miércoles, abril 01, 2020

¿GOBIERNO DE EMERGENCIA NACIONAL?

El fracaso de la Dictadura, cavó la tumba de la Monarquía, y nos llevó a la guerra civil. Los pueblos que no aprenden de la Historia están condenados a repetirla. Y más que nunca, en la actual situación de emergencia/nacional, de la que el actual monarca, cierto, no se debe inhibir, pero sólo in extremis. Y en espera que la epidemia –y con ella la psicosis- empiece a remitir
Llevo muchos años fuera, víctima o blanco además de un boicot tenaz que me impuso un férreo aislamiento y –fatal secuela- una falta elemental de contactos, y por vía de consecuencia un desconocimiento,´salvo lo que nos informan los medios- de lo que esta ocurriendo en España en la actual situación . No me escondo, ni oculto o agacho ni arrío mis banderas no obstante, pensé desde el principio y sigo pensando que se está ex profeso exagerando en los medios, unánimemente concordes –hablo de la prensa global “main stream”- en políticas destinadas a fabricar y a mantener la psicosis (individual y colectiva) bien previstas y elaboradas, y a cercenar la libertad física (sic) primera en la lista de libertades y derechos fundamentales. Y me sigue mereciendo aplauso y apoyo el doctor biólogo e infecciólogo, Raoult (de Marsella), que ha puesto en ese sentido –de combatir la psicosis y de minimizar la epidemia- toda la carne –de su prestigio innegable y de su larga experiencia, frente a la polvareda levantada en torno suyo- en el asador. Tal y como lo he venido defendiendo y postulando en mis dos mensajes a la población en este blog. Y no me retracto ni una jota. Y sin embargo (…) 


En España -convertida de golpe en la gran/excepción, y por culpa de nuestra actual desgracia (y de la mala gestión de la crisis, léase de nuestra manera de ser) puestos de golpe contra la pared (como negros e indios en los tiempos/felices del Imperio británico) en la prensa extranjera, especialmente anglosajona, - sigue imperturbable el baile de los muertos, de seres muy queridos alguna de ellos (...) –de su cifra al alza me refiero- y la prensa internacional (y se diría que el mundo entero) se han puesto a mirar en nuestra dirección, como en la época de la gripe “española” (de la que tanto se habló. y se sigue hablando sin complejos ni rubor) En esa estamos, cuando alguien levanta la voz, que en latín se traduce o transcribe por VOX. No me caso con nadie lo dije y lo mantengo, hay que rendirse no obstante a la evidencia que ese partido –flagelado (y crucificado en los medios) de la forma que todos sabemos- por la epidemia son los únicos que parecen mostrarse a la altura de la situación. Como lo ilustran y confirman las declaraciones recientes de su máximo dirigente, Santiago Abascal en las que entrecruzadas con las acusaciones mas graves nunca oídas en democracia, al actual gobierno –de atentado a la salud de los españoles y a sus libertades publicas (sic) y a la unidad (sic) de los balcones (léase la paz y convivencia ciudadana)-gravemente quebrantadas por las medidas liberticidas de la política gubernamental, y las inciativas inconstitucionales de sus miembros (...)-, propugna y propicia un gobierno de “emergencia nacional”. Una idea de la que parecen apoderarse -y aprovecharse- al vuelo más de uno, arrimando así el ascua a su sardina, lo que en política (y no digamos en la política española) parece más la regla que la excepción. Un gobierno de emergencia de los principales partidos –incluido el PSOE y excluido (nota bene) Podemos- del que el político aludido evita mencionar nombres, desatando así las lenguas en el terreno de la especulación. Y dos nombres emergen sobre todo de esas quinielas de la actualidad política más rabiosa, los de Felipe González, y el del soberano, su majestad Felipe VI de Borbón. 

Y a riesgo de descolocarnos –un poco más de lo acostumbrado- el terciar en ese juego de apuestas nos parece así de golpe nuestra ineludible obligación. Y es que para nosotros como para la inmensa mayoría de mis lectores esta claro que la figura del monarca es la solución en la emergencia extrema, y a la que recurrir solamente in extremis con la mente siempre bien puesta en uno de los periodos mas convulsos de nuestra historia contemporánea, en otra situación de emergencia nacional –la Dictadura de Primo de Rivera- que acabó en lo que acabó: los que no aprenden de la historia, ya se sabe, y quiero que todos sepan-aprendices de brujo y navegantes y aventureros antes que nada- que algunos nos aprendimos bien esa lección. ¿Felipe González pues? El que esto escribe se ve, posicionándose a ese respecto, libre de toda sospecha, y es en la medida de lo publico y notorio del enfrentamiento verbal con el que era entonces sólo el jefe de la oposición, y de lo obvio o previsible al menos de lo que aquello influenció mi trayectoria, y de lo que tan pesadamente la marcó. No importa. Los intereses patrios, lo primero, y tal y como aquí en este blog lo hemos venido dejando bien claro, la evolución ultima –en los últimos años me refiero- del que fuera tan longevo jefe de gobierno nos habrá merecido si no aplauso, respeto y consideración, siempre en un claro espíritu de reconciliación, y no –en este ochenta y un aniversario- en olvido de la Victo ria en la guerra civil, sino precisamente en rubricar aquella -y en darla por acabada- por la unidad, basada en la reconciliación. Ese es el programa indispensable de un gobierno de emergencia nacional.

¿Otra oportunidad a Felipe González –a la cabeza del gobierno de emergencia nacional-?, y ¿por qué no? En aras de la salvación nacional, y de la Reconciliación (….)
Unidad –que no igualdad-entre las clases, en base a un programa de reconciliación nacional, entre “la izquierda del Trabajo” –parafraseando así el programa (ambicioso) de Alain Soral (de reconciliación –en Francia- con el Islam), y “la derecha de los valores” (a saber, el Orden, la Patria y la Civilización) Algo a lo que no creo que haga ascos una figura como Felipe González, único –por debajo de la figura del monarca (of course)- susceptible de gozar de consenso y de capacidad de convocatoria y de aliento reconciliador. ¿Moción de desconfianza previa pues en el escenario que aquí propiciamos? Yo –como diría Umbral-, de esas cosas no entiendo. Sí capto claramente en cambio los telegramas (cruzados) de los medios extranjeros, la señales de alerta de los políticos (algunos) y los mensajes de angustia y la llamadas de socorro de la población. Y el grito de alarma de una gran Nación

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