Un debate que se prefirió escatimar, optando por la condena sumaria e inapelable -con la coartada de la responsabilidad política que fatalmente se le endosaba- bajo la presión de los medios y de la Opinión. ¿Política y éticamente responsable Oscar Puente de los accidentes ferroviarios de Adamuz y de Urda, como titular del ramo cuando aquellos habrán ocurrido, y ejerciendo a la sazón una autoridad en su (propio) nombre y no compartida (sic) que es el basamento o punto de engarce -según Max WEBER (y su teoría del pequeño número)- de toda responsabilidad política? No menos políticamente responsable desde luego que Carlos MAZÓN, ni menos ni más que -remontándonos en el pasado reciente- el General FERNANDEZ SILVESTRE en Annual, o el soberano Alfonso XIII ante el Directorio militar (palabras mayores) del general PRIMO DE RIVERA. Y con esos imprescindibles recordatorios, se nos antoja que queda centrado el debate que la catástrofe ferroviaria de ayer suscita. Lo que no quiere decir que ello sea admisible -en la óptica gubernamental- en tratándose del ministro de Transportes Oscar PUENTE, que se aparece a los ojos de la opinión como buque insignia del gobierno de Pedro SANCHEZ, y como tal (políticamente) intocable. En mofa y escarnio de las víctimas de sus fallos y errores de gestión
Al precio de obligarnos -a todos sus súbditos- a tragar(nos) sapos y culebras de los mas gruesos e incomestibles. Como el de achacar la responsabilidad de la tragedia a un error humano (sic) o de señalar (cobardemente) un nombre a guisa de chivo expiatorio, "in casu" el del maquinista de uno de los trenes fallecido en la tragedia y como tal imposibilitado de defenderse. "Una frivolidad impropia de un ministro" Y last but not least, después de enterarse del siniestro, "a las 9:08 horas" Oscar PUENTE tenía todavía tiempo de mandar un tweet sobre "la superioridad moral de la izquierda", y (faltaría más) contra Jair BOLSONARO y contra la derecha. Políticamente responsable Oscar PUENTE, y si no dimite -algo a lo que apuntan todas las señales- querrá decir que un viento malo acecha y amenaza a los españoles en los meses que vienen. Un viento de enfrentamiento fratricida y de guerra civil. Y ojalá que me equivoque

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