sábado, noviembre 14, 2015

RAJOY, CATALUÑA Y LA MEMORIA HISTORICA

Companys y Maciá juntos, el 14 de abril del 31 en Barcelona. Ambos en sus alocuciones de aquella (triste) efemérides –desde los balcones de la Diputación y de la Generalidad (plaza de San Jaime)- proclamarían (evocando asi la revuelta de  los "segadores" de tres siglos atrás) la República catalana (sic), reivindicación primera de los secesionistas del Parlamento de Cataluña (la Forcadell a la cabeza) las horas que corren. ¿Está seguro Don Tancredo que la memoria histórica -y la ley funesta por vía de consecuencia- es un tema (sic) que no interesa a nadie? La evolución dramática de la situación en Cataluña a la que asistimos parece fatalmente desmentirle
Mariano Rajoy se ha pronunciado hace pocos días en una intervención ante la prensa con turno de preguntas y respuestas en el tema de la memoria histórica respondiendo asi a uno de los asistentes al acto que le interpelo preguntándole –a bocajarro- por qué su gobierno no había abrogado la ley funesta. Tenía yo dos versiones de la intervención (escueta) del presidente del gobierno sobre el tema, una, de persona amiga, que Rajoy habrá contestado que ese tema (sic) no interesaba a nadie, y otra –más precisa verosímil- que leo ahora en la red del propio autor de la interpelación, que el presidente del gobierno habría contestado que su gobierno no había dado ni un céntimo (sic) a la ley de la Memoria y que (además) ese tema no suscitaba (sic) un gran debate social.

Lo cual se asemeja a un sofisma se mire por donde se mire. Para comenzar, ley y memoria (juntas) son algo así como un oxímoron que dirían los lingüistas, en otros términos, una contradicción in terminis. Es difícil legislar sobre lo que se recuerda social o individualmente en la medida que es algo que en mayor o menor grado afecta al fuero interno de os individuos o de un colectivo cualquiera, como también es difícil el legislar sobre los hechos (históricamente) acaecidos. Lo que sí cabe en cambio es la política de los hechos consumados que es lo que a todas luces buscaban los mentores de la ley funesta. Léase, el entronizar una verdad histórica oficial (sic) y de actuar acto seguido “como si”, léase, en función de esa verdad/oficial indiscutible (bajo pena de vernos reos de lesa democracia)

Los rojos perdieron la guerra, OK, pero (como eran los buenos) hay que obrar y pensar como si la hubieran ganado -reza el razonamiento de los recuperacionistas”-, lo que es un contrasentido pero menos de lo que se piensa, si no se ignoran ni minusvaloran las potencialidades explosivas de esa vuelta atrás, de esa negación del pasado propio, y de la historia de un Nación. Como lo ilustran la crispación que alcanzaría por culpa de ese tema la sociedad española durante los mandatos de Zapatero –cuando las excavaciones y los desenterramientos (de esqueletos, tibias y calaveras y demás) y por vía de consecuencia los linchamientos mediáticos y las denuncias y acusaciones y emplazamientos guerra civilistas estaban a la orden del día- , algo que no creo que el presidente del gobierno se atreva a negar honestamente.

O incluso la sordina que habrá acabado poniendo a ese tema la actual alcaldesa madrileña presumiblemente ante las resistencias con las que se habrá encontrado –en materia del callejero madrileño por ejemplo-, cuando parecía que iba a comerse el mundo, léase la otra mitad (larga) de los madrileños que no la había votado a ella -y de los barrios (la otra mitad mas uno) de la capital de España en los que no había ganado su propia candidatura- al acceder a la alcaldía, por cuenta o en nombre de la memoria de los vencidos a los que salvo prueba de lo contrario ella encarna y representa, por ser (algo del dominio público) hija de partidarios del bando de los vencido del 36, y de protagonistas de la guerra civil bien entendido.

La ley de la memoria era sobre todo un proyectil submarino contra la línea de flotación de lo que los indignados –patrocinados por el propio Zapatero no se olvide- llamarían “el régimen” (o “el régimen del 78”) y que una parte de la derecha -mayormente la derecha religiosa opta por llamar así también sin querer o aparentar ver (por la deslegitimación que la fórmula implica) que están tirando piedras contra su propio tejado)-, a saber el régimen político heredero, por la vía de una transición sin rupturas, del régimen anterior heredero o legatario a su vez de la Victoria en la guerra civil.

Lo que se traduciría fatalmente en una vuelta al 14 de abril, léase a la reapertura de un periodo constituyente (como entonces) Que vendría a ser la vuelta al punto de partida de la guerra civil o a los prolegómenos de la misma (lo mismo me da que me da lo mismo)

Y eso es lo que simbolizaba la bandera tricolor omnipresente en los actos de protesta de los indignados (del 15-M) como también –aunque en menor grado de intensidad- en las actos públicos de Podemos. No acabaron tomando por asalto la Zarzuela en nombre de la ley funesta, pero les faltó poco. El que las barreras del (endeble) cordón policial hubieran saltado al final en la Operación Toma del Congreso (por ejemplo)

En otros términos, el debate sigue latente, y presto a re encenderse en cuanto que se les presente la menor oportunidad a los incendiarios, a saber en cuanto que la izquierda que fue la patrocinadora de esa ley vuelva a la carga, quiero decir al gobierno de la nación lo que puede estar más cerca de lo que algunos se imaginan (y no me arriesgo a pronósticos electorales)

Ante lo que cabe plantearse el interrogante, de si el que el gobierno actual no dé un céntimo a la ley de la memoria pueda ser debido no a su voluntad de congelar (en la práctica ) la aplicación de la ley funesta sino precisamente el evitar co nel mayor de los cuidados –andándose con pies de plomo en el tema- el relanzamiento de ese debate social, criterio al que Mariano Rajoy a tenor de lo expuesto parece dar un importancia y transcendencia absolutas, lo que podría justificar a sus ojos la necesidad de su abrogación precisamente.

No es completamente cierto no obstante –dicho con todos los respetos- lo que ha declarado el jefe del gobierno, el debate pese a los silenciadores “de oficio” en la clase política y en los medios, sigue echando chispas y llamaradas como lo vienen demostrando iniciativas guerra civilistas –en el terreno de la memoria- que habrán sacado adelante alcaldías alternativas o mayorías opositoras (de circunstancia) resultantes de las últimas elecciones con el apoyo precioso nota bene de Ciudadanos.

Como habrá ocurrió cerquísima de Madrid en Guadalajara, un ayuntamiento presidido por el partido en el poder, y cual será (cabe preguntarse) el grado o los niveles del debate social (sic) que el tema habrá suscitado entre sus vecinos, que el alcalde PP se habrá visto en la tesitura (y en la obligación) de pedirles perdón (sic) por esa iniciativa de su consistorio en materia de memoria de la guerra civil. Lo que permite augurar de lo que haría no ya un gobierno de izquierdas (PSOE-Podemos) sino siquiera otro de centro izquierda (PSOE-Ciudadanos) en ese terreno de la ley funesta y de sus aplicaciones.

Una ley tiene per se fuerza vinculante, goce o no de subvenciones (púbicas) –que a no dudar ésta las recibe de fuera y de dentro (y de mucha más cuantía de lo que nos pensamos)-, y en el caso que nos ocupa la tiene dentro como fuera incluso de las propias fronteras españolas, tal y como lo puede testificar el autor de estas líneas de su experiencia (ingrata) en materia de memoria histórica en los ámbitos académicos de universidades extranjeras, sin ir más lejos aquí en Bélgica.

El mismo tema de Cataluña, de la situación allí creada que Mariano Rajoy parece estar privilegiando entre sus preocupaciones pre-electorales, tiene no poco que ver –se me reconocerá- con la memoria histórica y la ley funesta (como cuento ponerlo de manifiesto en mi libro de próxima aparición, dentro de unas semanas, sobre Cataluña)

Como lo ilustra sin ir más lejos la reivindicación número uno de los secesionistas, a saber la república catalana, con la que al proclamarse la (Segunda) República cerraron sus discursos y alocuciones, Companys y Maciá, principales protagonistas del 14 de Abril en Barcelona- - y que se remontaba a su vez a la rebelión de los segadores, hito primordialísimo en la memoria histórica de los catalanistas (separatistas)

Los pueblos que no aprenden de la historia, ya se sabe. Aplíquese el cuento, señor presidente del gobierno

1 comentario:

Anónimo dijo...

http://www.elespiadigital.com/index.php/noticias/politica/11263-lyndon-larouche-la-verdad-es-esencial-obama-es-un-asesino-y-se-le-tiene-que-sacar-del-puesto-ya-

http://uraniaenberlin.com/2015/11/14/nueva-operacion-gladio-b-en-francia-el-terror-vuelve-a-las-calles/