domingo, noviembre 22, 2015

Oda a la Patria Eterna (poesía en domingo)

Me pongo « en fase » (a soñar)
y el ritmo astral se desata
en mis venas, en mis sienes
con aires de melodrama
en la sala semi oscura
a medio gas todo en calma
donde vengo a repostar
esta “furia literaria”,
eco de la furia aquella
nunca del todo apagada
que me arrastra, que me mueve
que nunca extinguí en mi alma
que me acompañó siempre fiel
en esta azarosa jornada
de Flandes ¡tantos años ya!
tierra sufrida y callada
dónde el viento sopla fuerte
entre el cielo y la mar brava
¡Donde se coció al fuego (feu)
mi poesía desterrada!

Donde le silbé a las estrellas
solo, corriendo en la playa
como el saltimbanquis aquel
del Zaratustra (sin mancha),
donde fijé otra vez rumbos
y se irguió en mí la esperanza,
donde al fin pude quedarme
¡siempre yo! (sin que me echaran)

Donde me nació mi otro/yo
hispano/flamenco, flor rara
de expatriación, bien auténtica
aunque no salga a mí en nada,
sin verle futuro al nacer
en aquella noche cerrada,
que lleva impreso bien dentro
como un ADN o una marca
el signo tau indeleble
de la imagen denostada
de reitres de barba y plumas
sonrientes en las batallas
aunque no se dé cuenta apenas
(¡de híbrido o mestizo nada!)

En Flandes se puso el sol, sí,
y enterraron las alabardas,
mas no se nos fue la “visión”,
que me asiste y acompaña,
que me hizo hervir de pasión
y reír a carcajadas
cada vez que la leyenda
hacía irrupción ¡qué fantasma!
como la punta de un iceberg
como vieja desdentada
en el ambiente risueño
de la vida cotidiana
tras el natural afable
de unas gentes tan cercanas,
que acabé aprendiendo a tratar,
como amigos (camaradas)

Como una señal infalible
como un aviso o una llamada
que alcancé un punto crítico,
que otra/patria me nació
más pura y también más ancha
¡Pura flor de madurez
en lo más hondo de mi alma!

¡Patria eterna, tierra y cielo,
siempre joven, siempre blanca!


La ciudad, el barrio, vacíos
de ti, sólo de ti, dulce amor
sin vida cuando tú no estás!
¡Ciudad desierta sin alma!

Cuando te ausentas ¿donde vas?
dónde huyes, dónde te escondes,
con tal de no dejarte ver,
princesa, cuando te marchas,

O será acaso al contrario
al revés de lo que piensas
malpensado, pobre miope
-tratándose de una mujer-
que seas tú el que se esconde
el que se escapa y se escurre
como un pajaro nocturno
de esos que ven (largo) en la noche,
que no se atreve a posarse
en tu ventana de golpe
de miedo que le enjaules
en tus redes, no sé (¡qué fuerte)

Solo sé que no sé, mi amor
que no sé qué pensar de ti
ni de este clon, de este otro/tú
que lo “ve” todo por ti al través
los “desencuentros” de día
y las sombras de la noche,
como los ruidos del alma
o las dudas de la mente,
o la angustia y los temores
¡de ti sólo! ¡De perderte!
De no amarte lo bastante,
de no odiar lo suficiente
lo que te turba o te afrenta
(Miedo de volverme demente)

¡Loco de atar por ti mujer,
dándole cara a la Muerte!

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