lunes, julio 20, 2026

NO LLORES POR MÍ, ARGENTINA, O LOS INCIDENTES DE LA FINAL


Ni Pedro SANCHEZ, ni Donald TRUMP, ni la selección española frente a la argentina. La bandera española -roja y gualda (la que yo juré en los campamentos de IPS, en mi servicio militar)- la gran triunfadora de la final España-Argentina, del Mundial (sin ánimo de faltar)

No llores por mí Argentina, esta letra de la canción célebre de Joan BAEZ -en recuerdo de Evita PERON-, de uno de los trances mas dramáticos de la historia argentina contemporánea, debió haber hecho recapacitar (un poco) a los jugadores argentinos de la final ayer, antes de jugar el triste papel -de perdedores- que ayer jugaron, tras su derrota. Yo desde luego no lloré ni por su derrota -obvio como español-, ni por la muerte de mis sueños compartidos -¿hasta ayer?- de tantos y tantos compatriotas, de Hispanidad, de fraternidad entre la madre/patria y los pueblos desperdigados del otro lado del Atlántico. Sueños maltrechos la verdad como mis lectores lo habrán podido comprobar si me han seguido (un poco) en el día a día de este blog, de estas entradas desde hace ya algunos años. Pero siempre me quedaba un rescoldo de buenismo, de optimismo cultural, de esperar contra toda esperanza que la cordura frente al desvarío prevaleciera, que la fraternidad de los antiguos lazos saliera indemne de lo que no me parecía más que un (trágico) malentendido. Hasta el quilombo violento y desagradable que estuvimos ayer noche absortos presenciando, montado por "nuestros hermanos" -como nos llaman a nosotros los portugueses (con un pelín de sorna y escarnio, sin acrimonia tampoco) y como lo escriben (siempre entrecomillado) Tal y como no dudé en manifestarlo y ponerlo por escrito -en las redes, en mi cuenta FB-, en gesto de solidaridad con un llamamiento a la unidad (ayer leído) de Antonio BANDERAS

De Unidad de este y del otro lado del Atlántico, decía él, y a la vez -dicho sea de pasada-, de re-con-ci-lia-ción- decía yo, de este y del otro lado de la línea de trincheras que la interminable guerra civil nos legó, en particular frente a los artistas españoles, triunfantes, léase jaleados por los medios de un éxito arrollador, de puertas afuera, del otro lado del Atlántico o por cima de los Pirineos. Como él. Como si la Leyenda Negra y el problema de imagen que arrastramos los españoles, de puertas afuera y por los desiertos de Europa en particular, sin saberse por qué no fuera con ellos (ni con él). ¿Otra historia, distinta de la que dio inicio a esta entrada? No es seguro, no lo creo. Sueños rotos, como sea, sueños en pedazos, en mil añicos, de la unidad o de la reconciliación hispano/argentina. ¿Siempre el mismo, Yo? se preguntarán aquí algunos. Sí, ¡como no! Pero mucho más serio -díxit Federico NIETZSCHE- en las cosas del Espíritu, léase en las cosas y asuntos del deporte , que no es deporte apenas, como ya lo tengo sentado y explicado tan repetidamente en este blog

Y es así como me siento hoy -desengañado y escarmentado-, tras las escenas por la pequeña pantalla de ayer, y transatlánticas de después del partido circulando en Internet. De ese jugador de la selección argentina en particular que me impresionó por su talante de violencia y desafío -¿quién habló de odio?- y por su agresividad. ¿Exponente del cosmopolitismo (de importación) argentino, y de apellido foráneo, anglosajón de preferencia? ¡Qué va! Mas emblemáticamente españoles, los suyos, que los de un español.  Y a pesar de ello, buscando guerra -y carne, y sangre- entre sus contrincantes españoles, como si viniera de antiguo la cosa como una cuenta o factura pendiente que viniera de muy antes del partido, de fuera del terreno de juego. Y no sólo, los disturbios -¿con qué motivo? ¿por qué? ¿de protesta por el arbitraje? (¡por favor!) o ¿por nosotros, contra un pueblo genocida (sic) como lo pude ayer leer -manes de la Leyenda Negra- en carteles o panfletos de protesta en Buenos Aires-, circulando en la Red. 

Disturbios y algaradas callejeras junto al Obelisco, punto de partida de "la Nueve de Julio" (*) -muy cerca de donde yo viví-, en el Buenos Aires que yo conocí, ¿o me lo han cambiado? ¿O simplemente que creí -¡ay dolor!-, conocer?  ¿Será pues que aquel contencioso que nunca llegué a explicarme del todo -con argentinos nacionalistas- en la capilla que teníamos abierta allí  en nombre de Monseñor LEFEBVRE, en el marco de su Fraternidad  (FSSPX), y que fue -y no otro, no por política ni por religión- lo que me llevó -sintiéndome amenazado- a irme de allí, se aclara y se explica ahora. por lo que tuvo de (racialmente) anti-española la Revolución de Mayo? ¿Nada que ver la raíz del antagonismo entre ellos y nosotros que de pronto yo sentí con ese rechazo -visceral y como tal pasajero- ante lo argentino/cultural, que es lo que se siente pero no se dice, entre tantos y tantos españoles, y sudamericanos también? 

Con ese estereotipo -sin duda injusto y falaz por tantos aspectos - que expresaba en vísperas de la final España-Argentina- una colombiana que iba por España en la final, residente en nuestro país, en una entrevista a un medio de la prensa madrileña. "Argentina para los sudamericanos es como Francia para los europeos, un país antipático que se cree superior" ¿Una (simple) antipatía, superable a fuer de visceral (2), y escondiendo (no más) una rivalidad -¿quién habló de odio (otra vez)?- de raíces históricas complejas -como la Emancipación (y la Revolución de Mayo)- y difíciles de elucidar? Lo que los incidentes de ayer como pájaros de mal agüero parecen presagiar. Y lo que me siento -proféticamente- en el deber de alertar

En el centro de la foto, Leandro PAREDES, de la selección argentina, al ataque (dos contra uno, con el beneplácito arbitral) tras terminarse el partido de la Final (): algo más hondo e imponderable -¿quien habló de odio?- entre los dos países, que una simple enemistad?

(*): Gran avenida en el centro de Buenos Aires, de nombre, el de la fecha oficial de la Independencia argentina, que selló la ruptura con España. Y teatro principal de los disturbios estallados en la capital argentina tras el desenlace del Mundial. Un detalle todo menos trivial

(2): Una antipatía trivial a fuer de superficial, que se refleja en chascarrillos (humorísticos) circulando sotto voce en el lenguaje madrileño popular: ¿Argentinos? Comprarlos por lo que valen ¡y venderlos por lo que ellos dicen que valen! Trivial 

   

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