domingo, noviembre 15, 2015

Oda a Antinéa (poesía en domingo)

¡Hasta el fondo de la noche,
sigue, Juan, que no decaiga!
Mientras te queden aún fuerzas,
mientras aguante tu alma,
mientras te queden redaños
en lo hondo de las entrañas

¡Mientras tu estrella te alumbre
esperando la mañana!

¡El día al cabo de la noche,
la gran Verdad ignorada!
que me enseñaría la Vida
a golpes (y a dentelladas),
exhausto y rendido (¡Y en pie!)
al cabo de la Jornada
y al cabo de esa lucha atroz
de titanes y fantasmas
donde me vi aún más solo
que en la hora tan aciaga
cuando no tuve otros testigos
que la noche más cerrada,
cuando las luces temblaron
en mi mente devastada
de ventoleras terribles
que no pudieron tumbarlas

No cejes Juan, no, de soñar
de alimentarte en la Nada
porque la hora llegará
de reir a carcajadas
y de gritar las verdades
que te queman (que te abrasan),
de medirte y de pesarte
sin trampas y sin coartadas,
y que acaben las miserias
y el sucio boicot ¡Qué plasta!
y la humillación negra ¡Dios!
y el ostracismo y la infamia
y la calumnia paseante
(como Pedro por su casa)

(Y de entrar en posesión
de ese alma a ti destinada)

Y triunfará tu poesía
de amor, guerra y esperanza
por todo lo que tú amaste
y lo que odiaste, sin mancha
ni escrúpulos de conciencia,
siempre a la luz (y en voz alta)

Porque el que no odia no ama:
otra verdad olvidada
que se llevó el mundo antiguo
-la centuria no sé cuantas-
consigo al morir ¡misterio!
con tantas otras (sagradas)
cuando se hizo noche el mundo
y un dios enfermo triunfara

Y la diosa Belleza -¡Antinéa!-
se viera hasta hoy profanada


Siempre la misma, feroza,
con esas muecas de asco
y esos ojazos felinos
y con esos aires de loba
y esa presencia tan tuya
de ti y tu persona toda
que cambia todo de golpe,
que me intimida y azora,
me sube de pronto el ánimo
y me inflama y me transporta

Que no me das miedo mujer
aunque me arrugue y encoja
con tus desplantes, tus golpes
al bajo vientre ¡traidora!
-“vacheries” en francés se dice,
más crudo en lengua española (…)-
que me dejaste sin aire
y no te lo tengo en cuenta
-que en otras me vi peores-,
por mujer ¡Pobre indefensa!

Que mi vida ya no es lo que era,
que ya sonó la clarinada
de un alma en estado de guerra,
de conquista (y tierra quemada)
¡Es sólo poesía no temas!

La metáfora en desbandada
de un alma que sólo aspira
a tenerte (bien domada)
que antes me domaste tú
-¡gata, bribona, chicaza!-
a golpe de refunfuños,
mohines y caras largas
y miradas a traición, si,
no te hagas la estrecha ¡anda!

Que todo te lo perdono
aunque me dejaste sin habla,
te perdono porque quiero,
porque te quiero -¡todo o nada!-
que soy capaz de perdonar
y de guardar (la pedrada)

Ya lo sabes, ya me conoces,
al cabo de la humorada (…)

Que soy lo que soy princesa
¡El príncipe que soñaras!

1 comentario:

Anónimo dijo...

http://www.infovaticana.com/2015/11/14/isis-e-ideologia-de-genero-dos-amenazas-diabolicas/