ARRIBA ESPAÑA Y QUE SE J...PUIGDEMONT!!!

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SEMPER IDEM

martes, noviembre 15, 2016

¿TRUMP RACISTA?

Ceremonia del Ku-Kux-Klan. El Klan -como comúnmente se le conoce en los Estados Unidos- fue en su origen hasta su autodisolución (en 1869, cuatro años después de la terminación de la guerra civil) un grupo de autodefensa -leyendas negras aparte- de los sudistas vencidos, destinado a defender a la mujer blanca del Sur de las violaciones en masa de las que se vieron objeto tras finalizar la guerra civil en todo el tiempo que duró la ocupacion del Sur por tropas de los nordistas. Unas agresiones en aluvión que se veían por regla general inpunes en los tribunales de los vencedores, sobre todo si los acusados eran de raza negra. Y llama poderosamente la atención -entre españoles por lo menos- la vestimenta ritual de esas escenas que evocan irresistiblemente -por más que sea algo rodeado del más espeso de los tabúes sobre todo entre españoles- los hábitos y capirotes de la Santa Inquisición, -y de la Santa Hermandad de la España de hace siglos- como las que a no dudar quedarían hondamente grabadas en la memoria colectiva tanto en España como en Flandes, y por regla general en todas las zonas del continente europeo que se vieron escenario de las guerras de religión (como lo fue la de los Treinta Años) En los contemporáneos de aquellas como en sus descendientes (...)
Trump racista? El diario el País en su edición de hoy trae una nueva entrega de la firma de uno d e sus colaboradores, periodista estadounidense de renombre (a lo que parece) que por lo que escribe parece estar al borde de la enajenación mental -o del ataque de nervios-, y es que este ultimo articulo suyo vine a ser claramente un llamamiento a la insurrección -armada incluso-, y lo justifica en el racismo (sic) en el sexismo (sic) que viene a encarnar el triunfo del candidato republicano y también en los resultados electorales que viene a poner en entredicho -él y otros- por la circunstancia de haberse visto la candidatura de aquél superada por sus rival en número de votos (unos doscientos mil)

Pero de todos los agravios sin duda el que mas mella hace en la opinión publica es el primero de ellos, del racismo (supuesto) de Donald Trump. La guerra civil americana -que parece gravitar más cerca de lo que parece sobre los acontecimientos de actualidad más cadente en Norteamérica -como lo ilustran fehacientemente los artículos del periodista mencionado al que ya hice alusión en una de mi entradas recientes- fue posterior de casi un siglo a la declaración de independencia y la constitución americana, y seria ilusorio entrar en tan famoso texto una referencia anti-racista por nimia que sea.

Y es precisamente lo que viene a explicar en el fondo la génesis de aquel enfrentamiento que marcaría al rojo la joven nación y presidiría hasta hoy su destino. Los españoles arrastramos una visión de la historia de los Estados Unidos que amén de fraccionaria y pobre y escasa pide revisión a gritos, y es por el sello confesional -católico/romano- de la que fatalmente se vería revestida, mas si acabe en lo referente a aquel capitulo tan decisivo de la misma, el de la guerra civil entre el Norte y el Sur, entre nordistas y sudistas. Lo que se vería lustrado en toda una literatura infantil de la que nos alimentaríamos generaciones y generaciones de niños españoles en la posguerra -a partir del 45- de cuentos y novelas ambientadas en la historia de los estados Unidos y en la que los sudistas -léase los esclavistas- iban invariablemente de malos de la película, diabolizado hasta el extremo y opuestos a unos abolicionistas que eran todo un dechado de virtudes (evangélicas, léase cristianas)


Esta obra de Dominique Venner (“El sol blanco de los vencidos”) recoge la historia de la guerra civil americana del lado de los sudistas vencidos. Una asignatura pendiente, la revisión de la historia de los Estados unidos -como la que se ve plasmada en esta obra indispensable-, que conocemos mal los españoles, de forma fragmentaria y pobre y sectaria -por motivos mayormente de orden confesional- y en particular ese capítulo de la guerra de Secesión tan crucial y decisivo que recobra fulgurante y no menos sorprendente actualidad a la luz de so recientes acontecimientos de actualidad en los estados Unidos. La primera guerra de propaganda, la primera guerra total y la primera guerra ideológica de la edad contemporánea como lo demuestra de claridad apodíctica Dominique Venner en la obra citada. De una crueldad y un carácter cruento y sangriento sin igual además, de la que da idea que la cifra de bajas supera de por mucho el de las bajas norteamericanas -618.000 contra 417.000- de la Segunda Guerra Mundial para una población siete veces inferior. Y fue sin discusión una guerra democrática (sic) entre la democracia de los estados del Norte norte y la democracia del Sur, con lo que venia a ofrecer un mentís flagrante (y por adelantado) a dogmas intocables del pensamiento único (políticamente correcto) en vigor hoy día, a saber que democracia es sinónimo de paz y que dos democracias -por propia definición- no pueden hacerse la guerra entre ellas (…)
Spain is different. Porque en toda Europa desde antes incluso del estallido de la Segunda Guerra Mundial, el movimiento de resistencia que iría a encarnar en “el Sur vencido y humillado y ocupado el Klan (el primerizo , el de los orígenes) -hasta su autodisolución tras el final de la ocupación nordista (1869)- se iría a perpetuar de modo comparable pari passu a la memoria de los vencidos de la guerra civil española por las vías de la literatura universal y del séptimo arte, como lo lustran botones de muestras emblemáticos en extremo, tales que la obra de William Faulkner -originario del estado de Missipi (uno de los que pasaron a forma parte de la Confederación)- y del que el conjunto de la obra rebosa y rezuma de memoria (histórica) del Sur de los tiempos de la guerra civil, o el célbre film del período de entreguerras “lo que el viento se llevó”

Y en sa política es donde recobra su verdadero significado y toda la verdad de sus orígenes -limpia de leyendas/negras- el Klan que en un principio se vio destinado en la mente de sus fundadores antiguos combatientes del ejre cito sudista -al mando de uno de sus jefes- a la defensa de la mujer (blanca) del Sur, víctimas de violaciones en masa en los tiempos que siguieron a la guerra civil, que los tribunales de los vencedores dejaban por regla general impunes sobre todo si los acusados eran de raza negra. ¿Trump racista? Heredero del Sur esclavista? No lo creo, sí pienso en cambio que no viene menos a ser la reencarnación de esa vieja tradición de magnates norteamericanos -de un Henri Ford (celebre industrial, capitán de empresa y autor del “Judío Internacional”, o de un William Randolph Hearst, el “ciudadano Kane” del célebre film de Orson Welles- de los que el célebre autor de reflexiones sobre la violencia, Georges Sorel, -considerado uno de los textos fundadores del movimiento fascista en sus orígenes- vendría a decir que venían a representar al Superhombre que anuncio Nietzsche sin darse cuenta que ya había nacido en los Estados Unidos en el momento de dar a luz a sus escritos mas célebres (…)


Y lo habrá demostrado con creces desde luego, con su victoria tan sorprendente y extraordinaria como inesperada. El racismo -hay que acabar por atreverse a llamar a las cosas por su nombre- no es menos una tradición intelectual en la historia del pensamiento occidental de los últimos siglos, y nació precisamente en las antípodas de lo que se viene en llamar la reacción o el oscurantismo ( que se identifican mayormente con la iglesia católica, y con la España tradicional) Darwin, autor del origen de las especies (por medio de la selección natural) -que llevaba por subtitulo “o la Preservación de las razas mejores en la lucha por la existencia”, se gano la hostilidad de la iglesia anglicana y del conjuntivo del protestantismo inglés y las críticas también, más tarde, de la iglesia católica.

Otro nombre emblemático de la tradición racista (intelectual) lo es el conde de Gobineau por su obra “tratado de ls desigualdades de las razas humanas” que pasa -con arzón o sin ella- por haber sido una de las obras de referencia del nacionalsocialismo alemán. El conde de Gobineau era escritor y poeta y sus reflexiones sobre el tema de las razas fue recolectándolas a lo largo de su carrera de diplomático (brillante), bajo al segunda república (francesa) el Segundo Imperio (de Napoleón III) en países como Brasil o el Irán.
Los papeles póstumos de José Antonio escritos en los meses que estuvo preso en la cárcel de Alicante justo antes de su muerte, ofrecen un botón de muestra atípico y como tal sorprendente (y del más alto nivel conceptual y en la expresión a la vez) de pensamiento racial -o racista, para dejarnos de eufemismo- entre la intelectualidad española en el siglo XX (salvedad hecha de Pío Baroja y de su racismo vasco o eusquera un tanto extravagante) Y fue el caso sobre todo de uno esos textos joseantonianos tardíos, a saber su ensayo (breve) “Germanos contra bereberes” que tanto escándalo y rasgarse vestiduras suscitaría -tras su publicación a mediados de la década de los noventa del pasado siglo- entre algunos, incluso entre fervientes joseantonianos. En él José Antonio viene a aportar un correctivo contundente -y clarividente- a las teorías del conde de Gobineau plasmadas en su celebre ensayo sobre “la desigualdad de las razas” y en particular a los puntos de vista que en él se vertían sobre la llamada raza mediterránea (sic), y en particular sobre España y Andalucía
Él también se merece revisión lo mismo que el conjunto su obra, y en particular las versiones mas difundidas -y popularizadas (yu caricaturizadas) de la misma como lo referente a la llamada raza mediterránea (en la que incluía al Sur de España, Andalucía) Y esa tradición de racismo intelectual brilló por su ausencia en la España de los dos últimos siglos, sin duda a cusa en gran parte de la tutela que ejerció sobre la sociedad española la iglesia católica y el papel que el peso (sofocante) de toda una tradición milenaria -de judeo cristianismo (y en suma de culpabilización)- venía a ejercer a modo de agente esterilizador en el ámbito de las mentalidades y de las ideas imperantes en el cuerpo social.

En el otro polo ideológico de la España del siglo XIX la Institución Libre de Enseñanza fueron más receptivos por paradójico o extraño que parecer pueda a esta tradición de racismo intelectual -disfrazada de modernidad y de europeísmo- y que se vería plasmada en el eco y difusión que tuvieron la figura y la obra de Nietzsche en esos ámbitos, en fuerte contraste con la censura que se vería infligida por parte del magisterio eclesiástico. Y el caso tal vez mas emblemático de racismo entre intelectuales españoles lo fuera el de Pío Baroja, de un signo vasco o eusquera o vasquizante indiscutible, como lo haría repetidamente observar Francisco Umbral en sus escritos.

“Para Baroja -escribió Umbral- la humanidad se divide en nietzscheanos y juanetudos. Los juanetudos empiezan a darse de la Rioja para abajo. Nunca son vascos” Y está claro que nos encontrábamos ahí ante una divulgación de lo más barata y caricaturesca de la obra de Nietzsche e incluso de sus postulados más emblemáticos.

¿Racista Trump, racistas los que habrán votado por él en las elecciones norteamericanas? Exponentes más bien de un América blanca -de extracción europea- replegada en si misma, en señal clara de una voluntad inequívoca de querer sobrevivir y reaccionar ante el declive de la que se ve fatalmente victima

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