jueves, octubre 08, 2026

¿"PUCHERAZO"? COMO EN EL 36


Una obra reciente donde a base de datos y de trabajo de archivo se desmonta el mito de la victoria de la izquierda (del Frente Popular) y se expone -con pruebas- el fraude localizado (sic) -y no menos decisivo- en las elecciones del febrero del 36

¿Pucherazo (sic) el próximo 29 Noviembre? La simple mención del término -por algunas figuras de la oposición, Santiago ABASCAL e Isabel AYUSO- como una mera hipótesis habrá desatado un desgarre general de vestiduras entre los medios de la Prensa mainstream y en el Sector Izquierda de nuestra clase política. Eppure, si se echa la vista atrás en el tiempo -no muy lejos- no parecen los que airean esa hipótesis, andar muy descaminados. 16 de febrero-1 de marzo 1936, muchos ponen su mirada ahora en esa dirección , en la elecciones generales aquellas que  dieron el triunfo al Frente Popular en vísperas de la primavera del 36 y de la espiral de violencia que nos llevará fatalmente  pocos meses mas tarde a los inicios de la guerra civil. Una crucial efemérides -elecciones de febrero del 36-, que tras la convocatoria electoral que Pedro SANCHEZ nos acaba de anunciar, se convierte en referente ineludible de articulistas y comentaristas  con el referido fantasma -del pucherazo- sobrevolando nuestras cabezas cada vez mas próxima a medida que  la cita electoral se acerca. 

De la irregularidad de las elecciones que dieron la victoria al Frente Popular, vamos a evitar aquí de propósito deliberado entrar al trapo de la interminable polémica, No sin la mención inexcusable de los hitos mayores que marcaron aquella como fue la anulación de los resultados electorales de entonces en Granada y en Cuenca. Y además, el fraude localizado (sic) -no propiamente pucherazo, de otra época-, y el clima de violencia callejera -e intimidación-a cargo de las centrales obreras, que llevaron -conforme a un consenso histórico al respecto-, a la dimisión del moderado PORTELA VALLADARES, de su puesto de jefe de gobierno, que abrió el paso a Manuel AZAÑA, directamente implicado en el proceso electoral y en su recuento.  

No sólo eso. De abono de lo que aquí decir estoy queriendo, lo es también mi experiencia (personal e intransferible. Y es  de las interminables sesiones de adoctrinamiento (sic) de aquellas asambleas de facultad -Económicas de la Complutense-, y de las no menos interminables votaciones -por un sí y por un no- que surcaban aquellas, en las que decidían -sin ningún otro control- de su escrutinio, y supervisaban, los moderadores de las mismas, en las mesas de asamblea. Sin ningún otro control como digo, más que la fe democrática (sic) que animaba -tan entusiasta como ingenuamente- a todos los jóvenes indignados que tomaban parte en aquellas asambleas de lucha, revolucionarias siguiendo (estrictamente) el modelo y patrón de la Asamblea Nacional, que implantó la Revolución francesa, y obedeciendo ciegamente of course, las consignas de los partidos de izquierda, y particularmente, del Partido Comunista.

Y no sólo eso. También cabe alegar aquí un modelo de fuera. Y lo es el de las elecciones presidenciales USA en 2020, que perdió Donald TRUMP frente a Joe BIDEN, y de lo que aquel no reconoció -hasta hoy- su derrota ante el escandalo de la prensa mainstream dentro y fuera de los STATES, que le reclamaba sin parar (abusivamente) pruebas (sic)  Y del alcance y significado de la puesta en entredicho de las instituciones norteamericanas y del resultado -en el conteo y en los procedimientos de votación- de unas elecciones en la primera democracia del planeta, que encerraba esa inaudita impugnación -lo que vendría a ratificar el resultado de las elecciones que vinieron después-, no era precisamente ignaro el autor de estas líneas.

NO CREEMOS EN LA DEMOCRACIA. Y POR LO TANTO, no pueden obligarnos a creer  en la transparencia (sic) del proceso electoral al que nos vemos convocados, impulsado por el inquilino de la Moncloa, en quien no creemos tampoco. Se acata pero no se cumple, es una pauta de conducta de rigor para con el soberano de una monarquía constitucional, como la que conocemos los españoles. Y por lo tanto, no pueden obligarnos a más. Ergo, aceptamos y acatamos la legitimidad de la consulta electoral que se nos anuncia, pero no nos obligan sus resultados  

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