Alza la mirada, sí, así,
¡álzala y vista al fondo, Juan!
que te arranque del desánimo
sin miedo al yerro, o a tropezar
Que te haga volar por los aires,
por los cielos, por cima del mar,
que esas soledades y abismos
en redor, te ayude a conjurar
Que te encuentres a tí mismo
lo que eres, do viniste (la verdad):
de un mundo que se hundió
y no -¿nunca más?- volverá
Que te haga mirar palante,
sin remorderte, sin vista atrás
a aquel trágico hundimiento
que sólo viste tú ¡y nadie más!
¿O acaso es que fue un espejismo,
tu mundo, tu planeta? ¡Normal!
Y cruzo el Río del Tiempo,
de vuelta a la Itaca natal
¿O te creíste más que Ulises,
héroe de una Odisea mental
que te dejó solo en el mundo
y que te pusiste a soñar?
¿O acaso te creíste el mejor?
(no era difícil, la verdad),
¿que me importaban los otros?
Lo que acabé asumiendo (al final)
Y lo que me llevó hasta ti,
mi amor, mi pecado/mortal,
tan insólita e imprevista
que ¿a donde me llevarás?
¿Al hoyo o nido que me espera
que nos espera a todo el percal,
en búsqueda incansable
de un sitio, de un lugar?
Y así alzando la mirada
me encontré con tu mirar
que ¿de otra forma, amor,
te habría sabido encontrar?
(Difícil, ¡ni con bendición papal!)

No hay comentarios:
Publicar un comentario