Jose Luis Zapatero, blanco de todos los tiros en su línea de flotación, de sus enemigos sobre todo of course, pero tras el subidón -de indignación, y de fiebre- inicial, también de sus amigos, correligionarios y compañeros de partido. Apropiacion indebida, organizacion criminal, blanqueo de capitales y trafico de influencias, el estribillo de rigor dice todo a los entendidos y poco o nada a los neófitos y extraños al mundo de las transacciones financieras que son la gran mayoría de nuestros compatriotas. El trafico de influencias es no obstante lo que mas le dice al personal, lo que las excita su interés y lo que mas absorbe la atención de los medios periodísticos y televisivos en su afán por blanquear la figura del imputado, que no es un imputado cualquiera ni siquiera un ex-ministro o ex-jefe de gobierno como los otros, sino una especie de padre (putativo) de la patria, alma mater del régimen del 78, como así se vería consagrado tras los atentados de Atocha, "del 11 de marzo" (2024) y donante patentado de lecciones de moral (y de memoria histórica)
Me tratarán aquí algunos de demagogo o de sectario o conspironaico si digo -por mi cuenta y riesgo, y con todas las consecuencias- que la ascensión fulgurante de aquel a las cumbres de la política española y su sorprendente e imprevista llegada al Palacete de la Moncloa, tuvo un alto (altísimo) coste sangriento. Y fueron los 193 muertos (y 2000 heridos) -pasajeros de los cuatro trenes atacados de la Red de cercanías- en la matanza aquella. Ellos y con ellos -dicho sea en descargo (relativo) de ZP- esa mayoría de electores suyos -compatriotas todos- que juzgaron deber preferir el tirar la piedra de la culpa de aquello, no a los verdaderos causantes y culpables (extranjeros) de aquel sangriento atentado -como en las grandes naciones civilizadas (Alemania, Francia o el Reino Unido), en sobresaltos de empatía colectiva y de solidaridad nacional fue siempre la regla-, sino al contrario, al jefe de gobierno (AZNAR) de entonces, su propio compatriota. Como en el Desastre de ANNUAL, lo que no fue el caso en aquel otro desastre (francés) de DIEN-BIEN-PHU. Ni en el Reino Unido, donde en vez de echar a Winston CHURCHILL la culpa (que la tuvo en gran parte al menos) de la guerra, siguieron en cambio unánimes sus llamamientos -"sangre, sudor y lagrimas"- a la resistencia, contra el enemigo invasor.
España y yo somos así, señora (*) Nuestro síndrome (sic) de autodesprecio, es una especie única en su género (animal) Lastre (insoportable) de "la pirámide egipcia" -Ramiro LEDESMA díxit- de nuestros fracasos y nuestras derrotas, no hay que darle más vueltas (de hoja). Pero todo ello da un poco la idea aquí (a mis lectores) de la aplastante deuda política como moral contraída por ZP con el conjunto de la sociedad española. Por todo ello y además, por el balance abrumador de sus años de gobierno, en el plano de la polarización sobre todo, que flagela hoy a la sociedad española. Hasta el punto de poderse decir que aquella empezó justo con él, pionero de la legislación en curso en materia de memoria histórica.
José Luis RODRIGUEZ ZAPATERO, el Nietecito. Árbol de la discordia (sic) , la memoria colectiva como familiar (¡ay dolor!) del capitán RODRIGUEZ LOZANO. Sobre el cual, sobre su pedigrí -como un culebrón interminable- se habrán desatado ahora las lenguas (y las teclas). Y sobre el que escribimos ahora aquí -de él como de su nieto- sin escrúpulos de conciencia. O Felix Culpa! El nietecito (a los ojos de la viuda de su abuela) habrá resultado al final menos héroe que villano. ¿Y también -como su abuelo (...) (2)- menos víctima que verdugo? Que deje nuestra memoria en paz como sea. Que si se ve condenado al final como un vulgar delincuente o criminal, eso no nos hará -ni a mí ni a otros muchos- el fruncir las cejas (ni virgulillas, ni circunflejas)
(*): de "En Flandes se ha puesto el sol", de Eduardo MARQUINA
(2): lo menos que se puede decir a tenor de la reseña que se le reserva en la Red, es que su triste suerte, fue él quien se la buscó. Dura lex sed lex, los gajes de la guerra. Y de una guerra civil, mucho más, y de la (interminable) guerra civil española (del 36), ¿qué quieren que les diga?
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