Y es un desafío planetario al mundo entero, al que parece abocarse ahora la Argentina de nuevo, como hace mas de cuarenta años cuando se lanzaron a ciegas en la (trágica) aventura de las Malvinas, que terminó como todos saben ¡Ay dolor! Que ¿de qué otra forma cabe interpretar la noticia en la prensa de hoy de la cancelación (sic) en Argentina de cantantes y artistas -entre ellas la española Rosalía- del mayor renombre en el plano internacional? Cancelación, cancel culture, palabras mayores, y aquí todos saben de lo que hablo, que no de oídas, sino de primera mano. Un desafío mundial el que (nos) lanzan los argentinos. Como el examen una a una de las nacionalidades de los artistas, actores y actrices cancelados, no deja de ello la menor duda, comprendiendo de entrada todo el área anglosajona (latinos incluido, de Puerto Rico o de Miami) -y países de la Commonwealth-, pero no sólo.
Y además en el desafío planetario de la Argentina interviene un fautor de primer orden y es el presidente de la FIFA -al que se habrá (fundada o infundadamente) acusado desde diferentes ángulos, de partidismo, a favor (entre otros) de la Argentina-, el suizo Gianni INFANTINO. Directamente o por medio del estamento arbitral, como en la anulación -en el encuentro contra la Argentina-, del gol a Egipto. ¿Fenómeno real o fantasma de la imaginación apenas, el anti-argentinismo? Lo que se plantea otro articulo de la prensa de hoy, que no acierta a zanjar la cuestión admitiendo ese anti-argentinismo latente en las hinchadas que habrá atraído el Mundial del 2006 tras suyo, lo que habrá cristalizado en el (pretendido) partidismo de Donald TRUMP, en favor de la Argentina y de sus estrellas -Lionel MESSI- o Rodrigo DE PAUL- o la relación (estrecha) entre MESSI y Gianni INFANTINO.
Y una conclusión del articulo al que acabo de hacer referencia, mueve a reflexión se quiera o no. Y es cuando dice: los mundiales de futbol son el espacio que se ha constituido en los últimos años, para la exacerbación de los movimientos y de los procesos nacionales.../...Ahora son los seleccionados de cada país los que conforman un nuevo proyecto de identidad nacional". No crean la identidad pero la vigorizan y refuerzan y en algunos casos -donde aquella se encontraba muerta o en estado de letargia- llegan a recrearla, o a despertarla incluso -p.ej. en Cataluña-, tal como se habrá puesto de relieve con la victoria de España en el Mundial del 2026 de forma tan apoteósica, en esas explosiones de jubilo -¿cuanto tiempo hacía que los españoles no reíamos de pura alegría todos juntos?- en esas riadas de gente por las calles de Madrid, Barcelona y de otros lugares, o agolpándose en Colón, en las Cibeles y en calles y plazas de otras ciudades, o ese mar de banderas españolas anegándolo todo como no lo habíamos visto nunca antes.
Un fenómeno nuevo, un signo magno de los tiempos. El futbol ¿vacuna de nuestro (cuasi congénito) guerra civilismo? La pasión y el enfrentamiento (deportivos) ¿purgativos (sic) de la Memoria -y de sus tragedias-, tan trágica como la Historia-? Sería de verdad, caso de confirmarse, la noticia más extraordinaria de nuestra época


No hay comentarios:
Publicar un comentario