lunes, julio 26, 2021

UMBRAL Y EL 27 (OBSESIÓN)


La poética de Francisco Umbral lleva de marca registrada la de Pablo Neruda a la que Umbral rindió tanta (obligada) pleitesía. Pero las cosas (sic) -de la realidad cosificada, en la terminologia politicamente correcta en vigor, y tema central en la poética de Pablo Neruda- no tienen ni importancia ni relevancia en la poética de Umbral -poeta del Yo, si de alguna forma se le debe calificar-, como lo ilustran sus poemas inéditos editados a título postumo. Una poesía umbraliana virgen, sin metáforas -o más bien pocas- y sin las credenciales de sus "influencias: la que se reivindica en este blog  

íGeneracion del 27, el no va más de la poesia española contemporanea en Francisco Umbral. Qué obsesión! Y hay que comprenderle tal vez un poco si nos ponemos a pensar. Si tenemos en cuenta que la literatura no era eso sólo para Umbral, al contrario que para el comun de los mortales o de las personas de psicología digamos normal. Y si tenemos en cuenta sobre todo y sin hacer ni un instante de ello abstraccion, el hondo drama existencial -de filiacion ("desconocida") de identidad- del que me habré  largo y hondo ocupado dentro y fuera de este blog, que hace que Umbral lo tuviera crudo y no lo tuviera nada claro a la vez, a la hora de separar o deslindar la Literatura de la Vida, como él mismo lo confiesa en sus escritos, y pese a incurrir en eso como en tantos otros puntos en contradiccion grosera una y otra vez, tal y como lo señaló su biografa ("no autorizada") en la monografía que le dedicó. Pero es verdad que la literatura era como un utero materno, digamos de adopcion, o como la (cerrada) circunferencia de la obra y de la vida de su idolatrado Gómez de la Serna (Ramón), como una suerte de espacio vital sagrado o sacral y acotado,  refugio de alta montaña donde Umbral acaba huyendo con o sin maquina de escribir, de sus (muchos) enemigos y del ruido mundanal.  

Y la generación del  27 pues, debía ser fatalmente para Umbral ese puente providencial en el ambito puramente literario que le permitía, a él, pasar, y vuelta a pasar, de una a la otra de la dos Españas separadas (hasta hoy) por la interminable guerra civil, y el pasado que no pasa (o que no acaba de pasar). Y ello por la personalidad incolora o politicamente insulsa o anodina de la mayoría de sus exponentes, y sobre todo por la marca -y por la hora (italianas)- de la época que les vio nacer (en ese plano, generacional), bajo el patronago (no se olvide) de la dictadura de Primo de Rivera y de la persona misma del Dictador que tan generosamente les auspició, y también por lo italianizante de la poética -bajo la estrella de Góngora- y con la vieja polemica aún a rastras de Antiguos (lease castizos)- y Modernos (con la enseña por montera del soneto frente al octosilabo- que ellos trajeron a colación, muy de aquella  epoca de entreguerras, ya digo, y muy del viento o de la llama de poesia que alumbró Italia en  la primavera aquella "de belleza". Giovinezza. Y todo eso le dejaba al atormentado y al muy "rojo" Umbral libre o fuera de toda sospecha y le daba a él mucha cancha y mucho juego a la hora de dejar sentados a su aire y a su estilo, con toda espontaneidad, sin reservas ni complejos, sus gustos y sus preferencias en materia literaria o puramente poetica (o en el plano personal)

viernes, julio 23, 2021

Capricho De Mujer



De esa expresion tan ceñuda 
Me encandilaste o así (eso es!)
de esos ojos caprichosos
misteriosos  Mujer cruel!

que enardece y obsesiona
hoy y ayer, una y otra vez
inconstante y caprichosa
Y apostando en ti me senté! 

En esa trivialidad
en tu vida, en tu jaez
y en ese tu ritmo ordinario
al que nada hace decaer

Ni el rodal de la primavera
que todo lo enreda, lo ves?
(pensaste en mi, pense yo en ti?)
y te hace ahora aparecer

Cual tardía flor de mayo
que ya más no aflora (pensé)
cuando saliste a mi encuentro 
radiante a más no poder

y sorprendente e insólita
to be or no to be (ser, no ser)
mostrándote en como tú eres,
lo que yo no supe ver

como en prenda de futuro,
nuestro reyno del reves?
con una faz tan risueña
como la que me mostraste ayer

qué es lo que tú en mí viste
o presentiste más bien
en el cielo o en la calle
y te hizo florecer?

hasta el punto de cambiarte
de plumaje y ramaje, ves?
-cual las flores y las aves,
blancas las de color cafe?-,

de niña callada y timida
y "locaza" (un poco) también,
en una virgen/prudente
(mujer aviesa a la vez)

que me hizo fijarme yo en ti,
(eras tú de veras? Par...!)
y encapricharme contigo
niña, Oh capricho de mujer! 




lunes, julio 05, 2021

NIETSCHE, PASTOR DE ALMAS (2)


Adolf Eichmann, oficial austriaco de las SS. Acusado de “todos los pecados de Israel” y -tras su secuestro a manos del Mossad israelí en Argentina-muerto en la horca en Tel-Aviv, el 31 de mayo de 1962. En un reciente librito de autor francés se le describe como un protestante fiel e hijo de protestantes piadosos (y de un padre profesor de Filosofía), justificándose ante sus cuestores con la doctrina de obediencia a sus superiores y del cumplimiento del deber, de Emmanuel Kant, protestante también (antes de Eichmann convertirse al catolicismo) como lo fue él

 

En un librito –noventa y cinco páginas en edición de bolsillo- de reciente aparición, un escritor francés filosofo e ideólogo de moda por su talante polémico (bien francés) y por su incorrección, escandaliza a más no poder a la bien-pensancia con una tesis que dará mucho que hablar, amén de (mucho) hueso duro de roer a los guardianes del sepulcro, léase los que dictan y definen lo que es pensar mal y lo que es pensar o especular o discutir bien. Y es que saca a relucir nada menos que al oficial nazi –austriaco y no propiamente alemán- Adolf Eichmann para probar y fundamentar su tesis incendiaria a más no poder: que el nacional/socialismo rendía tributo y homenaje sin reservas ni complejos a Emmanuel Kant y a su doctrina filosófica (fuera uno y otra de toda sospecha) de la obediencia (sin rechistar) al poder (legalmente) establecido y a la autoridad constituida, y del cumplimiento del deber (….) Y que lo que los vencidos repetían incansablemente ante los tribunales una vez y otra también en la posguerra y en los mas sonados procesos o demandas de extradición –de Eichmann a Kurt Waldheim y Klaus Barbie, u Otto Remer (el que desbarató el complot de Von Stauffenberg)- a saber, que ellos no habían hecho más que obedecer órdenes –o cumplir con su deber-, lo veían escrito (en un alemán sin falta y sin reproche) negro sobre blanco en las formulaciones más claras y más escuetas del Imperativo Categórico. (J….!) (...)

Y el librito al que aludo se cierra a modo de colofón en una escena teatral donde dialogan a tres, Eichmann ya en capilla, Kant, y Nietzsche de convidado de piedra y de testigo de la defensa del oficial nazi, y que rompe sólo su silencio para desmentir –como quien defenestra a un ídolo intocable- al filosofo por antonomasia Kant, protestante piadoso como él (y como Carlos Marx, en versión pietista, filo/católica, este ultimo lo que se escode igual de piadosamente si nos ponemos a ver) 

Alemán de estribaciones o postrimerías el autor de la Critica de la Razón Pura y de la Razón Práctica –especie de desierto de Arabia (sic) como lo ven y califican muchos que lo dejaron de leer- de Prusia oriental, atalaya o avanzadilla del Reich –frente al desierto de los tártaros (de Europa del Este, del mundo eslavo)-, lo que explica mucho sino todo de la figura y de la gigantesca y hermética obra del filosofo que vivió –en su no menos gigantesca burbuja- sin moverse de allí (en Königsberg) Que estas líneas se pretenden no sólo una diatriba contra la bien-pensancia como lo vienen siendo casi todos las entradas recientes –y menos recientes- de este blog sino una especie de alegato pro domo o de personal ajuste de cuentas (puramente dialéctico o verbal no se olvide) contra los que se cruzaron en mi camino transitando por los circuitos o espacios universitarios (belgas), por cuenta de quien encarna cual esfinge misteriosa- mejor que ningún otro en el panorama de la posguerra- la filosofía y la dialéctica a secas, y sin el aval o el patronazgo de quien -como en un “rito de paso (o de pasaje)" que aquí le llaman-, no se nos está permitido traspasar el umbral de la inmadurez. 

Que esa es la lección y la moraleja que me merece mi tránsito por las universidades belgas y en particular el episodio (fugaz) de proyecto de mi tesis de doctorado, que me aclaró si necesidad había las ideas sin ponerme (semper idem) "en discusión": soñador (dreamer) lo fui y lo sigo siendo, aunque se me trate de niño (child)  o de Peter Pan en la corriente en alza en la America post Trump- de marca “Woke”. ¿O solamente “ellos” tienen derecho de soñar (sic) en su cielo (o en su burbuja) de ideas como el de la mente de Emmanuel Kant, o con un mundo sin clases como el de Marx, o sin ir mas lejos el de Lenin (“nadie nos podrán quitar el derecho de soñar”, dejo escrito él)? Y eso es precisamente lo que mas me seduce y me convence de la figura y de la obra de Federico Nietzsche y lo que más le mereció la diatriba de sus adversarios o enemigos, ese flautista mágico o fabricante de sueños que a tantos años ya transcurridos desde su muerte sigo despertando pasiones. 

El anti-nietzscheanismo, una pasión (sic) lo califica el librito del que me ocupo aquí. ¿Soñar a cuento y a costa de la guerra? como le acusaron sus cuestores al final de la Segunda Guerra Mundial (en Nuremberg) que ponían exclusivamente por su cuenta, de la Segunda como la Primera (¿hay quien de mas?, o como le dicen los franceses “il faut le faire!”) Es posible, pero todo se olvida y se le perdona si se le compara con la legión –de la masa de sus detractores- de los que siguen soñando como dios/manda -sueños de revancha (...)- tantos años después con nuestra (interminable) guerra civil. Nietzsche o las ganas de soñar y de vivir. O la Fe en el futuro (y que se piense lo que se quiera de mí)

 

jueves, julio 01, 2021

NEGACIONISMO Y GENOCIDIO RWANDÉS

 

Juvenal Habiarimana, de la etnia hutu y presidente de Rwanda hasta su muerte el 6 de abril de 1994. De un tono persuasivo y convincente -y pacifico y apacible- en  la voz, de la vez que le vi y oí en un programa televisivo viviendo yo ya aqui en Bélgica. El magnicidio del que fue victima junto con el presidente hutu de Burundi en el avión en que viajaban, presumiblemente a manos del Frente Patriótico (tutsi) Ruandés, dio la señal del genocidio del que fue allí victima la etnia tutsi minoritaria en Rwanda (cifrado entre el medio millón y el millón de victimas mortales, y en el que de doscientas cincuenta mil al medio millón de mujeres de la etnia tutsi fueron violadas)

Genocidio rwandés. ¡Aparte de mí ese cáliz! Algo de lo que no quise nunca o casi nunca hablar ni en público ni en privado hasta aquí. Por un prurito de reserva y discreción y de respeto en asuntos internos del país que me dio generosa acogida hasta hoy, y de donde no me vi expulso (como en otros) Ocurre que el asunto sigue dando hueso duro que roer no sólo a los cronistas de la mas rabiosa actualidad sino también a los debates más álgidos y candentes de historiadores y de filósofos. Negacionismo y genocidio rwandés, o en otros términos, comparaciones (odiosas) entre genocidios y genocidios (----) Y me dan ganas de parar el carro, que me pierdo, sí. Una tristeza más, se estaría tentado de decir en la historia como en la actualidad de este triste –léase melancólico- país: no en vano es lo que indica el titulo de la obra más importante y significativa de su moderna literatura, “La pena de Bélgica” (o "de los belgas") De una tristeza como belga (sic), habló, de oídas  se me antoja, Francisco Umbral, que salvo prueba en contrario no puso nunca el pie aquí. Conjurando pues esa tristeza (contagiosa, ¡ay de mí!) como lo lograron los soldados de los Tercios de Flandes con “el Invierno” de aquí (lo que es decir lo mismo, “hic et nunc”), en los belgas como en mi, y escribiendo peligrosamente a la vez, es lo que persigo en esta entrada. 

Que de pronto caí en la cuenta que eso era tal vez lo que se me pedía, o en otras palabras que se me pedía más y no sólo el vivir pacífico y bien obediente y educado (en subalterno/modelo) aquí. Eso y mucho mas, lo que los belgas -como español- sin decirlo ni darlo a entender, estaban pidiendo (a gritos) de mi. Alegrarles o aliviarles de sus tristezas, que no otra cosa es el relativizarlas (sic), comparándolas o poniéndolas en perspectiva, de antídoto contra todo los que les quita o que les roba –sobre todo a los mas jóvenes- la alegría y las ganas de vivir. Me escandalicé yo como se escandalizaron tantos con las noticias que no llegaban entonces de allí, tragándome aunque sólo fuera a medias el cuento de buenos y malos que los medios nos largaban (sobre aquello, como sobre nuestra guerra civil)?

Cuento de victimas y de verdugos, que me leí entonces en clave de política religiosa, com lo que (dirán los que aquí me leen) así cabía esperar en mi. Un país, la Rwanda de entonces, especie de oasis o de rodal (Umbral dixit) católico/romano en la negrura de allí –fruto de la colonia y de la misión- y terreno favorito de la pastoral evangelizadora del papa/polaco y de los misioneros –entre la etnia (o pseudo/etnia) hutu- españoles (y españolas) la mayor parte de ellos, a costa de un sufrido y resignado pueblo de victimas, desde los tiempos/benditos de la colonización belga y de sus criterios raciales o “racialistas” (vamos a llamarles así) De hutus (o bantúes), y de tutsis (o “nilóticos”), o de agricultores y de pastores (como lo de Abel y de Caín). Que no hacia falta más para hacerme optar (o decidir) Hoy en cambio me volví un poco más serio en el tema y no veo ya del todo las cosas como entonces así las vi. (…) 

Una guerra hipócrita y asimétrica patrocinada y alimentada por algunas potencias occidentales –y el Gran Hermano USA- contra todas las convenciones internacionales, y en la ignorancia y la indiferencia (olímpicas) de la opinion publica del planeta, que sólo el magnicidio aquel acertó a poner en evidencia. El magnicidio y todo lo que aquello dio de si (Continúa)           



Jurgen Habermas. Filósofo, y universitario alemán. Puntal de la Escuela de Francfort (un respeto). Protagonista del primer plano contra los llamados revisionistas de la “historikerstreit”, acabó arruinando su prestigio y ganándose una lluvia de acusaciones –de racismo- tras declarar -en el cuadro de la celebre querella- en polémica con Joachim Fest, célebre biógrafo de Hitler-, que el genocidio (rwandés) era natural (sic) al pueblo hutu, lo que no se podía extrapolar al pueblo alemán en la II Guerra Mundial (…)


Miembros del Primer Batallón de Comandos –en francés de Bélgica, “para-commandos”-, creado  con apoyo británico hacia el final de la II Guerra Mundial y formando parte de la MINUAR (Misión de la ONU de asistencia a Rwanda) que fueron asesinados el 7 de abril de 1994 tras el atentado que costó la vida al presidente hutu de Rwanda, Habiarimana, y a los que en la radio –controlada por la etnia hutu- “Mille Collines” acusaban (sin pruebas hasta hoy) de instigación y participación al atentado: opusieron valientemente resistencia unas horas hasta que recibieron de los altos mandos de la MINUAR la orden de entregar las armas, tras lo que fueron apresados y ejecutados

lunes, junio 28, 2021

Amor al Galope


 

Crecí amor entre “toros bravos”:

no eran fieras sino hombres

más cerca de los corderos

que de las bestias feroces

 

Salvo cuando los movió el amor

En la horas crepusculares

-que se es lo que se es (semper idem)-

Y en lo que de trágico tienen

 

Mas allá de la canción romántica

Y de su tono triste y fúnebre

Mirando bien lejos del suelo

Y mas allá de las nubes

 

Cantando así amor al triunfo

el del Amor al galope

Entre los polvos y el barro

Y entre la Mugre y la Suerte

 

Al triunfo de la Vida

Que muere y resucita ¡Siempre!

Ley de Vida y de la Historia

De los (medio) hombres/dioses

 

Como resucitó también mi amor

Que por ti sigue indeleble

Y resucitaremos los dos

En la Memoria de las gentes

 

Que opté y dije un Sí a la Vida

Plantándole cara a la Muerte

Y soltando un salvaje reír

Que es lo que tú (amor) te mereces

 

Que al conjuro de estos versos

Se me va mi amor la fiebre

Y mi alma se serena

Que mi mente fortalece

 

En la fe en el Triunfo ¡al fin!

Y en Amor que todo puede

Mas allá de la derrota

(de un dios que nunca muere)

 

miércoles, junio 23, 2021

Espíritu de la Música

 


El Sol se pondrá en calma

Cuando tú Amor vuelvas a mi

Y la nubes allí se abran

Como aquel dia, Juan ¿te acuerdas? ¡si!

 

Cuando me las vi muy negras

Como nunca (o casi ) me las vi :

salí del trance como pude

Pensando en mi, mujer, y en ti,

 

Y mientras ese día llegue

Recorro autopistas sn fin,

-cruzándome a ti tal vez-

De una punta a otra el país

 

De un mundo al cielo

De un mar al otro (Norte y Sur)

Dándole así a mi vida

Y a mi, Amor, sentido y fin

 

Y mientras llegue ese día

Cuando te me mostrarás tú

Sigo soñando despierto

Y escanciando versos (¡Mil!)

 

En el Espíritu de la Música,

de la Alegría de Vivir

que hizo renacer a tantos

(no discuto ¡pobre infeliz!)

 

Que si el Maestro dijo

aquello (¿no lo dijo o sí?)

De que “los simples ¡se callan!",

¡Gritan aún por un mundo feliz!

 

Por un futuro mejor

donde lo Bello pueda reír

en lo alto de aquel zócalo

donde te pondré yo a ti

 

zócalo de dioses y diosas

de una Fe en el Porvenir

en donde me encaramo yo

para poder verte venir

 

Solo entre cielo y tierra

(ya sabes que soy así)

 tragándome a palo seco

La angustiosa espera (¡Ay de mí!)

 

lunes, junio 14, 2021

NIETZSCHE, PASTOR DE ALMAS


“El triunfo de la Voluntad” ("Triumph des Willens"). Escena del célebre documental (en blanco y negro) de Leni Riefenstahl, egeria y cineasta oficiosa del régimen nazi, y propagandista preferida de Adolfo Hitler, del Congreso del partido nazi (NSADP) en Nuremberg, 1934. Grandioso. A la medida del pesimismo grandioso (sic) –Francisco Umbral díxit- de la filosofía de Nietzsche que gravita fatalmente sobre tan emblemático documental: de por el concepto central de su filosofía -Voluntad de Poder (o de Pujanza) (Der Wille zur Macht) Y por eso, tales alardes espectaculares impresionaron tanto a los muy impresionables “laínes” –intelectuales falangistas del Cuartel General- en “La Leyenda del Cesar Visionario”, y a Ridruejo, el más impresionable de todos ellos. ¿Cuando se dejará pues de criminalizar –“diabolizar” en transcripción de la lengua francesa- a Nietzsche y a toda o casi toda la filosofía alemana (Kant, Hegel, Fichte, Schopenhauer) por no decir también a casi toda su literatura (Goethe, Schiller, Herder, Novalis, Holderling, y paro de contar) por delante o detrás suyo, a costa de echarle así un poco de humildad aunque sólo sea, a la hora de abordar lo enigmático (sic) de un fenómeno filosófico, ideológico y no meramente político, al que Salvador Dalí dedicó ("El Enigma") una de sus más emblemáticas acuarelas (...)

La presente crisis –mucho más honda y de mucho más largo alcance de lo que muchos imaginan-, desatada por la pandemia en curso (o lo que sea), nos habrá obligado a muchos a partir una lanza en unos terreno en lo que nos sentimos y confesamos perfectamente neófitos, que siempre vimos –un poco de lejos- como un coto cerrado de especialistas o expertos, en el que concedíamos (encantados) el beneficio de la duda, de una fe ciega en ellos, a nuestros oponentes (del gremio), y a costa de nuestras posturas que sin el meno empacho poníamos entre paréntesis, en atención sobre todo a las victimas de la epidemia y a los profesionales (ellos) con los que fatalmente discrepábamos y a los que no nos cuesta el reconocer tantos méritos en materia de entrega y de abnegación sin echar por tierra o por lo menos no del todo sus puestas en guardia, sus voces y gritos de alarma, sus consignas –en algunos casi (o sin casi) voces de mando (...)- y sus explicaciones y argumentos. Se dio un caso no obstante en Francia emblemático en extremo del que me habré ocupado repetidamente en estas entradas que me habrá hecho hondamente reflexionar y sin renunciar a mis posturas, cambiar mi fusil de hombro como le dicen ellos. 

El doctor Raoult (de Marsella) –que es de quien aquí se trata- no es infalible como no lo es nadie incluso en el propio terreno de competencias, y sus diagnósticos y sus recetas, siempre envueltas en un prolijo mensaje altamente repercutido en los medios y en las redes sociales y en un aura de polémica en cierto modo explicable pero sólo en cierto modo y manera y hasta cierto punto, se ven igualmente sometidos a la criba de la experiencia y de los resultados empíricos que no lo desmienten ni descalifican (y no entro en polémicas en modo alguno) Hay algo sin embargo que me ganó por así decir de él desde el principio y  que no brillaba en el mismo modo y cuantía –ni de lejos- en los que más le vituperaban y denigraban, difícil de definir y que me impactó y me invitó a circunspección (como los clásicos dicen) 

Y era su afán curativo, de curar y desinfectar cuantos más mejor de todos los que a èl se acercaban, a toda costa, y de urgencia, a toda prisa y aunque en su celo médico perfectamente legítimo los protocolos de comportamiento y de investigación –en materia de tests sobre todo- salieran poco o mucho malparados. Y con ellos tambien la imagen no poco maltrecha de la Investigación (o "investigaciones científicas", "Recherche" en francés, ¡Augusta Señora!) Y es porque de cierta manera (como ya lo dejé consignado también aquí) me vi en él retratado, en lo que fui y llevo conmigo  rastras o a las espaldas, que asumo con orgullo aunque de algunos me merezca vilipendio (se diría que por los siglos de los siglos) Y fue ese celo curativo en él, pastoral en mi que en cierto punto de vista viene a ser (casi) lo mismo. Pastor de almas ´-eclesiástico entonces, secularizado después, por los aleas y vaivenes de mi trayectoria- así me vi y así me veo o me sigo viendo y en el espejo del doctor Raoult me habré dado cabalmente cuenta de ello. 

Y es el despertar de ese sentimiento en mí lo que me habrá llevado a hincarle el diente de nuevo, algunos años -quince o veinte (...)- después de una primera lectura, a una obra del profesor e historiador alemán Ernst Nolte a quien aquí tengo abundantemente presentado, y a través de él a esa obra oceánica como se la podría describir de Federico Nietzsche, que en el libro que presentemente me ocupa se me aparece de nuevo y con más realce si cabe que nunca, como lo que era en el fondo, este hijo y nieto y bisnieto y tataranieto de pastores (protestantes) –y preceptores de príncipes (y de princesas), cuidado - como así ya lo presenté en alguna ocasión, un pastor  (sic) -de almas- más que un filólogo o filosofo o escritor o poeta (o profesor), sin poder no obstante hacer abstracción o separar lo uno de lo otro. Un pastor de almas, pastor a secas (léase antes que evangelico/protestante), eso es lo que fue (en el fondo) Federico Nietzsche y es lo que nos da la clave de interpretación y de lectura de las partes más criticas (y más crudas) de su obra y de las facetas y aspectos mas recónditos o desconocidos de su azarosa y tormentosa trayectoria, y también la vara de medir a la hora de juzgarle a él y a sus posturas, e igualmente a todos los que le inciensan y también a los que le zahieren y denigran. 

Lo que me habrá exigido un trabajo hermenéutico por partida doble, y es referente no sólo a Nietzsche sino también al autor -Nolte- que me sirve de comentador o intermediario, para lo que me habrá valido de hilo conductor el (primer) autor comentado, por paradójico que parezca, y es que Nolte es dialéctico hasta el tuétano de los huesos como toda la filosofía alemana de Hegel para acá se me dirá, más si cabe que Nietzsche, pasado -al contrario de lo que es la regla entre sus compatriotas, se me antoja- por la cultura de cuño latino y en particular del Gran Siglo francés (y sus moralistas), lo que me obliga a ver y a observar no el principio de no/contradicción tal y como lo postulaban los escolásticos,  sino -muy al contrario- la contradicción misma en la esencia o en el meollo de sus asertos -los de Nolte me refiero- y poder separar asi el grano de la paja, y distinguirlo para así poder avanzar en sus argumentos dialécticos, de lo que puede parecer así a primera vista cambio o metamorfosis más o menos oportunista o travestimiento o cambio de chaqueta, en relacion a la primera fase de su obra y de su trayectoria. 

Y eso desde sus escritos más tempranos, y en particular del principal y más representativo y emblemático de todos ellos, “El fascismo en su época”- en donde Nietzsche se ve analizado con gran rigor y se diría que sin la menor compasión, como sentado en el banquillo de los acusados del tribunal de Nuremberg que le condenó (por contumacia) en base a una serie de cargo que Nolte en esa obra no tiene empacho en asumir unos detrás de otros: de ese Nietzsche, versión de Nolte "primera época", hasta el que se ve fielmente retratado en esta otra obra tardía, en la que me enfrasco ahora de nuevo, tras una primera lectura los primeros tiempos de estancia aquí (sin que comprendiera gran cosa), y en la que el filósofo del Super hombre y del Eterno Retorno se ve rehabilitado –como pensador y como persona -sin dejar de seguir expuesto al fuego de la critica. Un Nietzsche inédito o de incógnito al menos para mi, recóndito o escondido en los capítulos y párrafos más densos y profundos de la monografia de Nolte, que me resbaló (confiteor) en mi primera lectura cuando me detuve en los aspectos mas anecdóticos y de más fácil lectura de esa obra al hilo de mis descubrimientos de entonces, que hoy palidecen un poco en esta segunda lectura –más pausada y más atenta- con los cinco sentidos puestos, como si me fuera en ello (un poco) la vida (…) 

Y es sobre todo en el párrafo de la primera parte –denso y en pura salsa alemana filosófica- bajo un título todo menos trivial, “Die Vernichtung en der Partei des Lebens” (La nocion de Destruccion –Vernichtung- y el Partido de los del "Sí a la Vida") donde Nolte arremete e irrumpe sin contemplaciones en lo que constituye el meollo central y a la vez secreto del pensamiento -e ideología- del filosofo del Eterno Retorno, que habrá sin la menor discusión ofrecido en bandeja a sus cuestores (jurídico militares) los cargos principales que en Nuremberg se le formularían, a saber su responsabilidad intelectual (mayor) en los crímenes de guerra y de lesa  Humanidad de los que los dirigentes nazis se verían acusados y condenados, y en particular en los de genocidio y de holocausto, a título no obstante de simple filósofo o mero ideólogo, sin el menor atisbo de responsabilidad política (ni personal) que se le pudiese endosar del género que fuera.


Arthur Schopenhauer (1788-1860, nacido en Danzig, muerto en Francfort y habiendo vivido gran parte de su vida en Dresde, su ciudad favorita) Referente confesado del Führer junto con los otros grandes filósofos alemanes contemporáneos, y un poco el favorito de aquél (por el estilo literario de su alemán escrito) entre todos ellos. Su obra fundamental y más divulgada, “El Mundo como Voluntad y Representación” (“Die Welt als Wille und Voorstellung”), planea fatalmente entre los párrafos más discutidos –y que más escándalo suscitaron- del conjunto de formulaciones del pensamiento de Nietzsche, en particular su doctrina del Partido del Sí a la Vida y su noción de Destrucción (Vernichtung), que le valieron a éste su condena por responsabilidad intelectual en crímenes de guerra y de lesa humanidad ante el Tribunal de Nuremberg. En aquella pone en discusión la noción de Verdad (absoluta) –como un mera apariencia (o “representación”)-, a la que contrapone el Arte (o la Creación artística) y la Poesía y la Cultura, frutos del Suelo (Grund), de la Tierra (Madre) (de la Realidad), que el ciclo autónomo (sic) de Inteligencia-y-Producción, nacido en la abstracción de la tradición filosófica occidental y fortalecido por la Revolución Industrial, confisca y se apropia abusiva e indebidamente en un sentido utilitario, industrial y comercial en exclusiva (en coto cerrado), asestando asi un golpe mortal a la (verdadera) Cultura, espiritual, por propia definición, altruista o desinteresada, que Nietzsche identifica con la Vida: en un desafío frontal -y supremo- al materialismo dialéctico y a la teoría de la lucha de clases del pensamiento marxista. Tema central en el pensamiento de Nietszche e inseparable de otras de sus principales doctrinas como las del Eterno Retorno, de los Señores de la Tierra, y del Superhombre (y de la guerra de conquista), o de otras igualmente memorables –como la doctrina del Espacio Vital-, que de aquellas directamente se derivan   

Unas ideas o formulaciones que eran no obstante moneda de libre cambo en el ámbito académico o universitario en la Europa del periodo de entreguerras como de ello daría constancia y testimonio el joven estudiante (avizor) de Filosofía en la Universidad Central, de Madrid, Ramiro Ledesma, en su obra de juventud “El Sello de la Muerte” –de la que harto me ocupé ya en este blog- en donde se ve recogida negro sobre blanco la doctrina del sacrificio o de la muerte consentida (o propiciada) de los seres superfluos (sic)- Viel-zu Vielen- y moralmente inferiores, en aras del advenimiento del hombre (moralmente) superior, el Superhombre. 

Y a riesgo o a punto de escandalizarme yo como tantos otros a la lectura de los párrafos mas crudos, me llegó (a tiempo) como una advertencia o aviso de luz roja o de potente reflector el comentario a esos párrafos, de Nolte  y lo era a base de una intercalación de otra cita de Nietzsche primera época –del Nietzsche joven- con la que Nolte ensaya una digresión dialéctica (o dialogo) En el mismo modo y medida que harían los autores marxistas de moda hace veinte o treinta años -un Louis Althusser por ejemplo-, entre el joven Marx (romántico y humanista) y el viejo, el de las tesis de Feuerbach, del materialimso dialéctico, de la lucha de clases y de la dictadura del proletariado. Y en lo que Nolte opone así pues, a esa doctrina nietzscheana tardía -y a modo de antítesis (Gegenstuck)-, toda una primera filosofía del autor de Zaratustra (de marca o sello “ilustrado”, de Aufklarung), grosso modo la que se vería -sustancialmente recogida a base de aforismos- objeto de rehabilitación –tal y como lo consigné en mi último libro- en la universidades europeas de hace dos décadas (de justo a seguir a mayo del 68 donde sus ideas triunfarian (aunque vergonzantemente, un poco a escondidas) En toda o casi toda Europa, salvo en España (indispensable e inexcusable apostilla) (...) 

Y de lo que Nolte saca o pretende extraer a modo de síntesis, aquello en lo que le parece ver la verdadera filosofía de Nietzsche (y su más profunda ideología) Y así se atreve a reinterpretar los párrafos más crudos de la parte mas tardía (y ruidosa o escandalosa) de la obra de éste –“Zaratustra”, “Ecce Homo”, "La Aurora" ("Morgenröte"), “El Anticristo” y “El crepúsculo de los ídolos" (o de los dioses)”- sobre la doctrina de la guerra, en particular de la guerra de conquista, con ayuda de la filosofía griega, de autores tan autorizados como Heráclito ("polemos pater panton") o Platón, en su célebre doctrina del Rey Filósofo -en "La República"-, o en la de los guerreros de elite (phylakès) -que Nietzsche llama "Señores de la Tierra"-, en los que no nos cuesta nada ver a los soldados españoles de los Tercios de Flandes (tal y como los vio la escritora francesa Margarita Yourcenar, fuera de toda sospecha) 

Y todo ello en aras del Partido de la Vida o de los del Si a la Vida, en donde Nolte ensaya laboriosamente de distinguir, en la filosofía de Nietzsche, una Vida superior, artística, “interior” o espiritual  –de aquí abajo (nota bene) y no del mas/allá-, de la Vida en un sentido crudamente biológico (léase racista) ¿Con éxito? Así nos lo parece desde luego, aunque a Nolte no parece que se le fueran todos los escrúpulos (bien/pensantes) de la cabeza