la protesta callejera de tipo político en las calles de las ciudades españoles –generalmente de un signo izquierdista (de extrema izquierda, antisistema)- no tiene equivalente ni encuentra parangón ninguno entre belgas. Ni de lejos.

Y valga de ilustración –de la propia experiencia persona del que esto escribe- la concentración (pacífica silenciosa) de más de trescientas personas a la que asistí hace ahora un año en un barrio céntrico de Bruselas convocada por asociaciones y figura políticamente incorrectas, ente ellos un cargo electo –diputado del parlamento regional de Bruselas- que acabó siendo disuelta por la fuerza tras encontrarse los asistentes con precintada la puerta del local en el que la reunión debería haberse celebrado, tras verse prohibida in extremis (so pretexto de anti semitismo) por el ayuntamiento de Bruselas (Bruxelles Ville)

Y fue por la intervención contundente -e imprevista nota bene cuando parecía que se había conseguido por fin el permiso para la reunión- de camiones cisterna anti-disturbios auxiliados por la policía del barrio (como mandan los cánones por estas tierras)

No llegó el agua al rio porque los belgas son así, en Madrid desde luego una actuación de una contundencia tal hubiera acabado de otra forma como ocurrió en la llamada operación de Toma del Congreso.

Lo dicho, el déficit –grave- en materia de seguridad ciudadana y de orden público que arrastramos los españoles desde los tiempos de la transición no es más que una secuela (más) de la guerra civil interminable, que vino a esconder o posibilitar formas de guerra simétrica como las que se habrán venido sucediendo –entre treguas y bonazas- desde hace ya más de ochenta años, y de las que la última versión o variante hasta la fecha lo constituye sin duda alguna el fenómeno de la indignación callejera al que asistimos desde hace cuatro años.

Mediación en sentido de pacificación de conflictos y de afianzamiento y salvaguarda de la paz social y de mejora de los niveles de seguridad ciudadana, o ariete y unta de laza subversiva en el seno de la plica municipal madrileña, esa es la alternativa que se le presenta al policía republicano –a punto de nombramiento-, aunque a tenor de las declaraciones de hoy ya parece que haya escogido su bando y decidido de su apuesta.

Que sepa que no nos impresiona ni nos intimida por muy policía republicano que sea. Como los que asesinaron a Calvo Sotelo

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